Capítulo 2
Me encuentro en la casa donde me alojaré desde hoy. Y por lo visto, son unas excelentes
vacaciones las que me esperan.
Adoro la propiedad al verla. Ubicada en una zona montañosa con abundante vegetación y
llena de flores hermosas hacen que resulte exclusivo. El lugar ideal para hospedarse.
La casa es enorme, de concepto abierto. Y, sin embargo, extraño mi pequeño hogar. De
donde vengo no tenemos baños tan grandes y lujosos. Ahora, a punto de meterme al
jacuzzi, nunca he estado en uno. Comodidades de la vida de ciudad.
Tomo asiento y me uno a la rueda, fumamos hasta quedar chinos. Mientras Yuraima coloca
un cenicero limpio. Los tres conversamos como buenos amigos.
Mi visita tiene un fin en particular, enseñarle español nativo al hijo de ella. A pesar de
nuestra pobreza, en casa me enviaron a la escuela y siempre destaqué entre las mejores
alumnas. Tengo experiencia dando clases a los niños del pueblo. Solo que es la primera vez
fuera y todo se me hace nuevo, para mí también es un aprendizaje.
Mateo no demora en pasar la novedad a Hernán, el amigo de mi padre. Informando que
hemos llegado bien. Y se aparta para conversar sin ser escuchado. Al parecer es un
empleado fiel, a no ser que se trate de faldas. Dudo que lo que pasó entre nosotros se atreva
a contarlo. Y, por cierto, qué rico fue. Me estrené muy bien.
No son muchos los que viven en la casa, aunque parece un pequeño hotel. Solo Yuraima, su
esposo y uno de los hijos. El mayor estudia en Australia. Y a todos les entusiasma la
noticia.
Pasaron dos días desde mi llegada y me preparo para las clases. Peino mi largo cabello, ya
estoy vestida con el uniforme de trabajo. La falda de tela cruda, fresca y la camisa manga
corta a juego. Me parece un poco transparente, pero me sienta realmente bien. Me hace
lucir sumamente atractiva y eso me gusta.
Ya todo está listo. La mesa, flores y el refrigerio. Michael se acerca, colocando su bolso del
hombre araña en una de las sillas. Con mucho cuidado saca el cuaderno y la cartuchera para
dejarlo sobre la mesa. De manera ceremonial, extrae el sacapuntas y el lápiz del
compartimiento con cierre. Así como su libro de texto y me mira muy serio.
—¡Comienza la clase! —dije sonriente. Y el niño me muestra su sonrisa y sus bellos ojos
brillantes.
—Mi nombre es Mila, ¿tú?, ¿cómo te llamas?, si se puede saber.
Tomo el puesto en la cabecera de la mesa y él está a mi lado derecho.
—Ese es el lugar de mi papá —me dice.
—¿Crees que se enoje conmigo? Nadie me lo dijo, me levanto para moverme a otro sitio.
Una voz masculina interrumpe la conversación.
—No me molesta Mila, soy Hans. El padre de Michael no te levantes, no es necesario.
Me sonrojo al verle. Es un hombre muy guapo y joven, mucho más interesante que Mateo y
menor que ella. Lo miro de arriba abajo y sonrío, sin dejar de ocultar que me agrada.
Seguro que este lindo señor es el punto débil de ella.
—Encantada de conocerle, gracias por recibirme en su casa.
—¿Cómo te la llevas con Mila?, hijo. Es muy fea, ¿no ves? —dice, picando el ojo.
—Bien, papá. Es muy bonita, más que la otra. No es fea, para nada.
Reímos con las ocurrencias del niño. Me parecen encantadores.
—En un rato haremos una videollamada. Cuando termines con la clase, te cambias y te
pones muy bonita. Te estoy haciendo el contacto con una gente importante en España que
te van a ayudar. Ya Hernán me contó tus planes a futuro.
En este momento llega la esposa y me quedo callada, soy muy prudente en esos casos. Las
mujeres somos celosas. En especial, las mayores. No quiero ser motivo de disgusto entre
ellos. Necesito que comience a confiar en mí desde este momento.
Con humildad, Michael toma cada consejo y se comporta muy bien durante nuestra primera
clase. En silencio, me retiro a mi habitación a ponerme linda. Sin sospechar de qué se trata.
