Capítulo 2
Sophia trata de entender lo que dice Robert Trivan. Pero llega a la conclusión de que nada concuerda.
- ¿Por que usted querría hacerse cargo de mi bebé? Ademas, dijo hijo. Puede que sea una niña.
Robert deja de mirarla y da la vuelta a su silla, se pone a mirar la vista.
- Estás en un gran aprieto y yo quiero ayudarte. ¿Que tiene de malo? Soy tu jefe. Es mi deber velar por el bienestar de mis empleados.
- Pero sólo tiene que darme un bono de embarazo o algo así. No decirme que quiere ser el padre de mi bebé.
- Como dije, quiero ayudarte.
- ¡Entonces debería proponerle ésto a todas las mujeres embarazadas que fueron abandonadas por su prometido, esposo o novio! ¡Lo que dice es un disparate!
Robert se cansa de sus gritos y se acerca a ella rápidamente, se detiene muy cerca de ella, ambos están mirándose fijamante. Sophia voltea su mirada. Robert levanta una mano, siente la necesidad de tocar su rostro pero su mano queda en el aire.
- No me odies, por favor.
Sophia reacciona a sus palabras y sus ojos se fijan en él.
- ¿Que dijo?
Robert reacciona, sale de sus pensamientos.
- Que no me odie por la ayuda que le daré. Creo que debe darme las gracias por lo que haré por usted. No todos los días un millonario se le acerca y le propone mejorarle la vida.
- ¿Mejorar mi vida? ¡Usted ni siquiera es de mi confianza señor hielo! ¡Puedo arreglármelas yo sola sin su "ayuda"! ¿Cree que soy tonta? ¡Usted quiere que yo sea su amante! ¡Todo el mundo conoce su fama de mujeriego! ¿Usted cree que yo le voy a creer ese cuento de que quiere ser padre? ¡Y si usted cree que cualquier mujer caería en esta proposición pues vaya y propongaselo a la primera mujer embarazada que encuentre porque yo no acepto su grosera propuesta!
Robert camina y vuelve a sentarse en su silla.
- Hablaremos de ésto más tarde, señorita Lorenz, tengo mucho trabajo por hacer.
Sophia aprieta sus puños con fuerza, la ira la carcome. Robert toma el teléfono y llama a su secretaria.
- Olivia, la señorita aquí presente debe volver a su trabajo. Acompáñala.
- Puedo irme sola.
Robert cuelga, asiente y sonríe. Sophia sale de la oficina furiosa. Olivia, la secretaria la mira marcharse rápidamente.
- ¿Qué le pasa a ese tipo? Debe estar muy loco si cree que me va a manipular con ese disparate de que quiere a mi bebé como hijo. Jamás aceptaré esa locura.
Sophia se sienta en su silla y golpea su escritorio. Todos voltean a mirarla. Cristian llega y toca sus hombros.
- ¿Que pasó Sophia? ¿Recuperaste tu trabajo?
- Si...
Dice Sophia de mala gana.
- Pensé que el señor hielo no tendría compasión contigo. Ahora menos que estás embarazada.
- No creerás lo compasivo que fué. Tanto que hasta me hizo una propuesta descabellada.
Cristian mira para los lados, observando si hay alguien escuchando su conversación.
- ¿Te propuso matrimonio?
- Algo peor que eso. Quiere hacerse cargo de mi embarazo, ser el padre de mi bebé.
- ¿Qué?
Cristian lo grita tan fuerte que los empleados chismosos los miran.
- ¡Eso es genial!
Sophia lo golpea.
- ¿Como que genial? Ese tipo es un psicópata, un pervertido, quien sabe cuales son sus verdaderas intenciones.
- ¿Que le dijiste?
- ¿Que crees? Que le llevara su estúpida propuesta a otra embarazada y a mi me dejara en paz.
