Capítulo 2
Era el cumpleaños 18 de Sara, la abuela Carol había hecho todo el esfuerzo para, que su única nieta tuviera la celebración más suntuosa, el amor que ella sentía era inmenso, verla crecer hasta convertirse en una hermosa joven, era maravilloso.
Tomás aún no llegaba a casa, a pesar de que le pidió que ese día no tenía porqué estar en las empresas, pero así era él, siempre salía con su santa voluntad.
Él círculo de amistad de su nieta no era muy grande, su padre se había encargado de controlar todo alrededor de Sara; siempre vivió con el temor a que Margarita se apareciera y se la llevara con ella.
Carol era quien la acompañaba a todo lugar por órdenes de Tomás, todo era supervisado y controlado para ésta jovencita, por eso en éste momento que habían logrado convencer a su padre de invitar a personas influyentes, se sentía muy contenta.
Tomás Williams al principio no deseaba una celebración con tanto ruido, solo algo familiar, pero Carol lo había persuadido y allí estaba todo lo logrado.
Los compañeros de estudios fueron los primeros invitados, éstos a su vez trajeron uno que otro amigo para hacer crecer el círculo de amistad de Sarah, por lo menos por esa noche.
Pronto el Salón de fiestas estuvo llenó de juventud y alegría, Tomás aún no aparecía por el lugar, Carol estaba bastante estresada con la actitud de su hijo, desde que había quedado soltero nuevamente, no tenía vida social.
Después de tener a su madre con los nervios de punta, Tomás Williams se apareció con una sonrisa forzada para hacer la presentación de su hija ante las personas más influyentes de aquella ciudad.
Entre los invitados se encuentra un importante hombre de negocios, se llama Renzo Davies, llega a la celebración por acompañar a un amigo de la abuela de la cumpleañera.
Renzo, es un hombre sumamente guapo, de piel morena clara, perfiles hermosos, ojos marrón profundos, cuerpo formado por los ejercicios rutinarios que practica desde que es un adolescente.
Todas las féminas que se encontraban en el lugar no pudieron evitar mirar aquél espécimen masculino que entró en el recinto, su cabello negro como el ala de un cuervo, se veía ligeramente revuelto.
Con una expresión de fastidio en su rostro, con una sola mirada ya tiene una visión de todos los que allí se encuentran, notó a una chica, de piel muy blanca como porcelana china.
— ¿Quién es?— preguntó a su amigo acompañante— es una joven preciosa.
— Es la cumpleañera Renzo— dijo el amigo— hoy celebra sus 18 años.
Renzo se tensa un poco, se da cuenta que es extremadamente jóven para él que está próximo a cumplir 28 años, desvía la mirada para buscar una nueva candidata que le llame la atención.
Su cuello al parecer con vida propia, siempre estaba mirando a la chica, el amigo de Renzo, quien se llama Raimundo, se da cuenta que el interés es más fuerte que la voluntad de su amigo.
— Ven vamos a saludar a la cumpleañera— le dice con picardía— te mueres por hablarle.
— No seas absurdo, es simple curiosidad, es muy joven para mi— se defiende Renzo.
Poco a poco se fueron acercando hasta donde se encontraba la chica y Carol se le une haciendo más cómodo el momento del saludo inicial.
— Querida, estos caballeros, quiénes son mis invitados desean conocerte— dijo la abuela cortésmente.
— Buenas noches señorita, soy Raymund Carter,— saludó— le deseo un muy feliz cumpleaños.
— Gracias caballero, muy amable— respondió ella.
— Yo soy Renzo Davies—dijo el chico— estoy a sus pies señorita, que tenga un bello momento de celebración.
— ¡Que amable, gracias por sus deseos para conmigo!— dijo Sara— me llamo Sara.
— ¿Podemos bailar?— preguntó Sara de repente.
La abuela Carol se quedó sorprendida ante la osadía de la chica, siempre sumisa, tímida con el sexo opuesto, pero ésta vez se adelantó y no esperó la respuesta de Renzo, lo tomó del brazo saliendo hasta la pista de baile.
Tomás, quien estaba con un grupo de conocidos, vió a Sara, arrugó el entrecejo extrañado de ver a su hija moviéndose al ritmo de la música que se oía, disfrutando de un baile.
Hasta ese momento nunca la había visto bailar, ni siquiera sabía que bailara, "ese hombre se veía más grande que ella", pensó ¿Quién sería? Nunca lo había visto"
Los dos siguieron bailando, ella le agradeció cuando la llevó hasta donde se encontraba con su abuela.
—Fue un placer, bailas muy bien Sara— dijo Renzo— muy grácil en tus movimientos.
— Es la primera vez que baila— dijo Carol.
— Los dos hombres miraron con incredulidad a la abuela y la muchacha dijo:
— Es cierto lo que dice mi abuela, me gusta bailar y lo hago en mi habitación, pero ésta es la primera vez que lo hago en público.
— Que historia tan increíble, una chica que a sus dieciocho años no había realizado un baile público— dijo Raymond.
