Capítulo 3

Emma se quedó congelada por un momento, con su mente acelerándose con toda clase de pensamientos.

¿Por qué Ricky todavía no había firmado los papeles?

¿Acaso cambió de opinión? ¿O existía la posibilidad de que ya no quisiera el divorcio?

Ese pensamiento fue fugaz y absurdo, por lo que la chica lo descartó rápidamente.

Ricky siempre había deseado deshacerse de ella. Ahora que Nicola se estaba recuperando y tenía edad suficiente para casarse, no había motivos para seguir esperando; seguramente este retraso fue una mera casualidad y no significaba nada en realidad.

"Nos vemos en el Registro Civil mañana a las nueve", le dijo Emma con un tono cortante, sin dejar lugar a ninguna objeción antes de finalizar la llamada.

Esa noche, el sueño la eludió; la chica permaneció un rato considerable sentada en el borde de su cama, con la mente hecha un desastre mientras tenía la mirada perdida en la oscuridad de la noche. Por la mañana, su cuerpo se sentía todo entumido, pero se obligó a moverse; se duchó, se cambió de ropa y aplicó en su rostro una delicada capa de maquillaje. Sin importar lo que sucediera hoy, necesitaba lucir lo más serena posible, incluso si su corazón estaba hecho pedazos. Cuando llegó al Registro Civil, respiró profundamente mientras esperaba.

Los minutos se convirtieron en una hora, pero no había señales de Ricky por ningún lado.

Un nudo de inquietud se apretó en el pecho de Emma; cuando le marcó, el tono de espera no dejó de sonar desde el otro extremo.

Abrumada por la frustración, salió furiosa del lugar y se dirigió directamente a la sede del Grupo Jenner; ignorando las protestas de la recepcionista, entró en el ascensor y subió al piso donde se encontraba la oficina de Ricky.

Cuando el hombre regresó a su oficina después de una reunión, encontró a Emma sentada en el sofá de cuero, con el rostro pálido pero marcado por la irritación.

"¿En qué momento llegaste?", le preguntó, sin inmutarse ante su presencia. Era como si hubiera anticipado que ella haría acto de presencia. Con toda la calma del mundo, Ricky se acercó a su escritorio, abrió un archivo y comenzó a revisarlo, sin dirigirle la mirada a su esposa.

"Hace aproximadamente media hora".

"Por favor, espera un poco más".

La voz de Ricky llegó en un tono indiferente mientras continuaba absorto en su papeleo, dejando en claro que atender a la chica no era su prioridad.

Emma pudo sentir cómo la furia hervía y subía hasta su pecho, amenazando con desbordarse.

"¿Por qué estamos haciendo esto?".

Ella lo estuvo esperando en el Registro Civil durante una hora, con la esperanza de finalizar el divorcio y darle un cierre a su relación. Sin embargo, a pesar de que había ido a verlo directamente a su oficina, él insistió en hacerla esperar.

¿Acaso estaba haciendo esto para demostrar lo poco que le importaba? ¿Su esposa valía menos que los papeles que estaba revisando en ese momento?

"¿Qué es lo que quieres?", la voz de la chica se elevó y su frustración finalmente fue externada, rompiendo la fría indiferencia de Ricky.

Él alzó la mirada, mirándola con una expresión tan ilegible como siempre. "Te dije que debías esperar un poco más".

Emma no iba a tolerarlo; su paciencia ya se había agotado.

"¡Ya estoy cansada de esperar! ¡Quiero que el divorcio se concrete hoy mismo!".

"Eso no va a pasar".

El cuerpo de la chica se paralizó y su mente se quedó en blanco mientras esas palabras la golpeaban como un puñetazo.

A Ricky no pareció importarle su reacción, ya que terminó su trabajo con calma, sacó los papeles del divorcio del cajón de su escritorio y caminó hacia ella.

Sin decir una sola palabra, los hizo pedazos ante su mirada incrédula.

