Capítulo 2

Podría relatar desde la primera, pero sería algo tedioso y no podría escribir tanto, no por ahora, pero lo que sí podría decir, es que recuerdo absolutamente todo de cada una de ellas a quienes he poseído, aunque en este momento las que se me vienen a la memoria, son las mujeres más importantes que he tenido.

Sé que ustedes quisieran saber a fondo de todas ellas y, tal vez, en cada línea que yo escribo y ustedes leen, sentir un poco de todo aquello que les hice sentir a ellas, como las acaricié, como hurgué en sus entrepiernas, como me fui adentrando en cada una de ellas, como gozamos en nuestra intimidad...

Mujeres prohibidas...

Que supuestamente, amaban a sus esposos o a sus novios, pero que en mí encontraron algo más... Todo lo que ellos, no les daban, lo buscaban en mí y hallaban más que eso.

Gracias a todas ellas, soy lo que soy y tengo el conocimiento de todo cuánto sé. No me afano de saberlo todo por completo, pues siempre debe haber algo por aprender o algo nuevo por conocer con alguien, y eso me va dando cada vez más experiencia, la cual, puedo utilizar con la siguiente que llegue y, así sucesivamente.

Cada una de ellas, me deja un poco de sus experiencias y estas, las voy empleando a medida que voy conociendo a más mujeres, es como un ciclo, que me ha dejado muy buenos resultados.

A mis 18 años de edad y siendo ya militar, no tenía novia, solo tenía a las mujeres que iba conociendo en cada lugar y en cada momento. A esas féminas, que la vida me iba poniendo en el camino. Fui siempre "perfil bajo", como decimos aquí en el medio, o sea nunca me di a conocer ante los demás quien era en verdad, ni cuales eran mis intenciones. De alguna manera, pensaba que era mejor mantenerse así, por ciertas razones.

Los años fueron pasando y mi estancia como militar, me iba dando más maneras, mañas o métodos para conquistar a las mujeres que me gustaban, siempre buscaba la manera de aplicar una técnica infalible y diferente para cada conquista.

Yo tenía por regla propia, tener a una mujer que fuera solo para mí, es decir, que no hubiera sido de otro militar, pero eso fue al principio porque después entró a mi mente una extraña aberración sexual por el gusto hacia las mujeres que fueran esposas o novias de mis compañeros, eso se volvió un vicio, pero era algo nuevo para mí y me gustaba ese morbo que genera el hecho de estar haciendo lo prohibido con una mujer que ama a otro y, como todo lo malo es lo que se queda, se mantiene y se hace más divertido, así me he mantenido.

Ahora llevo casi 17 años de antigüedad en el medio militar y considero que, en todo ese tiempo no he logrado tener amigos, sí muchos compañeros, ¿cómo no? pero ninguno que yo considere mi amigo de verdad.

Las mujeres solteras me gustan mucho, no lo voy a negar, pero las mujeres casadas y prohibidas, esas me apasionan muchísimo más, me fascinan y me vuelven loco.

Les cuento acerca de mi primera mujer casada...

Tenía 20 años de edad en ese entonces y llevaba dos de antigüedad en el Ejército. En ese tiempo tenía un compañero que se llamaba Luis, él era militar como yo, no éramos amigos, pero sí nos llevábamos muy bien o al menos, eso me parecía a mí. Un día en un destacamento, él me mencionó que lo iría a visitar su esposa y que le llevaría algunas cosas, por lo que me preguntó si yo necesitaba algo pues siendo así, ella lo podía llevar sin problema alguno.

Yo le dije que no me hacía falta nada por el momento, le di las gracias por ese gesto amable de su parte, con todo y que no éramos amigos, él tuvo una pequeña y cortés atención.

El que aquella mujer fuera su esposa, me daba igual, pues en ese entonces aún no había probado del fruto prohibido que representa para mí la mujer de otro hombre, tampoco me daba morbo por verla y saber qué apariencia tenía, mi ética de hombre, en aquel momento, no me lo permitía.

Pasaron unos minutos y llegó una muchacha de estatura media al destacamento, de piel morena clara o trigueña, su cabello era ondulado, su rostro afilado y lindo, sus piernas y todo su cuerpo era perfecto, todo estaba en su santo lugar, era sin duda una tentación exquisita, que mis ojos por primera vez estaban disfrutando.

Nunca me hubiera imaginado que una mujer como ella fuera esposa de mi compañero, pero así era, ella era todo un bombón.

Desde que la vi me entró el morbo al momento de observar su cuerpo con lascivia.

Tres días después...

Mi compañero tal vez me consideraba su amigo, pero yo a él no, un día de esos tantos en los que estábamos de guardia, me pidió prestado mi celular para hacer una llamada, nunca me dijo con quién hablaría y tampoco me interesaba saberlo y sin pensarlo, se lo di. Al fin y al cabo, un favor, no se le niega a nadie y mucho menos a un compañero de trabajo.

Por la noche me llenó de intriga saber a quién le había marcado mi compañero, ya había morbo en mis intenciones de saber si era su esposa o no, así que me tomé el atrevimiento, de agregar el número, pero no marqué ni le envié ningún mensaje.

Unos días después...

Llegó un mensaje de texto donde me decían:

«Oiga, disculpe la molestia, puede por favor decirle a mi esposo Luis, que me conteste la llamada».

Leí lo que recibí, pero no contesté el mensaje y en unos minutos más tarde, ella me marcó. Sabía quién era pues la había registrado como "De Luis" haciendo referencia a que era la esposa de mi compañero o a quien hubiera llamado.

Y así empezamos ella y yo.

