Capítulo 2
Sus sueños estaban cargados de mucha intranquilidad, desde que Drew Penfoll, se había colado en su mente a toda hora, no podía tener una noche plenamente tranquila, en la que no despertara deseando tenerle con ella.
No era justo, ya que posiblemente el descarado de Drew no se viese afectado por ella en los mas mínimo.
Isabdiella abrió los ojos a un nuevo día, se estiró y sonrió.
—Gracias Alá, por un nuevo día. — restregó sus ojos. Se levantó y fue directamente al baño de sus habitaciones. Después de hacer sus necesidades y asearse como corresponde, después de rechazar la ayuda de Leisha. Estaba lista para afrontar un nuevo día. Se observó en el enorme espejo, el Caftan rosa la cubría con una innegable elegancia, el cinturón dorado hacia un pequeño ajuste a su hermosa figura. Hizo un rápido recogido en su cabello, no se aplicó maquillaje alguno, sonrió al recordar las palabras de su prima; " Eres una Princesa demasiado simplona" otra persona tomaría las palabras de Zahiry como un afrenta, pero no ella. En el fondo su prima tenía un poco de razón; era sencilla, usaba maquillaje sólo en ocasiones especiales, no recargaba su atuendo con oro y joyas preciosas, sólo usaba una fina cadena de oro en su cuello quien sostenía un letrero dorado con su nombre. Nada demasiado ostentoso.
En definitiva Zashirah y ella si parecían simplona ante la siempre magnífica, maravillosa e impoluta Zahiry. Leisha, llamó a su habitación y luego de entrar dejó sobre la pequeña mesita un servicio de té.
—¿Necesitará algo más, Alteza?— preguntó en tono dulce.
—No Leisha, así está bien— le dedicó una hermosa sonrisa.
—En ese caso, me dedicaré a mis actividades matutinas, estoy a su disposición— hizo una pequeña inclinación con su cabeza.
—Tranquila Leisha, sé donde encontrarte— La joven se retiró dejando la sola por algunos minutos, ya que después de un firme llamado la puerta volvió a abrirse. —¡Papi! —corrió a los brazos de uno de los hombres que más amaba.
—Buen día, mi niña, Alá nos ha prosperado un día maravilloso— Zabdiel, abrió los brazos sonriente para luego estrechar con fuerza a su pequeña hija— ¿Cómo amanece la Princesa más hermosa de Norusakistan y todo Oriente medio?
—¡Por Alá!— río feliz y depositó un beso en la mejilla de su padre— Amanezco muy bien, padre. Ahora apresurémonos, te esperaba para nuestro café matutino.
—Como siempre— Zabdiel sonrió y apartó la silla para que su hija tomará asiento. Amaba ese hábito, ir a darle los buenos días a su hija, tomar el té o café con ella y conversar un poco.
—Como siempre— ratificó ella. Sirviendo ambas tazas y entregándole a su padre la que le correspondía. —¿Mucho trabajo para el día de hoy?
— En lo absoluto, tesoro— Zabdiel debió de su humeante taza— Afortunadamente para mí, tu hermano dirige muy bien las actividades Norusakistanas.
—Es un Soberano Magnífico — aseguró ella — debes estar muy orgulloso de Jamal.
—Lo estoy. También de ti, eres una Princesa magnífica, la hija que cualquier padre desearía tener — ella sonrió con dulzura ante el orgullo y profundo amor que se profesaban — tu hermano y tu, son mi mayor orgullo, Della —así la llamaba cuando era una pequeña niña— no pude haber deseado hijos mejores.
—Ni nosotros, mejores padres— acarició su mano— todos hemos sido bendecidos por Alá, ha sido muy bondadoso al regalarnos una familia tan hermosa.
—Así es— bebió de su café.
— ¿Y usted, Alteza?, ¿tiene planes para hoy?
—Sí—sonrió— iré a la escuela de niñas. Quiero supervisar las actividades de éste mes y asegurarme de que todo se lleve a cabo.
—Magnífico.
—La profesora me ha asegurado que un par de padres querían incorporar a sus pequeñas, así que espero nuevos ingresos— sonrió enormemente.
—Heredaste el entusiasmo de tu querida madre, sin lugar a dudas. Ambas aman los proyectos que beneficien al pueblo.
—Ambas amamos al pueblo— aseguró ella— Norusakistan es importante para mi— desvió su mirada y se perdió en el ancho desierto— agradezco ser su Princesa y poder aportar tanto.
— El pueblo te agradece tanto amor, realmente te quieren.
—Soy feliz por ello, papi. Ahora que acabamos el café, apresurémonos. La familia de seguro estará esperándonos— Efectivamente esperaban por ellos para desayunar. Después de los respectivos saludos, todos se sentaron a la mesa a disfrutar del desayuno
—Se ve usted radiante hoy, Excelencia— Ivette halagó a su sobrina.
—Muchas gracias, tía. Debe ser la felicidad.—Seguramente— dijo Zahir en tono burlón, ganándose una mirada de reproche por parte de su esposa.
—Majestad— Zabdiel, habló a su hijo y Nael enfocó en él su mirada— ¿Ha logrado concertar la cita con el Emir del oeste?
—Así es, padre. Al igual que con el sultán Yabsan, nos reuniremos mañana después de la comida. Norusakistan ha servido de ejemplo a estos dos pequeños pueblos y desean nuestra orientación y ayuda para el crecimiento de su pueblo.
—Eso es maravilloso— intervino Isabella. —Gracias a Alá, que muchos comienzan a entender que modernizar un poco nuestras Naciones no significa renunciar a nuestras raíces — Isabdiella sonrió feliz— sino que es fortalecer el pueblo, ayudarnos a crecer.
—Así es, Alteza— Nael sonrió— y saber que Norusakistan ha sido fuente de inspiración, me lleva a sentir mucho orgullo. El arduo trabajo de años, de ésta familia, da unos maravillosos frutos. Yabsan, ha dicho que planea instalar una pequeña escuela al norte, realmente su gente se lo agradecerá.
—Hablando de escuelas— intervino Isabdiella— hoy iré a la escuela de niñas, quiero recibir reportes y cerciorarme de los adelantos de este mes. Tendremos nuevos ingresos.
—Eso es maravilloso— aseguró Zashirah— si me lo permites, me encantaría ir contigo.
—Yo complacida con tu ayuda, prima.
—Creo que tu eres la gemela de Zashirah y no yo— dijo Zahiry— son tan. . . idénticas en gustos y conductas. ¡Por Alá! — gimió — Vamos de compras o algo así.
—Tu falta de compromiso comienza a ser preocupante— dijo Ivette, mirando seriamente a su hija.
—Lo ha heredado de mi— dijo Zahir con descaro— Pero ya verás. Será una princesa completamente comprometida con su pueblo cuando llegue su momento. Como digna hija mía.
—Por ello es que no termina de madurar y crecer— Ivette frunció el entrecejo— no dejas de justificarla, de apoyar sus caprichos, llegará el momento en que tendrás que negarle algo.
—No lo creo— dijo Zahiry— mi papi, es muy bueno.
—Ya lo veremos cuando llegue el momento— dijo Ivette zanjando el tema.
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Isabdiella y Zashirah, llegaron al pequeño, pero cómodo colegio de niñas. Las recibió una mujer ya adulta que a pesar de ser muy tradicional al estilo de vida del Oriente medio, apoyaba el crecimiento del país, la modernización de algunas áreas y sobre todo la educación femenina.
—¡Altezas! — exclamó la dulce mujer — Que honor recibirles.
—Es todo un gusto estar aquí—aseguró Zashirah sonriendo.
—Así es— aseguró Isabdiella— veníamos a saber como andan las cosas por aquí— ambas Princesas tomaron asiento.
—Las cosas van muy bien. ¿recuerda usted lo que le había dicho de los nuevos ingresos, Alteza?
—Por supuesto, quisiera saber sobre eso.
—Todo ha salido excelente, ésta mañana hemos tenido tres nuevos ingresos, cada vez se suman más niñas y eso es maravilloso.
—¡Bendito sea Alá! — dijeron ambas Princesas. La conversación siguió por unos veinte minutos organizando nuevas estrategias que logren captar a más jovencitas, con la finalidad de tener futuras mujeres con una educación superior, o promedio, al menos.
Luego salieron en dirección a Palacio.
—¿No irás al hospital?
—No, Zashirah. Hoy me quedaré en Palacio a descansar. Quiero conversar con mi padre y con Nael, para la propuesta de una capacitación en el área de la fotografía; mi madre podría ayudarme en eso. Iré al hospital otro día.
—¿Te has peleado con Hassan?
—¡Por Alá, claro que no!- la miró directamente a los ojos- Hassan, es un hombre maravilloso. Es sólo que. . .
—Se acerca demasiado— la interrumpió— amenaza tus emociones y tu estabilidad.
—No. . .Si. . .No, bueno no sé.
—Será entonces que Drew. . .
—Ya basta con ese tema— frunció el ceño- no quiero hablar más de Drew. Entiéndanlo, él es el hombre menos indicado para mí. Es desenfadado, mujeriego, descarado y tiene un serio problema para adquirir compromisos de cualquier tipo. Yo soy una Princesa, una Norusakistana comprometida con el deber y mi pueblo, somos polos opuestos. Si hay alguien que realmente me amenaza es Drew Penfoll, no Hassan— estaba agitada y parecía enojada.
