Capítulo 2

Me dejo caer en el sofá de la sala, dejo salir mi aliento con pesadez, abro y cierro mis manos por lo entumecidas que las tengo y al enfocar mi mirada al frente, fulmino a quien en este momento me está mirando con la tranquilidad más grande del mundo. Ambos nos miramos fijo, coloco una pierna encima de la otra, me amoldo al sofá y chiteo.

– ¡Oh vamos Frida, no me mires de ese modo! –revoloteo los ojos, vuelvo a mirarle. –Por lo menos estuviste tranquila, ayudándome a mí, al primo que más amas y adoras.

– ¿Cómo demonios puedes soportar a ese hombre? –la incredulidad de mi parte. –Es arrogante y grosero, eso sí, no te niego que esta como para atarlo a la cama y hacerle de todo –este ríe un poco. –Pero ¿Que con su forma de pensar? ¿Mujeres de buen cuerpo y perfectas? ¿En qué siglo vive? –Mark escupe todo el aire retenido en sus pulmones, se inclina, apoyando los codos en sus piernas, me sonríe.

–No es tan malo como lo pintas, hermosa, el señor Hunther tiende a ser noble, como la vez de... –se pone pensativo niega. –No ese día no fue para nada noble –vuelve a pensar intenta hablar, no lo logra. –Mierda, ¿Acaso no ha hecho nada bueno en su magnífica vida?

Ambos escuchamos un carraspeo a nuestro lado, mismo que nos toma por sorpresa y nos altera los nervios. Creímos que estábamos solos en mi departamento, pero ya veo que no, al voltear el alivio me vuelve y sonrió.

–Tía, no tenía idea de que estabas acá –sonrió, se acerca deja un beso en mi frente y una dulce caricia en mi mejilla.

– ¿Y a tu hijo? ¿No le darás amor? –esta le mira de pie a cabeza, niega y toma asiento. – ¡Gracias! –ambas reímos por el drama de Mark.

– ¿De que hablaban? ¿Ocurrió algo mi amor? –me mira y asiento levemente.

–Conocí a un hombre tan idiota, ególatra y como un jodido grano en mi trasero –esta me mira un tanto asombrada, yo señalo a Mark. –El famoso jefe de Mark.

– ¿Ese al que siempre vives tirándole mierda? –abro mi boca de par en par, sonrío.

–Vaya, vaya, Mark Kayenston, mira nada más –me cruzo de brazos, le miro fijo

– ¡Cállate, Frida! –me señala indignado y observa a su madre. –Gracias por el aporte mamá.

Yo rio junto a mi tía Catia, esta se encoge de hombros y vuelve a donde siempre termina cuando viene a mi departamento, la cocina. Nunca se cansa de venir y hacerme un montón de comida para toda la semana, siempre le digo que no es necesario que yo me las arreglo sola, pero ella es tan insistente y la verdad es que es su excusa para venir a verme.

–Solo espero, que este satisfecho con esas fotos –observo a Mark. –Me sorprendió verte volver de la mano de Bera Jelly y Timothy Hunther.

–Bera es una vieja amiga, y ese primo de Bajhor es taaan diferente a el engendro creído ese, gracias a Dios se había marchado porque te juro que la tercera guerra mundial, se hubiera desatado.

El olor a mate nos emboba a ambos y observamos a mi tía venir con tres envases lleno de esto. Le agradezco infinitamente por este cariñito y al darme un sorbo de este líquido amargo, mi cuerpo de inmediato se relaja. Ya los ojos preciosos de ese condenado de Bajhor se me esfumaron y el mal rato que me hizo pasar también, aunque agradezco que no estuvo cuando regrese, hubiera querido que fuera al revés, darle en el pecho y mostrarle todo lo que hice con sus modelos.

Mientras yo disfruto de mi mate mi primo se entretiene contándole a su madre todo lo que ocurrió en mi llegada a la agencia de modelaje y estudio fotográfico Hunther House. Sabía desde un principio quien era Bajhor Hunther, sabia de su egocentrismo y su mala táctica de hablarle a las personas, mas yo fui confiada porque Mark me dijo que él no estaría, pero bueno, cosas ingratas del destino, el idiota estaba y que dolor de cabeza me provoco.

–Oh Dios, Frida mi niña –volteo a ver a mi tía, asiento. –Te han llamado del trabajo, el día de mañana tienes que maquillar y peinar a una novia y sus damas –exhalo con cansancio.

