Capítulo 2

Con el lapicero en su boca, Ellie seguía con la mirada perdida. El día estaba en un tono gris oscuro, y con algunos relámpagos al final de la ciudad.

Un suspiro salió de su boca y luego comenzó a golpear su escritorio con el lapicero. Estaba tan aburrida, tan confusa, tan triste.

Deslizó la mirada a su pantalla, eran las 10 de la mañana, tenía un montón de trabajo por hacer, pero sus manos no respondían porque su mente solo estaba en la noche de ayer.

Se sentía miserable, literalmente eso era lo que su cuerpo insatisfecho le reclamaba ahora mismo, porque no podía dejar de recordar el momento en que Michael llegó a casa y tuvo sexo con ella, pero como todas las veces, nada daba resultado. Ella solo quiso pensar en una película que había visto, una que despertó algunas sensaciones en su cuerpo dormido días anteriores.

Así le llamaba Michael, cuerpo dormido y frígida, porque simplemente no podía sentir algún placer cuando estaban en la intimidad. Negó varias veces para colocar su palma en la frente que ya se estaban asomando algunas gotas de sudor, sus pensamientos estaban mal, y si seguía como seguía, ella debía ir a un psicólogo, porque tal vez tenía un problema muy serio.

Estuvo segura por un tiempo que, cuando sus amigas hablaron de esa película erótica, ella tendría mejores resultados. Preparó todo sabiendo que su esposo llegaría más temprano en la noche, y se colocó unas prendas que le parecieron bonitas de una tienda de lencería que era resonada ahora en Memphis.

Las escenas estaban en su cabeza, ella pondría de su parte para alcanzar la maravilla que sus chicas describían, y que hipócritamente les aseguraba experimentaba todo el tiempo con su marido. Pero la verdad es que Elizabeth Hansen, jamás en su vida había alcanzado un orgasmo.

Todo su trabajo se vino abajo cuando Michael le dio una mirada:

—¿Qué clase de mierda es ese atuendo? ¿Acaso eres una puta? —despotricó su esposo nada más entró a la habitación.

Ella se revisó rápidamente mientras sus piernas temblaban en anticipación. La mujer que le había vendido la lencería dijo que no era vulgar y que le quedaría bien a ella, prometiendo que su marido quedaría boquiabierto. Ellie no supo donde quería meterse y solo pudo gesticular una sola palabra.

—Lo siento…

Con un par de zancadas su marido llegó hasta ella y luego le atrapó el brazo con rudeza.

—¿Qué tienes en la cabeza, Elizabeth? ¡No quiero a una zorra como mujer!, compórtate como la mujer casada que eres…

—Yo… —Los labios de Ellie temblaron, su plan se había arruinado, y definitivamente olvidó la película por completo—. Solo quiero que ambos podamos sentirnos cómodos haciendo el amor, Michael…

—No es mi culpa, querida Ellie —Apretó sus palabras con un poco de rabia—. El problema eres tú, y con todo esto solo me alejas, a veces ni siquiera me apeteces…

Michael dio una mirada larga a su cuerpo y luego tensó la mandíbula, como si hubiese cambiado de opinión. Nadie en su sano juicio rechazaría una mujer como ella.

Sus manos comenzaron a tomar sus caderas y luego la empujó a la cama.

—Pero ya que estás tan urgida de sexo, pues no me queda de otra…

Elizabeth sabía que esto no los llevaría a nada, sin embargo, solo serían unos minutos, lo único que le preocupaba todo el tiempo, era que su intimidad quedaría resentida después del acto, porque ella ni siquiera alcanzaba a mojarse como era debido.

Definitivamente tengo un problema, se repitió en su mente mientras Michael entraba en ella varias veces y escondía la cabeza en su cuello. No se molestó en moverse o en abrazarlo, en algunas ocasiones lo intentó y él parecía fastidiarse con su intensión.

Entonces contó los minutos y como todo el tiempo, él se rodó sobre ella después de descargarse, y luego la besó para decirle que había estado genial.

Negó apretando los ojos y volviendo de su recuerdo. Toda su mierda estaba llegándole al cuello, y no sabía por cuanto tiempo podía soportar toda esta indiferencia.

Frente a la gente, Michael era el esposo que todas querían tener, atento, cariñoso, y comprensivo, sus amigas vivían botando la baba en cada charla, y su familia… esa era la peor parte; Ellie les mentía sobre su relación, porque si algo estaba fijado en su núcleo familiar, era que los matrimonios debían permanecer para siempre y que era lo más sagrado que uno podía tener. Por lo tanto, un divorcio era algo totalmente imposible, un tema intocable en las posibilidades de Ellie.

Y no solo eso, muchas cosas estaban en medio, sus familias prácticamente eran socias en todos sus negocios.