—Pero te gusta— Zashirah, se encogió de hombros y la miró con una traviesa sonrisa.
—Eso es lo que menos importa, Zashirah.
—Yo creo que es lo que más importa. Hassan no hace brillar tus ojos como Drew.
—¡Por Alá, déjame en paz!— frunció los labios— no quiero hablar de él — Se giró y con paso apresurado salió de la escuela, los guardias miraron su cara, pero nadie se atrevió atrevió decir absolutamente nada. A fin de cuentas; ella era la Princesa de ese país y debía ser respetada. Zashirah sonrió con pesar, Isabdiella sentía por Drew, más de lo que estaba dispuesta a admitir
Capítulo 3
Amaba a su familia, pasar tiempo todos juntos, compartiendo el te de jazmín, un vino, o sencillamente un momento en familia, pero también amaba esos momentos de intimidad, como ahora, cuando podía vagar por una habitación y dedicarse solo a pensar ya pensar.
Isabdiella suspiró pesadamente mientras sus ojos se deslizaban con letargo sobre la amplia pared cubierta de retratos hechos por su propia madre. Antes de que se casará con su padre, había sido una excelente fotógrafa del mundo occidental, había viajado mucho y había fotografiado lugares únicos, algunos a los que ningún hombre se aventuró a ir. Luego de casarse y convertirse en la Soberana de aquel exótico país, su pasión por la fotografía había disminuido un poco ya que no podía ejercerla con libertad absoluta, no podía simplemente abandonarlo todo y viajar a África, Siberia o algún otro lugar para realizar un álbum fotográfico, pues era una Reina dedicada al bienestar de su pueblo, sin embargo, la familia se convirtió en su centro de atención y la cámara no dejaba de enfocar los mejores momentos de los integrantes de la familia Real.
Sus ojos viajaron por las fotografías, aquel era su lugar favorito de Palacio; El cuarto de la felicidad, y sí, eso era. Sin poder evitarlo su mirada de detuvo en una foto de Drew Penfoll, aunque se le ve aún muy joven, casi pueril, sus lindos ojos resaltaban en la fotografía y parecían mirarla con ardor. Aún recordaba esos encuentros con él, encuentros que nunca debieron suceder. Besos, caricias, besos y más caricias. . .
Drew, era un descarado sin remedio y si se lo hubiese permitido, hubiese llegado muy lejos en sus furtivas caricias, en los momentos en los que se aprovechaba de su absoluta debilidad.
Él no le convenía.
Lo sabía, lo tenía muy claro, sin embargo no podía evitar esa sensación cuando le veía o le pensaba y debía asumir que lo pensaba mucho, más de lo que quisiera reconocer. No. No le convenía en lo absoluto. Cerró los ojos y sin poder evitarlo, recuerdos vinieron a su mente. Esa boca moviéndose sobre la suya, esos brazos brindándole refugio.
—Basta Isabdiella Mubarack— se reprendió mientras abría los ojos— es suficiente. Es suficiente, ¡Por Alá, debes olvidarte de él!
—Lo mismo me pasaba con tu hermano— la voz de la nueva Soberana logró sobresaltarla. Se consideraba así misma como una Princesa bien educada y con modales intachables pero, en ese preciso instante quiso maldecir a voz en cuello su mala suerte.
—Majestad— se giró suavemente para buscar a la portadora de aquella dulce voz— me ha generado usted un susto terrible.
—¡Oh Alteza, no han sido esas mis reales intenciones!— le respondió con burla, mientras hacía delicados gestos con las manos.— ¡Tonterías, éste no es un acto público así que deja los formalismos!
—Sé lo que vas a decirme y. . .
—Y no quieres escucharlo— se adelantó.
—Exactamente, Vanessa—caminó y se sentó en uno de los cómodos sillones— lo hemos conversado lo suficiente.
—Lo quieres— le aseguró— ¿Qué hay de malo en eso?
—Que no debo hacerlo— sus hermosos ojos la miraron fijamente— no debo hacerlo, Vane.
—Se que mi hermano parece ser. . . No una buena opción— dudó como decirlo— pero te aseguro que es bueno.
—Nunca he dicho lo contrario— se acomodó en el cómodo sillón para darle lugar a su cuñada— pero debes entenderme.
—Lo hago, créeme que lo hago. Isa, yo misma luche contra mis sentimientos por Nael.
—Sí, pero él te correspondía— argumentó con algo de tristeza.
—No siempre supe que lo hacia— le recordó con una triste sonrisa— los primeros años sufrí en silencio porque creí que no era lo suficiente buena para él y para el pueblo. Drew. . .— dudó— es diferente, pero bueno.
—Drew, es mujeriego, arrogante, prepotente, que sólo quiere llevarme a la cama.
