Capítulo 3

Laura apareció como una reina en medio del caos, vestida con un traje de diseñador que probablemente costaba más de lo que yo ganaba en seis meses. Su cabello estaba perfectamente peinado, su maquillaje era impecable, y una sonrisa de superioridad se dibujaba en sus labios rojos. Se paró junto a Ricardo, creando una imagen de poder y riqueza que contrastaba dolorosamente con mi ropa desgastada y la mirada asustada de Mateo, que se aferraba a mi pierna.

"Vaya, vaya, pero si es Sofía," dijo Laura, su voz goteando una falsa dulzura. "¿Qué te trae por aquí? ¿Necesitas dinero otra vez?"

Antes de que pudiera responder, uno de los socios de Ricardo, un hombre mayor con cara de zorro, se acercó y sonrió.

"Ricardo, no nos habías presentado a tu encantadora esposa," dijo, mirando a Laura. "Es un placer, señora."

La confusión del hombre fue como una bofetada. El aire se volvió denso. Ricardo se puso pálido, y Laura, por un segundo, perdió la compostura. Pude ver el pánico en sus ojos antes de que lo ocultara con una risa forzada.

"Oh, no, qué gracioso," dijo ella, tratando de aligerar el ambiente. "Soy Laura, una socia cercana de Ricardo. Sofía es... la hermana de su difunta esposa."

La palabra "difunta" sonó como un insulto. En ese momento, un niño de unos cinco años, vestido con ropa de marca y con un iPad en las manos, corrió hacia Laura.

"Mami, ¿ya nos vamos? Estoy aburrido," dijo el niño, con una voz mimada.

Mateo lo miró desde detrás de mi pierna. Mi sobrino llevaba unos zapatos viejos, con la suela gastada, y una camiseta que le quedaba un poco pequeña. El niño de Laura, en cambio, parecía un príncipe en miniatura. La diferencia entre ellos era un abismo, un recordatorio cruel de la injusticia que Ricardo había creado.

El niño era la prueba viviente de la traición de Ricardo, la prueba de que su relación con Laura no era nueva. Era un secreto a voces que ahora explotaba en medio de su lujosa oficina.

"¡Leo, ven aquí!" dijo Laura, tratando de jalar al niño detrás de ella, pero era demasiado tarde.

Ricardo estaba visiblemente nervioso. Su mirada iba de mí a Laura, y luego a su socio, que ahora nos miraba a todos con una expresión de profunda curiosidad. La fachada perfecta se estaba desmoronando.

"Sofía, ¿qué es lo que quieres exactamente?" espetó Ricardo, tratando de desviar la atención hacia mí. "No tienes derecho a venir aquí y armar un escándalo. Estás alterando a mi hijo."

Señaló a Mateo, como si la angustia del niño fuera mi culpa, y no el resultado directo de su abandono.

Me mantuve en silencio por un momento, dejando que su acusación colgara en el aire, absurda y desesperada. No iba a caer en su juego. No iba a gritar ni a llorar. Mi dolor era demasiado profundo para una escena tan barata.

"No vine a pelear, Ricardo," dije, mi voz sorprendentemente firme. "Solo quiero recoger algunas cosas que dejé aquí. Cosas de mi padre."

Mi petición lo descolocó. Era tan simple, tan inesperada, que no supo cómo reaccionar. Para él, eran solo objetos viejos sin valor. Para mí, eran mi arsenal.

Lee la historia completa ahora
Apoya al autor e inspíralo a crear más historias increíbles en Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Renuncié a Todo por Ti

Capítulo 3
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo