Capítulo 2

Amelia, había experimentado cosas incómodas en su vida pero jamás pensó que el momento más incómodo de toda su mísera existencia fuera el beso que tuvo que darle en los labios a Liam, el matrimonio estaba hecho, ahora era esposa de Liam Russ y sus padres tenían millones en sus billeteras, y ella era totalmente infeliz, sentía que su vida se desestabilizó en un abrir y cerrar de ojos, le habían arrancado su libertad y su felicidad, se había condenado así misma en el momento que dijo "acepto" y firmó aquel papel volviéndose esposa de Liam, su madre la abrazó rápidamente y fuertemente incluso lagrimas esporádicas salieron de sus ojos y su padre no podía sentirse más orgulloso, Amelia, se encontraba haciéndolo todo incluso lo impensable por amor.

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Liam y Amelia, rápidamente se subieron en un auto manejado por el castaño, Amelia, se mantuvo al margen no quería decir nada y tampoco se sentía con la fuerza como para seguir enfrentándolo así que solo se limitó a mirar por la ventana pero la pelirroja, no sabía a donde iban y para que exactamente, así que con toda la paciencia del mundo rompió el silencio, debía preguntarlo no quería toparse con que su "esposo" era un asesino en serie.

—¿A donde vamos? —Preguntó la pelirroja.

—Así que sabes hablar vaya que sorpresa. —Respondió Liam.

—¡No quiero hablar contigo! —Exclamó la pelirroja.

—¡Que coincidencia! A mi tampoco me agrada la idea de entablar una conversación contigo. —Contraatacó el castaño.

Amelia, rápidamente rodó los ojos y no tardó en colocar una expresión nada amigable en su rostro.

—No quiero que seamos amigos pero tienes que decirme a donde vamos. —Respondió la pelirroja, con una actitud dominante.

—¿Para que quieres saberlo? —Preguntó Liam.  

—Porque no te conozco de nada quien sabe ¡podrías ser un asesino de mujeres! —Respondió la pelirroja.

Ser exagerada se encontraba entre sus cualidades más destacables.

—¿Asesino de mujeres? ¿No se te ocurrió algo más creativo? —Preguntó Liam.

—Solo dime a donde vamos.

—¿Tus padres no te lo han dicho? —Preguntó Liam.

Amelia, comenzaba a desesperarse es que aquel chico no sabía hacer otra cosa que realizar preguntas insoportables en lugar de ir al punto, la pelirroja negó con la cabeza en respuesta al castaño.

—¡Vaya! Que buenos padres. —Exclamó el castaño con un aire algo irrespetuoso hacia los padres de Amelia.

—No hables así de mis padres. —Añadió Amelia, quien ya se encontraba algo molesta.

La pelirroja podía soportar muchas cosas su voluntad era de hierro y su corazón de roca, no le importaba que se metieran con ella múltiples veces que la insultaran o dijeran lo que quieran, pero si algo no estaba dispuesta a soportar es que hablaran de aquella forma de sus padres, su familia, quienes la habían criado toda su vida y habían hecho el más grande de los esfuerzos para que ella fuera feliz, en parte los detestaba por obligarla a casarse pero no podía negar que todo lo demás en su vida había sido bueno.

—¿Oh que? —Preguntó Liam de forma retadora.  

—No te haré nada por ahora. —Añadió la pelirroja.

—¡Vaya! Que suerte la mía entonces, eres tan delgada y débil  que no podrías hacerme algo aunque quisieras. —Contestó Liam.

—¿Estás retándome? —Preguntó Amelia.

—Tómalo como quieras, por cierto ya estamos llegando. —Añadió el castaño.