- Quizás te insista. Además, eres hermosa, puede ser que esté enamorado de ti en secreto y aprovechó ésta oportunidad para declararse.
Sophia niega con la cabeza.
- Que enamorado ni que nada. Es un psicópata, Cristian. Una persona normal no te propone tal cosa. Debo ordenar algunos papeles de mi jefe. Hablamos luego.
Sophia toma unos archivo y empieza a revisarlos.
- Creo que deberías meditarlo un poco. Tal vez no sea una mala idea lo que te propone.
Cristian le sonríe, le guiña el ojo y se va a su escritorio. Sophia ve llegar a su jefe, Mike Williams, que era el mejor amigo de Robert Trivan. De algo estaba segura era que eran personas muy distintas, no podía creer que eran mejores amigos. Era como juntar el agua y el aceite.
- Sophia, no me pases llamadas. Estaré en mi oficina revisando unos documentos importantes que me envió Robert.
- Ni me lo nombre.
Mike la observa con el ceño fruncido.
- ¿Qué?
Sophia sonríe.
- Que no le nombraré ninguna llamada señor Williams.
- Muy bien, saca las copias que te pedí ayer y traémelas por favor.
- Enseguida.
Sophia pensaba que Mike era un buen jefe, nada parecido al hielo del CEO. Sacó las copias de los documentos, ordenó algunos papeles que Mike tenía que firmar y ya había transcurrido parte del dia, hasta que vió su reloj.
- Son las 6:30.pm. Debo correr para tomar el autobús.
Toma sus abrigo, su cartera y telefóno y camina hacia la oficina de Mike.
- Jefe, ya terminé mi trabajo, me gustaría saber si me puedo ir antes. Mi mamá me está esperando en casa.
- Claro. Nos vemos mañana. Abrígate bien, está haciendo frío afuera.
- Bien, hasta mañana.
Ambos se miran, sonríen y Mike vuelve a poner su vista en sus documentos. Sophia cierra la puerta y camina por el pasillo. En la entrada del edificio se encuentra a Cristian que la está esperando con dos vasos de café.
- Luego de una jornada intensa, un buen café es el mejor relajante.
- Gracias. Tomemos el autobús. Debo llegar a mi casa lo antes posible.
- ¿Oliver ya llegó?
- Ni me lo nombres. Además, te dije que me abandonó y ya sabes lo de la querida esposa furiosa. No puedo creer que Oliver me haya mentido tanto tiempo. Soy una tonta.
- Es un imbécil. Si lo tuviera al frente le partiría la cara.
- Tomemos el autobús.
Sophia sale con su café en mano y Cristian la sigue. El viaje en autobús es tranquilo y sin charla. Sophia se se despide de su amigo y se baja, su casa queda relativamente así que no tiene que caminar mucho.
- Mamá, ya llegué.
- ¡Hija! ¡Te espérabamos con ansias!
Sophia se quita el abrigo.
- ¿Que pasa?
- Ven, sientate.
- Mamá, dime. Me tienes en ascuas.
- Tu hermano y yo hemos descubierto algo.
Sophia empezó a sudar y dudar. ¿Será que su madre y Frank ya sabían lo de Oliver? No podía ser posible.
- ¿Descubierto que?
- Hemos descubierto la forma para que arregles tu vida.
- No entiendo.
- Mamá se refiera a Mike Williams, tu jefe.
Sophia mira a su hermano Frank que llega a la sala y se sienta en el sofá.
- ¿Que tiene que ver mi jefe con arreglar mi vida?
- Investigamos sobre él y descubrimos que está soltero.
- ¿Y?
Sophia frunce el ceño. Su madre la toma de las manos.
- Es tu oportunidad para cazar a un hombre adinerado. Y como es tu jefe puedes atraparlo más fácilmente.
- ¿Qué les pasa a ustedes dos? ¿Enloquecieron?
Su madre y hermano la miran en silencio.
- ¡La solución a nuestros problemas económicos no es cazar a un hombre con dinero!
