Capítulo 2
Los Hamptons, barbacoa familiar de los Scott.
-No puedo creer que ustedes dos me abandonen, son unos hijos de puta.
-Ay, Mel. No seas dramática, yo estaré en el mismo estado que tú, salvo que no nos podremos ver tan seguido-le digo a mi mejor amiga y casi hermana, que ha estado haciendo un melodrama como los que hacía su hermana en las películas y el teatro.
-Y a mí me puedes llamar cuantas veces quieras por video llamada.
-Eso es cierto, podemos hacerlas todos.
-Además yo no me voy a ningún lado- responde Adrien y Mel revira los ojos, ¡dios, esta mujer!
-Tú cállate, idiota. Nadie te invitó a esta fiesta.
-No seas así, hermanita, yo lo invité y Adrien te va a cuidar en mi nombre- mi Cam se sonroja como tomate maduro, es que es tan tiernukis que me encanta cuando se pone en tono hermano sobre protector.
-¿Qué? Estás loco si piensas dejar a este imberbe cuidándome, al final terminaré yo siendo su niñera, mejor que me cuide Agus, es más lindo.
-¡Ni loco!-gritan los dos y yo muero de risa. Era demasiado cómico ver a esos tres discutiendo por todo.
-Ya, tranquilos, dejen de discutir que hoy es un día especial para mí y quiero pasarla con mis mejores amigos.
-En eso tienes razón, debemos pasar todo el tiempo que te queda aquí muy juntitas, no sabes cuánto te voy a extrañar Hanny.
-Y yo a tí, mi Mel.
-Pues vamos a disfrutar.
Los abuelos estaban tirando la casa por la ventana, de hecho, como nunca estaban todos, incluso el tío Stuart con la tía Claudia habían llegado para celebrar que yo había sido aceptada en la academia de policía de Nueva York y Cameron se iría una temporada a las Águilas.
Todavía recuerdo el día en que lo decidí...
-La Academia de Policía es el centro de formación de última generación del Departamento de policía de Nueva York, que ofrece preparación académica y física a los miembros uniformados y civiles del Departamento de Policía de Nueva York. Los miembros del departamento reciben una preparación exhaustiva y rigurosa, digna de los profesionales de las fuerzas del orden más capacitados y eficaces del país. La Academia de Policía les proporciona la última tecnología, educación y conocimientos tácticos para mejorar su capacidad de proteger las vidas, los derechos, la propiedad y la dignidad de todos los neoyorquinos y visitantes. Me encanta, ¿qué debo hacer para postular?- pregunté a la oficial de policía que estaba entregando la información en la actividad que hicieron en la escuela para promover universidades y lugares donde estudiar.
-Solo debes llenar esta solicitud y cumplir con los requisitos, cariño.
-Muchísimas gracias, ya verá que pronto seremos compañeras.
Creo que le dije y salí feliz, feliz como una lombriz con la idea fija de ser una oficial de policía como ella.
¿No me digan que pensaban que estudiaría medicina como mis papás? Cuek, error, se equivocaron palomos, lo mío iba más por el servicio a la comunidad y la investigación. Ser amiga de David Galeano y de una serie de agentes que a lo largo de mi vida (Ah y también que me dijeran la pequeña Sherlock) me cautivó desde que tengo uso de razón. Aunque no quiero ser solamente policía, mi sueño algún día es ser agente del FBI como José y el tío Miles.
Después de tomar toda la información venía la segunda parte... Convencer a papá y ¿por qué solo a papá?, pues simple porque soy su pequeña, en cambio mamá es más abierta y estoy segura que me apoyará.
Ese día estaba tan eufórica que cuando llegué a casa de lo único que hablé fue de todos los beneficios e importancia que era ser parte del cuerpo de Policía.
-No sé que tanto te metieron en el cerebro todos estos años, pero yo no estoy de acuerdo, Hanny, podrías ser una excelente doctora y ayudar a muchos desde esa forma sin arriesgar tu vida.
-Pero no es lo mismo, papi. Tú sabes que me gusta el investigar cosas y ayudar a la gente.
-Pues puedes estudiar y dedicarte a la investigación o estudiar derecho, también así puedes salvar vidas.
-No es eso lo que yo quiero, papito.
-Ya basta ustedes dos-dice mi mamá mientras nos mira del uno al como tratando de regañarnos, pero más a mi papá que estaba que se lo llevaba el diablo-Bruno, deja que tu hija estudie lo que quiera, nosotros como papás debemos apoyarla en lo que ella decida y si ella quiere ser oficial de policía, pues yo la apoyaré.
-Pero es mi niña la que quiere ser policía.
-También es la mía, Bruno.
-No discutan por mi culpa.
-¡No estamos discutiendo! - me respondieron los dos un tanto molestos y pues como la loca que soy me puse a reír y ellos me siguieron.
Al final, mamá convenció a papá de que si yo quería ser policía ninguno de los dos podría lograr cambiarlo, pues era digna hija de mi padre y él tuvo que ceder.
Terminamos todos riendo y con Brunito no entendiendo nada.
Volviendo a la barbacoa que mis abuelitos habían organizado, estoy feliz viendo a mi hermosa familia, es que todo por fin estaba en su lugar.
Mis tíos eran los mejores del mundo y los amaba, me encantaba como siempre ellos estuvieron conmigo, aunque en un principio las cosas fueron difíciles, estando solitas con mi mamá y mi enfermedad, pero desde que ellos llegaron a mi vida, junto con mi papá, ya no estuvimos más solas y supimos del significado de ser un Scott, aunque fuera putativo.
-¿En qué piensas mi Sherlock?
-En que estoy muy feliz de saber que empezamos a cumplir nuestros sueños, Cam.
-Te voy a extrañar montones-me dice todo sonrojado, siempre supe que él sentía algo por mí, pero todavía es un niño, yo lo amo como un hermano y creo que al fin lo entendió. Mecí sus cabellos y sonreí. Me acerqué y le di un beso en la mejilla.
-Ya llegará a tu vida eso que te falta y, te aseguro que serás muy, pero muy feliz.
-Y esa nunca serás tú- esa afirmación es un poco dolorosa, porque jamás quisiera hacerlo sufrir, pero asiento, no quiero darle falsas esperanzas-. Pues, espero lo mismo para ti, mi querida Hanny.
A la mañana siguiente, la tropa se encontraba afuera de mi casa esperándome, no podían ser normales y aunque los amaba, el bullicio fuera de la casa era de locos.
-¡Señor!-exclamé - Me voy a la academia de policía no al otro lado del mundo como Cameron.
-Pues te las bancas, iremos todos a despedirte.
-Bruja.
-Insidiosa.
-Metiche.
-Intolerante.
-¡Ay! Ya déjense de discutir y vamos, que a las doce sale mi vuelo.
-Nuevamente harás el drama ¿no?
-Ya sabes que no me gustan las despedidas.
-Si no se suben a la camioneta, tu papá se saldrá con la suya-Nos dice Lamas y todos reviramos los ojos, pues papá estaba casi exultante.
-Si vamos.
-¡ ¿Para qué hablaste?!
-Vamos, doctor Cicarelli, Hanny estará bien, usted deje que este año se pasará volando.
-A eso le temo más.
-¿Por qué papi?
-Porque después estarás en las calles y un delincuente te puede...
-Bruno, ya hablamos de eso-le regaña mamá y todos nos reímos de él. El pobre, se encoge de hombros y no le queda más que callar.
Al llegar a la academia, me despido de todos, el abrazo más largo fue con mi papá, de verdad que era un poquito dramático, pero era entendible, era la primera vez que nos separábamos desde que nos encontramos.
-Espero las mejores calificaciones.
-Siempre, doctor Cicarelli, siempre.
-¿Tus medicamentos?
-Todos en regla.
-Si te sientes mal...
-Lo sé, te amo.
Tomé mi maleta, mi bolso y me alejé de ellos, aunque era difícil separarme de todos, era por un motivo superior y ese era cumplir mi sueño.
Academia de policía, prepárate por que Hanna Cicarelli se viene con todo.
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Capítulo 3
Benedict Henderson
-Señor, ya están aquí los nuevos reclutas.
¿Cómo era que mi vida había cambiado tanto en cinco años? ni yo mismo tenía idea, pero después del atentado y la muerte de mi hermano, de mi jefe y de mi mejor amigo las cosas no habían sido de lo mejor.
Ese día se había quedado en mi mente y en mi cuerpo marcado a fuego y cada noche me preguntaba por qué yo sobreviví.
Toqué la cicatriz que me demostraba que estaba vivo y sentí ese maldito cosquilleo en mi pecho, negué con mi cabeza, arreglé mi camisa, acomodé mi corbata y respiré hondo.
«Otro año más...»
-Has que todos se formen en el patio exterior.
-Si señor.
Davis era mi mano derecha, en la academia, un buen segundo al mando, igual que Travis.
Aquí fue donde me vine a esconder de mis demonios y de mi familia, lo sentía por Jacky, mamá y mi sobrino, pero yo había hecho un juramento y nunca estaría de acuerdo con los ideales de mi padre y tampoco con esa empresa. Fue así que una vez que me dieron de alta en el hospital, pedí mi cambio desde la unidad antibombas a la academia y me dediqué a enseñar.
Era una forma de honrar la memoria de aquellos que partieron ese fatídico día y de expiar mis culpas, por algo la vida me había dejado aquí y aunque aún renegaba con ella, no había de otra.
Caminé por los pasillos de mi santuario y me dirigí al patio, esperaba que este año llegaran buenos elementos, no es que las anteriores generaciones fueran malas, no, no era eso. Es que todos venían por lo mismo, un futuro y una buena paga.
Me paré frente al variopinto grupo de jóvenes y carraspeé.
-Buenos días, reclutas. Soy Benedict Henderson su instructor y ahora su peor pesadilla.
Las caras de la mayoría fueron de terror y eso me gustaba, que no esperaran que esto seria la panacea era mi primer objetivo, así podía saber quiénes tenían la pasta para policía y quiénes no, pero solo uno, o más bien dicho una sonrió ante mis palabras.
Era casi una niña y no se veía con cara de ser policía, estaba vestida con ropa de marca y hasta su maleta gritaba dinero.
"Otra que durará menos que un paquete de palomitas, si viene a buscar esposo se equivocó de lugar... "
Continué con mi discurso de bienvenida, mientras me paseaba frente a ellos, de reojo miraba a la chica, es que estaba tan fuera de lugar que no entendía qué hacía aquí, pero al parecer ella notó la insistencia de mi mirada, pues de la nada, comenzó a seguirme con la suya como si me estuviera analizando.
Me detuve frente a ella y le hablé...
-¿Quedó todo claro señorita?-frunzo el ceño y la miro directamente a los ojos.
-Como el agua, Capitán Henderson-Sonrisa de vendedora de dentífrico ¿cree que no las conozco?.
-Entonces ¿Me lo podría repetir? -quería probarla, lo más probable es que no me estuviera prestando atención y solo me miraba como un trozo de carne que desgustar, mientras me hacía ojitos.
-Oh, claro, por supuesto, señor- me sonríe como si se tratara del gato de Cheshire y carraspea, definitivamente la he descubierto-. El horario de inicio es a las seis am listos frente a nuestras literas para la inspección, la alarma nos ordena estar despiertos a las cinco treinta. Nuestras habitaciones ya están designadas en el ala este del edificio Nolan y las clase comienzan a las siete treinta en el gran salón, nuestro horario de estudio se encuentra en cada uno de nuestros escritorios -hace un pequeño silencio y continúa -¡Ah! y la hora de almorzar es a las doce treinta.
Escuché las risitas de algunos mientras me miraban y les devolví la mirada al grupito que calló de inmediato.
-Veo que estaba atenta, señorita...- le hago un ademán con mi mano, mientras ella me mira con una ceja alzada y se recompone para responder.
-Recluta Cicarelli, Hanna Cicarelli, señor.
¿Por qué su apellido me parecía conocido? Necesitaba investigarla, ella tenía algo...
-Todos, retírense- volví a mi postura no me podía comportar como un idiota frente a los reclutas y ya ella me había dejado como tal- en media hora los espero en el auditorio.
-Sí, señor- Dijeron todos al mismo tiempo y se dispersaron.
-Creo que este año será interesante.
-Eso parece Davis, eso parece.
-Voy a preparar las cosas en el salón.
-Necesito los expedientes de todos en mi escritorio.
-Sí, Capitán.
Caminamos hacia la entrada de la academia cuándo mi teléfono sonó y mi expresión seria de siempre cambió de inmediato al ver quién me hacía una videollamaba.
-¿Qué hiciste ahora, Henderson?
-Nada, lo juro tiito bello, sabes que soy un niño bueno.
-Pues que me estés llamando a esta hora quiere decir que algo has hecho y no me mientas Daniel Henderson.
Mi sobrino, el hijo que mi hermano nunca supo que venía en camino era la luz de mis ojos, Jacky casi lo pierde después de la muerte de mi hermano, pero mi madre estuvo con ella en el proceso de su embarazo, la cuidó como a su propia hija y a los seis meses de la muerte de mi hermano, llegó ese pequeño diablillo. Era tan pequeño y frágil que estuvo en incubadora hasta que cumplió con el peso y la estatura. No entendía por qué la vida le había dado esas pruebas tan duras a mi cuñada, pero ella se mantenía estoica.
Aunque, a veces, la vi llorar junto a su incubadora, se limpiaba las lágrimas y volvía a sonreír, para estar por y para él.
Un día no aguanté y se lo pregunté.
-¿Por qué? ¿cómo puedes estar de pie después de todo esto?
-Porque mi Daniel así lo habría querido, Ben. No puedo flaquear, Mi chiquito solo me tiene a mí y aunque a veces quisiera irme con su padre, nuestro hijo es lo que me mantiene con vida. Solo me basta una pequeña sonrisa de mi diablillo para volver a creer en lo hermosa que es la vida...
-No es justo que me conozcas tanto, tío Ben-me reclama y saca de mis pensamientos ese diablillo-, pero te llamo porque quiero saber si ya llegó la "carne fresca ".
¡Daniel, deja a tu tío en paz!
Escucho a mi cuñada a lo lejos y largo una risotada, es que Daniel era así, le gustaba saber de mis nuevos reclutas y hacía sus apuestas con Davis y algunos de los otros instructores para ver cuántos aguantaban el entrenamiento o mejor dicho a mí.
-Pues sí, ya están aquí y creo que este año habrá sorpresas
-¿Y hay alguna recluta bonita?-claro que sí, pero eso no se lo iba a decir.
-¡Daniel!-lo regañamos ambos y Jacky le quitó el teléfono.
-Discúlpalo, pero está desde las cinco de la mañana despierto esperando para llamarte.
-No te preocupes, ¿Cómo está todo por allá?
-Todo bien, sin novedad en el frente. ¿Cuándo vendrás?
-Difícil que viaje, ya sabes.
-Deberías venir, tu mamá te extraña.
-No es el momento.
-Algún día lo será y lo sabes.
-Jacky, te tengo que dejar.
-Aunque huyas, sabes que te queremos.
-Lo sé y yo a ustedes.
Por estar viendo la pantalla y caminando a la vez choqué con algo, que gritó al impactar el suelo con su trasero.
-¡A la verga!
-¿Qué pasó Ben?
-Nada, Jacky, hablamos después. Dale un beso a mi pequeño diablillo de mi parte.
La chica de ojos olivo y sonrisa perfecta me mira desde el suelo sobándose, atino a colgar la llamada y le extiendo mi mano para ayudarla.
-¿Estás bien?
-Sí, lo estoy -al tomar su mano juro que sentí como si un millón de fuegos artificiales explotaran en mi cuerpo, la levanté como si fuera una pluma y quedamos frente a frente, olía a cereza y algo más que no sabía describir-¿Me suelta, señor?
-Perdón, estaba distraído y no te vi.
-Me imagino, con permiso.
¿Qué había pasado aquí? ¿se había molestado? Pero si le ofrecí disculpas por haber chocado con ella.
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