Amelia, se quedó en silencio para posteriormente bajar la ventanilla del auto y observar lo que se extendía en sus ojos, la vista era preciosa múltiples árboles se ceñían en todo el camino grandes e imponentes el auto se estacionó frente a un portón de madera el cual se observaba antiguo y desgastado, inmediatamente el enorme portón se abrió dándole paso al auto, Liam, arrancó rápidamente para luego volver a estacionar el auto frente a la puerta blanca de la casa, aquel lugar era precioso y parecía salido de un cuento de hadas, tenía múltiples y espaciosos jardines los cuales estaban llenos de rosas y frutos rojos por doquier, la casa a simple vista era preciosa no era tan grande como para llamarla mansión pero tampoco era pequeña como para ser una cabaña, era del tamaño perfecto.

Amelia, estaba totalmente encantada con aquel lugar que tenía frente a sus ojos sin embargo, no podía parar de preguntarse ¿donde estaba? Y el porque Liam la había traído a este lugar, la pelirroja se mantenía alerta constantemente pues no sabía cuáles eran las intenciones del castaño.

—¿Por que estamos aquí? —Preguntó Amelia.

—Hogar dulce hogar. —Respondió Liam.

—¿Que quieres decir? —Preguntó nuevamente la pelirroja.

—Tus padres y mi padre, compraron esta propiedad hace un par de años, querían viñedos por eso la gran cantidad de terreno y ahora es nuestra. —Respondió el castaño finalmente aclarando las dudas de la pelirroja.

—¿Viviremos aquí? —Preguntó Amelia nuevamente.

—¡Si genio viviremos aquí! —Exclamó el castaño de forma sarcástica.

Liam, siempre había sido un chico sarcástico, le gustaba ocultar su dolor tras su sarcasmo o sus situaciones trágicas tomando estas mismas con comedia, y la situación de su nuevo matrimonio y su nueva esposa era de las que más detestaba en este precioso momento, no conocía a Amelia, tampoco tenía planeado conocerla no podía negar que la pelirroja era linda y que despertaba alguna clase de deseo en él, pero no era nada más que una simple atracción sexual que se le pasaría con el tiempo, no tenia precisamente una mala reputación era totalmente discreto con las chicas con las que había dormido, pues sus padres lo habían vuelto administrador de una de sus múltiples empresas tenía una reputación que cuidar y aunque odiaba tener que hacerlo debía adaptarse a las circunstancias.

—Ya entendí señor sarcástico. —Respondió Amelia.

—Bájate del auto. —Contestó Liam.

Amelia no vio porque no seguir sus órdenes así que procedió a bajarse del auto, la claridad del sol la cegó un poco y se decido a caminar mientras esperaba que Liam, emitiera algún movimiento de querer bajarse de aquel auto, no tardó en hacerlo y una vez la pelirroja lo observó fuera se acercó a él.

—Dame las llaves. —Exclamó Amelia.

Liam no respondió nada y simplemente se dedicó a entregarle las llaves, ambos entraron a la casa, Amelia parecía una niña pequeña observando y revisando todo, la casa era hermosa, sumamente espaciosa y decorada de tonos blancos y pasteles.

—Es hermosa. —Añadió Amelia.

—Nada muy excepcional. —Respondió Liam.

Amelia, rodó los ojos ante el comportamiento de Liam, no le interesaba ser su amiga o conocerlo pero no comprendía el porqué de su actitud.

—¿Siempre eres así? —Preguntó Amelia.

—¿Así como? —Preguntó Liam.

—Arrogante, insoportable, grosero, molesto, sarcástico y fastidioso. —Dijo la pelirroja.

Liam río por lo bajo y soltó un gran suspiro.

—¿Eso crees que soy? —Preguntó Liam.

—Esa es la impresión que me das. —Respondió Amelia.

—¿Y qué quieres? No te conozco, no te trataré como si realmente fuéramos una pareja, no me resultas atractiva, ni mucho menos agradable así que supéralo niñita. —Respondió Liam.

—¡No me llames así! —Exclamó Amelia.

—Niñita. —le respondió Liam.

Amelia, estaba perdiendo la poca paciencia que tenía no comprendía porque la actitud del castaño era de esa forma y no iba a dejarse pisotear por él ni por absolutamente nadie.

