Capítulo 2

Me mantengo con la cabeza en alto, su estatura no me intimida, podrán medir metro ochenta, quizás metro ochenta y cinco Ángelo, pero yo mido metro setenta y cinco y tengo tacones, no, no me siento pequeña, además sé que poseo más bolas que ellos seis juntos y eso que soy mujer.

— Entonces hermosa, parece que si te intereso nuestra propuesta. — Rocco es quien habla y lo veo por el reflejo del espejo de las puertas, no creo que este molestando, parece que solo es un idiota y se lo hago saber.

— Entonces… realmente eres idiota y yo que pensé que tu forma de actuar era una estrategia, creo que espere demasiado de los De Luca. — la puerta del ascensor se abre y el empleado que está a punto de ingresar solo ve mi rostro antes de palidecer.

— Bue-buenas tardes, señorita Valenti- — aprieto el botón para que la puerta se cierre y podamos continuar descendiendo, hubiera tomado el ascensor privado, pero sería darles demasiada información a nuestros enemigos.

— Ese hombre casi se orina encima. — Ángelo ríe al comentario de Salvatore y Rocco lo acompaña, lo que me hace suspirar una vez más, inmaduros, parecen colegialas alborotadas, ¿en verdad ellos son los De Luca? Quizás es todo una treta.

— Parece que te temen niña. — Leonzio si me está provocando, lo veo en sus ojos y en la mueca que hace al decirme niña, bien, no debería, pero…

— Es así anciano, ya vez, algunas mujeres tenemos ese efecto con los perdedores. — Rocco y Ángelo ríen más estrepitosamente, lo que provoca que cierre mis ojos con molestia y lleve una de mis manos a la sien, comienza a dolerme la cabeza.

— Se el método ideal para quitar esa jaqueca.

— No sabía que te habías recibido de medico Chicco.

— Yo por ti me recibo de cualquier cosa, eres lo único que me importa, eres mi mundo Tina.

Escucho sus palabras, pero su rostro ya no es tan claro en mi memoria como antes.

— Baja tu mano o la perderás. — la voz mecánica que llena de pronto el ascensor me hace saber que Don está en el cuarto de vigilancia, siguiéndome por las cámaras del ascensor, por lo que abro los ojos y alcanzo a divisar como Ezzio baja su mano, la cual tenía extendida en mi dirección, no lo hagas Ezzio, no trates de llegar mí, no cuando quiero tu cabeza en una charola de plata.

— Tu hermano sí que te cuida. — Ezzio me ve con fijeza y achico mis ojos, viendo su reflejo, su piel es más bronceada, en él la descendencia italiana es más notoria, su cabello es color caramelo y su mirada color miel, dulce, todo él es dulce, aun con sus tatuajes grotescos que asoman por su cuello, maldición Chicco, sí que me jodiste la mente.

— Es mi mellizo, está en nosotros cuidarnos. — eso parece sorprenderlos y los entiendo, Donato y yo solo tenemos el parecido de dos hermanos comunes, mi cabello es dos tonos más claro que el de él, mis ojos son como los de mi madre, aguamarina, mientras que los de Don son avellana, como los de Prieto, además que él posee un bronceado natural, mientras mi piel es rosácea.

— Entonces ¿qué dices hermosa? ¿en verdad no te interesa ser la reina de Chicago? — Rocco se nota que es más músculos que cerebro.

— Ya se los dije, se agradece su oferta, pero no gracias, no. — repito una vez más y cuando las puertas se abren salgo primero, haciendo una seña para que permanezcan en el ascensor, algo que Leonzio no acata y sale tras de mí.

— Regresa adentro. — digo con los dientes apretados.

— Tu no me mandas niña. — veo el punto rojo en medio de su frente y muchos otros en su chaqueta, suspiro al ver el rostro preocupado de Ezzio.

— Bajen las armas y regresen a sus puestos. — ordeno al tiempo que bajo mi cabeza y tomo el puente de mi nariz con dos dedos, vamos, que me está costando controlarme, además me está matando el dolor de cabeza, y las estupideces de mis hermanos no ayudan.

— Señorita Tina, son órdenes del señor Donato. — se escucha el eco proveniente de algún lugar del amplio estacionamiento, al tiempo que los De Luca salen del ascensor, luego de detener las puertas, se me hace imposible percatarme de como los seis me rodean casi al completo, ¿no deberían usarme de escudo o algo?

— Augusto, me está dando jaqueca y no me estas ayudando. — respondo con calma, la que aparento mas no tengo, levanto mi rostro y trato de tomar una gran bocanada de aire, pero solo puedo llenar mis pulmones de sus colonias y rayos, ¿Gucci? Por lo menos en su higiene parece que si invierten el dinero que nos están haciendo perder.

— Lo siento señorita. — el silencio se expande unos segundos, donde solo es perturbado por el sonido de las botas del personal de seguridad, estoy segura de que han movilizado a casi todos.

— No sabes cómo me calientas cuando ordenas, eres como una reina.

— Y tú me follas como todo un rey, mi Chicco, mi Eliot.

— Solo tuyo Tina.

Esto se está poniendo insoportable, recordar la voz de Eliot, pero olvidar poco a poco su rostro, y los De Luca solo empeoran las cosas.

— Ahora sí, largo de mi territorio. — estoy a punto de marcharme de regreso al ascensor cuando alguien toma mi muñeca, como acto reflejo me suelto con violencia, provocando que mi brazalete se rompa y caiga, maldición, trato de tomarlo, pero Salvatore es más rápido y lo toma primero, deteniéndose a leer su inscripción. — Ustedes realmente no tienen modales. — reprocho al tiempo que le quito mi brazalete de sus manos, ahora si molesta.

