Capítulo 2
"Señores pasajeros, por favor ajusten sus cinturones. Comenzaremos el descenso", anuncia el piloto a través del intercomunicador.
—Daniel, ¿podrías recordarme mi agenda una vez más? —pregunto a mi asistente mientras ajusto mi cinturón de seguridad.
—Por supuesto, Sr. Evans— responde rápidamente, tomando su tableta electrónica— Para hoy tiene una reunión con los asiáticos a las 3:00 p.m. para discutir los últimos detalles del contrato. A las 8:00 p.m., cena con ellos. Mañana a las 10:00 a.m., brunch con los arquitectos, seguido de una reunión para la firma del contrato. A las 2:00 p.m., tiene golf con algunos miembros del comité de empresarios del Estado de Florida. Para el domingo...
—¿Qué?— interrumpo —No hay nada planeado para el domingo. Fui específico en eso. Mañana en la noche estaré de regreso. Así que notifica al piloto para que haga los arreglos pertinentes.
—Espera un momento, Jack. Se supone que este fin de semana no es solo de trabajo. Necesitas divertirte, liberar tensiones, echar una cana al aire. Tenemos suficiente tiempo entre un compromiso y otro para hacerlo— y ahí viene el mismo argumento de siempre, Alex, mi mejor amigo y socio, siempre es el alma de la fiesta y por ende quiere arrastrarme con él— Además, tienes que acompañarme a buscar un anillo de compromiso.
¿Anillo de compromiso? su petición me deja sin palabras. Sé que la relación entre él y su asistente había dado un vuelco en los últimos meses, pero jamás habría pensado que hubiese tomado un matiz tan serio y menos que ya estuviese listo para dar ese paso.
—Y, por supuesto, debes comprar un regalo para Lilly, sino estará molesta contigo los próximos días.
—Ni modo— murmuro.
—Así se habla, amigo— dice palmeándome la espalda.
—¿Todo está listo en el hotel?— pregunto a Daniel.
—Si, señor. Las suites, el restaurante y cada sala de reuniones han sido confirmadas. Al igual que su asistencia al juego de golf.
—Excelente.
Una vez que llegamos al hotel, camino hacia la recepción y diviso frente al mostrador a una mujer con un cuerpo de infarto, buscando algo en un bolso inmenso. Bien, Jack, hora de ponerle un rostro a ese hermoso cuerpo. Con mi suerte, será lo mejor de mi estadía en este lugar.
—Reservación para Evans— declaro con firmeza a la recepcionista, cuyo rostro se tensó al notar mi presencia.
—Inmediatamente, señor— responde, mostrando cierta timidez.
—¿Disculpe?— Logro captar su atención, haciendo que se voltee rápidamente —Me están atendiendo a mí, así que espere su turno por allá. Aquí tiene mi identificación, señorita Harper— Mmm… tiene garra. Me encantan las tigresas.
—No tengo tiempo para esto, soy un hombre demasiado ocupado. Por favor, verifique mi reserva.
Puedo percibir la creciente furia en su interior. Interesante. Debe ser una mujer sumamente pasional. No logro escuchar lo que dice, mi mente divaga en otras formas de entretenerla.
—Está bien. Termine de atender a la señorita, por favor— replico desdeñoso.
—¡Oh, wow! ¡Cuánta caballerosidad! Disculpe que no me postre a sus pies— La leve risa de Daniel y Alex me recuerda su presencia. Parece que ella no ha reparado ellos.
— El sarcasmo no va con su hermoso rostro.
—Al igual que ser patán no le queda a su her…— No completa la frase.
—¡Oh! Entonces le parezco atractivo— hace un esfuerzo evidente por no saltarme al cuello.
—Aquí tiene, señorita— ella me ignora, aceptando la llave magnética que le ofrece la recepcionista.
—Gracias, muy amable. Que tenga un feliz día.
—¿No me va a desear feliz día?— me trevo a decir sabiendo que la sacaría de sus casillas.
—A usted no le deseo ni siquiera una buena digestión. Ahora, con su permiso— Toma la pequeña maleta a su lado y se dirige hacia los elevadores.
—Daniel.
—¿Sí, señor?
—Quiero su nombre y la suite en la que se hospeda. Ordena un ramo de rosas rojas. En breve te entregaré la tarjeta que lo acompañará.
—De inmediato, señor.