—Tampoco me interesa ser tu amiga y mucho menos tu pareja, créeme tampoco me resultas atractivo, se quien eres Liam, conozco tu reputación créeme que nada me provocaría más asco que llegar a ser tu pareja, pero lamentablemente estoy en esta situación, así que cállate y copera imbecil. —Respondió Amelia.

La pelirroja siguió caminando hasta subir a unas escaleras las cuales comunicaban con la habitación, Liam, no dijo nada y se encontraba furioso ¿quien se creía ella? Porque pensaba que podía hablarle de aquella manera ¡ni su madre le hablaba de aquella manera! Amelia, no se esperó lo que siguió a continuación pues en un movimiento rápido Liam, la sujetó del cuello fuertemente cortándole la respiración y haciendo que esta cayera sentada en las escaleras.

—¡Escúchame bien Amelia! No te atrevas a volver a hablarme así ¡Jamás! —Gritó Liam, mientras aún mantenía el agarre en el cuello de la pelirroja.

—¿Oh que? —Preguntó la pelirroja con la voz entrecortada por la falta de aire.

—Haré de tu vida un infierno Amelia, lo juro. —Respondió Liam.

—Quisiera verte intentarlo. —Respondió Amelia.  

—Eres repugnante Amelia. —Añadió Liam.

—Si quieres hablar de personas repugnantes hablemos de ti. —Añadió Amelia.

Liam, la soltó rápidamente haciendo que la pelirroja tosiera sin parar, salió de la casa y dio un portazo Amelia, escuchó como encendía el auto y se alejaba y simplemente se quedó en la escalera, sin hacer nada, ni emitir algún movimiento o palabra, no podía creer lo que acababa de suceder, no sabía quién era ni en lo que se había metido, pero si de algo estaba segura es que si Liam, quería jugar ella podía jugar igual o incluso mejor que él.  

Capítulo 3

Amelia, pasó múltiples horas en soledad en aquella casa que comenzaba a verse muy grande para ella sola, agradecía la soledad y el silencio pues aquello significaba que Liam, no había vuelto de donde sea que se encontraba, podía acostumbrarse a aquello, en las múltiples horas que estuvo sola un camión de mudanza llegó con múltiples cosas la mayoría eran suyas las reconoció a simple vista asumió que el resto pertenecían a su "esposo".

Amelia, se tomó su tiempo para recorrer la casa, observó las múltiples habitaciones, baños y el jardín, descubrió que incluso había una pequeña piscina no era muy amplia pero tampoco muy pequeña, una vez Amelia, había visto la mayor parte de la casa optó por instalarse en una de las habitaciones principales, tenía unas lindas sábanas blancas, baño propio e incluso un balcón, el armario era amplio e incluso le sobraría espacio.

Aquella noche no hubo rastro de Liam, en ningún lugar de la casa, Amelia, lo agradeció pues ya se imaginaba qué clase de persona era el castaño y aquello lograba asustarla un poco, pero no podía negar que se sentía intrigada por aquel chico, le resultaba atractivo pero sólo físicamente nada más allá probablemente si lo hubiera conocido en otras circunstancias se hubiera dado un acostón de una noche y no hubiera vuelto a saber de él, pero no tenía tiempo para aquellas cosa y tampoco debía estar pensando en ese tipo de cosas pero Liam, tenía algo que simplemente hacía que la pelirroja se sintiera atraída por él, no sabía que era ni porque lo sentía y le frustraba el no poder controlarlo.

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La mañana siguiente Amelia, se despertó con un fuerte dolor de cabeza tal cual como si le hubieran propinado un golpe en la nuca y aquel dolor se hubiera extendido hasta su cabeza, una vez tomó un poco de consciencia lo primero que hizo fue mirar su móvil, tenía múltiples mensajes de Jhon, aquel chico le había escrito durante semanas, habían salido e incluso se habían besado un par de veces, no era nada serio, pudo haberlo sido pero Liam lo arruinó todo.