—No digas eso— la miró seria—bueno mi hermano es así y no lo niego pero es bueno. Necesita de alguien como tú; dulce, buena, pero con carácter, cariñosa, eres su complemento perfecto. Tu temple lo equilibraría.
—Tonterías Vanessa, además. . . no me quiere, nunca lo ha dicho, sólo está encaprichado.
—Pero tú si le quieres— retrucó.
—Tengo una especie de relación con Hassan, lo sabes.
—Y el doctor es una persona maravillosa, te adora se le ve en sus ojos. Allí el problema es si tú sientes lo mismo.
—Puedo llegar a sentirlo—auguró.
—Poder, no da seguridad a llegar a hacerlo. Además, no te digo que te lances a los brazos de mi hermano, eso sería una tontería. Pero que al menos evaluaras con sinceridad lo que sientes por él. Si tienen oportunidad de estar juntos no deberían desaprovechada, el tiempo junto al ser que amas es realmente valioso — Isabdiella vio tanto brillo en sus hermosos ojos, la felicidad se le desbordada sin poder ser controlada, aquellos meses de casada de habían hecho madurar aún más. Ahora tenía un exquisito porte, era dedicada a las cosas del pueblo. Siempre supo que sería una excelente Soberana.
—Entiendo y agradezco tu preocupación dulce Vanessa— le sonrió triste— pero he tomado la decisión de mantenerme alejada de Drew Penfoll y eso es lo que voy a hacer.
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—¿Te puedo ayudar en algo?— la voz de Hassan, la sacó de sus cavilaciones.
—¿Qué?, ¿Cómo?— lo miró con ojos enormes.
—Hoy estás sumamente callada, taciturna. No eres así — Hassan la miró con ternura— Si hay algo que te preocupe, quizás yo pueda ayudarte— extendió su mano grande y suave para cobijar una mano de Isabdiella. Ella lo miró fijamente a los ojos, era un hombre sumamente atractivo, caballeroso, bien educado, muy formal, era sin duda alguna, el sueño de cualquier mujer y ella tenía la fortuna de ser la dueña de su corazón, porque él no ocultaba su profundos sentimientos hacia ella.
—No me sucede nada, Hassan— suspiró— es sólo que. . .
—No dudes— le sostuvo la mano con fuerza— bien sabes que puedes contarme lo que sea.
—Lo sé y lo agradezco, pero. . . Hassan, ¿crees que soy buena?
—¡Por Alá, que eres la mujer más buena que he conocido!— exclamó sonriendo— Una prince. . .
—No— le interrumpió— háblame de la mujer, no de la Princesa. Olvídate de mi título, quiero saber lo que piensas de mi como mujer.
— Sabes que mi opinión está parcialidad, sabes cuánto te quiero. Aunque por eso no deja de ser cierto todo lo que voy a decir; eres una de las mujeres más hermosas que he visto. Tienes un cuerpo maravilloso que el caftán en vez de ocultar, no hace más que dibujar con elegancia. Tienes unas manos suaves y delicadas, una nariz perfecta, tienes los ojos más hermosos que haya visto jamás, los más bellos de todo Norusakistan y por si eso fuese poco— sonrió— tienes la mirada profunda y sincera. ¿Y que decir de tu boca?, Labios delicados, inocentes y seductores— con la yema del dedo dibujo la silueta de su labio inferior— parecen jugosos e invitan a ser basados. Enloquecerían al más cuerdo de los hombres que sin dudar abandonaría su raciocinio por el favor de basarlos. Pero ya va, eso no es todo. Porque si eres extremadamente hermosa en el exterior, tu belleza interna sin duda supera tu físico; eres dulce, buena, tienes un corazón enorme, generosa, te preocupas más por otros que por ti y ese altruismo es dulcemente maravilloso, siempre tienes una bondadosa sonrisa para otros, siempre ves el lado positivo de las cosas, eres familiar y no sabes lo que daría por estar dentro de los tres hombres que más amas, aunque comprendo que destronar al antiguo y al actual Jeque no es tarea fácil, ya que adoras profundamente a tu padre y a tu hermano. Y ver cuánto puedes llegar a amar sólo insta a amarte, a querer despertar ese amor en ti, a querer convertirse en el objeto de tu afecto.
—Hassan. . .— susurró contemplándolo anonadada, el concepto que tenía de ella era sublime.
—Te mereces lo mejor Isabdiella, te mereces que te amen con locura, con un ardor tan intenso como el calor del desierto de Norusakistan.
—Gracias— delicadas lágrimas salieron de sus ojos y se realizaron por sus mejillas. Y se lanzó a sus brazos, Hassan los abrió y la estrechó con dulzura contra el calor de su pecho.
La amaba, como jamás había amado a nadie.