Renzo la miraba con una chispa extraña en sus ojos, le sonrió abiertamente y dijo:
— Me encanta haber tenido el honor Sara.
En ese momento, se acercó Tomás para saber qué sucedía allí; así era desde que la madre de Sara lo había abandonado, todo lo quería controlar, en especial los movimientos de su hija.
— Buenas noches caballeros— saludó Tomás— ¿Se están divirtiendo?
— ¡Oh sí papá, gracias por ésta hermosa celebración!— exclamó Sara— ellos spn mis amigos Raymond y Renzo.
— ¿No son muy grandes para ser tus amigos?— dijo Tomás.
— ¡Papá, no me avergüences por favor!— dijo Sara— ¡Ya no soy una niña!
Intervino la madre de Tomás en ese momento.
— Bueno, bueno no arruinemos la celebración, es el cumpleaños de tu hija,
Tomás y nada de restricción— dijo Carol.
Renzo tomó nuevamente a Sara de la mano y la llevó nuevamente a la pista de baile, dejando a Tomás Davies parado allí sin saber qué hacer.
No le agradaba que su hija por primera vez le replicara un comentario, ya le ajustaría las cuentas después de aquella fiesta, llena de desconocidos.
Solo habían jóvenes allí, los más adultos no llegaban ni a quince personas, no iba a permitir que Sara y su madre se salieran nuevamente con la suya.
Sabía que Carol, su madre era la auspiciadora de aquello que estaba sucediendo, lo mejor era relajarse por los momentos y disfrutar de algunos invitados que veía en algunos rincones del salón.
Renzo y Sara mientras bailaban, conversaban entre ellos:
— Tu papá parece enojado— dijo el muchacho.
— Es controlador— respondió Sara— todo lo supervisa.
— Ahora entiendo el por qué de tu primer baile en público— dijo él.
— Es un milagro que accedió a celebrar mi cumpleaños por primera vez, desde que tengo uso de razón— dijo ella.
— ¿Es celoso?— preguntó Renzo— yo pensaba volver a verte.
— ¿Celoso? No lo sé— respondió Sara— Ami me encanta seguir siendo amigos.
— ¿Cómo haría para verte?— preguntó.
— Mi abuela me ayudará— dijo Sara.
— Entonces confiemos en que nos ayude a encontrarnos— dijo Renzo— ¿Podemos salir en dos días?
Los dos sonrieron al terminar el baile, ya se habían pasado el número telefónico discretamente entre ambos, después él la llevó nuevamente hasta su lugar y nadie allí notó nada, Sara se sentía flotar por la alegría que la embargaba.
Capítulo 3
Tomás Williams estaba casado con Margarita Reyes, una mujer rubia, muy bella, de hermosos ojos verdes y de hermosa figura; ella estaba embarazada de una niña, él había tomado la noticia con agrado, esperaba un hombrecito, pero ya vendrían más embarazos. A la bebé la llamarían Sara.
Tomás era un hombre millonario, cabello castaño oscuro, ojos azules; de complexión fuerte, carácter férreo e implacable para llevar sus negocios, había heredado de su padre, el olfato para los negocios, tenía un consorcio empresarial que él algún día heredaría y que había pertenecido a la familia por más de tres generaciones.
Se sentía feliz, casado con el amor de su vida conocía a Margarita desde la adolescencia y a partir de ese momento no se habían separado; Tomás no concebía la vida sin su amada esposa.
A los diecinueve años se casaron, Margarita se había embarazado y era bastante complicado su embarazo, permanecía de reposo, tenía preeclampsia y corrían peligro tanto ella como la bebé. Thomas se sentía muy mal ante esta situación.
El doctor le aconseja interrumpir el embarazo prematuramente y así poder salvar la vida de ambas, la niña le estaba trayendo demasiadas complicaciones, pero eso no arruinaría el sueño de Tomás de tener otro niño, un heredero que seguiría al frente de todo después de él.
Llegó el momento del nacimiento de Sara, se presentaron más complicaciones; la bebé nació con problemas respiratorios, además de eso Margarita, por una mala práctica médica se había infectado, teniendo que practicarle una histerectomía, ésto hizo imposible que para Tomás Williams y su esposa, soñar con tener más bebés.
Los primeros meses de vida fueron sumamente sacrificados para ellos como padres, pasaban noches sin dormir por completo, pues la bebé tenía asma, que se le complicaba al momento de dormir teniendo ellos que turnarse y permanecer sentados, para que la bebé pudiera respirar.
Después de muchos tratamientos médicos, la pequeña había ido mejorando su condición respiratoria y se estaba desarrollando como una niña muy hermosa de profundos ojos verdiazules que iluminaban su bello rostro.
Como padres estaban totalmente enamorados de su hija quien obtenía toda la atención la mayor parte del tiempo.
Pronto fue creciendo y Margarita decía:
— ¡Tomás, amor! ¿Cuándo vendrás a jugar un poco con nosotras?— reclamaba ella a su esposo.
Él se excusaba en que el cansancio del día de trabajo no le dejaba energías para dedicar a la familia.