"Seguirás siendo mi esposa. ¿No es eso lo que querías? Se supone que me amas, ¿no? Hiciste un gran esfuerzo para convertirte en la señora Jenner, ¿o me equivoco? Bien. Eso solo es tuyo y nadie más podrá quitártelo", dijo Ricky con los ojos ardiendo de ira.

El corazón de Emma se aceleró y su mente dio de vueltas. Ella ya había firmado los papeles y Nicola estaba mejorando. ¿Por qué Ricky ahora estaba haciendo esto?

Durante dos años, este hombre no le mostró nada más que indiferencia, ansioso por alejarla. Entonces, ¿por qué cuando finalmente tuvo la oportunidad, se negó a dejarla ir?

"No te entiendo. El divorcio fue idea tuya", dijo la chica mientras su orgullo se disolvía. "Ya puedes regresar con Nicola. Yo dejaré de ser un estorbo en tu vida. Por favor, firma el divorcio y déjame ir", le pidió ella con unas palabras cargadas de desesperación.

Ya había tomado la decisión más dura en su vida: hacerse a un lado por el bien de todos, incluso si eso la dejaba destrozada.

No fue nada sencillo, pero se había preparado para este momento.

"¿Dejarte ir?". Los labios de Ricky se torcieron para formar una sonrisa burlona. "No será tan sencillo".

La frustración de Emma se intensificó. "¿Por qué de repente estás en contra del divorcio?".

"Solo estoy siguiendo los deseos de Nicola".

"¿Qué?". Los ojos de la chica se abrieron de par en par y la incredulidad la invadió. "¿Qué quieres decir con que mi hermana quiere que hagas esto?".

"Sí, ella quiere que nos quedemos juntos y que seamos felices".

La ira de Emma estalló: "¿Que seamos felices? ¿De qué hablas?".

"Ella opina que deberíamos hacer las paces y esforzarnos para que nuestro matrimonio funcione. Eso es lo que desea para nosotros".

La fría sonrisa de Ricky se desvaneció rápidamente y regresó a su expresión indiferente habitual.

Sin embargo, debajo de esa fachada, su mente estaba lejos de estar tranquila. Él no era un objeto que pudiera cederse o compartirse entre dos mujeres; sus decisiones eran suyas y nadie más tenía derecho a tomarlas.

En cuanto a Emma, seguía luchando por entender en qué estaba pensando su esposo; por un momento pensó que él solo estaba haciendo esto por alguna promesa que le hizo a Nicola, pero nada de eso tenía sentido.

"¿Qué sucede contigo? ¿No quieres estar con Nicola?".

La pregunta pareció tocar una fibra sensible, ya que la expresión del hombre se tornó sombría de inmediato y su serenidad se hizo añicos. "Ve a empacar tus cosas ", le ordenó con frialdad.

Emma parpadeó confundida. ¿Le estaba pidiendo que volviera a su casa? ¿El mismo hombre que la había echado hacía apenas un mes con una firme determinación?

"Ricky...".

Antes de que la chica pudiera decir más, su esposo le espetó con unos ojos que ardían de ira: "¿Por qué sigues ahí parada? ¡Apresúrate y vete!".

Emma tragó saliva con fuerza, aturdida por la intensidad de su furia; no podía entender qué acababa de suceder, pero lo que sí sabía era que cualquier protesta solo empeoraría las cosas.

Ricky se dio la vuelta y caminó hacia uno de los ventanales. Una vez allí, encendió un cigarrillo; dando una larga calada y con una mano en el bolsillo, contempló la ciudad de espaldas a Emma. El humo se alzaba a su alrededor en silencio.

Cuando terminó y se dio la vuelta, su esposa ya se había ido.

Ella se marchó silenciosamente, sin dejar nada atrás excepto una taza medio vacía de café frío sobre la mesa y la pila de papeles de divorcio rotos.

Durante dos años, Ricky había estado esperando este momento, el final de su matrimonio.