Michael y su familia poseían pequeñas empresas de comercialización de alimentos aquí en Memphis; él era el segundo hijo de los Hansen, junto con su hermano mayor, Adem. Sus padres Benjamín, y Margaret Hansen, comenzaron hace unos años el negocio, hasta que llegaron a contactarse con Jarod, el padre de Ellie, para que luego hicieran una alianza comercial.

Ambas familiar cayeron como anillo al dedo, la empresa de los Hansen constaba en importar y exportar productos alimenticios, y la familia de Ellie, los Morgan, la producían.

Jarod tenía miles de hectáreas dispersas por los Estados Unidos, pero principalmente, sus mayores ganados y espacios de producción, residían en Texas. Sostenía no solo la producción animal, sino también vegetal, y si se iba a la realidad, la producción alimentaria era una de las empresas más sostenibles que generaban grandes ganancias en los Estados Unidos, el comercio alimentario era sólido por el motivo de ser la necesidad número uno para el sostenimiento de la vida de una persona.

Si se colocaba en un punto de comparación, la riqueza de los Morgan sobrepasaba unas 10 veces a los Hansen, pero eso no importó mucho a Jarod cuando vio en Benjamín, la capacidad de trabajo y de emprendimiento en el hombre. Harían un buen equipo, y eso pudo verse reflejado durante todos estos años juntos, contando los 4 años de casados que cumpliría la pareja que selló y afianzó la alianza empresarial.

Sin embargo, en los últimos 5 meses, las cosas se estaban colocando complicadas, muchas comercializadoras estaban saliendo a flote con nuevos proyectos y mejores presentaciones, las cifras estaban cayendo notoriamente y esto estaba inundando de tensión las reuniones y los encuentros familiares. Eso sin contar que la parte financiera solo estaba en manos de Ellie Hansen.

Ni una firma, ni un papel, salía de esa empresa si no fuera por su autorización.

—Señora, Hansen, la reunión comenzará pronto —Lindsay, su secretaria personal, llegó a su escritorio tocándole el hombro para que ella despertara de su despiste.

Ellie asintió con una sonrisa y luego cerró su computadora portátil.

—¿Michael está allí? —preguntó a su secretaria, mientras tomaba algunas cosas para ir a la sala de juntas.

—No lo he visto, Señora Hansen, pero creo que está en la empresa.

Ellie asintió y luego le dio unas carpetas para que Lindsay archivara. La palabra señora aún no la pasaba completa, aunque realmente con sus 24 años, casi 25, ella se sentía como una vieja.

Amargada y aburrida.

El edificio donde estaban ubicados se encontraba en el centro de Memphis, no era un edificio costoso, ni lujoso; constaba de 5 plantas, amplias y espaciosas, todas debidamente organizadas por Elizabeth, para que el desarrollo de sus empresas funcionara al 100%.

Jarod, no era muy apegado a estar en una oficina, solo se hacía presente en momentos como este, en donde tendrían una reunión, una que tenía a Ellie de los nervios y con la mente confusa. El padre de Elizabeth se concentraba más en la acción, aunque su hija le había dicho en repetidas ocasiones que ya era muy viejo para esos trotes y que había gente a cargo que tenía esas responsabilidades.

Pero de cierta forma Ellie lo entendía, él había trabajado demasiado duro para levantar un negocio como este, uno que se estaba escurriendo de sus manos, y ella aún se preguntaba ¿Por qué?

Caminando hacia el salón, vio que todos ya estaban sentados en la mesa larga, y por supuesto su marido no estaba presente, así que sí, ella debía tener cualquier excusa pendeja hacia su padre, de nuevo.

Saludó al personal, allí estaban algunos gerentes de la empresa, abogados que estaban haciendo actos de presencia, su padre que estaba sentado en toda la punta de la mesa como feje principal, mientras que el padre de Michael, Benjamín, estaba a su lado izquierdo.

Todos se colocaron de pie, ella era la única mujer presente, pero estaba acostumbrada, Ellie pisó esta empresa desde que solo era una construcción vieja y ella tenía 10 años cuando eso.

—Padre… —Saludó Ellie llegando hasta el puesto de Jarod dándole un beso en la mejilla, para luego girar y hacer un ademán con la mano a los demás—. ¿Cómo están?

Elizabeth se volvió a su suegro y él le dio un abrazo efusivo, apreciaba a su suegro con sinceridad, algo que no podía decir de su suegra, porque la madre de Michael se había convertido para ella, como una piedra en el zapato. Jamás pudo tener armonía con esa mujer.

—¿Dónde está Michael? —la pregunta llegó a sus oídos una vez tomó asiento y alzó las cejas mientras su padre esperaba una respuesta.

—Creo que debe estar haciendo el recorrido.

