Capítulo 2
El hombre asintió y Malena corrió a recoger sus pocas pertenencias y se alistó para irse con ellos.
El viaje fue placentero, el auto era muy cómodo. Su madre iba sentada adelante en el puesto de copiloto y Malena iba sentada muy cómoda atrás.
Las playas de Miami comenzaron a verse y Malena se emocionó mucho. El hombre veía disimuladamente a Milena a través del espejo y conducía, señalando cada cosa y explicando su nombre y su origen.
El viaje duraba casi veinticuatro horas, por lo que tuvieron que quedarse en un hotel a mitad del camino.
Al día siguiente, reanudaron su viaje.
Ellas llegaron y se instalaron en la modesta casa. El ambiente era cálido y todo estaba muy bien ordenado.
Malena se sintió avergonzada al ver la decepción en el rostro de su madre, claramente no era lo que ella esperaba.
Los tres comenzaron su vida juntos y el señor Flavio era muy respetuoso y amable con Malena. Él cumplió su palabra y ella comenzó a estudiar en las mañanas y en las tardes, ayudaba en el Restaurante de su padrastro.
Así pasó un año y llegó el cumpleaños número 16 de Malena, su padrastro la recibió con un pastel y un bonito vestido. Esa noche cerraron el Restaurante y cenaron con algunos de los empleados del lugar.
Malena se sentía feliz y a la vez se mostraba preocupada, porque su madre había comenzado a brindar desde que comenzó la reunión y seguía brindando, aún después de un par de horas.
Su padrastro y Malena cruzaron miradas y compartieron disimuladamente su preocupación.
Flavio dio por terminada la reunión y acompañó a su mujer a descansar.
Pero era evidente que ella había recaído en la bebida.
Días después, Mónica, la madre de Malena, comenzó a quedarse en casa con la excusa de no sentirse bien y cada vez que llegaban a la casa la encontraban ebria.
Un día, Malena y su padrastro llegaron un poco más temprano y traían una deliciosa cena del Restaurante para consentir a su madre.
Ellos subieron a su habitación, para sorprenderla. Pero encontraron a Mónica en la cama con un hombre.
Flavio no pudo soportar la decepción y sufrió un infarto fulminante. Malena vio al hombre llevarse la mano al pecho y caer al suelo.
Malena trató de ayudarlo, pero no había nada que hacer. El hombre que estaba con su madre, se vistió y lo revisó para confirmar que Flavio estaba muerto.
La madre de Malena, solo sonrió y fingió llorar, mientras llamaba la ambulancia.
Se llevaron el cuerpo y al día siguiente, asistieron al sepelio. En la funeraria se encontraron al hijo de Flavio. El muchacho las veía, con un desprecio que Malena sintió hasta los huesos.
Apenas salieron del cementerio, Malena llegó a la casa y comenzó a recoger sus cosas. Ella sabía bien lo que se avecinaba. Era evidente que el chico las echaría a la calle.
Afortunadamente, había logrado ahorrar algo de dinero. Porque Flavio le pagaba por su trabajo y ella había guardado celosamente cada peso.
De pronto Malena, escuchó que comienza a sonar una música en la parte de abajo y sale corriendo a tratar de apagar el equipo, por respeto al luto que siente.
Pero el hombre que venía con su madre, la tomó por los brazos y le impidió apagar la música.
—¿Qué pasa preciosa? ¿Por qué eres tan aburrida? —le preguntó sometiéndola con fuerza y dejando un beso en los labios de Malena.
Ella lo escupió y abofeteó. Pero el hombre le sonrió. La levantó en sus brazos y la llevó hasta la habitación más cercana.
Malena pataleaba, lo golpeaba. Ella trataba de defenderse, trataba de morderlo, pero el hombre era más fuerte y musculoso. Él la tenía totalmente sometida.
Malena vio a su madre entrar a la habitación y sintió un alivio. Su madre venía a salvarla, pero la mujer solo tomó un trago de licor directo de la botella y pronunció las palabras más crueles que Malena pudo haber escuchado.
—No te resistas Malena, o te dolerá más.
