Capítulo 2
"Jannie, sabes que he estado detrás de él desde hace mucho tiempo. ¿Cómo es posible que no se sienta culpable por haberse besado con otra mujer?". Alivia giraba la copa desinteresadamente entre los dedos. Sus labios se manchaban de un encantador rojo carmesí con cada sorbo. Para entonces, ya se encontraba un poco ebria.
A su vez, Janice miró a su amiga y se echó a reír.
"El hecho de que sientas algo por él es algo que solo te incumbe a ti y no a él. ¿O acaso eso tiene algo que ver con él? Él tiene todo el derecho a estar con quien él quiera. ¿Por qué debería sentirse culpable por eso?". La respuesta de Janice había sido un golpe para Alivia.
Por lo que, levantó la cabeza y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, como si fuera una niña. "¡Creo que tienes razón! Me siento tan egoísta ahora mismo. He estado detrás de él como una niña pesada mientras él continuaba alejándose. Quizá, en algún momento, se ha referido a mí como la mujer que lo sigue acosando, mientras se acostaba con otras mujeres.
Jannie, ¿por qué tenemos tan mala suerte? ¿Cómo es que ambas nos enamoramos de personas que no valen la pena? ¡Malcolm es tan malo como Leonel Fu!".
El nombre de su esposo era como una maldición y hacía que a Janice le doliera la cabeza solo con escucharlo.
En ese instante, se echó hacia atrás y suspiró profundamente, frotándose las sienes con los dedos índice y pulgar.
"Alivia, sabes muy bien que él tiene sus propios problemas, así que realmente no lo culpo". Al decir eso, bebió el resto de la bebida de un solo trago. En ese mismo instante, el camarero volvió a llenar su copa.
Alivia quería decir algo más, pero al ver las lágrimas en los ojos de Janice, reprimió sus ganas y soltó un suspiro de desesperación. Luego, bebió el último trago y el camarero le volvió a llenar la copa.
Las dos bebieron mucho, entre queja y queja.
En menos de una hora, ambas estaban borrachas. Parecían dos locas que apenas podían sentarse bien en la barra del bar.
Aproximadamente un minuto después, dos hombres miraron a Janice y Alivia furtivamente, mientras esbozaban una sonrisa pervertida.
"Hermano, ¿vamos?", dijo uno de ellos. El hombre se mordió el labio inferior mientras hablaba. Creían que tenían una suerte increíble al encontrarse con dos presas tan hermosas.
El hombre que estaba junto a él, parecía un desvergonzado cuando miraba boquiabierto a las mujeres.
"¡Genial! Vamos a enseñarles qué es pasárselo bien de verdad. ¿Cómo podemos dejar que esas bellezas se nos escapen de las manos?". Poco después, ambos salieron corriendo del bar, aparentemente con mucha prisa, cada uno con una mujer en sus brazos.
Estaban tan emocionados que se olvidaron de los bolsos de Janice y Alivia que estaban en la barra del bar.
Afortunadamente, una joven reconoció a aquellos rufianes. Preocupada, se acercó rápidamente para tomar los bolsos del mostrador. Esos sinvergüenzas eran de ese área y eran conocidos por atacar a mujeres borrachas para saciar sus deseos. Cuando se percató de que Janice y Alivia se iban con ellos, decidió revisar sus bolsos en silencio para ver si podía encontrar sus teléfonos celulares y así poder contactar a alguien que pudiera salvarlas de esos depredadores lujuriosos.
Afortunadamente, el teléfono de Janice no requería ninguna contraseña para desbloquearse, así que pudo acceder al teléfono con solo deslizar el dedo. De inmediato, se desplazó por la lista de contactos y notó el nombre "Malc".
Como parecía un apodo, asumió que esa persona debía ser una persona cercana, y llamó sin más vacilaciones.
Mientras tanto, Malcolm, que estaba en SY Company en esos momentos, sacó su teléfono del bolsillo y descubrió que Janice lo estaba llamando.
"Señor Rong, ¿desea que me vaya?", le preguntó Caleb Huo. Ante esto, Malcolm frunció el ceño, colgó la llamada y respondió:
"Creo que no hay necesidad. Por favor continúe".
Después de haber entregado su informe, Caleb recogió los archivos y los metió a su mochila para poder retirarse. Cuando recordó la llamada que Malcolm no había respondido, se detuvo y se preguntó si debía recordárselo o no.
Malcolm estaba revisando meticulosamente algunos papeles, pero cuando se dio cuenta de que Caleb aún no se había ido, levantó la cabeza para mirarlo y le dijo: "¿Desea algo más?".
Después de una breve pausa, Caleb pensó que tal vez debía recordárselo. "Señor Rong, la llamada telefónica que acaba de rechazar, ¿Era acaso de la señora Rong, su esposa?".
Esas palabras parecieron provocar a Malcolm. Pues éste levantó la cabeza y entrecerró los ojos, llenos de ira. Ello hizo que Caleb sintiera una presión en el pecho.
"¿Quién le dijo que debía llamarla así, y tratarla como mi esposa?". ¿Cómo era posible que una mujer como ella pudiera ser su esposa real?
Caleb sintió cómo el miedo atravesaba todo su ser. En ese momento, bajó la cabeza y murmuró: "Lo siento tanto, señor Rong. Le prometo que no volverá a suceder". Al decir eso, de inmediato inclinó la cabeza, apretó los archivos contra su pecho y salió de la oficina lo más rápido que pudo.
Malcolm negó con la cabeza y trató de aclarar sus pensamientos una vez que Caleb se fue y comenzó a escribir de nuevo. Sin embargo, después de un minuto, arrojó su bolígrafo contra la pared lleno de rabia y se dejó caer en su silla haciendo una mueca de desagrado.
Con desgana, sacó su teléfono y miró el nombre de la pantalla. De inmediato, comenzó a sentirse incómodo. Sin embargo, su incomodidad no duró mucho, porque de pronto recordó una escena.
Entonces, dejó su teléfono sobre la mesa, tomó otro bolígrafo y continuó con su trabajo, en lugar de llamarla.
La joven que lo había llamado con el teléfono de Janice se encontraba muy nerviosa. No se atrevió a llamar a la policía, pues temía meterse en problemas, así que decidió revisar los contactos de Janice con la esperanza de que alguien le respondiera.
Como la persona etiquetada como "Malc" no había respondido la llamada, no tenía otro remedio que llamar a la siguiente persona, quien se llamaba "Roy".
Afortunadamente, tan pronto como entró la llamada, fue respondida por una voz gentil y suave de un hombre.
"Jannie, ¿por qué me llamas a estas horas?". Su voz era profunda y a la vez muy agradable, como si se tratara de una suave brisa de primavera.
Un silencio incómodo se apoderó del momento, pues la mujer se había quedado sin habla al escuchar aquella voz.
En poco tiempo, Roy Jiang comenzó a sentirse incómodo por el silencio al otro lado de la llamada. La ternura de su voz pronto desapareció y de repente su curiosidad se impuso a cualquier otra razón..
"¡Tú no eres Jannie! ¿Quién habla? ¿Dónde está Jannie?
La mujer hizo una pausa y rápidamente comenzó a contarle lo que ella había visto.
En cuestión de segundos, los ojos de Roy se abrieron con horror. Al instante, su mano se convirtió en un puño y golpeó la pared. Sin más demora, bajó corriendo las escaleras, salió por la puerta y dejó a su familia mirándolo, todos sorprendidos y confundidos.
Lo único que tenía en mente era la seguridad de Janice.
Una vez afuera, saltó al asiento del conductor y condujo lo más rápido que pudo. Cuando finalmente tenía algo de tiempo para pensar sobre lo sucedido, preguntó a la chica:
"¿Llamaste a alguien más antes que yo?", le preguntó Roy mientras adelantaba un coche tras otro. Ni los semáforos le importaban ya.
Solo encontrando a Janice lo antes posible podría minimizar su sufrimiento.
Innumerables hechos horrorosos aparecieron por su mente. Ello hizo que pisara más el acelerador.
La mujer al otro lado de la línea no tenía ni idea de la forma en la que estaba conduciendo Roy. Sin embargo, le respondió honestamente: "Intenté llamar a un número con el nombre "Malc" pero no hubo respuesta. De hecho, era el primer nombre en la lista de contactos, ¡pero ni siquiera se molestó en responder!".
Roy casi perdió el control del volante cuando escuchó lo que le había dicho.
¿Malcolm no había contestado el teléfono?
Quizás eso no era raro.
Después de un largo silencio, le dijo: "Está bien, muchas gracias.
¡Por favor, no te muevas de donde estás! ¡Llegaré tan pronto como pueda!".
Tan pronto como colgó, comenzó a hacer algunas llamadas telefónicas, pidiendo a las personas que conocía que lo ayudaran a localizar a Janice y Alivia.
Mientras tanto, después de que los efectos del alcohol se desvanecieran y Janice finalmente recobrara el sentido, miró su entorno y se dio cuenta de que los dos hombres que las habían acompañado fuera del bar las habían metido en una habitación de algún hotel barato. Los dos hombres se alegraron de ver a las chicas temblar de miedo, ya que su desesperación solo les excitaba más. Janice les había pedido prestado un teléfono celular. El precio era que no se resistirían a nada de lo que ellos intentaran hacer, una vez que terminara la llamada. Janice no se pudo negar. Aunque Alivia trató de detenerla una y otra vez, al final estuvo de acuerdo.
En su mente, solo quería llamar a Malcolm y confirmar una cosa.
Janice envió un mensaje de texto al número de Malcolm antes de llamarlo, porque sabía que no contestaría a un número desconocido.
Aun así, no recibió respuesta alguna.
Impulsada por la desesperación, Janice no quería darse por vencida tan fácilmente, así que se mordió el labio e intentó llamar a Malcolm de nuevo.
Llamó a su número alrededor de quince veces antes de que finalmente respondiera. Los ojos de Janice estaban rojos e hinchados por el llanto y su voz le temblaba.
"Malc...".
De repente, el hombre sentado en su oficina se puso rígido. Gradualmente, la luz de su oficina lo iluminó, pero no suavizó su semblante.
"¿Qué es lo que pasa?".
Como de costumbre, Malcolm le respondió con indiferencia, lleno de frialdad y desdén.
Capítulo 3
"Me han secuestrado". La simpleza de sus palabras no disminuía gravedad de la situación que estaba atravesando.
Malcolm aflojó el agarre del bolígrafo que tenía en la mano, pero se recuperó de inmediato y rápidamente ocultó la expresión de angustia que había aparecido en su rostro un instante antes.
"¿Necesitas que llame a la policía?". La apatía y la fría indiferencia en su voz hizo trizas toda la esperanza del corazón de Janice, mientras que su semblante decayó a causa de la decepción.
Sin embargo, respiró hondo para enterrar su frustración y dijo: "¿Podrías venir a rescatarme?".
Lo único que Janice quería era que Malcolm acudiera a salvarla, no su padre y mucho menos la policía.
Pero para su desgracia, a ese hombre de corazón frío no le importaban sus deseos.
"Estoy ocupado en este momento. Tengo mucho trabajo por hacer y de verdad no tengo tiempo que perder contigo". La actitud despiadada de Malcolm se debía a que creía la chica le estaba mintiendo, que ese era solo otro de los trucos para llamar su atención.
Janice apretaba con fuerza el teléfono contra su rostro, sintió que el corazón se le rompía en pedazos cuando escuchó sus palabras, pero se negó a perder la fe tan fácilmente.
"Malc, no estoy bromeando". Alivia notó la desesperación en la voz temblorosa de Janice y tuvo que apartar la mirada porque no tenía el valor suficiente para ver cómo su amiga perdía la esperanza poco a poco.
Malcolm apretó los labios y entrecerró los ojos debido a la luz que se colaba por la rendija de una de las cortinas. Después, soltó un profundo suspiro que denotaba agotamiento, miró hacia otro lado y dijo: "Janice, ¿no recuerdas lo que te dije antes de casarnos?".
Janice se quedó sin aliento, y tan pronto como se acordó a lo que se refería, su visión se nubló y los recuerdos comenzaron a surgir en su mente.
¿Cómo no acordarse? Nunca olvidaría lo que Malcolm le había dicho ese día frente a la Oficina de Asuntos Civiles.
"Janice, no te amo. No me casé contigo por amor, no esperes que sea feliz por estar contigo. No voy a interferir en tu vida y espero que tampoco me molestes, ya que soy un hombre muy ocupado y no tengo ganas de lidiar con tus tonterías".
