Capítulo 2
Camille POV
Después de que Benjamín suelta su firme agarre de mi cintura, me alejo hacia el bar, y los dejo que se encarguen de encontrar una mesa. Pues lo que necesito es coraje líquido si quiero conseguirlo.
Me tomo un trago doble de tequila y acojo con beneplácito la sensación de ardor; mientras la palabra nerviosa no es suficiente para describir mis sentimientos… No puedo creer lo que voy a hacer por esta estúpida hermandad. ¿Es realmente tan importante para mí convertirme en una hermana comprometida? Mi tarea es robarle a un pobre imbécil. Sí, sé que es un delito, por no mencionar que cualquier tipo de novatada está prohibida en el campus, pero sigue ocurriendo bajo el radar. Y… sucede que Benjamín es mi candidato y uno perfecto. No es de la ciudad, no conoce a nadie aquí o en los alrededores. Lo que lo convierte en un objetivo demasiado fácil.
Pero esos ojos… esos ojos suyos. Hermosos pero fríos, seductores pero brutales. Por no hablar del cuerpo que esconde bajo ese traje. Pero puedo hacer esto, corrección, tengo que hacer esto. Una parte de mí siente remordimientos por lo que estoy a punto de hacerle a este desconocido que está lejos de casa, pero otra parte de mí no quiere más que borrar esa sonrisa sarcástica de su cara una vez que descubra que ha sido embaucado por una pequeña como yo.
Pido una ronda de cervezas para Ela y Benjamín y unos chupitos para mí, y luego me dirijo en busca de ellos. Los encuentro metidos en un reservado de la esquina y me coloco al lado de Ela, y les ofrezco cerveza, la cual sigue viniendo y viniendo, con la esperanza de que Benjamín se emborrache para facilitarme la tarea.
Al finalizar la cena, lo miro antes de preguntarle:
—¿Qué tal la comida?
—He comido mejor —refunfuña.
Le paso otra cerveza.
—Toma otra —lo animo.
—No, gracias —dice deslizándola hacia mí—. Ya he terminado por ahora.
Le dirijo una mirada desafiante.
—No seas marica —me burlo.
Me mira fijamente a los ojos y dice con una sonrisa diabólica:
—Eres lo que comes.
Mi cara se ilumina como una bomba de cereza y puedo sentir el calor subir, ya que me ha dicho malsana prácticamente por no consumir lo que está éticamente bien.
—Oh, vale. —Es todo lo que puedo escupir de mis labios cuando me separo de su mirada devoradora de almas. Una risa profunda brota de él.
Después de unos momentos, le doy un codazo a Ela.
—Vamos al baño.
—Oh, está bien. —Nos excusamos y salimos.
En cuanto abro la puerta exhalo:
—No puedo hacer esta mierda, Ela.
—Sí puedes Cami. Tienes que hacerlo si quieres entrar —me recuerda.
—Joder, lo sé. Es solo que es, tan jodidamente delicioso, que no puedo pensar. Prefiero hacer de él mi juguete de la noche en lugar de robarle.
Ela se ríe.
—Wow Camille, calma tu vagina y concéntrate. Recuerda por qué tienes que hacer esto.
Dejo escapar un suspiro quejumbroso.
—Lo sé, lo sé. Lo tengo. Recuerdas el plan, ¿verdad? —le pregunto porque tiene la tendencia a ser cabeza hueca.
—Sí, Camille. —Ela gime molesta ante mi centésimo recordatorio—. Lo llevarás a la pista de baile y me harás una señal cuando sea el momento adecuado. Pondré la píldora en la bebida y te la traeré. Fingirás un sorbo y luego echarás el resto en su garganta. Una vez que haga efecto, lo llevarás a su habitación y harás lo tuyo cuando esté inconsciente. Mientras tanto, yo estaré esperando fuera en el jeep.
—¡Perfecto Ela! —digo finalmente tranquila, pero otra preocupación aparece en mi mente—: Pero espera, ¿estás segura de que esa pastilla no le hará daño?
—Absolutamente. Solo le dará una buena siesta.
En silencio, me doy un sape mental y me trago mi miedo.
—De acuerdo, hagamos esto —digo con una confianza recién nacida.
Vuelvo a la mesa con confianza en mi andar.
—Vamos a bailar —le digo agarrando su brazo.