Jarod dio un puño a la mesa y luego negó.

—Papá… —susurró Ellie tomándole del brazo.

—Estoy impaciente Ellie, la reunión debía comenzar hace 15 minutos, él debería estar aquí antes que yo…

Ella pasó un trago y luego desvió los ojos hacia Benjamín pensando que él podía excusar a su hijo, pero nada salía de su boca, el hombre parecía no importarle que Jarod dijera nada de Michael.

—Si quieres, puedo ir por él, no debe estar muy lejos…

—No, comencemos… ¡Ida…! —Jarod llamó a la asistente de Michael que estaba de pie en la puerta—. Cierra y que nadie entre, sea quien sea…

Elizabeth observó a su padre con los ojos abiertos, lo veía realmente enojado y frustrado y eso de cierta forma la incomodó. «¿Había pasado algo más que las cifras bajas?», Pensó de inmediato mientras su padre abría una carpeta gruesa y comenzó a pasar hojas para todos.

Ellie tomó el par de hojas que estaban unidas por una grapa y sus ojos se agrandaron cuando vio allí plasmado una escala devastadora para la empresa. «¿Qué significaba todo esto? ¿Qué eran esos despachos que se marcaban en rojo?»

Ella quiso preguntar enseguida, pero la voz de su padre se esparció por todo el salón dejándolos en silencio.

—Estamos en problemas serios…

Los ojos de la chica se alzaron y miraron fijamente a su padre.

—No recibiremos los pagos de los despachos de este mes —dijo Jarod sin mirar a nadie por un momento, y luego giró hacia su hija—. Por eso no has recibido los informes, y no sabes nada de esto, esas estadísticas nunca llegarán.

—¿De qué estás hablando? —Preguntó Elizabeth nerviosa.

Jarod giró hacia Benjamín, haciéndole una ceña y luego el hombre intervino.

—Ninguna distribución llegó a su punto, las ciudades principales como Los Ángeles y New York nunca recibieron los cargamentos.

La garganta de Ellie se apretó hasta el punto de la asfixia, eso solo significaba una ruina enorme, un desfalco incalculable.

—Pero yo hice un papeleo perfecto, todo el recorrido estuvo debidamente planeado, ¿Cómo sucedió algo como esto? —preguntó tan confundida que se sintió aplastada, ella estaba preparada para hablar sobre más cifras bajas, no una perdida millonaria.

—Aún no lo sabemos… —Agregó Benjamín soltando el aire.

—Sin embargo, se están haciendo las investigaciones pertinentes, más de la mitad de la mercancía estaba asegurada, y todo estaba en la debida regla para que las aseguradoras puedan responder a la perdida —esta vez el abogado de la empresa, Brendan Cold, intervino llamando la atención de la chica.

—Tengo todo guardado, con facturas y registro, no hay problema en lo que me pidas —respondió Ellie mientras el hombre asintió, luego volvió al lugar de su padre con la mirada—. ¿Hay alguna información de lo que pasó?

—Solo que no llegaron, la empresa transportadora está haciendo las investigaciones, solo debemos esperar —respondió Jarod fatigado con el rostro cansino.

Ellie llevó la mano al brazo de su padre y lo apretó.

—No te preocupes mucho, se resolverá… mientras… déjame pensar en algo… alguna estrategia que nos ayude a solventar esta situación… la transportadora deberá responder, hay choferes, familias de por medio, todo debe tener una solución.

—El hecho Ellie, es que no somos los únicos que están pasando por esto —agregó Benjamín con una calma que puso más nerviosa a la chica—. Hay una investigación, varias empresas transportadoras están padeciendo la misma situación, los cargamentos son violados, quitados y desaparecidos, parece una red que la policía está siguiendo.

—¿Tanto así? —expulsó Elizabeth agitada.

Su padre asintió.

—Ninguna ha sido remunerada, porque es como si los cargamentos desaparecieran de la tierra… —Jarod alzó la mirada y ella pudo ver que había un poco de desesperación en sus ojos—. Es muy probable que quedemos sin remuneración, ni seguro, o alguna compensación por el suceso… la aseguradora no puede reponer tantas perdidas…

El pecho de la chica se comprimió en un segundo, esto era devastador.

—No nos daremos por vencidos señores Morgan, haremos todo lo posible por buscar una manera —volvió a intervenir Brendan Cold.

Jarod levantó una mirada y les sonrió a todos asintiendo mientras apretaba la mano de Ellie.

Los gerentes y personas encargadas sacaron a flote algunas técnicas posibles para disuadir unas semanas a los bancos, algunas ideas eran asomadas, pero Jarod mantuvo el silencio durante toda la hora de reunión, hasta que al final el abogado lanzó las opciones que estaba a la mesa para seguir el asunto.