La reunión programada se pospuso por una hora. Pasado este lapso de tiempo, Hans entra a
buscarme y lo sigo a su oficina. Estoy nerviosa, siempre me pasa cuando tengo que hacer
algo nuevo. Una entrevista nunca hice. Lo que más me pone insegura es su cambio de
actitud y la mirada de desprecio cuando entré. Lo primero que me dijo fue que me traerá
ropa nueva y que bote todo lo que tengo. Me hizo sentir humillada, otra estuviera feliz. Yo
no soy poca cosa, no me gusta que me hablen así.
Comienza la reunión, en cámara pude ver a un señor mayor, gordo y de mirada penetrante,
de nombre Roberto. Cada uno habla, mientras yo estoy en silencio. No me mencionan en lo
absoluto. Otra vez, me siento como una desgraciada.
Hasta ahora, lo único bueno que me ha pasado es Mateo.
De pronto, veo que se despiden y cortan la comunicación. Yo vengo de un pueblo y no
entiendo mucho ¿Será eso? Me quedé extrañada.
—¿Qué ha pasado? —le pregunto a Hans.
—Nada, Mila.
Durante la tarde, todo es alegría y felicidad. Nos bañamos en la piscina y tomamos algo de
sol jugando con la pelota inflable. Mateo comparte, muy serio, como si no pasa nada y me
gusta que sea así. Muero de vergüenza si alguien se entera.
Mi cabeza, no para de pensar, y me viene un pensamiento ¿Le habrá gustado? Soy
inexperta por miedo, no por falta de ganas ¿Se lo hará a todas las que trae? Quisiera saber
qué pasa por su cabeza, sin parecer cursi ni nada.
Ya sé que fue algo imprevisto, un hola y chao. Lo que sucede es que me ha quedado una
espinita pues, como ganas de repetir. Claro, sin enganche.
Nos cruzamos miradas, sonrisas y buenas vibraciones. En realidad, es perfecto. Lo
aprovecho mucho.
Una de las mujeres me molesta con su mala cara. Sin motivo alguno. Algo se mueve dentro
de mí y no es nada bueno, ¿qué será?
Oculto lo que siento, en ese momento donde todo es perfección. No quiero verme como una
verdadera bruja.
No le doy la oportunidad de arruinar esta noche maravillosa.
Capítulo 3
Me despierto temprano, no he podido dormir pensando en mamá.
— Hola mamá.
—¿Cómo amaneciste?
—Buenos días, Mila, ¿por qué no me llamaste ayer?, me quedé preocupada.
— Bien, se me fue el tiempo y no me di cuenta hasta ya tarde.
— ¿Todo bien?
—Sí, gracias. Es un hermoso lugar ¿Cómo está papá?
—Debe estar en casa de la mujer esa.
—Suenas terrible ¿Has estado llorando? Tienes que calmarte.
—Pues no, en verdad. Nos quedamos celebrando.
—El sitio es muy lindo, es una isla salvaje. Los paisajes son inigualables.
—Me alegro, hija, te he encomendado tanto a los santos.
—Lo sé, te siento a cada momento.
—¿Y la gente, qué tal?, ¿cómo te tratan?
—¡Uy, muy chéveres son! Ya los conocerás un día de estos.
—Vamos a esperar que aparezca tu papá y te aviso, para que lo llames.
—Dale, dile que estoy bien. No le digas donde estoy.
—Está bien.
—Te llamo cuando pueda. Te amo, mamá.
—Dios te cuide, Mila. No olvides en lo que quedamos.
Estuve a punto de llorar de nostalgia.
—¡Mila!, ven—interrumpió Michael, riendo.
—Hola, no grites que vas a despertar a tu mami.
—¡Quiero nadar! —gritó molesto.
—Pero claro, yo te acompaño, ¿te dan permiso?
Sale corriendo a buscar los inflables y me deja con la palabra en la boca.
—¿Quieres ver cómo me lanzo un clavado?
—¡No!, ¡carajo!
—¡Anda, no seas aburrida! —replicó el niño.
—Cuando venga tu papá, ahora tranquilo.
—¡Qué viva! Allí viene papi.
Noto que Hans viene caminando a toda prisa y se molesta con Michael por no obedecer.
De pronto, me toma de los brazos, me carga y me lanza a la piscina, como si se hubiese
puesto de acuerdo para jugarme una broma pesada.
Grito fuerte mientras voy en el aire a punto de pegarme contra el agua.
Empapada, no me queda más remedio que ponerme a jugar con el pequeño quien se muere
de risa por lo sucedido.