— ¿Por qué la ayuda? — demanda Leonzio y solo llevo mis ojos a Ezzio.

— De Luca, no los estoy ayudando, solo trato de mantener la palabra de los Constantini, se les dijo que estarían seguros y así será, aunque… dejen de jugar con la paciencia de Donato y Lion, no querrán cocerlos enojados y mucho menos a mí.

Aprieto el brazalete con tanta fuerza que mis nudillos se blanquean, y solo cuando estoy dentro del ascensor me permito leerlo. Eliot y Tina por siempre, suspiro, es patético, pero desde que él murió, suspirar se volvió natural en mí, es como si el peso que carga mi corazón me impidiera respirar con normalidad. Al abrirse las puertas, el rostro enojado de Donato es lo primero que me recibe y suspiro una vez más, tratando de aferrarme a los recuerdos de Eliot que llegan a mi mente.

Ezzio.

Observo el club Diamnons Black, uno de los tantos que los Constantini poseen, y puedo comprender el porqué de su poder, no se manejan con la clase media baja como nosotros, ellos apuntan a la alta sociedad, a los más ricos y descontrolados, ellos se manejan con millones mientras nosotros apenas estamos comenzando, pero estoy de acuerdo con mis hermanos y primos, nosotros reinaremos esta ciudad. Por lo que pudimos averiguar de nuestra competencia, son hermanos, un hombre y una mujer, dicen que la mención de su apellido causa miedo en la mayoría, todos los respetan, pero no por ellos mismos, ese temor lo genero su abuelo Marco Constantini, mafioso de antaño, que tenía muy poca paciencia y la mano más rápida para disparar que cualquiera de su tiempo, por lo que concluimos que no será difícil derrocar a los actuales dueños de Chicago, después de todo, en estos últimos tres años, nos hemos apoderado de muchos suburbios, y ello solo pelearon por un vecindario, aunque Lupo dice que eso es porque a ellos no les interesa los suburbios, deberíamos quedarnos en el lado este de la ciudad, podríamos gobernar allí, pero no puedo negar que Leonzio tiene razón, ya perdimos en Italia por creer que si nos manteníamos en nuestro lado estaríamos tranquilos, no correremos el riesgo de que también nos corran de aquí.

Bebo un poco de cerveza, mientras observo a las bailarinas, son lindas, pero las he visto mejores. Una melena rubia cruza frente a mí, y aun mejor, toma asiento justo a mi lado.

— Fran, dame lo de siempre.

Observó su perfil, esta con los ojos cerrados, tocando su sien, masajeándola, parece sufrir jaqueca, estoy casi seguro, su nariz es recta y pequeña, sus labios brillan cubiertos con un labial rojo, que es más notoria gracias al vestido negro que lleva puesto, sus curvas sí que es algo que no he visto muy seguido, y sus piernas… kilométricas, tomo un poco de cerveza ya que de pronto mi boca se secó, el cantinero llega con una copa con un líquido traslucido, pero estoy seguir que no es agua, y lo confirmo cuando él tal Fran la ve con asombro cuando de un solo movimiento se bebió todo.

— Dame otra. — dice, sin siquiera abrir sus ojos.

— Tina…

— No estoy de humor Fran. — eso sonó a mal de amores y me pregunto quién sería tan estúpido como para dejar a semejante mujer.

— ¿Puedo ayudarte en algo además de servirte vodka? — parece que la conoce, es un hombre mayor, que la ve con cariño.

— ¿Lo puedes traer de regreso? Dime Fran, ¿puede hacerlo regresar? — al fin abre sus ojos, aguamarina, hermosos, pero cargados de dolor.

— … Te dejare la botella. — veo mal al tal Fran, ella no está bien, y yo no me equivocaba, una mujer despechada, y una botella de vodka no es buena combinación.

— Asique te llamas Tina. — digo al girarme y ella me ve por un segundo, totalmente inexpresiva, como si mi belleza no le ocasionara nada, y eso me pone, y sí que lo hace, estoy acostumbrado a que las mujeres se derritan por mí y se desvivan por obtener mi atención. — Mi nombre es…

— No me interesa y si tu intención es coquetear, olvídalo, pero si quieres compañía para ahogar penas… puedes decirme Tina y yo te diré Chicco. — me pierdo en sus labios, al borde de la boca de la botella, maldición, realmente lo está bebiendo como si nada.

Los minutos se convierten en horas, en las cuales las palabras son casi nulas o monosílabas que salen sin ninguna interferencia por parte del alcohol, es como si ya estuviera anestesiada a sus efectos, trato de analizar todo de ella, es un enigma andante, no ve su teléfono móvil, eso quiere decir que la ruptura no es reciente o que sabe perfectamente que ese hombre no la llamara, tampoco ve a su alrededor, solo de vez en cuando gira a ver mis ojos, no sonríe, tampoco llora, pero parece que el dolor de cabeza ya no la afecta, al fin su celular vibra sobre la barra, y lo toma con fastidio.

— ¿Que sucede? — pregunta sin siquiera ver quien llama. — De acuerdo, voy en camino. — me incomodo, no he conseguido nada, solo su nombre.

— ¿Debes irte? — me ve, desde la punta de mis pies hasta el último cabello, me recorre completo y se pone en pie.

— Debo... gracias por la compañía Chicco, hacía tiempo que no me sentía tan acompañada y a gusto. — eso me molesta, la soledad no es buena, menos para alguien tan joven como ella.