- Si, lo es.
Dice su hermano mientras se levanta.
- ¡Tienes la oportunidad de salir de éste agujero donde estas! ¡Y sacarnos a nosotros también!¡ ¡ Somos tu familia! ¿No te da verguenza pensar en ti misma? ¡Y ese novio que tienes! ¡Es un mantenido! ¡Nunca he visto que trabaje! ¡Tú lo mantienes! ¡Alcahueta!
Sophia siente que unas lágrimas salen de sus ojos. Está a punto de romperse.
- ¡Ustedes también me piden dinero! Y tú, Frank... ¿Tienes derecho a reclamarme algo? Tampoco trabajas, eres el perro faldero de mi madre, sufres de mamitis, eres un hombre de 26 años que le debería dar verguenza depender de alguien. ¡Eres un parásito viviente!
- ¡No te atrevas a insultarme!
Frank se acerca y levanta la mano pero su madre lo detiene.
- ¡No discutan más!
Sophia llora y su madre toma sus manos.
- Hija, creo que deberías...
- Oliver me dejó.
Su madre y hermano la observan.
- ¿Qué?
- Oliver me abandonó, dijo que ya no me amaba y que se iría muy lejos para reencontrarse consigo mismo.
Su hermano Frank se sorprende.
- ¿Reencontrarse consigo mismo? Ese tipo es un completo idiota. No entiendo que le viste.
- Además.
Su madre y hermano la miran de nuevo.
- Estoy embarazada. Me hice la prueba antes de ir al trabajo ésta mañana.
- ¿Qué?
Su madre la suelta y empieza a caminar nerviosa.
- ¿Y de paso te embarazas de él? Hermana, que buen plan tenías. Oliver es un idiota pero tú...
- ¡Silencio Frank!
Su madre lo calla y mira a a Sophia.
- Ahora, con más razón necesitas conquistar a Mike Williams, puedes acostarte con él, luego decirle que estás embarazada, que él es el padre y...
- ¡No lo haré!
Sophia grita.
- ¿Acaso no ven como me siento? ¿No pueden darse cuenta de que estoy rota por dentro? ¿Que clase de familia son ustedes? ¿Y tú? Madre... ¿No te sientes mal al saber que a tu hija la ha abandonado el hombre que ella ama? ¿No se te mueve el corazón? ¡Soy tu hija!
Sophia se seca las lágrimas con su manga y sonríe.
- Ustedes sólo ven en mi la vía de escape de ésta situación económica. Como un cuerpo que se vende. Sólo eso.
Su madre y Frank bajan la cabeza al escuchar sus palabras.
- Queremos lo mejor para ti.
- ¡Basta!
Sophia trata de calmarse pero escucha que su teléfono empieza a sonar.
- No conozco éste numero.
- Responde.
Dice su madre de repente.
- ¿Hola? ¿Quién es?
- Baja, estoy en la entrada.
Sophia cuelga.
- ¿Como es que el señor hielo tiene mi número?
- ¿Señor qué?
Pregunta su madre viéndola con rareza.
- ¿Quién se cree ese tipo para venir a mi casa?
Sophia toma su abrigo y sale rápidamente. Su madre y su hermano se miran sin entender nada. Sophia llega a la entrada y ve a Robert recostado en su auto súper costoso.
- Vives en una zona peligrosa.
Sophia lo mira con ira en sus ojos.
- ¿Me está acosando?
- No.
Dice él a la ligera.
- Hicimos un trato.
- ¡Yo no acepté su trato! ¿Está loco? ¡Váyase de aquí ahora!
Robert acomoda su postura.
- No te alteres, le puede hacer daño al bebé.
- ¡Es mi bebé! ¡Sólo mío! ¿Entendió?
Robert empieza a perder la paciencia, abre la puerta trasera de su auto y toma una caja blanca con un lazo rosa.