Esas palabras todavía continuaban frescas en su mente. No pudo evitar que las lágrimas comenzaran a brotar de sus ojos y se derramaran sobre la colcha que estaba a su lado.
Janice sollozó y se secó las mejillas húmedas con el dorso de la mano. "Sí, lo recuerdo. Está bien, sigue con tu trabajo, Malc. Tengo que colgar ahora".
Cuando colgó el teléfono, Janice se sintió invadida por una especie de tristeza con la que no tenía forma de lidiar y de la que no sabía cómo deshacerse.
Alivia abrazó a su amiga mientras se preguntaba si ese hombre tenía corazón.
Después de todo, debería haber mostrado un poco de compasión, aunque no la quisiese como esposa, al menos por el bien de un ser humano que necesitaba ayuda. ¿Cómo puede una persona ser tan despiadada?
Alivia apretó los dientes con rabia y se levantó, pero Janice la sujetó por la muñeca y la detuvo.
"Alivia, no hagas nada por favor. ¡Te lo ruego!". Janice rompió a llorar desconsoladamente, supo que no había cura para su corazón. Por su parte, Alivia, como era de esperarse, no podía soportar ver a su amiga en ese estado.
"¿En serio vas a dejar que ese desalmado se quede de brazos cruzados? De verdad, no lo entiendo. ¿Por qué lo quieres? De todos los hombres del mundo, ¿por qué tienes que enamorarte de un hombre como Malcolm?". A Alivia ya no le importaba la rudeza de sus palabras y se juró a sí misma que haría que Malcolm se arrepintiera por tratar a Janice como una tonta sin valor.
Todo lo que ese hombre había hecho en los últimos dos años fue destrozar el corazón de su pobre amiga hasta no dejar nada más que un enorme vacío. Alivia siempre intentó no meterse en sus asuntos porque no quería herir los sentimientos de Janice, pero después de ver cómo el amor propio de su amiga se reducía a nada ante sus propios ojos, ya no podía sentarse y mirar sin hacer nada al respecto.
La ira se apoderó de todo su cuerpo y cada centímetro de su ser la impulsaba a salir corriendo de allí, pero Janice la sujetó por el dobladillo de su ropa.
"¡Por favor! No quiero que sepa lo destrozada que me siento".
La desesperación en su voz golpeó el corazón de Alivia con fuerza, sin embargo, para los dos vándalos que las observaban, era mero teatro.
"¿Sabes cuántos hombres desearían tener a su lado una mujer como tú? ¿Por qué te arrastras tanto frente a una hombre que no te quiere?", le dijo el hombre alto. Luego, se acercó a Janice, se paró frente a ella y extendió la mano para tocarle la cabeza.
Sin embargo, en lugar de resistirse, Janice levantó la cabeza y lo miró con tristeza.
"¿En serio? Entonces, ¿por qué Malc no me quiere? ¿Por qué no me tiene ni un poco de cariño?". Cuando Janice habló, la expresión del hombre se tornó seria de repente, pues no sabía qué contestarle.
Al ver que no decía nada, su compañero le reclamó por haberle dirigido la palabra.
"Hermano, ¿por qué tienes que hablar con ellas? ¡Date prisa! ¡Ya no puedo esperar más!". Estaba parado con la camisa abierta, y mientras hablaba se iba desabrochando el cinturón para bajarse los pantalones.
Alivia se acercó a Janice y se paró frente a ella.
La mirada del hombre alto se intensificó mientras miraba con lujuria a las dos mujeres indefensas.
"No sé por qué no le agradas a 'Malc', pero tampoco me interesa saberlo. Señorita, usted dijo que si la dejábamos hacer esa llamada telefónica, no se resistiría a nada de lo que quisiéramos hacerle", el hombre alto continuó hablando mientras se desabrochaba la camisa a toda prisa.
Alivia apretó los puños y miró desafiante a los hombres, pero Janice le tomó la mano y negó con la cabeza.
"¡Un millón!", dijo, de repente, Janice con un aire de arrogancia. Luego, volvió a abrir sus labios rosados y continuó: "Y no tendrán que enfrentar ningún cargo criminal si nos dejan ir ahora".
