Capítulo 3
Sofía se acercó a Elena, con los ojos llenos de lágrimas falsas, una actuación digna de una telenovela.
"Ay, Nena, lo siento tanto", dijo, su voz temblorosa. "Rico me dijo que este era tu diseño soñado. Me siento terrible, de verdad. Si hubiera sabido..."
Rico se puso inmediatamente a su lado, colocando una mano protectora en su espalda.
"No es tu culpa, Sofi", le dijo suavemente a ella, y luego miró a Elena. "Nena es una profesional, ella entiende. ¿Verdad, mi amor?"
Elena sintió que la bilis le subía por la garganta. La forma en que Rico defendía a Sofía, la forma en que minimizaba sus sentimientos, era insoportable.
"Claro", respondió Elena, su voz plana y sin emoción. "Es solo trabajo."
Sofía le sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
"Eres tan buena en esto, Nena. De verdad, tienes un talento increíble. Rico siempre me decía en la universidad lo creativa que eras. Es un honor que la mejor planificadora de bodas organice mi día especial."
Cada palabra era un cumplido envenenado, diseñado para hacerla sentir pequeña, para recordarle que ella era solo la empleada y Sofía la clienta, la protagonista. Elena podía ver la manipulación en sus ojos, la satisfacción de tener no solo al hombre que Elena amaba, sino también el sueño de Elena.
"Gracias, Sofía. Haré mi mejor esfuerzo", dijo Elena, manteniendo su máscara profesional.
Rico miró a Sofía con una expresión que Elena nunca había visto en él, una mezcla de adoración y nostalgia. Era la mirada que un hombre le da a un recuerdo preciado, no a una simple "amiga". En ese instante, Elena supo que había algo más, una historia no contada que la excluía por completo.
Se sintió como una extraña en su propia vida, una espectadora de una obra en la que ella creía ser la protagonista.
Durante el resto de la prueba, Elena se obligó a funcionar. Revisó la disposición de las mesas, habló con el chef sobre los canapés y coordinó con el DJ, todo mientras el dolor en su pecho se hacía más intenso con cada respiración. Una y otra vez, se repetía a sí misma que tenía que ser fuerte, que no podía derrumbarse allí, no delante de ellos.
La puñalada en su pecho era constante, un dolor sordo que le recordaba su fragilidad. Se apoyó discretamente en una columna, tratando de respirar profundamente, de calmar el pánico que amenazaba con ahogarla.
Rico no se dio cuenta. Estaba demasiado ocupado riendo con Sofía, probando pasteles y eligiendo colores para las servilletas. No notó la palidez de Elena, ni el sudor frío en su frente, ni la forma en que su mano se aferraba a su pecho.
Para él, ella era invisible, una parte más del decorado que él y Sofía estaban usando para su farsa.
La prueba terminó. Sofía se despidió de Elena con un abrazo teatral.
"Gracias por todo, Nena. Eres la mejor."
Elena no respondió, solo asintió. Vio cómo Rico acompañaba a Sofía a su auto, abriéndole la puerta con una galantería que rara vez le mostraba a ella.
Se quedó sola en el jardín, rodeada de los restos de un sueño que ya no era suyo. El dolor en su pecho era ahora un fuego abrasador. Sacó su teléfono y vio la hora. Era casi tiempo de su medicación. La realidad de su situación, tanto emocional como física, la golpeó con una fuerza abrumadora. Estaba perdiendo a Rico, estaba perdiendo su sueño y, lo peor de todo, estaba perdiendo el tiempo.