Malena comenzó a luchar nuevamente, pero fue imposible defenderse, ella tenía un vestido negro hasta la rodilla y eso facilitó que el hombre la desnudara
—¡Fuera de aquí! —le gritó el hombre a la mamá de Malena y ella se fue riendo, cerró la puerta y dejó que el hombre cometiera con su hija el acto más vil. Después de dos horas el hombre salió feliz y la madre de Malena fue con él a otra habitación para saciar sus deseos también.
Malena había quedado inconsciente, aunque internamente deseaba morirse.
Al día siguiente, Malena se despertó y comenzó a llorar al sentir que no podía moverse, su cuerpo estaba abatido, estaba marcado por todos lados y su intimidad estaba herida. Pero no más que su alma.
Ella se levantó y fue al baño, se dejó caer en el piso, debajo del agua y comenzó a llorar nuevamente. Ella se estrujaba el cuerpo con la esponja, quería arrancar su piel.
Maldecía a su madre y a su padre. Ese día algo se rompió dentro de Malena, su humanidad había sido reducida a nada. Su vida había sido destrozada, pero esa maldita mujer ya no era su madre y ese maldito le pagarán por esto.
Malena salió hacia la cocina y ahí estaban los dos almorzando. Ahí se dio cuenta de cuánto había durado su baño.
El hombre le sonrió y Malena le correspondió a la sonrisa
—Siéntate pequeña, debes alimentarte bien. Ya verás que a partir de hoy lo vas a disfrutar mejor.
El estómago de Malena se revolvió, pero ella ignoró las palabras del hombre y fijó la mirada en Mónica, la muy maldita le sonrió y le dijo:
—Debes ser muy amable con Merlín, él se encargará de que nada nos falte de ahora en adelante, pero debes comportarte.
Malena asintió y se acercó a la estufa. Ella se sonrió al ver una gran olla de caldo de res hirviendo. Ella se perdió viendo las burbujas salir del caldo. Sin dudas estaba muy caliente.
Su madre se sentó a almorzar y el hombre también lo hacía, pero tenía su mirada fija en Malena. Ella sentía como el maldito la desnudaba con la mirada. Su cuerpo aún no se recuperaba, pero ella necesitaba escapar de ese maldito lugar en ese momento.
Capítulo 3
Malena sirvió una olla con caldo y la puso aparte, tomó un cuchillo y lo guardó en su cintura, después tomó la gran olla por ambos lados y se acercó a la mesa.
El hombre la miró y le sonrió, pensó que ella había quedado hambrienta después de la faena, pero los planes de Malena eran otros. Ella volteó el caldo casi hirviendo encima del hombre, que solo tenía un short de pijama y una camiseta.
El hombre se levantó y comenzó a gritar, Mónica trató de ayudarlo, pero Malena también tenía una ración de caldo para ella, así que se la volteó en la espalda y un grito ensordecedor salió de los labios de Mónica. Pero el hombre la ignoró, trataba de quitarse la ropa, para dejar de quemarse.
Aunque la piel le ardía como el infierno, él como pudo corrió hacia Malena y agarró por la mano.
Entonces Malena sacó el cuchillo y le hizo un pequeño corte, pero fue suficiente para que el maldito la soltara.
—Regresa Maldita —le gritó el hombre, pero Malena tomó su mochila y salió corriendo por la puerta principal sin mirar atrás.
Ella corrió tanto que se quedó sin aire, solo se detuvo cuando se vio bien lejos de la casa.
Malena tomó un bus y se dirigió al Restaurante, ese era el único lugar donde se podía refugiar. Lamentablemente, ella no tenía ninguna amiga.
En el colegio la acosaban por ser hermosa y las chicas la molestaban, aunque su cuerpo no estaba bien desarrollado, por la mala alimentación, a la que estuvo sometida. Este último año se había recuperado, tal vez por eso ese maldito abuso de ella.
Malena odiaba al maldito, pero más odiaba a su madre. Ella trabajó durante varios años en la calle y jamás se imaginó que podía ser abusada, dentro de su misma casa y delante de los ojos de su propia madre.
Malena se bajó del autobús y caminó hasta el Restaurante, pero sus pasos se detuvieron, cuando vio varios camiones, sacar las mesas, las sillas y todos los enseres de la cocina.
Ella se acercó para averiguar lo que pasaba, pero se arrepintió cuando se encontró con la mirada penetrante del hijo de Flavio.