—No, no bailo —dice quitando su brazo de mi agarre.
—Pues esta noche lo haces —digo tirando de él hacia arriba.
Él exhala su aliento y dice sin entusiasmo mientras se rinde a mis deseos:
—Lidera el camino.
Sé que tengo que lanzarme sobre él y quedar como una zorra con la esperanza de excitarlo. Me echo hacia atrás y giro mis caderas al ritmo de la música. Su brazo se desliza por mi costado y me rodea la cintura para acercarme. Momentos después, siento su cálido aliento en mi cuello. Inclino la cabeza hacia un lado para permitirle un mejor acceso. Sus labios apenas rozan mi cuello provocando un pequeño gemido. Levantando el brazo, coloco mi mano en su nuca acercando su cara. Me da un pellizco en mi tierna piel y sonrío de inmediato:
—Oh, sí, me gusta eso.
Él sonríe contra mi cuello.
—Entonces te encantará lo que va a venir más tarde.
Al oír las palabras "más tarde", salgo de mi trance de acariciarle el cuello y recuerdo lo que tengo que hacer.
Me giro hacia él y le dedico mi mejor sonrisa.
—Creo que deberíamos brindar por eso. —Hago una señal a Ela por encima del hombro y luego enrosco su corbata alrededor de mi mano acercando su cara a la mía. Y antes de tener la oportunidad de posar mis labios sobre los suyos, me aplasta la boca con la suya.
El mundo a mi alrededor se detiene. Sin música, sin borrachos ruidosos, solo él y yo. Sus labios en los míos. En este momento yo soy suya. Él es mi dueño, y cuando finalmente nos separamos lo sé. Puedo ver la victoria en sus ojos, unos ojos de los que no puedo apartarme. Sube su pulgar y lo pasa por mis labios hinchados y besados. La pequeña puta que hay en mí se lanza a rozarlo con la lengua. Sus ojos brillan con fuego y una mirada dominante cruza su rostro.
—¿Sabes en cuántos problemas te has metido? —susurra en voz baja.
Mirando a sus profundos ojos me oigo decir:
—Me gustan los problemas.
Una sonrisa aterradora se extiende por su cara.
—No sabes lo que dices, pequeña.
Menos mal que Ela se acerca a salvar mi trasero en este preciso momento.
Él le lanza una mirada frustrada a Ela por interrumpirnos.
—Hey Cami, pensé que te gustaría tomar algo.
—Gracias Ela —digo cogiendo la bebida de ella y volviendo a bajar a la Tierra mientras mi amiga se va.
Vuelvo a mirar sus ojos oscuros luchando contra mis pensamientos. Puedes hacerlo, me digo a mí misma. No lo volverás a ver.
Me llevo el vaso a los labios, finjo un sorbo y luego lo miro. Él me dedica una sonrisa que me hace caer las bragas y dice en un tono firme y exigente:
—Esta noche Camille voy a follarte.
Esto hace que mis bragas se empapen.
No, no, no Camille. Concéntrate, concéntrate. Controla tu chica de abajo. Tragando con fuerza agarro su corbata una vez más, atrayéndolo más cerca.
—No, cariño —digo—, yo te voy a follar a ti.
Benjamín sonríe mientras le pongo el vaso en los labios y le veo tragarlo de un solo trago.
Pronto los efectos de la bebida se hacen notar. Su discurso empieza a arrastrar las palabras, volviéndose torpe y cansado. Y al final, le ayudo a cruzar el aparcamiento de tierra hasta su habitación, donde cae sobre la cama de espaldas.
—Joder, ¿qué me está pasando? —se queja.
Bien, su estado me hace sentir culpable y de lo más bajo. Y siento la necesidad de abrazarlo y hacer que todo mejore, por lo que me acomodo en la cama a su lado.
—Estás bien. Probablemente es el alcohol, el calor y el baile lo que te está afectando. —Le quito un mechón de cabello de la frente—. Duerme hasta que se te pase la borrachera. —Pronto oigo sus suaves ronquidos.
Y rápidamente entro en acción. Tirar de él hacia su estómago es una lucha, pero lo logro. Me quedo sin aliento cuando veo una pistola en su cintura. Es perfectamente normal, ¿verdad? Quiero decir que la gente lleva un arma para protegerse hoy en día, ¿no? Dejando a un lado los pensamientos, cojo su cartera. Abriéndola, saco su licencia y la arrojo sobre la cama. Él la necesitará más que yo. Jaja… soy una ladrona tan piadosa.