El corazón de Ellie estaba aplastado, su vida estaba lo suficiente dañada, y ahora se sumaba la tristeza de su padre, que no era para menos, ellos podían entrar en bancarrota, y la empresa se podía ir abajo si no conseguían el dinero suficiente para invertir capital y suavizar el impacto de ese desfalco.

Después de una hora, todos se levantaron de la mesa, el padre de Ellie la tomó de la mano y ella supo que tendría una charla privada con él.

Jarod se rascó los ojos y esperó que la puerta fuera cerrada nuevamente para darle una mirada seria a su hija.

—Ellie, necesito un informe detallado del capital general, no incluyas a nuestros socios, ni siquiera a la familia Hansen…

Ella arrugó el ceño haciéndole una pregunta con sus expresiones…

—¿Qué tienes en mente? —preguntó confusa.

—Tengo algunos contactos, después de ese informe, ambos escribiremos unos correos.

Elizabeth se recostó a la silla y luego apretó su cuello.

—Lo haré, pero… —ella pensó por un momento—. Dame un día, quiero pensar en algo, si vas a enviar una petición, al menos deberíamos tener una propuesta.

—No tengo nada en mente, solo pienso en sacar provecho de algunos favores que hice en el pasado —respondió Jarod pasando sus manos por el rostro.

—Papá —Ellie tomó su mano y la apretó—. Dame un día o dos, pensaré en algo. Sabes que no es lo mismo que te devuelvan un favor, a que alguien se interese porque vea potencial en nosotros… nuestra empresa es buena, la producción de Texas es de las mejores, son productos de calidad y lo sabes, no puedes pensar que todo se arruina porque si…

Su padre asintió y luego acarició su muñeca.

—A veces me arrepiento de consentir este matrimonio, Ellie —el cambio de tema tan profundo impresionó mucho a la chica.

—¿De qué hablas, padre? Michael y yo estamos bien, no te preocupes por eso… no le digas a mamá sobre lo que está ocurriendo, ni a los chicos ¿de acuerdo?, ve y descansa, yo me encargaré.

Él negó rápidamente.

—El que debería estar aquí preocupado, es tu marido, Elizabeth, tratando de resolver lo que tú vas a resolver, este es el oficio de un hombre, tú deberías ser su apoyo nada más, ¡él debería estar aquí!

Las palabras de su padre solo ayudaron a joder más su estabilidad. Lo amaba mucho, lo adoraba como a ninguna otra persona en el mundo, pero le jodía que fuese tan machista y tan cerrado a tantos temas que ella hubiese querido soltar con él. Tal vez si no tuviese ese pensamiento tan cuadrado, ella no lo hubiese dudado, le confesaría muchas cosas que estaban destruyendo su autoestima, que estaban matando su confianza y estaban reduciéndola a una nada, porque ahora, ni siquiera podía verse como una mujer bonita.

Su silencio se prolongó, esto era todo, no había nada más que decir del tema y en disimulo, ella tomó su carpeta y se levantó.

Estaban literalmente perdiendo su empresa, no podían estar discutiendo sobre su matrimonio ahora.

—Nos vemos papá, salúdame a mamá, y dile a Emy que iré el fin de semana.

Él asintió mirándola de reojo y Ellie salió definitivamente del salón de reuniones. Sin pensarlo dos veces fue a su oficina, cerró la puerta y pegó su espalda en la pared para soltar los sollozos que había reprimido durante una hora. Ahora todo estaba revuelto, la empresa, su familia y la relación tan flácida con su esposo. Soltó el aire mientras su cuerpo drenaba y las lágrimas rodaban en su mejilla.

Caminó al escritorio y sacó unos pañuelos de papel, pasando los mismos por su cara, tratando de mantenerse serena.

Una notificación sonó en su móvil y ella lo leyó rápidamente. Allí estaba el grupo de sus 5 amigas, “casadas y desatadas” se rio en ironía, ella era todo menos eso. Abrió el icono y al menos unos 100 mensajes estaban deslizándose por la pantalla, lo único que pudo ver rápidamente era que se iban a reunir a la hora de almorzar, porque parecía que había un chisme nuevo que las dejaría paralizadas a todas.

Negó mientras salió de la conversación, debía trabajar mucho, y luego se excusaría con ellas. Justo cuando abrió la pantalla de su computadora, la puerta fue abierta, sin que llamaran primero.

—Tu padre se fue de la empresa, no pude saludarlo —Michael entró para cerrar un poco eufórico—. Me enteré de la situación por mi padre, ¡esto es realmente preocupante!

Ellie alzó su rostro y cruzó los brazos para mirarlo fijamente.

—Y no estuviste en algo tan importante como eso…

—No sabía que se trataba de algo como esto, estaba haciendo mi trabajo.