Incluso redactó los papeles del divorcio dos meses atrás, preparados por su asistente de más confianza, faltando únicamente las firmas finales que harían oficial su separación definitiva El hombre pensó que se sentiría aliviado, concluyendo con su matrimonio sin dificultades, pero después de que Emma firmara los documentos, algo comenzó a carcomerlo por dentro. Ahora lo invadía una extraña inquietud que no podía suprimir.

¿Fue realmente porque Nicola quería que permanecieran juntos? ¿O había algo más? Ricky ya ni siquiera sabía qué era lo que él quería.

——

La brisa de finales de otoño era cortante, envolviendo a Emma en un intenso frío que apenas notó mientras deambulaba sin rumbo por las calles, perdida en sus pensamientos y sintiéndose como una sombra de sí misma.

Vagó hasta que se encontró parada una vez más frente al Hospital Ecatin.

No podía recordar cuántas veces había terminado en este lugar, impulsada por la urgencia de ver a Nicola pero siempre deteniéndose antes de hacerlo; después de permanecer parada afuera de la entrada durante lo que parecieron horas, viendo cómo el mundo continuaba con su rumbo, finalmente reunió la determinación suficiente para entrar y dirigirse directamente al edificio de pacientes internados.

Tomando el ascensor hasta el piso donde estaba Nicola, la chica siguió su rutina habitual, deteniéndose justo afuera de la puerta de la sala y mirando a través de la ventana de cristal.

Su hermana se veía mejor y de muy buen humor mientras comía con más energía; la cuidadora le limpió la cara y las manos después de que terminó, con la joven volviendo a acomodarse en la cama para después jugar con su celular, esbozando una sonrisa tan dulce como siempre.

Verena rondaba cerca, reprendiendo a su hija con un tono severo, instándola a guardar su celular para que descansara más.

"Pero estoy viendo el programa que protagoniza Emma", dijo Nicola con una suave sonrisa. "Quiero terminar de verlo".

La expresión de su madre se agrió. "¿Otra vez Emma? Ni siquiera se ha tomado la molestia de venir a visitarte, pero tú sigues hablando de ella".

"Las actrices son personas muy ocupadas, así que la entiendo. Iré a visitarla en cuanto me den de alta. Si tengo la oportunidad, también quiero ir a una de sus sesiones", comentó Nicola con un tono esperanzado.

Verena resopló con frustración. "Por supuesto que no. No irás a verla. ¿Por qué molestarte en prestarle atención a alguien tan egoísta como esa chica? Tú no le importas en absoluto. Incluso te robó a tu hombre. Mejor concéntrate en olvidarla. Recuerda que te casarás con Ricky en cuanto seas dada de alta".

El rostro de Nicola decayó y la calidez desapareció de su sonrisa. Sacudiendo la cabeza suavemente pero con determinación, respondió: "No me casaré con Ricky. Él ya le pertenece a Emma".

"¡Pero ellos se van a divorciar! Ya pasaron dos años", dijo Verena en un tono severo, esforzándose por contener su frustración.

"Lo sé", respondió su hija en voz baja. "Pero Ricky no lo ha mencionado todavía. Creo que… quizá él ya no quiere divorciarse".

Fue ahí cuando la paciencia de Verena se acabó. "¿Hablas en serio? ¿Por qué siempre piensas en el bienestar de todos demás excepto en el tuyo? Si él no menciona el divorcio, ¡tú tienes que presionarlo! ¡Ricky te ama a ti, no a Emma!".

Nicola bajó la mirada y habló con una voz cargada de resignación: "Mamá, mi salud no es estable. El médico me advirtió que si llego a recaer, podría no ser lo suficientemente fuerte para resistir otro trasplante. La quimioterapia podría ser mi única opción… pero tengo miedo de no resistirla".

La ira de Verena vaciló y su expresión se tensó con una mezcla de miedo y frustración. "El médico dijo que solo es una posibilidad. No empieces a perder la esperanza pensando en hipótesis intangibles".

"No he perdido la esperanza", susurró Nicola con una voz ligeramente temblorosa. "Pero si Ricky no quiere divorciarse, ¿qué más puedo hacer? No puedo pedirle que deje a Emma. No quiero obligar a nadie".

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