Capítulo 3

Domingo por la tarde...

Para un hombre como yo y teniendo el trabajo que tengo, cualquier día sea festivo, sábado o domingo, es un día normal, como cualquier otro. Estaba fastidiado y sin nada que hacer en ese momento, nada me sacaba de ese estado tan aburrido. Al ver que la esposa de mi compañero me estaba marcando, no contesté.

Sabía muy bien que ella lo volvería a hacer, pues casos como ese ya había tenido muchos y por experiencia propia, tenía claro que insistiría. Ella volvió a marcar, pero esta vez, que ya era la segunda que lo hacía, sí respondí, pues pensé que algo le había pasado a mi amigo pues desde muy temprano, él se había ido franco.

En la llamada...

-¡Hola, buenas tardes! Disculpe que lo moleste, soy Milena, la esposa de su compañero Luis, hace unos días él me marcó de su teléfono y, a decir verdad, agregué su número aún sin su consentimiento, para cualquier cosa, pues una nunca sabe lo que pueda pasar -me dijo una dulce voz de mujer al teléfono.

-Hola, buenas tardes, no se preocupe, claro que me acuerdo perfectamente de usted ¿En qué la puedo ayudar, señora? -respondí de manera cortante. En ese momento, estaba aplicando una de mis técnicas infalibles.

-Pues en primera, quisiera saber ¿Cómo está mi esposo? ¿Sabes si está bien? y en segunda, si efectivamente está bien, puede decirle por favor que responda su teléfono, estoy muy preocupada por él, pues desde ayer en la noche, me dijo que saldría a patrullar y estas son las horas, en las que no sé nada de él, no se conecta al WhatsApp -me dijo con un tono de voz de preocupación.

Al escuchar lo que quería, sabiendo que él estaba bien, no sabía que decirle a la señora, la escuchaba preocupada, yo tenía muy claro que lo que mi compañero le había dicho a su esposa era mentira, pues ayer en la noche no salimos a patrullar, y él desde la tarde había pedido permiso para salir, pues indicó a nuestro superior, que según, debía ir a su casa por una emergencia. Entonces era lógico, que mi compañero nunca fue a donde dijo que iría, por lo que ya había dicho dos mentiras.

Obviamente no me correspondía a mí directamente decirle la verdad a su señora, ya que, se vería muy mal de mi parte decirle cosas de su esposo sobre todo si este le había mentido, algo le estaría ocultando y lo mejor era no inmiscuirse en donde no me habían llamado, sobre todo para evitarme problemas que, al fin y al cabo, ni me iban ni me venían. Además, nunca lo haría y mucho menos, para conquistar a alguien o quedar bien con esa persona, que no conozco. Así que me vi obligado a mentir y tratar de cambiar la conversación.

-¡Oh sí!, ayer salimos toda la noche a patrullar y llegamos hasta hoy, de hecho, no tiene mucho tiempo, la verdad nos desvelamos mucho. Él está bien, está dormido ahora, descansando, pero si usted quiere lo puedo despertar y le digo que le habla usted -le dije aun sabiendo que mentía y arriesgando que ella dijera que sí quería hablarle, sin embargo, una parte de mí, me decía que podría estar tranquilo, pues si había llamado, solo quería saberlo bien y no lo iba a querer molestar si estaba descansando de la supuesta fuerte jornada que ya le había descrito.

-No. No, así déjelo, es mejor que descanse, solo estaba muy preocupada desde que me dijo que saldría y al no responderme, pues imagínate, una se preocupa, quizás demás de lo que debería, pero lo que quería saber, ya lo sé y si está bien pues no hay problema. Además, él es muy celoso, incluso si sabe que le marqué, seguramente voy a tener serios problemas. Si no es inconveniente para usted, podría prometerme que no se lo dirá, porfis -me dijo utilizando un tono de voz muy diferente al del principio, tal vez, con algo de temor en cada palabra emitida.

La manera en que ella me decía las cosas cambió todo, era como si ella y yo, pudiéramos tener un secreto, a menos eso comprendí y eso era bueno para mis perversas intenciones.

-No se preocupe señora, créame que no le diré nada a su esposo de esta llamada, será nuestro secreto, además usted no ha hecho nada malo, solo estaba preocupada por él y eso es muy normal, yo en su lugar creo que hubiera hecho lo mismo -le dije utilizando un doble sentido en mis palabras.

-Pues se lo agradezco mucho de verdad, sé que no estoy haciendo nada malo, pero mi esposo no lo entendería de la manera en que es y la verdad ya no quiero tener problemas con él -me dijo casi en voz baja.

-La entiendo señora y le vuelvo a repetir que no se preocupe porque de mí, no saldrá nada de esta llamada y mucho menos si la fuera a perjudicar -le dije para que entrara en confianza-, por cierto, me llamo Ricardo -me presenté caballerosamente, para que casi se viera obligada a darme su nombre, aunque al principio de la llamada ya lo había hecho, esta era una manera de hacerlo más formal.

-Mucho gusto Ricardo, pues yo me llamo Milena. Bueno lo dejo descansar porque imagino que al igual que mi esposo, ha de tener sueño y quisiera dormir un rato -dijo.

-No se preocupe por eso, cuando necesite algo no dude en marcar, sea la hora que sea, yo le responderé la llamada -todo era parte de mi estrategia.

-Pues de verdad le agradezco muchísimo, bueno, cuídese, hasta luego -finalizó la llamada.

Me quedé pensativo... ¿Había sido una buena estrategia? Yo estaba seguro de que ella, me buscaría, solo faltaba dar unos pasitos nada más.

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