— Podrías darme tu número y entonces podría hacerte compañía… — su labio se mueve en algo que pretende ser una sonrisa, pero, aunque la mueca parece insignificante, veo en sus ojos un destello de diversión.

— Te daré algo más valioso. — da un paso y con una seguridad única, toma mi mentón con una de sus manos, su tacto es cálido y sueve y cuando menos lo pienso me besa, sus labios recorren los míos, mis manos se apresuran a tomarla por la cintura, pegándola más a mí, que, sin darme cuenta, también me he puesto de pie, su lengua reclama mi interior y mi pene palpita con esperanza de que hoy tenga un poco de liberación y atención, porque si besa de esa manera, no quiero pensar lo que puede hacer con mi amigo.

— Eliot. — abro mis ojos de golpe y la encuentro con los ojos rojos, cargados de sufrimiento y no puedo, no puedo enojarme por ser utilizado, es más, me ofrezco para serle de utilidad, puede golpearme, besarme, puede… hacer conmigo lo que quiera.

— Mi nombre es…

— Shhh, para mi eres Chicco y llego el tiempo de despedirse. — una maldita lagrima rueda por su mejilla, pero al fin muestra una sonrisa tan grande de dientes completos que me embelesa más de lo que me gustaría admitir. — Adiós Chicco.

Y simplemente gira sobre sus talones, un paso frete al otro, como si la pista de baile fuera una pasarela y ella una maldita modelo, las personas abren paso con cada pisada que da, el bamboleo de sus caderas es apreciado por más de uno, y las luces reflejan el brillo de su vestido negro, provocando destellos, las mujeres la ven con envidia y otras con admiración, como si de una reina se tratara.

— Será mejor que te marches muchacho y no regreses. — el comentario de Fran me obliga a dejar de verla y quiero matarlo por eso.

— ¿Disculpa?

— Lo digo por tu bien, no solo sus hermanos querrán tu cabeza, gira y ve cuantos ya te quieren muerto, Tina no ha besado a nadie después de… hace 3 años que ella ni siquiera le dirige palabra a un hombre.

El cantinero se aleja a seguir con su trabajo y en menos de diez minutos termino en un callejón dándome golpes con un montos de idiotas, niños ricos que piensan que por ir a unas cuantas clases de autodefensa podrán con alguien como yo y eso me hace reír.

— ¿Qué rayos te paso Ezzio? — mi hermano mayor me ve con burla, pero lo ignoro, hoy no peleare con nadie más, solo una cosa me importa, o mejor dicho una persona.

— La encontré. — Lupo y Leonzio me ven sin entender a que me refiero, mientras Rocco y Ángelo dejan su maldito juego de video y se unen con nosotros en la sala, Salvatore me ve curioso, pero con ilusión.

— ¿A quién exactamente encontraste? — Leonzio me examina y sé que es porque a pesar de que mi ceja sangra al igual que mi boca, sonrió, como un estúpido.

— A nuestra reina, la encontré. — solo Salvatore me ve con felicidad, los demás aún no están seguros de mis palabras.

— Habla. — Lupo al igual que Leonzio no son personas pacientes, eso lo sé desde que éramos pequeños.

— Es una reina, una que esta herida, su cara estuvo carente de emoción durante toda la noche, pero sus ojos bañados de dolor, aun así, todos la veían con respeto, esto. — digo apuntando mi rostro. — Es el resultado de matarme a golpes con un grupo de perdedores, porque ella me beso, y por lo que el cantinero me dijo hacía tres años que ni siquiera hablaba con un hombre, todos lo han intentado, pero nadie puede llegar a ella.

— ¿Es linda? — bufo, porque a Rocco parece que es lo único que le preocupa.

— Es hermosa, rubia, sus ojos color aguamarina, labios gruesos, parece una modelo y sus piernas…

— Demonios ¿tienes una erección por solo recordarla? — la burla de mi hermano Ángelo hace que quiera golpearlo.

— Te puedo asegurar que tu acabarías en tus pantalones con solo verla idiota.

La discusión continua durante toda la noche, nunca creí de estar feliz de encontrar a la mujer que manejaría mi vida, la de mis hermanos y primos, solo Lupo, Leonzio, y Salvatore estaban ansiosos, buscando en cada rostro, en cada cuerpo, en cada mujer de la ciudad, algo que la distinga, que la haga única, pero solo encontraban mujeres común y corriente, nada a lo que nuestras madres nos contaron, mi familia practica la poligamia, no es una obligación, es más… un estado natural, normal, mi madre y tía, se enamoraron de Franco De Luca, nuestro padre y antes de eso nuestra abuela se enamoró de Vico y Piero Salvatore, aunque muchas veces pensamos que al nosotros ser seis, lo mejor sería buscar cada uno una pareja y quizás si con el tiempo se unía alguien estaría bien, pero cada una de las mujeres con las que estuvimos resultaron ser miedosas, comunes, interesada, etc. solo hasta hoy que la vi, estoy seguro que ella podría con nosotros seis, en todo sentido.

La semana que continuo acudí al club Diamon Black, con cada uno de mis hermanos y primos, con la esperanza de que vean con sus propios ojos a Tina, pero ella no regreso y el tal Fran tampoco estaba, por lo que pude saber, se había jubilado, algo que no me cuadraba, era mayor, pero no se notaba como un anciano, y yo… sufría, por una mujer que solo me dio un beso, un maldito beso, pero que se había llevado mi alma en él.

— No puedo creer que aceptaras la maldita reunión. — Lupo y Leonzio estaban discutiendo una vez más.

— Es lo que corresponde, después de todo los Constantini también son italianos.

— Te recuerdo Leonzio que no estamos en Italia, aquí no aplican esas leyes…

— Para nosotros sí, además, es la única forma de conocer el rostro de ese par, ya no podemos seguir matando gente al azar.

— ¿Crees que respetaran el pacto?

— Por su bien espero que sea así, de lo contrario nadie saldrá vivo de ese edificio.

Decir que mi primo era una bomba de tiempo era un cosa, verlo con una bomba rodeando su cuerpo, dispuesto a inmolarse, ya eran palabras mayores, pero al fin de cuenta lo comprendía, ya habíamos perdido en Italia, los De Luca cayeron bajo la sombra italiana, el maldito jugo bien sus cartas, ya que tenía la mano ganadora, nunca nadie vio su rostro, nunca nadie supo quién es, o mejor dicho que familia es, porque a no ser que estemos hablando de alguien inmortal, es imposible que la sombra de Italia tenga 100 años.

Al llegar a la empresa de Bianca Constantini, nos relajamos un poco, por lo que hemos podido averiguar, los Constantini son respetados y queridos, ese es un punto que tienen a su favor y en gran parte es por Bianca y su esposo John, ella una empresaria honrada, que solo carga con el apellido que su padre le dio, pero no con la mafia que la rodea y su esposo un abogado reconocido, que dedica su tiempo a defender a las personas del Clan Constantini, también esta Prieto, padre de los actuales lideres del Clan, pero esta retirado, pudimos saber que no crio a sus hijos, estos fueron criados por un tal Noha, Leonzio cree que es el mismo que es líder de la mafia en Grecia, algo que dudo, su esposa Emma es muy joven, demasiado como para tener hijos extra matrimoniales. En fin, que la reunión se lleve a cabo en este lugar, repleto de personas, me deja más tranquilo de poder salir con vida, no se arriesgarían a que todos o su mayoría murieran ¿verdad?

— Los quiero concentrados, en lo posible no hablen y dejen que nosotros llevemos esto adelante. — Lupo hace valer su posición de mayor, junto con Leonzio, nadie se queja y es lo último que dice antes que ingresemos en el lugar en cuestión.

Mientras el ascensor sube pienso que nuestro padre sí que se divirtió esa noche, ya que ambos, Leonzio y Lupo tienen 28 años y nacieron el mismo día, luego sigue Ángelo que tiene 27, Rocco con 26, Salvatore que obtuvo su nombre del apellido de nuestras madres hace 25 años y por último yo de 24, por suerte mis madres decidieron no continuar con la plaga De Luca.

Una mujer mayor regordeta nos hace ingresar en la sala de justas luego de anunciarnos y es cuando le veo, Tina, quien está viendo al hombre a su lado, mierda, no me digas que es la mujer de Constantini.

Mi corazón late con prisa cuando quien se ahora que se llama Donato la presenta como Valentina Constantini, ese es su verdadero nombre y yo que creía que se llamaba Martina, para mi desgracia no gasta ni una mirada en mí, hasta que termina de ver con detenimiento a todos mis hermanos y primos. Es entonces cuando sus ojos se abren un poco más, algo casi imperceptible, pero lo noto, porque me está viendo a mí.

— Hola Tina.

La saludo con la intención de que sepa que la recuerdo, nunca espere que su respuesta sea tan borde, pero vamos, debo admitir que eso es lo que me calienta de esta mujer, aunque mi primo y hermano la estén molestando, tratándola de niña, casi rompo a reír cuando Leonzio salió con eso de una hermana menor, pero comprendo su punto, lo cautivo y no solo a él, la quiere acorralar, intimidar, atrapar, para que acceda a ser nuestra.

No sé cómo sentirme en este momento, las puertas del ascensor se cierran y aunque ella rechazo la oferta, nos está acompañando, creí que era porque quería pasar tiempo con nosotros, pero al llegar al estacionamiento puedo ver que solo es para salvar nuestros traseros… ella nos está ayudando y lo confirmo cuando mi primo le pregunta y ella trata de negarlo, pero me ve, a mí, solo a mí, por escasos segundo me sentí afortunado, te encontré mi reina y serás mía a como dé lugar, hermosa reina Tina.

Capítulo 3

Mi cabeza duele, como lo ha hecho toda esta maldita semana, la odio, odio este mes, odio este día, odio mi vida sin él, bebo un poco más de la… ¿segunda? ¿tercera botella? Quizás sea la cuarta y no me importa, jure no volver a cometer esa estupidez, pero… hay más de una forma de morir, como el alcohol, o mejor aún, caminar de madrugada, sola, vistiendo una falda que apenas me cubre el trasero y una busa que deja a la vista que tan erguidos están mis pezones a causa del frio que azota Chicago en esta época, y como cereza del postre, estoy caminado en uno de los peores suburbios, sí, estoy buscando problemas, estoy buscando mi muerte y eso está bien, solo así podre estar con Eliot.

— Eres todo lo que necesito, lo supe desde que éramos niños. — acaricia mi cabello y suspiro sobre su amplio pecho desnudo.

— Aun así, no puedo creer que… me buscaras, no tenías por qué hacerlo, ¿Qué hubiera pasado si te encontrabas con una Tina llena de granos, obesa y demás defectos?

— ¿Esos son defectos para ti? No mi vida, los defectos son la carencia de emociones, ser egoísta, y demás, ese era mi miedo.

— ¿Cómo?

— Temía encontrar a una Valentina caprichosa, arrogante, altanera, pero gracias a Dios no fue así, tu sigues siendo mi Tina.

— Y tú eres mi Chicco Eliot.