"Hola preciosa ¿qué tal dormiste?"

Preguntaba Jhon, en su mensaje matutino dirigido a la pelirroja, Amelia, se pensó unos cuantos segundos si responder dicha pregunta, pues se le había removido el estómago y una sonrisa se había instalado en su rostro al leer él preciosa que le había enviado, pero ella era una mujer casada por más que lo detestara, sin embargo estaba segura que Liam, iría por allí enrollándose con cualquiera que se le atravesara así que no le debía respeto y mucho menos tenía porque serle fiel a aquel violento y desagradable hombre.

"Hola guapo, hubiera dormido mejor si estuvieras conmigo"

Respondió Amelia, haciendo click en enviar el mensaje, colocó su móvil boca abajo y se levantó de la cama para dirigirse al baño a lavar sus dientes, no se cambiaría la pijama no aún, su pijama era un conjunto de seda que le había regalado su madre hacía años era negro y de encaje, era simplemente precioso y delicado tal como le gustaba a Amelia.

Una vez terminó en el baño bajo a la cocina su sorpresa fue encontrarse con Liam, sentado en el comedor principal mientras comía un par de tostadas con mermelada y mantequilla, pasó por su lado ignorándolo totalmente y sintió como la mirada del castaño se instalaba en su trasero mientras la pelirroja caminaba, rodeó los ojos y abrió la nevera pues el equipo de mudanza mandado por sus padres y él padre de Liam, se había encargado de abastecerlos con la comida suficiente para un mes, sacó fruta, yogurt y un par de tostadas, se hizo un jugo verde y se sentó en la isla de la cocina para poder comer en paz o eso creía hasta que Liam, se acercó y se sentó a su lado.

—¿Que quieres? —Preguntó Amelia, mientras se llevaba el vaso con el jugo verde a los labios.

—Solo quiero hablar contigo. —Exclamó Liam.

—Por si no lo has notado yo no tengo interés en hablar contigo. —Añadió la pelirroja moviéndose un poco y dejando a la vista su cuello.

Liam, se percató de aquello y de la marca que tenía, de sus manos al parecer se había excedido con la fuerza que había usado, asumió que la pelirroja no sabía que se encontraría allí y por eso no se había cubierto, sintió dolor y remordimiento por dentro pues no solía ser una persona violenta pero no comprendía que le había sucedido ayer, Amelia, tenía la capacidad de hacerlo enojar muy fácilmente y cada vez que Liam, se enojaba algo salía mal.

—Amelia…—Dijo Liam, mientras colocaba su mano en el brazo de la pelirroja.

Amelia, inmediatamente se puso en alerta y retiró su brazo pensó en si podría apuñalar a Liam, con la cuchara con la que comía el yogurt de ser necesario y buscó con la mirada cualquier cosa con la que pudiera defenderse de ser necesario.

—No me toques. —Añadió la pelirroja.

—De acuerdo como quieras, solo quiero disculparme contigo. —Respondió el castaño.

Amelia, no se esperaba tal declaración sin embargo no mostró ningún tipo de interés y su expresión facial no cambió como si aquello no pudiera sorprenderla del todo.

—¿Disculparte por qué? ¡Déjame adivinar! Por casi estrangularme o por hacer esta marca en mi cuello. —Habló la pelirroja dándole más acceso a su cuello para que observara lo que le había hecho.

—Si, precisamente por eso, no se que sucedió conmigo estaba tan enojado. —Habló Liam con voz calmada mientras observaba a la pelirroja comer.

—No eres la primera basura violenta con la que me topo y se que no serás el ultimo. —Añadió la pelirroja.

—¿A que te refieres? —Preguntó Liam con curiosidad.

—No eres la primera persona que es agresiva conmigo Liam. —Respondió Amelia.