- Toma.
- ¿Qué es eso?
- Ábrela y verás.
Sophia frunce el ceño con disgusto. Pero abre la caja y se queda atónita por lo que ve.
- Es tu vestido de novia. Nos casaremos.
Capítulo 3
- Usted está loco. Es un enfermo mental.
Sophia toma el vestido y lo lanza al piso pero Robert lo recoge antes de caer al piso. Se acerca a ella lentamente.
- No te conviene comportarte asi. Créeme.
Sophia sonríe sarcásticamente.
- ¿Ahora me está amenazando?
- No es una amenaza, lo digo porque en tu estado alterarte puede causarle daño a tu hijo.
- ¡Estoy harta de que diga la palabra hijo! ¿Que? ¿Además de psicópata es adivina para saber el sexo del bebé?
Robert toma sus palabras como graciosas y se ríe.
- Señorita Lorenz, tiene buen sentido del humor. Lo del sexo del bebé, es una corazonada, nada más. ¿Tiene algo de malo o raro?
Sophia se acerca a él lentamente buscando la revancha.
- ¡Si! ¡Usted es raro!
Sophia grita y Robert sólo se ríe.
- ¿Qué le parece tan gracioso?
- Como le dije antes, tiene buen sentido del humor. Pero mal sentido para escojer a los hombres.
Sophia lo toma de su camisa con ambas manos.
- Llamaré a la policía.
- Yo soy la policía.
Robert posa sus manos sobre las de ella. Los ojos de Sophia van a su sonrisa. Escucha unos pasos que se acercan, lo suelta y voltea a ver quienes vienen.
- Lo que faltaba.
Dice Sophia al ver a su madre y Frank.
- ¿Quién es éste hombre, hija?
- Soy Robert Trivan, el CEO de Trivan Company, mucho gusto.
Robert alza su mano saludando. La madre de Sophia desconfía pero le da la mano.
- Mucho gusto.
- Parecía que discutían.
Soltó su hermano mientras se cruzaba de brazos y los miraba a ambos.
- No discutiamos. Estábamos hablando cosas del trabajo.
Dice Sophia pero su madre y hermano se miran dudosos.
- Soy su prometido.
Suelta Robert de repente. Sophia, su madre y su hermano abren la boca del asombro.
- ¡¿Prometido?!
Gritan los tres.
- Sophia... ¿Acaso tu prometido no es Oliver? ¿O es que estás jugando un doble play?
Dice Frank con burla y su madre lo pellizca, él grita del dolor.
- ¡Cállate!
- Mamá, él no es mi prometido, es sólo un malentendido. Yo no...
- En esa caja está su vestido de novia, lo compré en su talla.
Dice Robert señalando el regalo.
- ¿Y el anillo?
Pregunta la madre de Sophia con emoción.
- ¡Mamá!
Grita Sophia pero su madre sigue mirando con admiración a Robert.
- Cierto, lo olvidé. Lo compraré mañana.
Dice él con una sonrisa galante y su madre queda hipnotizada. Frank la toma por un brazo.
- Madre, ésto no era no que planeamos. Se supone que Sophia debe conquistar a Mike Williams, no a éste hombre.
- ¿Eres idiota? Éste hombre es mucho más rico que Mike Williams, es el dueño de Trivan Company. Ni siquiera tuvimos que crear algún plan, él solo se está ofreciendo en bandeja de plata. Además, es muy guapo.
Hablan bajo entre ellos y Sophia sólo los observa con atención. Robert camina hacia su auto.
- Aclarado todo. Debo irme.
- ¡Ey! ¡Espere un segundo!
Robert se detiene, Sophia sólo observa.
- Usted ha dicho que es el prometido de mi hija. Quiero saber si ésto es una especie de broma, ya que el prometido de Sophia se llama Oliver.
Robert se cruza de brazos.
- Entonces debe de saber que Oliver abandonó a su hija.