—¡Bellos!, parecen hermanos.
Este bendito hombre tiene unos cambios de conducta extraños. No entiendo por qué a veces
me trata bien y de repente me hace sentir mal. Procuro no darle mucha importancia.
—Esperemos que el señor que hace el mantenimiento venga hoy a revisar los filtros porque
parece que está algo sucia en algunas áreas.
—No te preocupes, se ve limpia.
Me sumerjo a echar un vistazo en el fondo y encuentro un bello anillo. Lo tomo y se lo
entrego al señor.
—Tremendo hallazgo. Mi mujer te va a amar, lo creía perdido.
—El reflejo me hizo mirar hacia el lugar donde estaba. Menos mal. Muy hermosa joya.
—Se lo regalé cuando comenzamos a salir en plan de novios.
—¿Cuántos años llevan juntos?
—Bueno, alrededor de dieciocho años. Nos conocimos en una fiesta cerca de aquí. Me
impactó al verla, su figura era de reina. Así como tu cuerpo ahora.
—Yuraima es una mujer muy hermosa y se nota que lo ama.
—Yo también la amo. Aunque de vez en cuando, ya sabes. Cosas de hombres, no tiene
nada que ver con el amor.
—¡Sí!, eso supongo. Me recuerda a mi papá, hace poco le descubrimos que tenía otra
familia.
Luego de almorzar, nos tomamos un café. Reposamos la comida y volvimos al agua.
Seguimos allí, jugando pelota inflable hasta que los brazos me comenzaron a doler.
El baño en la piscina me deja muerta y el pequeño sigue corriendo como si nada, esta vez
alrededor de la grama japonesa del jardín.
Ya tengo un mes acá y se acerca el momento de irme a España. La emoción es
incontenible, solo falta que Hernán cumpla con su palabra. Prometió costear el boleto aéreo
a cambio de que compartiera mis conocimientos con el niño. Y no solo he cumplido, sino
que me he ganado su afecto.
En mi casa, no saben nada de mí. Pocas veces llamo a mi madre. No tengo nada nuevo que
decirle y no la quiero preocupar. Hoy, Mateo vino a avisarme que Hernán llega esta noche.
Me dice que no me preocupe. Y es que ya estoy muerta del susto, algo raro sucede, lo
presiento.
Aprovechó que todos dormían la siesta para meterse en mi cama. Este hombre me encanta,
es tan galante y cuidadoso que sigo siendo virgen. Me ha respetado, al menos por esa zona,
solo besos que me hacen delirar.
Me pregunto si me podré alejar tan fácil de este chico o si resultará un obstáculo en mis
planes. No quiero imaginar que arruine mi partida.
Lo beso una y otra vez, necesito que se vaya para poder arreglarme. Me quiero bañar, para
quitarme su olor. Y ponerme rompa limpia. Me haré ondas en el cabello y un maquillaje
sencillo. Quiero que esté orgulloso de mí a la hora de la cena, cuando nos volvamos a ver.
Mateo se resiste y me toma de nuevo, nos caemos de la cama luchando como dos pequeños.
Y en el suelo, nos besamos apasionadamente. Sin querer separarnos.
Me toma de la mano y tomamos una ducha juntos, qué decir de la sensación de sus manos
pasando el jabón por la piel de todo mi cuerpo. Me pega contra la pared y disfrutamos del
maravilloso roce de nuestros cuerpos. Hasta que somos interrumpidos por un sonido seco
del otro lado de la ventana.
—Alguien no está espiando —susurró.
—¿Quién podrá ser?, quizás fue una de las mascotas que están en el jardín.
—No lo creo. Tenemos que tener más cuidado, si se entera Hernán soy hombre muerto. No
me perdonará el haberme metido contigo.
—No, hombre.
—¿Piensas que ha llegado?
—No, para nada. Pero quien estuvo escuchando puede soltar la lengua y allí sí que se arma
tremendo problema.
—Que Dios nos cuide, ese hombre es muy peligroso.
—¿Tú tienes algo con él?
—No, lo conozco desde niña y tenemos mucha confianza, solo eso.
—¿Tú supones?
—¿¡Claro!?, le sobran las mujeres.
—Quien quita, una nena como tú alborota a cualquiera. Yo que tú me andaba con mucho
cuidado. Estoy seguro de que tiene otras intenciones contigo.
Me quedo pensativa y muy preocupada.
Hernán me obliga a pasar la noche con él.