El hombre bajo soltó una carcajada histérica y dijo:
"¿Piensas que somos estúpidos? Si ni siquiera puedes hacer que tu esposo confíe en ti, ¿cómo esperas que creamos que tienes un millón de dólares? ¡Deja de hacernos perder el tiempo y danos lo que prometiste!". Después, se dirigió hacia Alivia con pasos apresurados y trató de sujetarla.
Sin embargo, con un movimiento rápido, Alivia logró posicionarse a su espalda y le torció el brazo detrás del cuello provocando que él gritase de dolor.
Janice apartó la mirada y gritó tan fuerte como pudo. "Mi padre es Jill Jian. Si no confían en mí, ¡pídanle el dinero a él!".
Luego tomó la mano de Alivia y caminó hacia la puerta como si nada hubiera pasado mientras sus captores permanecían allí sintiéndose aturdidos.
Cuando los dos hombres recobraron sus sentidos, Janice y Alivia ya estaban en la puerta. El hombre alto estiró sus piernas y se paró frente a ellas con una expresión de incredulidad en el rostro.
"¿Me estás tomando el pelo? ¡Cariño, todos en Lane City saben que Jill Jian solo tiene una hija!". La miró con una expresión llena de arrogancia en su rostro para darle a entender que era demasiado inteligente como para creer en sus mentiras.
Janice se sintió frustrada por las palabras del hombre, pero mantuvo una expresión seria y ocultó sus emociones.
"Todos en Lane City también saben que Jill Jian tiene una hija fuera del matrimonio". Janice no dijo nada más porque el hombre parecía haber entendido lo que ella quiso decir.
El hombre no quiso darle importancia a lo que le decía la chica, pero había algo que llamaba su atención. Se quedó pensativo, ya que todo parecía encajar.
De repente, sus ojos se abrieron con horror al darse cuenta de algo y tartamudeó: "Entonces... Entonces ese 'Malc'... ¿Es el señor Rong, ?".
"¿Es él, verdad?", preguntó con voz temblorosa. Janice lo miró confundida, pero luego, asintió con la cabeza tan pronto como se dio cuenta a quién se refería. "Sí, Malcolm Rong".
Cuando Janice mencionó su nombre, el hombre alto sintió que sus rodillas se debilitaban como si fueran a ceder en cualquier momento.
Malcolm Rong... Era el hombre más poderoso de toda Lane City.
Era el hombre que después de perder a sus padres a temprana edad, se hizo cargo de la empresa de su padre y le mostró al mundo de qué estaba hecho en realidad. Uno por uno, echó de la empresa a todos sus familiares desleales y a los altos ejecutivos que intentaron aprovecharse de él y de su desgracia. Después de eso, las personas que trabajaban para él le juraron lealtad y nadie se atrevió a traicionarlo. Fue su pragmatismo despiadado lo que le permitió a Malcolm sacar a SY Company de la cuneta y llevarla a la historia como una de las empresas más exitosas de toda la ciudad.
Sin embargo, lo que asustó al vándalo no era el éxito de Malcolm en los negocios, sino su temperamento. Los rumores sobre el mal genio del hombre comenzaron a circular poco después de la muerte de sus padres. Al parecer, perdía los estribos cada vez que se veía envuelto en una situación en contra de su propia voluntad, y además, los rumores también decían que la hija ilegítima de la familia Jian era su pareja.
Lo que significaba que quienquiera que se metiera con Janice tendría que lidiar con Malcolm. El hombre alto ni siquiera se atrevió a pensar en las consecuencias que le traería molestar a Malcolm y casi de inmediato el tono de su voz cambió.
"Señorita Jian, lamento lo que pasó, no queremos tu dinero. Solo esperamos que cumpla su palabra de no denunciarnos a la policía". El hombre alto fue lo suficientemente sensato como para no pedir dinero después de lo que le había hecho a la mujer de Malcolm, ya que lo único que le quería era salir vivo de allí.
Janice no dijo ni una palabra más. Ella no tenía por qué hacerlo, así que simplemente tomó la mano de Alivia y salió por la puerta sin siquiera mirar atrás. Ambas lucían completamente ilesas, casi como si nunca hubiesen sido secuestradas.