- Sophia me contó sobre eso apenas llegó pero... ¿Por que quiere casarse con ella? Sophia nunca me habló de usted. Y ella no es de esas mujeres que coquetean con otros hombres.
Sophia mira a su madre anonada.
- Señora...
- Genna.
Rober asiente.
- Señora Genna, quiero ayudar a Sophia, eso es todo. Su prometido la ha dejado a su suerte. Además, tarde o temprano su hija se casará de nuevo y el hombre con el que se case pasará a criar a su hijo. Es el sentido lógico de las cosas.
Sophia siente impotencia el escuchar las arrogantes palabras de Robert.
- Yo no he aceptado su...
- De acuerdo.
Interrumpe su madre, Sophia no puede creerlo, ha sido vendida al mejor póstor por su propia madre.
- Yo apoyo lo que está haciendo por ella, no cualquier hombre se haría cargo de un hijo que no es suyo. Eso demuestra que usted es un buen hombre.
- Lo dudo...
Susurra Sophia disgustada mirando el bonito jardín. Su madre sonríe y le da la mano a Robert. Frank no entiende nada pero aun así asiente. Los cuatro escuchan unas sirenas y un vehículo de la policía se detiene en frente de ellos.
- ¿La policía?
Pregunta sorprendida la madre de Sophia. Un oficial se baja y camina hacia ellos.
- Buenas noches, nos han informado de un hombre acosando a una mujer.
- ¿Qué?
Grita la mamá de Sophia.
- Yo los llamé.
Admite Frank y todos voltean a verlo.
- No hay ningún problema, oficial, mi hijo sólo estaba bromeando.
- La próxima vez sea más responsable, no nos haga perder el tiempo, es muy valioso y en éste momento puede haber alguien necesitando ayuda realmente.
El oficial reconoce a Robert.
- ¿Robert? Casi no te reconozco.
Ambos se saludan amigablemente.
- ¿Se conocen?
Pregunta Sophia.
- Estudiamos juntos en la escuela.
Responde el oficial y Sophia voltea su mirada y se cruza de brazos. A ésto se refería de que él era la policía. Arrogante.
- Debo seguir con mi trabajo. Robert, quedemos para jugar Baloncesto un día de éstos. Como en los viejos tiempos.
- Claro, cuando quieras.
Se despiden, la patrulla arranca, avanza y se aleja hasta no verse.
- ¡La próxima vez piensa dos veces antes de actuar!
La madre de Sophia le grita a Frank.
- Pensé que Sophia estaba en peligro.
- ¡Dos veces!
Su madre señala con dos de sus dedos.
- Ahora si debo irme, fué un placer conocerlos.
- El placer es todo nuestro.
La madre de Sophia toma a Robert de una mano en señal de agradecimiento.
- Mi hija es muy afortunada al encontrar a un hombre como usted.
Robert sonríe. Mira a Sophia y camina hacia su auto. Observa de nuevo a Sophia y arranca.
- ¿Por que aprobaste ésta ridiculez? ¡Ahora ese loco no me dejará en paz!
Grita Sophia, tuerce sus puños y camina hacia dentro de prisa.
- Hija, vas al cielo y vas llorando. Es un hombre guapísimo, tiene unos ojos hermosos, es millonario, tiene una empresa y quiere darte todo su dinero. Si yo tuviera tu edad aceptaría sin pestañear.
- No es mi tipo. Además, Oliver es el padre, no él.
- Olvidate del idiota de Oliver. ¡Te dejó! ¿Crees que le importas? La respuesta es no. Elije al guapo adinerado.
Llegan al apartamento.
- Voy a mi habitación, estoy muy cansada.
Dice Sophia llevando la caja infernal en manos y dejando con la palabra en la boca a su madre. Su hermano se sienta en el sofá y enciende el televisor.
- Ella aceptará, yo me encargaré de eso.
Dice Genna mirando a Frank.