—¿Con quién? —refutó su esposa sin medir la consecuencia—. ¿Con Carla la recepcionista, o con Andrea la de admisión?

El rostro de Michael cambió enviándole una mirada asesina, pero ahora mismo ella no tenía la fuerza para ser sumisa ante él.

—Elizabeth…

—No es tiempo de amenazar, Michael, mi empresa y la tuya se están viniendo abajo, así que es mejor que busquemos una solución… —Ellie se levantó del asiento, era mejor el chisme con sus amigas que quedarse en este lugar, recogió su bolso, tomó su celular y se puso la chaqueta enseguida.

—¿A dónde vas? —Michael la frenó cuando ella pasó por su lado para salir.

—Con mis amigas, a almorzar —ella lo miró retadora, con los labios rojos y los ojos rojos por la irritación—. Pero puedes enviar a alguien detrás de mí, como lo sueles hacer… no me importa porque ni siquiera soy capaz de tener un mal pensamiento en contra de ti —después de sus palabras el rostro de Michael se suavizó, pero eso encendió más su desgracia y la irritación se apoderó de ella—. Y me odio por eso… —agregó obteniendo nuevamente la atención de su marido—. Me gustaría ser como tú, que se mete en cualquier pierna y viene y me ve con esos ojos sin tener alguna culpabilidad en ellos.

El hombre transformó sus gestos, empujó a su esposa y alzó la palma queriendo abofetear su mejilla, su puño se cerró y luego apretó duramente el rostro de Ellie. La miró duramente por algunos segundos y luego le empujó la cara hacia a un lado, para salir sin decir una palabra.

Pero no era necesario, los hechos de Michael ya eran suficientes para ella.

Los sentidos de Ellie se agudizaron, y para cuando ella logró mantener el equilibrio, su esposo ya se había ido de su oficina…

Capítulo 3

Elizabeth estaba recibiendo las quejas de sus amigas, mientras su silla era retirada por un hombre para darle la bienvenida a la mesa. Soltó un suspiro cansado, porque su chofer había tomado el camino más largo, ya que el tráfico estaba en su pleno apogeo en horas del mediodía.

Se quitó las gafas de sol y observó a las chicas reír.

Kiara, era la mayor de todas, tenía 30 años y unos de los 4 amigos de su marido era su esposo. Jake Gibson.

Alana, tenía 27 años, también estaba casada, pero su familia no tenía nada que ver con Michael y Ellie, sino con algunos contactos de su padre; sin embargo, entre los encuentros de negocios ellas se volvieron muy unidas y definitivamente Elizabeth la ingresó en su círculo.

Tamara y Carla, eran sus eternas amigas desde la universidad, compañeras de estudios para convertirse en unos años en personas inseparables para Elizabeth. Ambas estaban casadas y tenían la misma edad que ella cumpliría en unas semanas, 25 años.

Y por último estaba, Dana. En algunos momentos Elizabeth quisiera ayudarla, y pedirle de manera suplicante que no diera un paso apresurado, porque ella apenas tenía 20 y se encontraba en los preparativos de su boda, con otro de los 4 amigos de Michael, que, en su opinión personal, era el peor de todos. Carter Best.

Aunque… a estas alturas, ahora no sabía muy bien si lo comparaba con su marido, creía que ambos competían por el peor lugar. Pero por supuesto todo esto solo estaba en su mente y en su silencio.

Entonces ella observó a las mujeres y les pasó una disculpa con la mirada.

—Saben que el tráfico es un desastre si te encuentras en el centro de la ciudad —se excusó y luego les envió una sonrisa.

A pesar de todo nadie debía enterarse de su realidad, quizás sonara hipócrita, y llena de apariencias, pero a estas alturas… ¿Cómo podía decir que ella junto con toda si vida eran un completo desastre?, cuando en todos estos 4 años de matrimonio ella mintió con desespero.

—No les prestes atención —reclamó Kiara con un ademán de manos que calló a todas al instante, ella solía ser una de las personalidades más fuertes del grupo—. Hay un asunto muy, muy importante por hablar…

Ellie vio como todas arrimaron sus sillas y se juntaron más las unas de las otras. Si algo conocía de ellas es que eran dramáticas en exceso, y les encantaba un chisme.

—¡Por Dios Santo!, ¡habla ya! —insistió Tamara cuando Kiara hizo un silencio demasiado largo.

—¿Recuerdan a Shaina…?, ¿la alargada y presumida, Shaina Wright? —preguntó en susurro.

—Ammm… no debemos recordarla, creo que ahora todas podemos verla, porque ella está entrando ahora mismo al restaurante —Alana alzó la mirada y junto con ella todas se dieron vuelta hacia la mujer que Kiara estaba mencionando segundos antes.

