Capítulo 3
La gran celebración
La mansión Bernard se viste de gala para la gran celebración del año. No remedié en gastos e hice lo que siempre hago. Gastar en exceso para regalarme la mejor celebración de todos los años. Invite a mis amigos, a mis conocidos e incluso los influencers del país. Todos me adoran.
Solamente una vez en la vida se cumple dieciocho, y este día lo viviré al máximo. A partir de mañana, ya podrá manejar mi hermosísimo auto deportivo sin permiso especial, podré ir a las mejores fiestas nocturnas y por supuesto, estaré más cerca de trabajar en la empresa y demostrarle a la abuela que no solo Delia, es mejor en lo que cree que hace.
Por la mañana hable con mis padres, se encontraban en un paseo por el mediterráneo en el yate de su socio en Francia, así que no llegarían hasta dentro de tres días.
“Sentimos no poder llegar a tiempo” sé escucha triste mamá.
—Hoy es mi día especial y no quiero que estén tristes— les digo.
La noche llega y con ella el inicio de la majestuosa fiesta. El patio se llenó de invitados que disfrutaban de la decoración, la buena música, el bufette y las bebidas. Los fotógrafos no se cansan de retratar los mejores momentos y yo transmitía en vivo para mis fans.
Unas horas más tarde, uno de los empleados interrumpe mi transmisión. Odio que hagan eso.
—Maldita sea —lo regaño—, millones de veces les he dicho que no me interrumpan.
—Disculpe, usted, señorita Nicole, pero es necesario que vea esto—. Me muestra el teléfono.
—¿Qué es esto?
—véalo, por favor— insiste él, un tanto nervioso.
—Bien— recibo de mala gana el móvil. Era un video del noticiero, grabado. Le da a reproducir y lo que escucho me deja paralizada.
“Es lamentable lo que vamos a informarles, pero el Yate, en el que se encontraban Abraham Bernard y su esposa Cristina Dumot, explotó en el Mar mediterráneo. Por el momento solo podemos informar que no se han podido recuperar los cuerpos. Se están manejando algunas hipótesis respecto a esto…”
Con una gran conmoción entrego el teléfono a mi empleado y por primera vez ya no me importa ser el centro del mundo.
—Se cancela la fiesta, diles a todos que se marchen— le pido.
Con un gesto de tristeza me alejo de la celebración, hacia la casa. Me flota el aire y todo empieza a verse borroso, me siento mareada, desorientada, la entrada parece verse más lejos, no sé si estoy avanzando.
—¡Nicole!, hermosa, ¿Te encuentras bien? — La voz de Arturo, uno de mis amigos, se escucha lejana. Lo ignoro y sigo alejándome del ruido de la fiesta.
En tanto más me alejo, la música de fondo deja de oírse, quizás ya mi empleado apagó el sonido.
Delia
El gran día ha llegado, desde muy temprano la prensa ya abarrotaba la mansión Bernard, los carros de entrega están amotinados en la entrada. El personal corre de un lugar a otro, nadie en casa está quiero, hasta la abuela está dando indicaciones. Después de todo, el día especial de la fabulosa Nicole Bernard ha dado inicio. Absolutamente, todo debe estar más que excelente para la mejor celebración del año. Mucho lujo y derroche de dinero para la princesa. Podría decirle algo, pero en este momento tengo la cabeza ocupada en mis propios asuntos y se puede decir que mi conciencia no está del todo de acuerdo con lo que vendrá. Abandono la mansión para ir a la oficina, después de arreglar algunos pendientes, llamo a mis padres, para despedirme.
“Nos alegra tanto que estés en la celebración de tu hermana”— dice mamá.
—No estoy en la fiesta, tengo pendientes en la oficina, no creo que regrese a casa, antes de las ocho.
“Deja de trabajar tanto, cariño”— sé escucha la voz de papá y mi corazón se estruja.
—Quiero agradecer por la confianza depositada en mí todo este tiempo, a pesar de no ser parte de su familia.
“No digas tonterías Delia,” dice Cristina. “¡Y cambia ese ánimo! Esta noche, todo cambiará.”
— Así es, la fiesta más grande está a punto de reventar las redes sociales —Expreso con fastidio.
“Aún eres joven, ¡Diviértete, hija!, porque cuando tengas la edad de tus padres solo tendrás tiempo para ir a la oficina.” Papá, deja salir una pequeña carcajada.
—No pertenezco al mundo de Nicole Bernard, su burbuja de perfección es exclusiva para ciertas personas.
“Pues, nos gustará, llegará a tiempo para sacarte de la oficina y llevarte a la fiesta” se escucha la voz de papá.
—Eso, me gustaría mucho —. Expreso dejando correr unas lágrimas.
“Quiero que seas parte de la vida de Nicole, ella no es del todo malo, solo le falta disciplina.” Justifica Cristina.
—Le falta corazón, valores, humildad, en otras palabras; nacer de nuevo —le aclaro.
“Eso es lo que tú debes enseñarle, como hermana mayor, debes guiarla.” — dice papá.
—Es más fácil convivir con pirañas, que con ella.
“No seas dura con ella. Ambas son mi hija y las quiero por igual” agrega papá
Respiro hondo alejando el teléfono, no puede contener las lágrimas que ruedan por mis mejillas.
“Todo saldrá bien, cariño. Nos vemos en casa” Dice madre.
—Sí, todo estará bien de ahora en Benito —Respondo con la voz temblando y corto la llamada.
Me recuesto sobre el escritorio y lloro sin consuelo. Unas horas después regreso a la mansión, tomo un baño y tras vestirme muy elegante, abandono la fabulosa fiesta a vista de todos. Ausentarme en un día como este, no es extraño para nadie, pues saben que detesto estas celebraciones.
Vuelvo a la oficina, y me reúno con los nuevos inversionistas y los abogados de la compañía.
—Me alegra que haya podido recibirnos, señorita Delia. Creímos que la empresa Its Girl Fashion, no quería asociarse con nosotros — agrega Teodoro Lemaire.
—En ausencia de mis padres, debo tomar los pendientes. Y analizar las nuevas inversiones. Y debo reconocer que me ha sorprendido sus proyectos, son estupendos.
—Tenemos muchas ideas, nuestra visión es expandirnos. Llegar a todos los continentes, es tiempo de que Its Girl Fashion llegue a rusa, Polonia, la India, Egipto, China, ¿No le parece?
—Sin duda sería un sueño, pero nosotros caminamos lento y seguro.
—si no se arriesga, no se gana, nosotros ponemos el capital y ustedes el talento, tengo entendido que la mejor modelo es su hermana Nicole.
—Si, ella es realmente hermosa y talentosa en la pasarela.
—Hemos visto muchas fotografías de ella y quedamos fascinados, ese talento no debe quedarse en México. La quiero en mi próximo desfile en Tailandia.
—No vayamos tan aprisa, señor Lemaire — sonrío, revisando los documentos.
—Es que me emociona al fin poder ser socios.
—A nosotros también — digo, firmando los documentos.
—Sin duda, será una sociedad fructífera— agrega Teodoro con una sonrisa sospechosa en sus labios.