Éramos dos Eliot, solo tú y yo, no Don y Tina, o Tina y Emma, ni Noha y Tina, tú eras completamente mío y yo era tuya, porque si tenía defectos, aun los tengo, soy caprichosa porque te desee incluso en aquel tiempo, egoísta porque te quería solo para mí, altanera porque aleje a cuanta perra te veía, eras mío y yo era tuya… pero me dejaste.

— Idiota. — murmure cuando el recuerdo de mi mente se desvaneció y me dejo ver nuevamente la realidad que tanto odio.

— Hola Tina. — esa voz, cierro mis ojos un segundo, trato de concentrarme como el doctor me dijo, las alucinaciones no deben regresar, las debo mantener a raya en mi mente desquiciada. — ¿Estas bien? — abro mis ojos de golpe al sentir una mano en mi brazo y solo entonces es que lo veo, no es una alucinación, es Ezzio De Luca con esa maldita voz tan parecida a…

— Chicco. — digo con calma, relajando cada musculo de mi cara, sin demostrar nada, sin que él pueda ver mi odio, mi necesidad, y también mi deseo de querer grabar su voz, quizás con un mensaje de despedida, era lo mínimo que Eliot me debía, una despedida.

— ¿Qué haces aquí? Y vestida así. — su rostro serio, su mirada que lanza rayos y centellas casi me hacen reír, casi.

— Dando una vuelta, ya sabes, ver el lado miserable de la ciudad te ayuda a saber que tan afortunada… soy. — ves Eliot, puedo ser despreciable, puedo ser altanera, puedo ser lo que más odiabas de la gente rica, puedo matar a la Tina que tanto amabas. Trato de continuar con mi caminata, pero Ezzio me toma del brazo.

— ¿Qué es lo que estás haciendo en nuestro territorio Valentina? — desconfianza, eso veo en sus ojos, serás un buen mafioso algún día, cuando se largue de mi ciudad.

— Ya te dije, doy un paseo.

— ¿Vestida como una golfa? ¿bebiendo una botella de vodka?

— Para ser precisa, a tu queja Chicco, es mi cuata botella y me visto como se me da la gana, prejuicioso de mierda. — no puedo evitar sonreír al ver su rostro de asombro, una sonrisa natural, ha pasado demasiado tiempo desde que hice una.

— ¿Eres alcohólica? — coloco mi dedo índice en mi labio y ruedo los ojos como si estuviera considerando sus dichos.

— No lo creo, no es algo que necesite, solo lo bebo cuando tengo jaqueca. — Ezzio ve mis ojos con preocupación, se lo que preguntara y vuelvo a reír, maldición debería filmar este momento y mostrárselo a mamá, quizás eso la haga feliz, su hija ríe, luego de años Valentina Constantini está riendo.

— ¿Y tus jaquecas son muy recurrentes?

— Rayos Chicco, eres muy listo, me pillaste. — golpe su hombro para quitarlo de mi camino, pero en menos de un parpadeó lo tengo frente a mí, una vez más.

— ¿Dónde están tus custodios?

— ¿Custodios? No los necesito, yo no necesito nada. — intento una vez más caminar, pero las manos de Ezzio en mis brazos me lo impiden, no solo eso, me arrastra a un callejón no tan oscuro, y más limpio de lo que esperaría en este lado de la cuidad, pero lo que más me asombra es que… me gusta sentir el calor de sus manos, mi cuerpo anhela ser tocado y me odio por ello.

— ¿Quién te lastimo mi reina? ¿quién rompió tu corazón?

— Ese es el problema Chicco, no se puede romper algo que no tienes y yo ya no tengo corazón.

— ¿Acaso ese tal Eliot te lo robo? — no fue el hecho de que lo nombrara, maldición, estoy más acostumbrada a escuchar el nombre de Eliot que el mío, lo que despertó mi furia fue el desprecio con el que lo dijo, para mi suerte y desgracia de su descendencia, su entrepierna estaba demasiado cerca de mi hermosa rodilla, por lo cual lo golpee sin siquiera inmutarme cuando cayó de rodillas.

— Chicco, no opines de cosas que no sabes. — salí del callejón y solo entonces me di cuenta de que el resto de los De Luca estaban allí, Rocco sonreía viendo a su primo en el suelo de rodillas, como se retorcía de dolor, Salvatore solo se dedicó a devorarme con sus ojos oscuros, como si jamás hubiera visto una mujer con minifalda, o con una blusa delgada dejando a la vista del mundo su abdomen, aunque claro, podría ser el hecho de estar sin sostén y que mis pezones se levantaban como puntas de flechas.

— Estas jodida. — Lupo al igual que el resto me veían con molestia, pero no creo que fuese por el hecho de que uno de ellos estaba aún quejándose por ser golpeado, era como si les molestara verme así… en un estado deplorable.

— No es problema de ustedes, pero…— hago una pausa mientras bebo un poco más de vodka y veo como los ojos de Leonzio se oscurecen aún más. — Digamos que es mi estado natural. — termino de decir y muestro mi sonrisa más perra que tengo, dejándoles en claro que me importa un carajo lo que piensen, doy un paso hacia la derecha, solo me falta una calle, una maldita calle y llegare.

— ¿Adónde crees que vas niña? — la mano de Lupo quiere tomar mi muñeca, como lo hizo ese día en la empresa, y como entonces me suelto de su agarre, con el mismo resultado, mi brazalete cae, como un puto recordatorio de que Eliot no cumplió su promesa. Me quedo inmóvil viendo el brazalete de oro, que en ese entonces me resulto demasiado grueso para mi muñeca, pero que ahora era de gran utilidad para cubrir eso que tanto desestabilizaba a mi familia. No me doy cuenta de que todos estaban tan inmóviles como yo, mientras yo veía el brazalete, ellos me veían a mí, aunque al ver las pequeñas gotas que caían en la acera, descubrí que era porque estaba llorando, Rocco fue quien tomo la pulsera del suelo.