La mujer no hizo caso de las miradas, y otra mayor que la que acababa de entrar la acompañaba detrás de su caminata a una mesa en el fondo del restaurante donde un camarero las acompañó.

Kiara hizo un disimulo y esperó que ellas pasaran tratando parecer que ninguna estaba mirando a la mujer, y en ese instante Ellie rodó los ojos.

El camarero llegó hasta la mesa pidiendo el pedido de cada una y eso ayudó a que la tensión disminuyera. Cuando todas volvieron en sí, Kiara volvió a llamar su atención, hablando muy bajo.

—Se está divorciando… —Anunció de golpe mientras todas tomaron una impresión en su rostro.

—¡¿Qué?! —Charis preguntó esta vez con la cara pálida—. La vi junto a su esposo el banquero hace un par de semanas, de hecho, compartimos mesa, en la subasta.

Ellie pasó un trago mientras llevó una copa de agua a sus labios secos para luego desviar la mirada a esa mujer, que parecía estar muy tranquila, disfrutando su comida con una amiga mucho mayor que ella.

—Pues… ya vez… un matrimonio de apariencias… muchos cotillean sobre el suceso, algunos dicen que su esposo tiene algunas amantes, pero la mayoría la crítica por no saber llevar su casa…

—¡Qué horror! —agregó Lena—. Solo de imaginar que me pase algo como eso, me dan ganas de morir ahora mismo, es una racha terrible.

—Totalmente —dijo Kiara negando y viendo hacia la mujer.

Una a una agregó su punto, pero Ellie seguía muda, sin dar algún tipo de comentario sobre el tema.

Su mente estaba perdida, en definitiva, tenía tantas cosas en la cabeza, sin embargo, todo su centro ahora era el rostro de esa mujer que parecía más feliz que todas sus amigas juntas, como si nada le pesara, como si fuese tan liviana como una pluma y por un momento se preguntó cómo se sentiría estar de esa manera.

—¿Qué te ocurre? —Ellie sintió una mano zarandeándola suave, y logró parpadear varias veces mientras desviaba la mirada hacia sus amigas.

Todas estaban con el ceño fruncido, y definitivamente se había perdido de todo lo que habían despotricado en contra de esa pobre mujer.

—Yo… solo estoy un poco liada con… la empresa.

—¿Algo va mal? —preguntó Kiara con interés.

—No… hay mucho trabajo —respondió Elizabeth rápidamente.

—Bueno, tú tienes suerte de trabajar de la mano con tu esposo —sonrió Lena como si sus ojos pensaran maravillas.

—Es verdad, a veces te envidio tanto —Agregó Tamara con un puchero.

—¿Envidiar? —Ellie negó incrédula.

—¡Ay Ellie…!, no vengas a restregarnos tu vida perfecta —Kiara refutó con la ceja levantada—. Lo preguntas como si no supieras que eres la más afortunada de todas nosotras… una familia rica, un puesto en tu propia empresa que manejas a tu antojo, y eso sumado a que tienes al esposo perfecto….

—Estoy de acuerdo contigo —Ellie se giró al escuchar a Alana—. Te ganaste la lotería con Michael…

Elizabeth apretó su mandíbula y bajó la mirada.

—Sí… soy… muy afortunada —dijo levantando los ojos con una sonrisa que le dolió—. Sus maridos son, buenos también.

Las risas se esparcieron por toda la mesa.

—Sí, no lo negamos, pero los hombres son por lo general, poco detallistas, olvidadizos y muy poco sensibles… pero en tu caso, es diferente —Charis agregó tomando un sorbo de su vino—. Michael es guapo, romántico, y muy muy cariñoso, es un hombre seguro que no pierde nada expresando su amor en público, y eso querida Ellie, es un premio que no todas pueden conseguir.

—Y eso sumado a que es un adonis en la cama, ¿no es así Ellie?

Las mejillas de la chica se encendieron cuando Kiara le dio un codazo insinuando las mismas cosas que solía hacer siempre.

¡Qué desastre!, pensó queriéndose halar el pelo de la desesperación. Su vida era una red de mentiras.

Como pudo, controló su respiración irracional y apretó las manos temblorosas.

—¿Cómo van los negocios? —hizo la pregunta desesperada por cambiar el tema, pero en el momento, los platos llegaron a su mesa, y las mujeres se detuvieron en la conversación.

Después de unos minutos de protocolo, ellas volvieron a quedar solas.

—No pretendas cambiarnos el tema, antes de todo esto, estábamos preguntando si en tu empresa no se escuchó el rumor de la separación, Máximo Wright, es un banquero importante, y lo más seguro es que tu padre y Michael deben conocerlo —Kiara sugirió mientras las demás tenían la mirada puesta en ella.