El joven al verla la señaló y un par de hombres comenzaron a caminar hacia ella.
Malena siempre pensó que el joven no era tan bueno como su padre pensaba. Él tenía muchos tatuajes y siempre andaba bien vestido, en un auto diferente cada vez que venía a visitarlo y a pesar de que el viejo Flavio decía que el se encargaba de los gastos de su hijo.
Malena sabía que era imposible que ese humilde restaurante, pudiera cubrir todos esos lujos. Por eso su teoría de que el chico era un mafioso o andaba en algo turbio tomó fuerza, sobre todo ahora que había enviado dos gorilas a seguirla.
Malena corrió, afortunadamente logró tomar un taxi y alejarse de los hombres. Maldecía mil veces al idiota, por hacerla incurrir en un gasto tan innecesario como un taxi, pero en el momento, solo pensó en escapar.
En ese momento, su celular repicó y ella lo sacó de su mochila. Malena se sorprendió al ver el nombre de Fabián Peñalver en la pantalla.
Ni sabía que tenía ese número registrado, pero se imaginó que había Sido su querido Flavio que lo agrego antes de regalárselo en su cumpleaños.
Malena no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas al recordar a su viejo amigo. Ese hombre que la acogió en su casa y le dio una segunda oportunidad. Una que la maldita de Mónica le había robado.
El celular seguía sonando y una sonrisa perversa se dibujó en el rostro de Malena.
Ella le contestó
📱—Aló. ¿Qué quieres maldito?
📱—¿Por qué huyes de mi, hermanita?
📱—Maldito hipócrita. Dime ¿Qué quieres?
📱—Saber ¿Quién mató a mi padre?
📱—Te lo diré con una condición.
📱—¿Quieres dinero?
📱—No, quiero venganza. Quiero que los responsables sufran, quiero que los mates lentamente.
📱—Queremos lo mismo, hermanita. Tal vez deberías venir y ayudarme a vengarnos. No quiero hacerte daño. Confía en mí.
📱—Ja, ja, ja. No gracias. Los culpables son mi madre y su maldito amante Merlín. Tu padre y yo los encontramos teniendo sexo en la cama de tu padre, eso le ocasionó el infarto.
📱—¡¡Malditos!!, mil veces malditos. Te juro que me las pagarán. Pero y tú ¿por qué acusas a tu madre?
Malena no pudo evitar que sus lágrimas comenzarán a salir y su voz se quebrara. Ella sorbo su nariz antes de contestarle.
📱—Porque ese maldito... —Malena hizo una pausa y después terminó de hablar —... anoche me violó delante de ella y no me defendió. Más bien me dijo que debía atenderlo bien.
📱—¡¡Maldita escoria!! —gritó Fabián
📱—Adiós Fabián. Recuerda tu juramento.
📱—Regresa, yo puedo protegerte.
📱—No, lo siento. Pero comprenderás que en este momento, no confío en nadie. Adiós
Fue lo último que dijo Malena antes de colgar.
Ella se bajó del taxi en una iglesia y caminó hacia ella.
Ya eran más de las seis de la tarde y apenas comenzaba la misa.
Malena entró y se sentó en los últimos asientos. Después disimuladamente se quedó dentro del confesionario. Cuando la iglesia cerró ella salió. Tomó su mochila sacó una pequeña manta y se acostó debajo del último asiento. En ese lugar era imposible que alguien la encontrará. Su mochila le sirvió de almohada y estaba tan cansada que sintió el piso muy suave y acogedor.
Pareciera una actitud tacaña, para alguien que tenía algunos ahorros, pero la comida era su prioridad. Además, ella no confiaba en alojarse sola en ningún lugar.
Malena soltó el llanto que tenía retenido y abrió los ojos y los fijó en la imagen de Jesús Crucificado.
🙏—Estoy más cerca de ti. Te lo suplico, protégeme está vez. Perdóname por mis malos deseos y mis crueles pensamientos. Pero aún no estoy lista para poner la otra mejilla. Te amo mi Dios. Perdóname. —le suplicaba Malena.a Dios entre lágrimas.
Malena después de terminar de orar se quedó profundamente dormida. Ella puso la alarma de su celular a las cinco de la mañana. Quería levantarse antes que todos, para no ser descubierta.