— ¡Dámela! — el muy perro sonríe y la guarda en su bolsillo. — Estas muerto. — rompo la botella contra una de las paredes y cuando estoy a punto de saltar sobre Rocco, Ezzio me toma desde atrás.

— Tranquila Tina. — cierro mis ojos, porque necesito, deseo, escuchar su voz, tan igual, tan parecida a …

— Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él.

— No Tina, no dejare…

— ¡Que me de mi maldito brazalete! — soy consciente que la maldita blusa se levantó y que la parte baja de mis senos son visibles para todos los De Luca, pero me importa una mierda.

— Rocco, dáselo. — Ezzio demanda con enfado, y eso en parte me conmueve, ¿Cuándo fue la última vez que permite a alguien ayudarme? No lo recuerdo.

— ¿Y si no quiero? — el rubio sonríe, estoy a nada de perder la poco cordura que me queda, toda ella depende de ese brazalete, es entonces cuando lo escucho, el motor del Ferrari de Donato.

— Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio me suelta poco a poco, mientras Lupo lo ve incrédulo y Leonzio con molestia.

— No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando el Ferrari de Don derrapa por el asfalto, casi atropellando a los De Luca, lo peor es que no viene solo, Lion también esta con él, y cuando descienden del Ferrari, observo a las camionetas llegar, maldición mis padres.

— Tina ven. — Don tiene la mandíbula apretada, puedo jurar que romperá sus dientes.

— Dámela. — le repito a Rocco ignorando la mirada irritada de Lion.

— ¡Tina ven! — Don camina en mi dirección, pero antes que llegue, Rocco abre su boca.

— Eliot y Tina por siempre, que cursi. — veo como Don saca su arma y apunta la cabeza de Rocco.

— No. — de un salto me coloco frete al rubio que poco debe valorar su vida, obligando a Don a mover su arma, aunque es tarde, la bala roza mi mejilla, aun así, me quedo de pie, sintiendo el ardor y la sangre gotear, sintiéndome viva.

— ¡Valentina! — creí que eran mis hermanos los que gritaron, pero eran más voces, muchas más.

— Dame mi brazalete. — no vi a nadie en especial, pero podía sentir sus ojos sobre mí, solo gire a ver a Rocco, estaba pálido y su risa burlona ya no estaba, extendió la mano y tome mi brazalete, entonces tomo mi mano, fueron solo dos segundo, pero la vio y sus ojos ardieron una vez más con molestia y algo más.

— Hija. — la voz de mis padres hablando al unisonó atrás mío, me hizo cerrar los ojos y tomar una bocanada de aire, mientras mi mano se aferraba al brazalete, para cuando volví a abrir mis ojos ya tenía mis emociones bajo control, la máscara estaba en su sitio.

— Estoy bien, regresare sola… — a pesar de que mi rostro estaba inexpresivo aun veía los ojos de Rocco, estaba frente a él, a menos de veinte centímetros de distancia, su colonia llenaba mis pulmones, y sus ojos… grises, hipnotizantes…

— Tina debes curar la herida. — podía ver de reojo como los De Luca veían incrédulos a mis familiares, estoy segura de que no comprendían por qué no se acercaban, porque aún me mantenía en medio de ellos y no en los brazos de mis padres o hermanos.

— Solo falta una calle. — fue mi repuesta final y ahora si me moví, como si Rocco no estuviera allí, caminé e incluso lo empuje ya que el rubio parecía que había echado raíces en el suelo.

Rocco.

Una semana había pasado desde que vimos a nuestra reina, Ezzio tenía razón, ella es perfecta, aunque lo que dijo Salvatore nos tiene un poco preocupados, ella aun carga esa pulsera con la inscripción Eliot y Tina por siempre, no nos gusta, claro que no, ella debe ser nuestra, si ese idiota la abandono no la merece, mucho menos que ella lo espere.

— Y me lleva el mismo diablo. — la voz molesta de Lupo me hace verlo, pero él solo está viendo a la acera de en frente, es entonces cuando veo a nuestra reina y mierda, mi pene se levanta como muerto resucitado por obra y gracia de Dios.

— Es caliente. — digo al tiempo que una sonrisa se expande por mi rostro y mi hermano mayor golpea mi cabeza.

— Presta atención idiota, si nosotros la vemos, todos la pueden ver. — Leonzio tiene razón, aunque hemos despejado esta calle y ordenamos limpiarla, solo es suerte que no le quisieron hacer nada, menos mal que a Ezzio se le ocurrió la idea de darle un poco de glamur a este vecindario, de esa forma podemos atraer a personas de mejor condición económica, pero definitivamente no estaba en nuestros planes que nuestra reina viniera por aquí, menos dejando tanta piel a la vista.

— Ezzio. — la voz cargada de advertencia de Ángelo me molesta, se supone que debemos enamorarla, Ezzio al menos la a besado. — Haz que se largue de aquí, puede ser una trampa. — Ezzio lo ve raro, pero asiente.

Observo al suertudo de mi primo, aunque se nota que esta furioso, está más cerca de ella que nosotros, pero cuando la lleva hacia el callejón no soy el único en molestarse, cruzamos justo para ver como Tina le rompe los huevos a Ezzio, rio con ganas y ella nos ve como si fuéramos nada, caliente muy caliente, tanto que mi pantalón molesta.