Capítulo 3
—¡Uy! ¡Qué hombre tan patán! —exclamo una vez que me encuentro en la intimidad de mi habitación. Lamentablemente, el ascensor estaba lleno y no pude desahogarme enseguida. —Es una lástima que su arrogancia opaque su apariencia atractiva— Al César lo que es del César.
Decido dejar de lado mi enojo y, tomando mi móvil, llamo a Val para informarle que he llegado sana y salva, así también aprovecho de saber cómo está. No permitiré que ese altercado empañe mi fin de semana de ensueño.
—¡Hola, Hannah!— Después de dos repiques, su constipada voz suena por la bocina del móvil.
—Te oyes terrible, Val.
—Me siento terrible, pero ya pasará. ¿Qué tal estuvo el vuelo? ¿Hubo algún contratiempo en el hotel?
—Un contratiempo de al menos 6.2 pies de altura y masa muscular bien definida —musito.
—¿El qué?
—Nada importante. Es mejor no hablar de eso. Dime algo ¿Tu enamorado ya fue a verte?
—Está de viaje— responde con cierto tinte de tristeza en su tono de voz.
—Estoy llegando a creer que no existe.
—Hannah, lo nuestro es… complicado.
—Lo has dicho un sinfín de veces.
—Prometo que te lo presentaré, es solo que…
—Si, lo sé. Ahora no es el tiempo. En fin, te llamo esta noche ¿vale?
—Deja de preocuparte por mí, estaré bien— dicho esto finalizó la llamada.
Después de inspeccionar la habitación y disfrutar de la vista al mar, busco mi bikini para bajar a tomar un poco de sol en la playa. Repentinamente, escucho dos toques en la puerta.
—¿Sí? ¿Dígame? —pregunto al abrir y me encuentro con un caballero, presumiblemente un empleado del hotel, con un enorme ramo de rosas rojas.
—Buen día, señorita, esto es para usted.
—Lo siento, señor, debe estar equivocado. No estoy esperando nada como esto —intento cerrar la puerta, pero él me lo impide.
—¿Es esta la habitación 508?
—Sí, pero…
—¿Es usted la señorita Hannah?
—Sí, pero…
—Entonces no hay equivocación, son para usted —dice entregándome o más bien estampándome las flores en el rostro.
—Pero ¿quién…
—En la tarjeta encontrará la respuesta. Que tenga un feliz día —dicho esto, se la da la vuelta marchándose por el pasillo.
—¿Y ahora? ¿Qué voy a hacer? —me pregunté, mirando las rosas como si pudieran darme una respuesta. Abrí el pequeño sobre del sujetador entre las flores y lo coloqué en la mesa de la habitación.
Hannah:
Lamento haberte causado una mala impresión sobre mi persona.
Por ello, quiero redimirme invitándote a almorzar.
Nos vemos a las 12:15 en el lobby.
No acepto respuestas negativas.
Jack.
—¡Qué petulante! ¡No puedo creer que tanta arrogancia quepa en un solo hombre! ¿Por qué me tutea? ¿Cómo es eso de que nos vemos a las 12:15? ¿Es una invitación o una demanda? ¿Cómo demonios consiguió mi información? ¡Faltaba más! Puede meterse su invitación por donde no le dé el sol y, si sabe contar, que no cuente conmigo. ¡Que ni sueñe! Además, ¿si es uno de esos asesinos seriales y ve en mí su próxima víctima?
—No seas ridícula, Hannah— me digo en voz alta una vez termino perorata.
¿Y si acepto?
Pero ¿qué vas a perder yendo? ¿No es como si todos los días te invitaran a salir? Tu vida social es tan interesante como la de un niño de 2 años, dice una vocecita muy dentro de mi cabeza, y sé que es mi espíritu de aventura a quien he tenido ignorada desde hace mucho tiempo.
A ver, analicemos la situación, te está invitando a almorzar ¿qué hay de malo en eso? Sí, sonó a demanda, pero es guapo y se le puede perdonar. Además, él solo quiere disculparse por haber sido un completo patán contigo, eso no es ser presuntuoso, al contrario, es símbolo de caballerosidad.
Miro la hora en mi reloj de pulsera solo para darme cuenta de que son las 11:30 de la mañana. Pensándolo bien… es solo un almuerzo inocente para hacer las paces. Además, vine a esta ciudad a distraerme y divertirme. ¿Qué es lo peor que podría pasar?