—No sé nada… hasta ahora escucho sobre el asunto —respondió Ellie rápidamente y luego volvió su mirada a la mujer—. Quizás… no sea algo grave… o quizás sea una separación acordada… ella no parece triste…

—Está fingiendo —Agregó Lena llamando la atención de Elizabeth. A veces le daban miedo las expresiones frías de la chica que ni siquiera sabía lo que era un matrimonio.

Algo se revolucionó dentro del estómago de Elizabeth y luego la miró con recelo.

—No veo muestras de fingimiento en su rostro… ella parece, ligera, un divorcio no es el fin del mundo, chicas, nadie sabe lo que pasa detrás de nuestras casas, ¿Por qué si somos mujeres debemos arremeter contra otra?, ¿no es esto más vergonzoso, que el hecho que ella se vaya a divorciar?

El silencio se hizo eterno, la respiración entrecortada de Ellie solo le anunció que se había dejado llevar por sus impulsos y por un momento se arrepintió, y dejó caer la espalda en la silla.

—No estamos juzgándola —agregó Alana más calmada cortando con el hilo de tensión que se había tejido segundos antes—. Pero ella fue una mujer que presumió demasiado, y una como mujer debe luchar por su matrimonio, ¿Qué pasará con su vida?, ella irá de hombre en hombre, casándose y divorciándose, es una cadena, lo he visto. Nunca volverá a ser vista de la misma manera.

Todas afirmaron apoyando el discurso de Alana y siguieron con el hilo de prejuicios hacia la mujer. Ellie no pudo más, sino resoplar y negar con la cabeza, parecía que en ningún lugar encontraba un punto de paz, del descanso que ella necesitaba para respirar.

Recostó su espalda en la silla y luego desvió la mirada a Shaina Wright. Por supuesto que la conocía, había ido muchas veces a su empresa con su marido, a reuniones familiares, incluso negociaciones personales donde solo se reunían los 4. Jarod, la pareja y Elizabeth.

Sabía muy bien que el esposo de esa mujer tenía un escándalo detrás de su espalda, una fila de amantes que no cabían en los dedos de las manos, pero era obvio que la sociedad no reparaba en ese suceso. Ahora era mucho más importante lanzarse encima de ella porque tomó la decisión de darle punto final a su matrimonio desastroso, y a la única conclusión a la que llegó Elizabeth, era que el enemigo número de una mujer, era otra mujer, lamentablemente.

Comió su comida con desgana y respondió de forma monótona a todas las cosas que se dijeron en la mesa, tenía muchos problemas en su vida como para ocuparse del de otra persona, y lo único que sabía de este asunto, era que de cierta forma envidiaba a esa mujer que sonreía libremente y comía como si fuera el último día de su vida.

Se veía radiante.

Después que se despidió de sus amigas, salió del restaurante y divisó que había un auto detrás del de ella. Era el mismo hombre que Michael encargaba para que estuviese pendiente de ella, de donde iba y con quien se encontraba. Y de cierta forma ya se había acostumbrado a ese hecho.

Desvió la mirada del auto y luego asintió cuando su propio chofer le abrió la puerta.

—Gracias, Tom.

—De nada señora, Hansen, ¿cuál es el destino?

—A casa, por favor.

El hombre asintió y ella se adentró a la parte trasera del automóvil.

Aunque era increíble de creer, el desinterés de Michael por ella no tenía lógica. Él la rechazaba cuando le daba la gana, nunca se esmeraba porque sus relaciones sexuales mejoraran, además de ser tosco, agresivo en sus palabras y en muchos momentos, de manera física. No le importaban sus opiniones, Ellie era una pintura que solo le gustaba exhibir cuando tenía público a la vista.

Entonces a todo esto, ella no entendía muy bien la causa de los celos excesivos, porque si algo se salía de control a su marido, es que alguien conversara con ella, la mirara o pretendiera entablar una amistad con su esposa, por supuesto todo esto si era un hombre.

Era un enigma para Ellie pensar en esto, y le aterraba muchas veces la doble personalidad y la doble moral que manejaba en todos los asuntos.

Estos 4 años solo le sirvieron para terminar de desconocer a ese hombre, o, mejor dicho, a dos hombres que estaban en un mismo cuerpo.

Michael era el amor en pasta cuando estaban en reuniones, incluso en la empresa era el hombre ejemplo; detallista, trabajador, irreprensible. La gente en definitiva lo tenía en una cima que era imposible de bajar. Sin embargo, había alguien que lo estaba desestimando últimamente, y ese era el padre de Ellie, Jarod.

Después de varios minutos el auto llegó a su amplia casa, y pasó directo a su habitación mientras saludó a varias personas que servían allí.