— ¿Adónde crees que vas niña? — Lupo quiere detenerla y es cuando el bendito brazalete cae, y ella solo se queda clavada al piso, viéndolo, como si nada más existiera, como si toda su vida girara en torno a ese maldito brazalete y solo cuando veo sus lágrimas es que lo tomo, esta maldita cosa la lastima, no debe tenerlo.

— ¡Dámela! — la veo de forma retadora al tiempo que guardo el brazalete en mi bolsillo delantero. — Estas muerto. — sus ojos se oscurecen, su rostro se contrae con odio, y está a punto de intentar atacarme cuando Ezzio la toma desde atrás, levantando sin querer un poco su blusa… bendito Jesús, mi boca se hace agua, y mi lengua pica con la necesidad de probar tan gloriosos pechos.

— Tranquila Tina. — nuestra reina definitivamente reacciona a la voz de Ezzio, eso es bueno… creo.

— Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él. — maldición, ¿acaso está generando favoritismo por mi primo? no me gusta, no me gusta nada.

— No Tina, no dejare…

— ¡Que me de mi maldito brazalete! — aun con mi mano en el bolsillo aprovecho a apretar la maldita joya, me gustaría destrozarla con mis propias manos.

— Rocco, dáselo.

— ¿Y si no quiero? — le sonrió, pero solo para ocultar el malestar que me genera que se preocupe solo por Ezzio.

— Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio la obedece, claro que sí, está sumando puntos a su favor, pero esta me las pagas maldito perro.

— No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando una Ferrari negra… ¿en verdad niño?, las ferraris deben ser rojas, todos lo sabemos, en fin, nuestro futuro cuñado casi nos atropella.

— Tina ven. — su mellizo esta furioso, creo que piensa que le queríamos hacer algo y no se equivoca.

— Dámela. — bien, tengo su atención, solo para mí, rio por ello.

— ¡Tina ven! — no, no puedes quietarme la atención de mi reina.

— Eliot y Tina por siempre, que cursi. — creí que sería Tina quien se lanzara por mí, pero para mi sorpresa es su mellizo quien me apunta con su arma, veo la oscuridad en sus ojos, me va a matar y sin pestañar.

— No. — de un salto me cubre, mi reina me cubre y yo solo quiero morir, fui consciente de como corrió unos milímetros su rostro y su nombre sale en un grito no solo de mí, también de mis primos y hermanos.

— Dame mi brazalete. — estoy molesto, conmigo y con ella, ¿cómo se le ocurre poner su vida en peligro por mí?… un momento, ella lo hizo por mí.

— Hija. — parece que tanto Prieto como Noha la consideran su hija, ella en cambio, solo cierra sus hermosos ojos y respira con profundidad, me gustaría besarla, pero cuando abre sus parpados… vacíos, allí no hay nada, solo… soledad.

— Estoy bien, regresare sola… — quería abrazarla, decirle que no estaba sola, nos podía tener, solo debía aceptar y lo demás lo conseguiríamos con esfuerzo, la enamoraríamos, estábamos seguros.

— Tina debes curar la herida. — mi reina no gasta ni una mirada en su familia, algo que me inquieta, la aman, y ella estoy seguro de que también, no se ve bien, ¿por qué no la toman y la llevan al hospital y no solo para que revisen su hermoso rostro?

— Solo falta una calle. — es lo único que dice y termina empujando mi cuerpo, ya que me había quedado demasiado perdido en su rostro, en sus ojos. Aun atónito veo como sigue caminando, derecha, no parece que estuviera ebria, pero de igual forma deben llevarla con un médico.

— ¿Por qué la dejan seguir? Esta herida. — Salvatore me sorprende, mi hermano menor no es muy dado a demostrar sus sentimientos, menos frente a quienes considera enemigos, aunque claro, ellos serán nuestros cuñados y suegros, si tenemos suerte o solo la secuestramos y nos odiarán.

— Si lo esta es por salvar al idiota de tu hermano. — responde ofuscado Lion, se nota que aún no se controla, no es como Donato que no dice nada, pero nos está acribillando con la mirada, bueno solo a mí, pero en silencio, un silencio que quizás me hace sentir incomodo, como si… me estuviera jurando matarme, con mucha clase, eso sí.

— Ojos grises. — dice el mellizo de Tina y lo veo raro.

— ¿Que tiene mis ojos? — indago sin una pizca de gracia.

— Son del mismo color que los de Eliot… por eso lo salvo. — sus manos se cierran en puño, me ve con odio y no es el único.

— Mantente lejos de mi hija. — la voz profunda de Noha no me causa miedo, se necesita mucho más para ponerme a temblar.

— No la pienso lastimar, aunque no lo crean no mato mujeres. — respondo y Ángelo levanta una de sus cejas con incredulidad en mi dirección, de acuerdo lo confieso, yo era uno de los más interesado en matar a ambos Constantini, pero todo cambio.

— Si no quieres lastimarla arranca tus ojos, o mantenlos lejos de mi hermana.

Al fin el mellizo de mi reina se mueve, pasando entre nosotros y lo seguimos con la mirada, como apresura su paso, a donde Tina está de pie, en una esquina, y como si estuvieran sincronizados llega justo a tiempo para tomarla en brazos, cuando ella se desvanece.

— ¿Que mierda sucede? ¿Por qué vino a nuestro territorio? — Leonzio encara a Noha, pero este solo lo ve y queda en silencio.

— Es donde mataron a Eliot, su prometido. — Prieto, el padre biológico de Tina es quien habla y cuando Noha lo ve mal él solo levanta los hombros.

Valentina.