Al ver la bolsa de lona, se me pasa por la cabeza abandonar esta búsqueda, pues me dan malas vibraciones. Pero decido continuar. Hallo dos pistolas más, una daga de lujo, y más de diez mil dólares, así como un par de guantes de cuero negro. Esta bolsa grita peligro y dudo en seguir con mi plan, pero entonces recuerdo por qué tengo que hacer esto. No, no está bien hacer esto. Debo dejarlo todo y salir corriendo, cavilo. Dejo la bolsa y salgo corriendo solo con la cartera.
—Vamos Ela, vamos —grito saltando al jeep.
—¿Lo conseguiste? —pregunta frenéticamente mientras acelera.
Le tiendo la cartera.
—Sí, pero algo no está bien aquí. Creo que es un ladrón de bancos o algo peor. —La pongo al corriente de mi descubrimiento, pero solo de la parte del dinero, y luego me asaltan nuevos pensamientos—. ¿Y si viene a por mí? —pregunto aterrada.
—No lo hará, querida. Si está huyendo no tiene tiempo para buscarte. —Ela trata de tranquilizarme.
—Espero que tengas razón —digo mientras me muerdo el labio inferior.
—Créeme, la tengo. No volverás a verlo —jura ella.
De repente me siento mejor y confío en lo que dice. Empiezo a reírme a carcajadas mientras la adrenalina se dispara por mis venas.
—Lo hice, lo hice, joder. Le he robado al bastardo.
Capítulo 3
Benjamín POV
¿Qué demonios es ese ruido? ¿Dónde estoy? Joder, ¿qué ha pasado?, pienso en mis adentros mientras intento abrir los ojos, pero un dolor punzante me atraviesa la cabeza. Puedo sentir que estoy tumbado en una cama y aún tengo la ropa puesta. Mierda Benjamín, ¡piensa!
Después de un minuto, finalmente consigo echar un vistazo desde mis párpados semicerrados. La brillante luz del sol hace arder mis córneas. Mientras piezas de recuerdos empiezan a filtrarse en mi mente… auto averiado, dos chicas, Angry Rooster, tener sexo. Con esto todo vuelve con fuerza.
—Camille —expreso, y me siento de golpe. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy solo—. ¿Qué demonios pasó anoche? Me siento como si me hubieran golpeado varias veces. —Es entonces cuando veo mi bolsa de viaje abierta y su contenido desparramado por el suelo.
—Mierda —gruño abalanzándome sobre ella. Rebusco entre mis pertenencias y no veo que falte nada. Sé que no la dejé así. Soy muy analítico con la organización. Algo no está bien aquí.
Un objeto de plástico brillante me llama la atención sobre la cama. Al acercarme me doy cuenta de que es mi licencia. Frenéticamente me agarro el bolsillo trasero y siento que me falta la cartera.
—No puede ser —grito mientras saco el edredón desgastado de la cama, con la esperanza de que la cartera salga de algún lugar de la cama.
—Oh, ella está muerta. Acaba de firmar su certificado de defunción —digo mientras no puedo creer que caí en esta mierda… pronto seré un capo de la mafia, y acabo de ser engañado por unas malditas universitarias, o lo que sean esas dos.
Hago memoria, y sé que no bebí lo suficiente anoche para estar tan borracho. Pero ese último trago que la perra prácticamente me empujó por la garganta tuvo que haber tenido algo. La mataré. Empezaré por sus rótulas y luego le dislocaré los hombros. Ella conocerá el dolor.
Nadie me hace esta mierda. Y no me importa lo hermosa que es o las ganas que tengo de follarla… Espera, qué. ¿Te ha robado y todavía quieres follártela? Debo ser un nuevo tipo de estúpido.
Todavía con el cerebro nublado, recuerdo sus últimas palabras antes de que todo se volviera borroso anoche…
"No cariño, yo te voy a follar a ti."
Una fuerte carcajada sarcástica surge de lo más profundo de mi pecho.
—Sí, nena, me has follado bien, pero existe la venganza. Espero que estés preparada para que te folle sin lubricación. Crudo y duro. Te encontraré una vez que mi negocio aquí esté completo, muñeca.
