Capítulo 2
Caminamos por las calles de nuestra hermosa Marbella después de que Iván comprara la ropa para su casamiento. Él carga la bolsa donde lleva el esmoquin con una gran sonrisa tatuada en su rostro mientras que yo siento que mi corazón se rompe en mil pedazos.
—Hola... — Escucho su voz y miro a mi lado para saber con quién habla, pero noto que está hablando por teléfono, no sé ni siquiera en qué momento ha timbrado su móvil.
—De acuerdo, ya voy para allá, espera. No, es que no voy solo, voy con Mia ¿Te molesta? Me lo imaginaba...— Dice entre risas.
Estoy intentando adivinar con quien habla y que están planeando, pero la verdad es que nunca logro entender nada cuando habla así en clave —¿Dónde vamos?— Le pregunto mientras guarda su móvil en el bolsillo de esos jeans que lleva puestos y tanto me gustan como le quedan.
—A un bar, Enzo y Antonio nos esperan allí para que nos tomemos unas copas— Explica sonriente.
«No sé si estoy de ánimos para ir con ellos.» Pienso y trato de buscar una excusa.
—¿No quieres mejor ir solo?— Le pregunto intentando zafar de la situación.
—¡No! ¿Cómo crees? Además, Enzo está ansioso por verte.— Le encantas me informa tomándome por sorpresa.
«Lo único que me faltaba es que el hombre del cual estoy enamorada quiera hacer de celestino con uno de los socios de su empresa»
—¡Iván! Por favor... no empieces.— Le suplico tratando de que entienda mi punto de vista.
—De acuerdo, pero al menos acéptale una cita o algo al pobre— Me sugiere.
Lo miro un poco más seria y niego —Yo salgo con quien yo quiera ¿entendiste?— Replico y puede que este siendo agresiva, pero es que me frustra su actitud.
—De acuerdo. No me meto más, lo prometo— Me dice levantando sus manos en señal de paz.
[Un rato más tarde]
Después de haber caminado algunas pocas calles, entramos al bar y allí están Enzo y Antonio sentados en una de las mesas altas bebiendo una cerveza —¡Hasta que por fin llegan!— Exclama Enzo mientras que los tres se saludan entre sí.
—Mia, ¿Cómo estás?— Me pregunta Antonio amablemente.
—Bien, gracias ¿y tú?— Le pregunto y se nota a kilómetros de que no tengo ánimos de estar aquí.
—¡Mia! Hace mucho que no te veía, te vez preciosa.— Comenta Enzo dándome un beso en la mejilla.
—Muchas gracias...— Me limito a decir y tomo asiento al igual que Iván.
Las cervezas y los tragos comienzan a pasar por la mesa y la cantidad de vasos vacíos va aumentando a manera que esto sucede. Ya perdí la cuenta de cuantos tragos llevo encima. Lo único de lo que me doy cuenta es de que Enzo no para de hacer chistes para hacerme reír y que su silla se acerca más y más a la mía, para así de esta forma hacer que nuestros cuerpos se rocen.
—¿Por qué no aceptas salir algún día conmigo? Aunque sea una sola vez... ¿Una cena tal vez?— Pregunta con sus ojos fijamente mirando los míos.
—No creo que sea conveniente.— Respondo de la manera más amable posible.
—Por favor... Prometo no besarte.— Habla sonriente.
—Está bien, ¡pero no me vayas a besar eh!— Le advierto y en el fondo no sé si es una buena idea aceptar su propuesta.
—No te besare. ¿Te parece mañana? — Propone y supongo que ya no hay marcha atrás en esta situación
—Mañana entonces...— Accedo.
«Sé que esa salida será perder el tiempo, pero tampoco creo que vaya a perder nada más que eso ¿o sí?» Me cuestiono, aunque no sé a quien estoy intentando convencer y mucho menos de que.
Capítulo 3
[IVÁN]
Abro mis ojos lentamente tratando de adaptarme a la luz del sol que entra por la ventana, pero me cuesta más de la cuenta. Miro a mi alrededor, y me doy cuenta de que estoy en la casa de Enzo, más específicamente en su sala «¿Cómo llegue hasta aquí?» Me pregunto por dentro.
—Amigo, hasta que al fin despiertas— Me dice desde la cocina, la cual se conecta con la sala.