Abro los ojos y con solo ver el rostro de mi madre ya sé que lo arruine, observo en silencio a mi alrededor, y un escalofrío me recorre completa.

— Valentina… — me siento en la cama del hospital y bajo mi cabeza, arrepentida, apenada, sintiendo la clase de mierda de persona que soy, pero no puedo dar marcha atrás.

— Lo siento, no volverá a ocurrir.

— ¿Por qué lo hiciste hija? Siempre vas al cementerio en su aniversario.

— No lo sé mamá, esa es la verdad, solo estuve en ese lugar ese día, cuando aún estaba allí tirado, frio, solo… lo estoy olvidando y no quiero…

— Hija… es tiempo de dar vuelta la página.

— ¿Tú lo harías si papá muriera? ¿lo olvidarías en solo tres años? ¿crees que no lo intento? ¡¿piensas que me gusta vivir así o así sea vivir?! — la mano de mi madre causa picor en mi mejilla, mientras la escucho sollozar.

— Lo siento, Dios mío Tina, lo lamento tanto, no fue mi intención solo…

— Te dolió, mis palabras te dolieron, imagina lo que es para mí, pero mi dolor y enojo no se van dándole una bofetada a alguien.

— ¿Qué está pasando? — Noha me ve con recelo, mientras sus grandes brazos envuelven a mi madre, consolándola, no lo soporto, me levanto y voy al pequeño baño a vestirme, no soporto ver tanta felicidad a mi alrededor, ya no, quizás antes.

Aun escuchando las quejas de Noha, cierro la puerta, veo mi imagen en el reflejo del espejo, apenas un raspón, pero ese no es el motivo por el que estoy aquí, me coloco mi ropa deportiva, y por supuesto las zapatillas con elástico, sin cordones, solo así se aseguran de que no me ahorque en el baño, no puedo regresar aquí, tomo una bocanada de aire y salgo.

— ¿Lo ves Noha? solo me cambie. — veo el dolor en sus ojos, pero no doy marcha atrás, no cuando quieren encerrarme una vez más.

— No importa cómo me llames Tina, eres mi hija y no estas bien, ¡anoche por poco y mueres por un coma alcohólico! tu… — su dedo índice se eleva en mi dirección, me gustaría decirle que es de mala educación apuntar a alguien, pero no lo hago. — Lo prometiste, y no cumpliste, por lo tanto…

— Me encerraran una vez más, ¿verdad? Claro, desháganse de la loca de Valentina, la inútil, débil y rota mujer en la que se convirtió.

— ¡Porque tú lo quieres de esa forma! No me importa lo que digas…

— ¡Tú no eres mi padre!, no tenemos un lazo sanguíneo que nos una, no puedes tomar esa decisión.

— … — Noha retrocede con cada palabra, lo lastimo, lo sé, es lo mejor, que me odie, las personas que son odiadas son más fácil de olvidar.

— Valentina, ¡¿Cómo te atreves a decir tal cosa?! — mi madre esta roja de furia, bien, está funcionando, lo estoy logrando.

— Como te atreves tu a cuestionar mis palabras cuando incluso en este momento delegas tus responsabilidades como madre en otra persona, eres un fracaso Emma, deja de mentirte a ti misma, no eres fuerte, sigues siendo Emma, la pobre huérfana… — observo como mi madre, la persona que más orgullo me da en este mundo junto con Noha, retrocede con cada palabra, con cada mentira que sale de mis labios.

— ¡Basta! — el grito de Don me aturde, pero solo por un segundo, ya que cuando giro para verlo, me doy cuenta de que no está solo, claro que no, él tiene a alguien, mientras yo quedo sola.

— Pero miren quien llego, vamos hermano, pasa, no mires el espectáculo a la distancia, que no te de pena con la gran Ámbar Zabet, después de todo… si a ti no te da vergüenza salir con una mujer tan mayor y tan… — en menos de un parpadeo Donato me tiene acorralada entre su cuerpo furibundo y la pared del hospital.

— ¿En qué momento te convertiste en una persona tan miserable? ¿O quizás siempre fuiste así, y solo hasta ahora me doy cuenta?, dime Valentina, ¿la historia de Prieto y Demetri se repetirá con nosotros? ¿Tu corazón esta tan herido como para torturar a todos los que te aman?

— No te preocupes hermanito, a diferencia de nuestro verdadero padre y el querido tío Demetri, tu, no tienes nada que yo pueda querer, nada que valga la pena al menos. — veo los ojos de Ámbar, y la furia corre en mi interior.

— ¡Deja de verme con lastima maldita perra!

— No puedo verte de otra manera, recuerda que yo te conocí antes, sé que no eres así, y no comprendo porque lo haces, la Valentina que conozco no lastimaría a los que ama.

— Dulces palabras de una asesina, pero comprendo que con tu edad… la cara te dé para muchas cosas.

— ¡Cierra la boca Tina!

— No me vuelvas a llamar de ese modo, nunca más, ni tú, ni nadie, ¿me oyen? Si se atreven a dejarme aquí, ya no los considerare mi familia.

— Lo siento, pero prefiero que me odies de por vida a que te termines matando, y no veas a mamá, yo firme tu internación.

Veo a mi hermano, mi mellizo, ese que siempre fue mi cómplice, pero que sin embargo ahora no me comprende, bajo cualquier pronostico, rio, mientras todos me ven como si realmente hubiera perdido la cordura, quizás sea así, pero no me importa, sigo riendo, con suerte moriré en este hospital psiquiátrico y ellos me olvidaran, como yo estoy olvidando a Eliot.

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Renina del infierno.

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