Más tarde, para añadir un nuevo insulto a mi ya maltrecho ego, descubro que me mintieron sobre lo lejos que estaba Montgomery. Solo está a 15 minutos de aquel espantoso lugar en el que pasé la noche. Una trampa desde el principio. Esto me hace desear que mis manos no estén tan atadas en este pueblo de mala muerte, ya que podría traer a mis hombres y tenerla acorralada en poco tiempo, pero no puedo arriesgarme a que me descubran aquí. Además, me da demasiada vergüenza que alguien sepa cómo me ha engañado una chica. Este debe ser mi pequeño secreto y el de esas dos mujeres problemáticas.
Camille POV
Me despierto sintiéndome un poco aturdida por la noche anterior. Tampoco dormí muy bien. Las imágenes de un hombre italiano caliente me atormentan. O bien me dispara con una de sus muchas pistolas, o bien nos reímos a carcajadas de mi broma y seguimos donde lo dejamos.
Sacudiendo la cabeza para despejar mis pensamientos, salgo de la cama, me ducho y salgo de mi apartamento dando saltos para dirigirme al campus con la esperanza de encontrar a Tia y presentar mi trofeo. Tia es la hermana principal de la hermandad y la responsable de convertirme en ladrona de una noche.
Mentiría si dijera que mientras camino no miro de vez en cuando por encima del hombro esperando ver a Benjamín en las sombras.
—Chica contrólate —me digo a mí misma—. Probablemente aún está noqueado y, a juzgar por su bolsa, va a tardar en irse de Montgomery. —Agarro con más fuerza mi trofeo, que es su cartera, esperando que todo esto haya valido la pena.
Al ver a Tia saliendo de la casa de la hermandad, corro hacia ella, y pongo la cartera delante de su cara:
—Lo hice. ¿Y ahora qué? —pregunto con ansiedad.
Tia me mira fijamente.
—No sé Camille. Tendré que hablar con las otras hermanas.
—Pero pensé que habías dicho que si hacía esto estaba dentro. —La acuso, mientras empiezo a sentir que la rabia se apodera de mí.
—Oh, debes haber entendido mal. Todavía hay que discutirlo y hacer una votación. El hecho de que hayas seguido nuestros deseos no significa que estés automáticamente dentro —dice un poco cortante.
—¿Qué? —siseo.
—Arriesgué la vida y la integridad física por esto. Podría haber sido encarcelada —despotrico.
Tia se ríe con su risita falsa.
—Me pondré en contacto contigo Camille. —Y se marcha la muy maldita.
Ahora estoy atascada con esta cartera de la muerte y todavía no puedo entrar a la hermandad. Joder, realmente necesito entrar. Hacerlo me ayudará en mis solicitudes de becas y demás.
No tengo becas y el dinero se le está agotando a mi padre. Incluso está intentando vender nuestra tierra familiar. La hemos tenido durante generaciones y no puedo imaginar el dolor que le causaría dejarla ir. En cuanto a mí, me encanta ese lugar y renunciaría de buena gana a mi educación para asegurar que siga en nuestras manos, pero mi padre está empeñado en la idea de venderla.
Y yo… incluso bailo desnuda en un bar por la noche para pagarme parte de la carrera. No porque lo disfrute, pero seamos realistas, el dinero que gano trabajando en una cafetería no compite con el que gano sacudiendo mi cuerpo. Por supuesto, mi padre no sabe que hago esto. Además, no hago las cosas que hacen las otras chicas. No me acuesto con los clientes para ganar dinero extra, y estoy segura de que no me drogo. La gente se sorprendería si supiera cuántas chicas se pagan sus estudios enseñando las tetas.
Me dirijo a mi primera clase, pero me quedo en plantada por unos momentos cuando apenas he dado dos pasos. Qué hacer con la cartera y tratar de entrar en la hermandad me tienen estresada.
Y hay que añadir también la culpa a mi lista de problemas. Benjamín se veía tan dulce y vulnerable allí tirado desmayado anoche, que no quería dejarlo ni hacerle esto. Tal vez debería buscarlo y devolverle sus pertenencias. Y él está en Montgomery, ¿cuántos italianos con traje andan por ese pueblo? Solo él.