—¿Qué fue lo que paso?— Le pregunto completamente confundido, pero al parecer esta pregunta le ha causado gracia porque no para de reírse.
—Ya te hemos dicho mil veces que no tomes tanto, no estás acostumbrado— Me regaña —Ahora ten, bebe este café— Me sugiere dándome una taza.
Él se sienta en el otro sofá y al verlo, me doy cuenta de que tiene una enorme sonrisa tatuada en su rostro algo bastante extraño en él, ya que siempre esta serio —¿Y esa cara a que se debe?— Me atrevo a cuestionarlo.
—¡Iván, amigo estoy feliz!— Exclama con gran entusiasmo y sigo sin entender nada.
—¿De qué me perdí?— Averiguo.
—Mia, ha aceptado ir a cenar conmigo— Me responde feliz, jamás lo había visto tan entusiasmado por una cena con una mujer.
—¡Eso si son buenas noticias!— Digo animado. Sé muy bien cuanto ha estado esperando este momento, lleva queriendo salir con ella desde que se la presente hace más de un año en aquella fiesta de cumpleaños. Me he cansado de escucharlo hablarme y preguntarme por ella, realmente puede llegar a ser insoportable cuando se empecina con una mujer.
—Si, estoy feliz, pero hay un pequeño detalle— Habla un poco más serio y no sé si preocuparme.
—¿Cuál?— Averiguo.
—Me ha hecho prometerle que no la besaría— Dice y respira profundo —Con las ganas que tengo de besarla no sé cómo hare— Admite y sinceramente no sé que pensar.
«Esto si es extraño, ¿le ha hecho prometer que no la besaría? Aunque en realidad no sé porque me sorprendo, ella es así de única»
—Lo has prometido...— Es lo único que respondo riéndome.
—¡No es chistoso!— Me grita divertido.
—Lo sé, pero más te vale que no hagas nada que ella no quiera ¿entendiste? Ella es como mi hermanita menor y no pienso dejar que le hagan daño— Le advierto ya más serio.
—No lo hare, pero es que es tan guapa...— Dice suspirando como un idiota.
—¡Contrólate!— Le exijo.
—Iván, que tú la veas como una hermanita no quiere decir que el resto de los hombres no la veamos como la mujer que es ¿sabes?— Explica y lo miro como tratando de no prestarle tanta atención.
—Bueno, ya... Solo compórtate bien con ella y no tendrás problemas conmigo— Le advierto una última vez.
—De acuerdo, ahora déjame llevarte a tu casa porque debo hacer unas cosas antes de buscarla— Anuncia y no esperaba que la cita fuera tan rápido.
—¿Saldrán hoy?— Le pregunto sorprendido.
—Sí, así que vamos que te llevo— Insiste y tan solo asiento.
[MÍA]
No es que me guste arreglarme demasiado, en verdad me gusta estar cómoda y con ropa con la cual no tenga que estar pendiente si he mostrado más de la cuenta, pero Nara, mi mejor amiga de prácticamente toda la vida y la cual trabaja en el bar que hay debajo del edificio donde vivo, ha venido a escoger personalmente mi ropa para la cita de esta noche. Ella insiste que debo arreglarme más, que de esa manera hare que el hombre que yo quiera caiga rendido a mis pies «Si tan solo supiera que ese hombre se casa en dos semanas...»
—¡Te ves guapísima!— Dice más emocionada de lo normal cuando termina de maquillarme.
—Solo espero que no hayas exagerado— Le advierto.
—¡Para nada, mírate!— Me alienta.
Me paro enfrente del espejo y no reconozco a la mujer que ha enfrente. Sus ojos verdes resaltan de una manera que nunca lo han hecho antes, su cabello castaño cae perfectamente con en ondas que ella ha hecho y el vestido negro entallado y bastante corto resaltan mi figura; la cual no es muy exagerada, pero si se oculta en la ropa que uso a diario —No me reconozco— Admito algo nerviosa.
—Enzo caerá a tus pies— Habla feliz.
—Ay Nara... No quiero eso— Le confieso, pero el timbre suena y ella me lanza una sonrisa.
—Demasiado tarde, ya está aquí— Me deja saber y solo puedo seguir adelante con este plan que no sé si es el mejor.