Aquello le hizo pensar en la vida que la pelirroja pudo haber llevado antes, le provocó curiosidad saber más de ella, de quien era y de quien quería ser, pero sabía que no podía dar su brazo a torcer, no podía permitirse ser vulnerable con aquella linda pelirroja de ojos verdes y lindas pecas o saldría perdiendo.

—Lamentó escuchar eso. —Respondió Liam.

—¿Por que te estás haciendo el amable conmigo? —Preguntó la pelirroja quien sabía que aquello era más una trampa que unas disculpas sinceras.

—No me hago el amable contigo Amelia, enserio estoy pidiendo disculpas. —Respondió Liam.

—¿Por que? —Preguntó la pelirroja quien había terminado de comer, se levantó de la silla para llevar los platos al lavavajillas.

Amelia, tenía su móvil en la isla de la cocina pues no vio necesario dejarlo en su habitación y como si el universo quisiera conspirar contra la pelirroja se encendió indicándole que había recibido una notificación y Liam, no podía ser más entrometido inmediatamente dirigió su mirada al móvil.

“Muero por verte Amelia”

El mensaje era de Jhon, en otras circunstancias le hubiera encantado recibir aquel mensaje pues adoraba sentirse deseada y Jhon, solía hacerla sentir así todo el tiempo, realmente le hubiera gustado tener algo oficial con él de no ser por Liam, podría hacerlo.

—¿Quien es Jhon? —Preguntó Liam.

—Eso no es de tu incumbencia. —Respondió la pelirroja.

—Claro que lo es. —Respondió Liam.

—¿Por que? —Preguntó Amelia.

—Eres mi esposa Amelia, me debes respeto y fidelidad. —Añadió Liam.

La pelirroja soltó una risa por lo bajo la cual inundó la habitación, se estaba burlando de Liam y de sus estupidas palabras en su cara, sin temor a que aquel hombre pudiera hacerle algo.  

—¿Acaso estás celoso? —Preguntó Amelia.

—No lo estoy. —Añadió Liam.

—¿Estás seguro? Porque esa es la impresión que me das. —Respondió Amelia.

—¿Por que estaría celoso? —Preguntó Liam.

—No lo sé tú dime. —Respondió la pelirroja mientras se acercaba peligrosamente a el castaño.

—¡No estoy celoso! —Exclamó Liam.

—Pues espero que sea cierto Liam, porque no te debo nada, solo estamos casados por un contrato, no te elegí y tú tampoco a mi y ten por seguro que no dejaré pasar la oportunidad de divorciarme de ti. —Respondió la pelirroja mientras levantaba las cejas y seguía caminando en dirección al castaño.

Liam, retrocedió hasta chocar con la isla de la cocina no entendía que estaba sucediendo y porque de repente estaba sintiendo tantas cosas, quería tomar a la pelirroja del cabello y estamparla contra le mesa pero al mismo tiempo quería estampar sus labios contra los suyos, Liam, se sentía amenazado e intimidado por la pelirroja.

—Lo tengo muy claro Amelia, créeme tampoco perdería la oportunidad de divórciarme  de ti. —Respondió Liam, mientras tragaba saliva por la cercanía de la pelirroja.

—Quiero dejarte algo claro. —Añadió Amelia.

—¿De que hablas? —Preguntó Liam confundido.  

—No aceptaré tus disculpas. —Musitó Amelia.

—¿Por que? Lo hago con buena intención. —Respondió Liam.

—Porque ya no soy débil y no lo seré nunca más Liam. —Murmuró la pelirroja en los labios del castaño, seguido de eso le propinó una fuerte bofetada la cual hizo voltear el rostro del castaño. —Es ojo por ojo Liam, ten por seguro que lo que me hagas te lo haré tres veces peor ¿lo entendiste? —Preguntó la pelirroja.

Liam la observó fascinado e intrigado, su mejilla dolía y se encontraba roja y no le quedó más que asentir sin musitar ni una palabra.

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