Capítulo 3

Él hizo un gesto de cabeza a sus guardias y vinieron por mí.

No me tocaron,más sí me indicaron el camino a seguir.

Cuando finalmente había llegado a la conclusión lamentable, de que mi hijo solo estaría a salvo dentro de mi vientre y por poco espacio de tiempo, hasta que se notara que habitaba allí,zanjé dentro de mi cabeza, el incambiable plan de sacarnos a mi hermana y a mí, de las garras de aquel mundo cruel en el que solo el vistazo a un pequeño vestigio, ya había sido brutal.

Mantendríamos el plan inicial y cuando tuviera la menor oportunidad, me iría con Sabrinna y protegería de esa forma a mi bebé.  El hijo de un árabe que no lo amaba. El hijo de  un  árabe al que le entregué todo, y ahora no quería darla nada. Aunque sin embargo, no podría evitar hacerlo.

Una mano se aferró a mi muñeca y detuvo la marcha de todos, y la mía en especial.

Aquel toque que hacía semanas había sentido, eléctrico, sobrehumano y voraz, hoy me sabía a condena... a obligación,  a doblegarse o morir.

—Espera dentro de mi auto y busca algo con lo que cubrir tu pelo y este escote que me encanta, pero no quiero que nadie más vea. Voy enseguida —sin contestar absolutamente nada reanudé la marcha en cuanto me soltó.

No tenía intención de despedirme del maldito de Onir, pero si me quería asegurar de que Sabrinna estuviera bien. Sabía que ya había sido reclamada pero no tenia la certeza de que fueran a cuidar bien de ella. Y hubiese preferido que se fuera conmigo, al menos hasta el lugar donde fuésemos a permanecer,  sobre todo sabiendo que la dejaba en medio de  un tiroteo que no parecía tener fin y del que estaba loca por salir y quería lo mismo para ella.

Escoltada por aquellos hombres, miré hacia atrás y una nueva ráfaga de tiros se acentuó en el lugar y en esta ocasión más cerca todavía de lo que había sucedido anteriormente.

Me lanzaron al suelo y sentí como me tiraban una manta por encima del cuerpo y una voz que no conocía de nada me dijo —mantente aquí debajo y no te muevas hasta que venga por tí. No te vayas a salir de este sitio o te mataran.

Era una voz de hombre fuerte, pero tierna a la vez y me sentí, no sabría decir porqué,  de alguna manera protegida y tratada con una suavidad de la que antes había carecido.

Me habían dejado como debajo de un coche o algo así, pero con aquella manta encima no veía nada y no me atrevía a levantar la vista. Lo máximo que hice,fue mirar por debajo y a ras del suelo, para ver como mi hermano estaba herido en una mano y sangraba, hasta que se arrancó un trozo de su camisa y cubrió sus dedos, que no sabía como se había lastimado.

Sabrinna estaba firmando unos papeles, que asumía eran los mismos que había firmado yo, pero ella luego de entregarlos a su marido, lucía mucho más en paz de lo que yo había conseguido sentirme y no entendía porqué  no estaba enloqueciendo con Onir lastimado a su lado.

En el momento en que vi como el otro árabe,hijo de Amir y esposo ahora de mi hermana apuntaba a Onir en la cabeza, los tiros cesaron por todos lados y creí, equivocadamente que había pasado todo y los chaumanes habían dejado de ser una amenaza.

Pero cuan equivocada estaba...

—Aquí está jefe —una voz nueva para mí  tropezó en mi sentido del oído al mismo tiempo que era arrastrada por los pies y sacada de mi escondite, sintiendo como mis pechos y demás partes de mi piel que estaban expuestas, se quemaban por la fricción con la arena caliente del suelo.

—¡Suéltame!...¡Maldito bastardo, suéltame!...

Mis gritos parecieron llamar la atención de más de una persona, pues mientras yo pataleaba siendo sacada por la cintura y llevada hacia no sabía donde,más disparos empezaron a sucederse y alguien habló a mi oído, asombrándome mucho...

—Cálmate que te daré el boleto a la libertad,con nosotros serás libre y devuelta a tu hermano, él preparó todo esto y solo falta que venga Sabrinna.

Simplemente me relajé en sus brazos y me dejé sacar de allí, esperanzada de que si lograban traer a mi hermana conmigo, podríamos huir del país con el dinero devuelto y no sería responsabilidad de mi hermano a ojos de los árabes.

Me subieron a otro coche y comencé a mirar por la ventanilla hacia donde estaba mi hermana y mi terror fue en aumento, cuando pude ver como la estaban obligando a apuntar con un arma a la frente de mi hermano y justo ahí, el motor se puso en marcha y me sacaron de allí, bajo el juramento que volvería a ver a mis hermanos esa misma noche.

Y como en la ocasión anterior, volvió a empezar un tiroteo y una persecución que me hacía sentir en un déjà vu, y muerta de miedo por la vida de mi hijo.

En ese tipo de circunstancias podía suceder lo peor.

No llegamos a avanzar prácticamente nada, cuando alguien disparó a la cabeza del conductor y la persona que iba al lado trató de hacerse con el volante, pero en medio de la batalla, el coche de al lado se pegó mucho al nuestro y alguien del otro lado logró subirse y sacando al conductor muerto,recibió una bala de quien iba al lado pero rápidamente fue sentenciado a muerte en un disparo certero del nuevo conductor.

No fue suficientemente rápido ni ágil,como para hacer tantas cosas a la vez y que saliera todo bien. Tratando de detener el coche, perdió el control del vehículo y nos volcamos. 

Solo nosotros dos íbamos ahí dentro y solo yo resulté herida.

Cuando minutos después, la misma voz de la persona  que antes me había escondido, y tratado tan dulcemente me habló, supe que no tenía muy buen aspecto y no me quedaba más remedio que cofiar, en el azar del destino, y en que esta persona no fuera la que sentenciara mi vida también.

—¡Hey,mírame!, no te desmayes. Necesito que estés despierta por favor, mírame.  Prometo cuidar de tí —amaba su voz. Ese hombre que me hablaba lo hacía de manera tan dulce, que parecía que había muerto y dios me recibía en el cielo.

Sentía mucho dolor que no lograba identificar dónde, pero dolía. Mucho.

Me pesaba el cuerpo y sabía que me iba a desmayar. Tenía que actuar rápido y esperar que la vida fuera piadosa conmigo.

—¡Ayúdame! -le pedí, sintiendo como otras personas venían hacia nosotros pero no terminaban de llegar —necesito confiarte algo que nadie puede saber.

Sus ojos verdes eran tan cálidos que podías nadar allí y nunca sentir frío.Me infundaban una confianza que tal vez no debía permitirme pero me estaba quedando sin opciones y solo esperaba que aquel hombre tierno, de conducta tan empática, y el que asumía era uno de los guardias de alguna de las dos bandas, no me traicionara; pero igual si lo hacía, tal vez morir era mejor opción...

—Estoy embarazada y no quiero perder a mi hijo —le confié toda mi vida en esas palabras y él, sonrió y me besó la frente con cuidado, y cuando se apartó ví sangre en sus labios y mis miedos aumentaron —nadie puede saberlo, por favor ayúdame. ¿Quién eres?

Esas palabras fueron la pregunta más importante que haría en mi vida, pero en ese momento no sabía cómo me marcaría su respuesta.

Con varias personas gritando en varios idiomas a nuestro alrededor me dijo...

—Soy Ashrad Bil Kadim Alfaslan, tú marido Savannah...

Y perdí la conciencia.

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Savannah

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