— No seas tontito— decía Margarita— dedicas demasiado tiempo al trabajo.
— Tú sabes, que tengo responsabilidad, amor lindo— decía Tomás cariñoso.
— Entonces, busca el tiempo para que estés en casa,— decía Margarita.
— ¡Ay mi amor, tu si inventas!— decía Tomás riendo— lo que pasa es que siempre estoy revisando documentos importantes
Tomás volvía a concentrarse en su trabajo dejando que a su esposa molesta, poco a poco ella se resignó a estar sola siempre, la niña tenía suficiente personas que la atendían, así que empezó a tener salidas con sus amigas mientras su esposo estaba en la empresa.
Así conoció a Miguel Andrade, un hombre que de inmediato se ganó el corazón de Margarita, salían a cualquier lugar juntos, hasta que un día le pidió:
— ¿Por qué no vienes conmigo? Yo te amo.
— Estoy casada Miguel, tengo una hija— dijo ella.
— Un esposo que no te atiende, una hija que puedes dejar, tú y yo podremos tener otros hijos— dijo Miguel.
— No, ya no puedo tener otros, me esterilice al nacer Sara— dijo Margarita.
— ¡Entonces mejor!— dijo él— no me gustan los niños, déjala con su padre, iniciemos una vida tú y yo solos.
Al inicio estaba con dudas, pero Miguel era persuasivo hasta convencerla de huir con él y dejar a su marido con Sara.
— Vamos, tu esposo está ocupado y no desea que lo molestes— le pedía a Margarita siempre.
— Si, es cierto él no me quiere, ni siquiera le importará, vamos— dijo ella.
Así salió de la vida de Tomás y Sara, dejando a su esposo sumido en la más profunda tristeza y devastación.
— Siempre estaba ocupado mamá— recordaba Margarita— él trabajaba mucho, debió buscar a alguien para que lo ayudara, dejé a mi hija.
— Fue una mala idea mi amor— decía su madre— debiste llevarla contigo.
— Miguel no la quería— se justificó ella— ya tiene dieciocho años, jamás volví a verla, Tomás no dejó que me acercara, lo intente,pero él fue inamovi en eso, no volvi a tener contacto con ella.
— Si hija, pero ya deja de pensar, lo hecho, hecho está— dijo su madre.
Sara tenía seis años cuando dejó de ver a su madre y no entendía bien lo que había sucedido, al ir creciendo se fue dando cuenta que se había ido, que estaba sola con su abuela y su padre, se sentía herida por el abandono de su mamá.
Tenía a su abuelas que la terminó de criar, y con quien compartía su amor y ternura, cuando cumplía cada año, pensaba que su madre vendría a verla, pero jamás sucedió, se quedó sóla, a merced de la ternura y amor de su abuela paterna.
La abuela Carol, quien era la madre de Tomás, adoraba a su nieta y la consentía a más no poder, tenía un amor único por su pequeña nieta.
La vida de Tomas Williams y Margarita había sido ideal, ella con su hermosa figura adornando la casa, la niña llenando de risas y algarabía todo lo que tocaba, sólo tenía cuatro años Sara, cuando la prematura muerte de su abuelo paterno los sorprendió.
Había sido un infarto fulminante, Tomás tenía que encargarse por completo de las empresas que habían quedado al borde de la ruina total, a sus veintitrés años.
Estar al frente de las empresas, era para lo que había preparado su padre, desde que tuvo uso de razón, por eso, apenas había pasado la tragedia de la muerte de George Williams, lo más natural fue que su único hijo, asumiera el control de todo lo que le correspondía.
Margarita y Sara, lo veían menos ahora, por sus ocupaciones, aunque más la niña, porque en las noches él dormía con su mujer y se refugiaba en los brazos de Margarita pidiéndole todo el amor que él esperaba de ella.
Sara en cambio, estaba dormida cuando se iba y cuando llegaba, viéndolo muy poco y mucho menos disfrutando de los juegos y mimos de su padre.
Margarita cómo siempre le decía:
— Busca un espacio para compartir con la pequeña, amor.
Tomás siempre tenía la misma excusa:
— Amor mío, mi trabajo es estar organizando todo y me lleva tiempo— decía él— además el cansancio no me deja energía para jugar con la niña.
Margarita se sentía a veces triste y le reñía su desapego hacia la casa, y lo culpaba de que él siempre quiso que Sara hubiese sido un varón y no una mujercita, como había nacido,Tomás solo decía, que eran exageraciones de ella, que él amaba a su hija, solo que no tenía mucho tiempo para compartir con ellas.
Solo le pedía paciencia, necesitaba recuperar inversiones, su padre había confiado en alguien y éste en un movimiento de negocios casi lo había arruinado por completo, ésto provocó el infarto del padre de Tomás.
Margarita no logró entender por los momentos terribles que pasaba su esposo,solo demandaba atención, a pesar que él cada noche le confiaba su infierno personal, su esposa lo había abandonado con su pequeña hija, quien crecía, llegando a ser una niña hermosa.