–A veces estoy considerando darme un break –sonrío y niego. –Pero ¿cómo me puedo dar mis gustos si no trabajo? –me coloco de pie, dejo mi taza sobre la mesita de vidrio delante de mí. –Iré a darme una ducha y recostarme un rato, espero que mis dedos entumecidos y mi cansancio reciban buena paga, ¡Eh! –señalo a Mark, este sonríe.

–Bueno o malo tu trabajo, diga lo que diga mi jefe, recibirás tu pago, lo prometo, pero, prima hermosa, para mí, fue un trabajo excepcional –este me lanza un beso yo sonrío. –Te quiero odiosa.

–Te quiero intenso –le sonrío a mi tía. –Están en su casa, gracias por venir tía, te quiero.

Sonriente asiente, yo de inmediato me dirijo a mi habitación. Al entrar observo como a la cama le sale un par de brazos y aclama por mi cuerpo, enciendo mi pequeño estéreo que esta junto a la tv y la voz de Abel, mi hermoso The Weeknd le envía a mi agotado cuerpo esa sensualidad al cantar I Feel It Coming.

Comienzo a despojarme la ropa y busco mi bata de baño, decido utilizar la tina y le aplico algo de jabón líquido de rosas para darme paz y tranquilidad.

Estoy tranquila si Mark y mi tía se encuentran aquí y yo me encierro en mi habitación, ellos son libres de usar mi departamento no tan enorme, pero acogedor. Les he pedido que vengan a vivir conmigo, pero declinan, siempre con eso de que merezco mi propia privacidad, aunque claramente, en algunas ocasiones se queden a dormir aquí. Los únicos que tienen llave de mi departamento son ellos dos, aunque siempre me informan que vendrán, excepto mi tía, que en ocasiones no lo hace para dejar la comida y marcharse y yo no darle el sermón de siempre.

Con la tina lista quito mi bata y me adentro al agua tibia y maravillosa que en este momento cubrirá mi cuerpo. Recojo mi cabello en una cola alta y el agua me cubre hasta los hombros, recuesto mi cabeza al borde de la tina y cierro mis ojos. Mis manos se mueven debajo del agua, un suspiro de mi parte y una corta sonrisa se forma en mis labios.

– ¿Y qué tiene que ver tu prima la voluptuosa en todo esto?

–¡Ja! Desgraciado, si supieras lo que puede hacerte esta voluptuosa, pedazo de caca –tiro muy, muy lejos ese amargo encuentro y me concentro en mi baño.

Me levanto exaltada, después de mi largo baño en la tina, mi cuerpo no resistió más y se abrazó a Morfeo. La voz de Lionel Richie cantando Say you, say me, me espabila por completo, tanteo mi mano por toda la cama y logro coger mi móvil. No me percato de la pantalla, ni siquiera sé qué hora ha de ser y lo llevo hasta mi oreja, dejo salir toda pesadez de mi cuerpo.

– ¿Si? ¿Quién es? –escucho un carraspeo del otro lado de la línea, abro mis ojos enfoco aún mejor mi vista, me altero al ver la claridad del otro lado de las persianas. –Mierda...

– ¿Señorita, Frida Kayenston? –salgo disparada de la cama, me muevo de un lado a otro, solo llevo mi ropa interior.

–Me lleva el diablo…

– ¿Disculpe? –caigo en cuenta de la voz masculina del otro lado del aparato en mi mano.

–¡Oh Dios! Disculpe, ¿Quién habla? –muy clarito escuche un bufido, ¿Alguien esta estresado?

–Le hablo del House Hunther –alejo con prisa el móvil de mi oreja, efectivamente, es un número no registrado, lo llevo de vuelta. –Es Bajhor… Hunther.

– ¿¡Aaah!? –logro dar con unos jeans inclino mi cabeza a un lado, sosteniendo el móvil con mi hombro. – ¿Qué quieres?

–Mide tu manera de hablarme –chiteo, logro encender la luz de mi habitación, menuda reguera que tengo. –Se un poco más agradecida, honey.

– ¿Qué quieres? Honey –salgo de mi habitación corro hasta la cocina. –Debo ir a trabajar, y tengo cosas que hacer, ¿Quién te dio mi número?

–Eso no es lo importante –vierto jugo de limón a mi vaso me doy un largo sorbo. –Quisiera reunirme con usted, hablar de lo que hizo ayer después de que me fui –oh mierda, oh no.

–Señor Hunther de verdad, tengo cosas que hacer.

–Aquí le tengo su pago.

–Envíelo con Mark.

–No.

–Si.

–Que no.

–Que siiiii –me alteró un pelín. –Jeje, envíeme el dinero con Mark.

–La espero en mi oficina, hoy, incluso mañana o cuando decida buscar su pago, por el buen trabajo que hizo.

