Capítulo 3
La chica que estaba sentada frente a la mesa de James, en la cafetería, sonrió de forma coqueta jugando con su cabello. Hacía rato que había notado su mirada fija en él, sin embargo, no era algo que le importase mucho.
— Ella está urgida. En cualquier momento saltará a la mesa— murmuró Ivanna retocando su labial.
— Fácil, rápida y sin complicaciones. Esa es la relación que busca— habló Collins luciendo una sonrisa coqueta.
Últimamente las chicas de su edad solo estaban interesadas en chicos que quisiesen encontrar diversión de una noche, por lo general buscaban salir con universitarios. Coqueteaban abiertamente con ellos, insinuando que no había problemas si solo se trataba de unos cuantos toqueteos, cosa que a James le desagradaba porque cuando se le acercaban, esperaban obtener lo mismo de él sin remilgos.
Ivanna era una de ellas, una chica promedio que ocupaba su atractiva figura para tener a un chico diferente cada tercer día. Ella había llegado con la intención de tontear con él y obtener algo más que palabras bonitas. Al principio todo era un juego, había besos y en su momento sus manos se salían de control, no obstante, eso comenzó a ser real para ella y entonces ese desliz se convirtió en una locura.
— ¿Puedes pedirle que pare? — Preguntó molesta, con el ceño fruncido—. Ella no puede mirarte. No debe mirarte, alguien tiene que decirle que tiene que dejar de hacerlo.
— Claro, debo ir y decirle que deje de verme solo porque tú lo dices— respondió mientras revisaba su celular, a veces solo se dedicaba a ignorarla porque no había motivos para que ella se pusiese celosa. Entre ellos no había nada.
— Al menos podrías no mostrar interés— se quejó furiosa.
— ¿Por qué no solo asimilas que James y tú no son nada? Eso podría evitar que tu jodida actitud no se altere— le sugirió Collins.
Ivanna respiró hondo conteniendo las ganas de seguir hablando, se puso de pie y apretó sus labios saliendo del lugar con la molestia en su rostro.
>> ¿Crees que Jessica sea otra Ivanna? — Preguntó trayendo al presente el pedazo de papel que estaba doblado dentro de la bolsa de su pantalón.
— Lo que creo es que nunca dejas de meterme en asuntos de mierda.
Él sonrió cruzando sus brazos sobre la mesa y se inclinó hasta estar cerca de James sin borrar su sonrisa. Recordaba muy poco de la noche anterior, solo tenía presente que había arrojado su celular a la alberca.
— Nunca dijiste que no lo harías— murmuró pareciendo un niño fastidioso.
— Tampoco dije que lo haría.
— ¿Por qué no intentas dar el primer paso? — Es lo que dijo antes de dejar a James solo.
A los pocos segundos alguien se detuvo a su lado conversando junto a una chica que escuchó suspirar con la vista perdida en la bandeja de su almuerzo.
— También pudiste haberlo conocido un poco, lo ignoraste toda la noche.
La joven se encogió de hombros ignorando por completo lo que le estaba diciendo. James dirigió sus ojos al rostro pálido de ella, quien lo observó detallándolo con la misma libertad que él lo hacía, el color en las mejillas de Jessica era algo que siempre le había llamado la atención y que decir del tono intenso de sus ojos, secretamente buscaba oportunidades de encontrarse con su mirada. Sonrió amable, disfrutando de su atención, llevó su mirada hasta sus labios rojos al natural, esos que para su gusto parecían un atractivo muy provocativo, y por un momento pensó en que realmente debía golpear a Collins por haber hecho una lista tan estúpida. Su amiga frunció el ceño confundida, dirigiendo su mirada hacía James, tomándolo por sorpresa.
>> Voy a buscar asiento— dijo captando la atención ambos, esperando verlo desocupar la mesa.
— Están de suerte, podemos compartir— habló sonriendo hacia Jessica, lo miró devolviéndole el gesto.
— ¿James está siendo amable con nosotras? — Cuestionó Nicole esperando escuchar hablar a su amiga. Había notado que ella reaccionaba de una forma interesante frente al joven de ojos verdes, pero era algo que no estaba presente dentro de sus pláticas.
— ¿Has tenido un día duro, Nicole?
— Estoy dudando de tu amabilidad porque eres un imbécil. Juntarte con César solo lo reafirma— sonrió, muy pocas veces hablaba con él.
— ¡Nicole! — Exclamó Jessica tomando asiento.
— Es la verdad.
— Estoy posponiendo un proyecto de literatura porque necesito tú ayuda— comentó dirigiendo su atención a la joven de ojos grises.
— El problema es que no llevamos literatura.
Susurró apenada y Nicole rio, reafirmando lo estúpido que podía llegar a ser, antes de morder su emparedado e ignorarlos por completo.
[...]
Tomó el cuaderno en sus manos, Jessica había olvidado llevarlo consigo cuando se retiraron de la cafetería, echó un rápido vistazo a las hojas y sin darse cuenta había encontrado el fragmento de una historia erótica escrita por ella en la última hoja.
"— En toda mi vida he sido un santo. No sabía lo que era pecar hasta que usted llenó de pensamientos libidinosos la tranquilidad de mi mente— ella tembló bajo el hábil roce de sus dedos. Su respiración se disparó absorbiendo el cúmulo de sensaciones al sentirlo explorar la intimidad de su sexo. Se aferró a su espalda y el marqués la besó con vehemencia abrasando la carnosidad de sus labios.
Había anhelado su cuerpo con arrebato. Tanto, que tenerla bajo su piel le resultaba alucinante. La doncella lo observó rogándole clemencia. El placer la carcomía instándola al acto primitivo de su cuerpo, la unión calcinante de la sensualidad.
—Ya he profanado en la intimidad de mi ser de la manera más impúdica— respiró sobre sus labios acalorada y ruborosa. La mano del hombre acunaba sus senos sujetándolos con adoración. Ajeno a la realidad.
—Que la clemencia de su pecado llene de júbilo un acto tan natural y que el señor piadoso solo considere la necesidad de tan ferviente deseo como la tranquilidad que purifica el sendero del devoto
En respuesta, la cordura que conservaba la abandonó con asombro. El marqués la complació enardeciendo su ingenuidad, haciéndola teñir sus mejillas de sangre con el sonrojo de ellas. La joven estaba infringiendo la firmeza autoritaria de su dama de compañía desperdigando la ansiedad de su avidez.
Una de sus amigas yacía casada, la veía feliz y cuando la visitaba no tardaba en contarle lo fascinada que estaba de su marido. Sabía que ella también ya contaba con edad suficiente como para desear que un hombre la tocase con vehemencia. Sus pensamientos trastornados por el tórrido de sensaciones clamaban con ansía la posesividad de su ardiente virilidad.
—Siendo así, ocupe acallar las súplicas de tan sublime anhelo.
—Que sea efímera la contundente bruma del éxtasis. No consume el enigmático capricho indecoroso con el que la imagino gimiendo ante el arrebato efervescente de la lujuria.
La doncella gimió frente a la decisión de sus manos. Presa absoluta de su deseo, sintiendo aquellas caricias quemándola por dentro que ni siquiera lo detuvo cuando la besó con arrebato guiando sus dedos con brío en el interior de su feminidad. Sus respiraciones disparadas apresaban el límite de lo desconocido, cosquilleando cada centímetro de su caliente piel..."
Sus ojos se abrieron dejando a un lado sus deberes, continuó con la lectura comenzando a notar que hacía calor a su alrededor.
— Deberías estar consiguiendo una cita con Sparks.
Respiró hondo antes de responder con fastidio.
— ¡Carajo Collins! Me has jodido toda la puta semana con lo mismo.
— Ya lo sé, soy un jodido dolor en tu culo, pero no puedo hacerme cargo de ti por mucho tiempo.