Se quitó la ropa y fue a la ducha. Trató de pensar en que podía hacer ahora, necesitaba tener ideas frescas, ideas que realmente fuesen de ayuda.

Cuando terminó se envolvió en una toalla y fue a su espejo a limpiar el maquillaje residual que quedó después de su baño. Se sentó en una mesilla solo en toalla y abrió la laptop para comenzar a investigar algunas ideas que le surgieron en la cabeza.

Para cuando se dio cuenta, sus ojos estaban tan resentidos y su cuerpo tan tensó que el bostezo que expulsó su boca, la hicieron ver la hora, y ella se impresionó porque el tiempo había trascurrido rápidamente.

Tecleó otras cosas para su lista y cerró el portátil. Era hora de descansar, y dejar que su cabeza quitara los números e ideas de su mente, porque iba con todo su potencial el día de mañana a presentarle algunas estrategias a su padre para salir de esta situación…

***

Por la mañana Ellie y Michael estaban llegando a la empresa juntos. Él colocó la mano en su cintura y caminó a su lado mientras entraban por los pasillos.

Cuando llegaron al ascensor él tomó su mano, y varios empleados le sonrieron saludándolos. Michael les envió una sonrisa encantadora, mientras Ellie asintió. Inmediatamente la mujer sintió que su marido llevaba la mano a su boca y daba un beso sutil en ella.

—Estás preciosa, ¿hoy, hay algo especial?

Las mujeres dentro del ascensor se ruborizaron y comenzaron a cotillear en voz baja. Elizabeth envió una mirada fría a su marido y luego como ella lo acostumbraba hacer, le respondió dócilmente.

—No hay nada, gracias por notarlo —su esposó sonrió y luego acaricio su mejilla.

—Es imposible no notar tu belleza, Ellie querida… eres la más hermosa de todas…

El timbre del ascensor anunció que habían llegado a la quinta planta y Michael esperó que sus empleados salieran para tomar la mano de Elizabeth nuevamente y salir.

Con los dientes apretados ella recibió el gesto y comenzó a caminar con él.

Todos les daban saludos de bienvenida con las sonrisas en su boca y Ellie fingía por supuesto que estaba montada en una nube, una, que desaparecía cuando Michael cerraba la puerta y la dejaba caer a un piso de concreto, rústico, seco y desgraciadamente doloroso.

No supo por qué su esposo entró primeramente a su oficina, pero vio cómo se quitó la chaqueta y se paraba frente a la pared de vidrio que ella tenía en su frente.

Elizabeth dejó sus cosas en el escritorio y luego se sentó para encender su computador, debía terminar lo que dejó ayer, porque en el trascurso de la mañana le pediría a su padre que pasara por la tarde a la empresa para hablar personalmente con él; también debía trabajar en el informe y detallar con exactitud su petición.

Sin embargo, el silencio extenuante de su marido la incomodó.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? —preguntó Ellie sin retirar los ojos de la pantalla.

—No —escuchó como su esposo respondió sin separarse del vidrio.

Entonces tomó una aspiración y siguió tecleando. Anoche ni siquiera lo sintió llegar, porque su cansancio fue extenuante. Para cuando se levantó de la cama, él ya estaba en la ducha, desayunaron en silencio, aunque eso no era raro en su relación.

Pero, podía oler que algo pasaba, su actitud callada era la más extraña de todas sus facetas, aunque también sabía que la situación económica estaba en un punto de quiebre, y quizás eso lo estaba alterando, porque si de algo era obsesivo Michael era en tener control económico, y ser próspero.

—Tu padre está algo extraño… —el silencio se rompió y Ellie alzó la vista.

Michael caminó lentamente y luego tomó la silla para sentarse frente a ella.

—Yo diría, preocupado, desesperado, triste… —respondió ella recostando su espalda y prestando la atención requerida.

—Estoy pensando en algo —informó el hombre tomando un lapicero de la mesa—. Me gustaría que sacaras un informe general de la empresa y la hagas llegar a mi oficina, quiero manejar los datos precisos para poder hablar claramente con tu padre…

Ella asintió, eso no era problema.

—Claro, estoy en algunas cosas ahora, pero trataré de hacerlo, puede que demore una hora.

El hombre asintió y se levantó, y antes de que tomara el pomo, se giró hacia ella.

—Por cierto, por la tarde vendrán algunas personas, nos reuniremos con ellas al finalizar la jornada.

—¿De qué se trata?

Él gesticuló una sonrisa y luego le envió una mirada como si ella fuera lo más preciado que tenía.

—Es una sorpresa, mi amor…

Michael cerró la puerta después de las palabras, mientras que Ellie seguía con los ojos abiertos, un tanto nerviosa, un tanto confundida, porque sencillamente su marido no dejaba de sorprenderla…

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