– ¡¿Qué yo que?!

–Feliz día, señorita Kayenston.

Y el desgraciado termino la llamada, dejo mi móvil sobre la encimera, observo la hora, nueve treinta de la mañana y se supone que debía estar a las nueve en punto en mi trabajo. Me olvido por completo de esa extraña llamada, tomo un trozo de pastel de zanahoria, me lo voy comiendo a medida que busco algo decente que ponerme hoy, y me dejo una nota mental que debo recoger mi habitación al regresar.

Capítulo 3

_

Sabía que en cuanto pusiera un pie en mi trabajo, mi jefa me diría un montón de cosas referentes a la responsabilidad y bla bla bla. Ni siquiera habían llegado aún las chicas a las cuales debía maquillar, en cuanto hicieron acto de presencia me puse manos a la obra y en este momento llevo cuatro horas y estoy por terminar a la novia del día de hoy.

Tiene un hermoso cabello azabache y abundante, sus damas de honor se han marchado para vestirse y toda esa cosa, a mí solo me falta aplicar el labial y colocar el velo. Es muy preciosa, su cuerpo es precioso, nada es en exceso y sin embargo se ven tan llamativa. Su vestido es al estilo sirena y no es tan estrambótico como otras a las cuales he sido su estilista.

La puerta se abre, escucho un suspiro, al voltear me doy cuenta de que seguro la señora que está allí parada y con su mano en el pecho es su madre.

–Por favor, nada de lágrimas, la novia no puede arruinar su maquillaje –digo sonriendo, ella asiente y sonríe. – ¿Esta hermosa?

–Preciosa –la novia sonríe, observa a su madre. –He traído el collar –me aparto un poco para que pueda colocárselo. –No puedo creer que el día ha llegado, que tú utilizaras esto que ha pasado de generación en generación.

–Gracias mamá, estoy feliz de que estés aquí a mi lado –ambas se abrazan, aquí estoy yo nuevamente, con un nudo en la garganta al ser partícipe de esto, siempre que la novia se reúne con su madre, todo en mí se vuelve un mar de sentimientos.

– ¡Es hora del velo! –exclamo, ambas sonríen y yo paso a colocárselo.

Se lo acomodo lo más elegante posible, la pequeña tiara resalta y la verdad es que se ve preciosa. Doy por finalizada mi creación, ambas se sienten satisfecha, ordeno mis cosas y me retiro. En un momento vendrán por ella y así disfrutar de su gran día.

– ¡Frida! –la voz de Alaska mi jefa, se escucha detrás de mí. –No me habías contado que habías sido parte del estilismo para las fotografías del House Hunther.

–Ah, eso –continúo caminando por el pasillo, muero de hambre. –Ayude a Mark, estaba en problemas, pero ¿cómo lo sabes? –me detengo volteo a verla.

– ¡Daaa! Lo publicaron en su página web, tu nombre está allí –me toma por sorpresa, eso no me gusta. –Puedes ser muy reconocida Frida, esa gente es de grandes influencias.

–Solo fue un favor Alaska, recibiré mi pago y ya, no pretendo trabajar con ellos, ¿Qué sería de ti sin mí y viceversa? –aunque mi jefa muchos años mayor que yo es un tanto quisquillosa, no puedo dejar a un lado que ella fue quien más apoyo me dio al pedirle trabajo.

–Frida, prométeme, que, si llegas a recibir un contrato con esa gente, dirás que sí.

–Alaska…

–Muñeca, yo más que nadie sabe todos los esfuerzos que has hecho e incluso las aventuras que te has pegado para tener más profesionalidad en este ámbito, así que ya lo sabes, si, si y sí.

Sonrió debido a su insistencia y asiento, aunque sé que haré todo lo contrario, es como lo dije, solo fue un favor. Claro me van a pagar, pero fue un favor, yo me siento a gusto con lo que tengo, sé que trabajar para los Hunther puede ser aún mejor, pero no estoy tan desesperada por tener dinero, estoy bien con lo que Alaska me paga y con mis trabajos extras.

–Iré a comer algo, ¿Habrá más trabajo? –esta niega.

–Tuviste suficiente en estas casi cinco horas, tres damas y la novia, suficiente por hoy, no te esfuerces.

–Bien, entonces nos vemos mañana, ¿Ok?

Alaska me da un corto abrazo, yo me despido de mis demás compañeras y salgo rumbo a comerme algo delicioso y lleno de salsas de todos los tipos. Por este motivo adoro trabajar para el centro estético de Alaska, puedo irme si no hay más trabajo y organizarme con mis cosas.