- Hay algo en él que me hace desconfiar. Es como si tramara algo. Necesito averiguar que es. No me como el cuento de que quiera a mi hermana realmente. Está jugando algún juego macabro con ella.
Dice Frank en susurros y su madre no le hace caso.
Sophia se recuesta en su cama disgustada, fué un pésimo día para muchas cosas, excepto entererarse de su embarazo, era lo único que la hacía feliz entre tantos problemas. Sube la mirada y observa la caja que le dió Robert. Se levanta, la toma y recuerda todas las tonterías que le había dicho Robert. La toma con tanta fuerza que la caja empieza a arrugarse. Sophia la lanza hacia la pared.
- ¡No te aceptaré! ¡Nunca!
Con frustración, ella ve la caja, unas lágrimas caen de su rostro. Camina hacia la caja, recoje el vestido y toca su linda tela y la pedrería.
- Eres el vestido infernal, pero eres muy hermoso.
Robert va en la autopista, va con la ventana baja y recibiendo la brisa de la noche fría, odiaba el invierno, hasta ése día. El día en que ella se había ido, el día que lo abandonó para irse muy lejos. Una lágrima cae por su rostro pero se limpia con su mano. Juro no llorar pero cuando se trata de esa mujer sus sentimientos salen disparados y no puede controlarlos. Su teléfono suena y sale de sus pensamientos.
- Voy llegando, madre.
- Hijo debes llegar lo más rápido posible, tu abuelo tiene algo importante que decirte.
- De acuerdo.
Robert llega a su casa que era una gran mansión a las afueras de la ciudad. Estaciona su auto, se baja, y camina rápidamente hacia dentro.
- ¿Mamá? ¿Qué pasa?
- Ve a la habitación de tu abuelo, necesita hablar contigo.
- ¿Le pasa algo?
- Sólo ve, hijo.
Robert se preocupa ante las palabras de su madre y corre hacia donde está su abuelo. Entra a su habitación, lo mira y se acerca rápidamente a él.
- Abuelo... ¿Estás bien?
- Robert... Llegaste...
- Si... ¿Te sientes mal?
- No... Estoy muy feliz de que hayas venido rápido. Tengo algo que decirte...
Robert siente extraña la forma en que habla.
- ¿Qué pasa abuelo?
- Robert... Debes casarte lo más rápido posible. No me queda mucho tiempo de vida. Mis días están contados.
- No digas eso, vivirás mucho tiempo.
Su abuelo tose y Robert lo sostiene en sus brazos.
- Cuando un anciando dice que le queda poco tiempo en éste mundo debes de creerle. Estoy my enfermo, ya no hay cura para mi enfermedad. Sólo me queda resiganarme y esperas la muerte.
- No digas eso abuelo. Buscaré a los mejores médicos y te curaremos, lo prometo. Confía en mí.
Su abuelo sonríe y pasa una mano por el cabello de Robert. Robert quiere llorar pero no puede. Sus lágrimas no salen.
- Quiero estar presente en tu boda. No podrér ver a mis bisnietos pero me reconforta vivir el momento en que te cases. Quiero verte feliz y con una hermosa mujer a tu lado.
- Y así será. No pienses demasiado.
Robert sonríe pero con preocupación en sus ojos.
- Yo quiero decirte que...
- Arreglé un matrimonio para ti.
Robert se levanta ante lo dicho.
- ¿Qué?
- Te casarás en una semana. Entre más rápido mejor.
Robert se queda inmóvil.
- Pero yo...
- Tu prometida está aquí.
Robert lo mira atónito.
- ¿Quién?...
La puerta se abre y Robert ve a una mujer entrar.
- ¿Elisa?
- Hola, Robert.
Elisa agita su cabello para hacerse notar y Robert voltea a ver a su abuelo negando con la cabeza.
- Te casarás con Elisa. Y no tienes la opción de negarte.