— Supongo que ha de ser algo difícil para ti— habló con ironía.
— Thomson, no me avergüences— advirtió más divertido que serio—. Estoy poniendo mi orgullo en juego. No descuides este negocio, recuerda que lo haces para ayudar al prójimo.
— Jódete, es tu puto beneficio— se sentía acalorado, pero con Collins ahí solo podía concentrarse en lo cabreado que estaba con él —. Todos piensan que juego con las mujeres por tu estúpida lengua que lo único que sabe decir son tonterías. Ni siquiera he estado dentro de una relación, pero toda la escuela cree que me dedico a coleccionar chicas. Por una vez en tu vida te voy a pedir que solo dejes de abrir tu bocota.
— Será mejor que comiences acercarte más a ella.
No respondió, hablar con él era peor que hablar con un sordo. Siguió con sus deberes hasta que su celular anunció que había recibido un mensaje de texto:
"¿Un helado? Hay una película en el cine que me gustaría ver contigo, después podemos pensar en ir a tu habitación.
Necesito ayuda con la tarea de Anatomía".
Borró el mensaje de Ivanna sin responder. Pasaron unos minutos cuando se dio cuenta de que su amigo lo había dejado solo.
Caminó hacia la salida del lugar encontrándose con Jessica tomando una siesta sobre las páginas de su libro.
— Oye Jessica— llamó sorprendiéndola— saldré por un café, tal vez podamos ir juntos.
— James— ella lo miró confundida, clavando su intensa mirada en su rostro—. ¿Te sientes bien?
— ¿Por qué no lo haría? — Cuestionó por lo bajo.
— Porque estudiamos juntos desde el jardín de infantes y es el primer año que recuerdas mi nombre.
Apretó sus labios disgustado, por supuesto que recordaba su nombre, tenía vagos recuerdos del jardín de infantes, incluso fotografías en las que ella aparecía. Sabía lo suficiente como para pretender tener una buena charla de amigos, sin embargo, jamás había intentado tener una amistad con ella.
>>Gracias, pero tengo la tarde ocupada— respondió tomando sus cosas.
Sus ojos grises lo observaron por un instante, apartó rápidamente su vista de él mirando hacia un lado y luego al otro encontrando el lugar completamente vacío.
Por un momento se sintió tentado a invitarla a salir, pero descartó la idea rápidamente con una fugaz despedida.
Miró la hora en su celular, sabía que seguirle el juego a Collins traería consigo consecuencias. Ya le había dejado claro que él no era de los que iba por la vida jugando con las chicas, pero a su amigo aquello le parecía un juego interesante. Mientras salía de lugar recordó un punto en la lista que especificaba "Solo jugarás con ella", jodidamente él no podía hacer eso porque estaba consciente de que sentía una atracción hacia Jessica que no le había confesado a nadie.
Solía ignorar el hecho de tenerla como compañera de clases, pero no podía ignorar lo atractiva que ella lucía ante sus ojos. Todos, excepto Ivanna hablaban muy bien de ella. Joseph, un chico de segundo año, había estado dejando rosas en la puerta de su casillero, curiosamente todas terminaban en manos de su amiga Nicole, algo que a Jessica no parecía importarle.
— Bueno, lo intentaste. Tal vez la próxima vez consigas que ella acepte.
James frunció el ceño ante las palabras de su amigo. Algún tipo de magia estaba utilizando porque era tan sigiloso que no notaba su presencia, se le estaba apareciendo como los duendes.
— Muy bien, toma tu jodida lista y déjame en paz— Collins rio obteniendo un golpe en la cara con una bola de papel.
— No sé si lo has notado, pero Jessica te mira con un brillo en los ojos.
— ¿Todo bien con tu cabeza? Debí darte más duro— siseó.
— Vas a joder la apuesta, Thomson— canturreó balanceando su peso sobre sus pies, guardando la hoja en la bolsa de su pantalón—. Pero esto será divertido. Ustedes lo son, par de tortolos ingenuos.