Después de caminar unos diez minutos por las calles atestadas de Nueva York logro dar con un carro ambulante de hamburguesas y me pido la que viene bañada en queso cheddar y patatas fritas a un lado. Gimo de gusto cada que llevo una a mi boca, me doy un sorbo de mi soda de uva y llevo la hamburguesa ahogada de queso a mi boca.

– ¡Madre de Dios! –exclamo para mi sola.

Quien viera lo que estoy comiendo diría que esto tiene grasa y calorías hasta mas no poder, pero que más calorías y grasa que mi trasero bello. Yo no dejare de disfrutar de lo delicioso que te ofrece la vida y eso es la comida, aparte del sexo claramente, ese es otra de las cosas más apetecibles de la vida, pero en este momento concentrémonos en lo deliciosa que esta mi comida.

De pronto, en cuanto me llevo otra patata a mi boca comienzo a escuchar murmullos, here we go again. Esto no es raro, siempre vivo con ello, pero por cosas tan extrañas de la vida noto que no soy el centro de habladurías, busco con la mirada de que hablan las personas a mi alrededor y de pronto lo que me quedaba de patata en mis dedos, cae sobre mi plato.

¿Qué estoy pagando yo en este momento? ¿Por qué justamente a la hora de mi almuerzo? ¿Por qué camina de ese modo? ¿Por qué de pronto todo a su alrededor se observa en cámara lenta?

– ¡Dios mío! ¡Es Bajhor Hunther!

Un par de chicas chillan detrás de mí, yo observo al papi sexy venir con toda esa jodida aura egocentrista que destila su hermoso y bonito cuerpo. El hombre de ojos grises se detienen justamente delante de mí, yo no le aparto la mirada, es más, tomo la hamburguesa de mi plato y me la llevo a la boca dándole un mordisco a esta, el pelinegro hace un gesto de asco, yo le sonrío.

–Señorita Kayenston –asiento levemente, continúo masticando, le ofrezco la silla frente a mí. –Gracias, muy amable –continúo masticando, trago y me doy un sorbo de mi soda.

–Señor Hunther, que… ¿Sorpresa? –este logra cruzarse de piernas, ¿Porque se ve tan sexy en esa pose tan insignificante? – ¿Y bien?

–No quiero que piense que la estoy persiguiendo ni mucho menos, solo pasaba en mi coche y la vi comerse, eso... –observo mi linda hamburguesa. –Eso tiene tanta…

–Tanta... ¿Tanta que, adonis? –reprimo las ganas de reír por su cara de asco. – ¡Ah ya! ¡Calorías! –exclamo, este asiente. –No tienes idea de lo rico que es morderla y que la salsa se derrame a ambos lados de tu boca, pasar tu dedo índice y chuparlo.

–Señorita Kayenston, que, desagradable.

– ¡Que rico señor Hunther! –este comienza a toser, agita su mano, intenta restarle importancia a lo que yo digo, es divertido ver lo rígido y ermitaño que es. – ¿Y bien? ¿Me trajo mi paga?

–No hago entregas a domicilio –chasqueo y hago puchero.

–Que mal, y yo que quería pedir el número de su delivery... –suspira, reprimo una sonrisa.

–Solo me detuve para decirle que la espero en mi oficina para entregarle el pago.

–Y yo le dije a usted, que por favor me lo envié con mi primo, Mark.

–Yo… Necesito hablar algo con usted y claramente, no pretendo hacerlo en un lugar público y con tantas personas a nuestro alrededor –me inclino hacia adelante, le miro fijo a esos ojitos preciosos de mamá.

– ¿Algo privado? ¿Usted y yo? –sonrío de lado, este espabila y se coloca de pie con prisa.

–La espero en mi oficina, buen... provecho –su gesto no cambia, yo sonrío, tomo una patata frita y la llevo a mi boca.

–Créame –susurro muy bajo, sonrío. –Es mucho mejor que el sushi, señor Hunther.

–Como digas.

Se da media vuelta y retoma el camino de regreso a su coche, yo le observo fijamente, mis ojos caen en ese lindo y redondito culito que tiene, y sonrío.

Puede que le dé una segunda oportunidad debido a que se tomó la molestia de bajar de su coche y hablar conmigo, y puede que Mark tenga razón y no sea del todo un idiota. Pero eso no quiere decir que busque tener una magnífica relación con él, no bajare la guardia con un hombre como él, no con un hombre que calcula cuantas calorías puede haber en un plato de comida, no, yo no merezco un tipo de hombre así en mi vida, ¡Jamás!

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