Capítulo 3
Isa vomitó en el baño de su oficina.
No por un malestar físico.
Era la relación con Ricardo.
Todo lo que habían vivido.
Salía de ella como algo sucio.
Se lavó la cara, se miró al espejo.
Sus ojos estaban fríos.
Recordó las exigencias de Ricardo.
Ropa cara, cenas en lugares exclusivos, viajes.
Ella pensaba que era amor, que él quería compartir lo mejor con ella.
Ahora veía la verdad.
Era desprecio.
Él la usaba.
Salió del baño.
Sus colegas la saludaron.
Ella sonrió, una máscara perfecta.
"Isa, ¿todo listo para la gala? Ricardo debe estar orgulloso."
"Sí, todo perfecto", respondió Isa.
Ricardo llegó a la oficina más tarde.
La abrazó frente a todos.
"Mi amor, gracias por todo esto. Eres la mejor."
Pura actuación.
Isa sintió su piel erizarse bajo sus manos.
Más tarde, en casa, Isa le preguntó, probándolo.
"Ricky, ¿estás seguro de esto? De nosotros, de la gala."
Él la miró, extrañado.
"Claro que sí, mi vida. ¿Por qué dudas?"
Se acercó, intentó besarla.
"Es solo que... después de la gala, ¿qué sigue para nosotros?"
Ricardo sonrió, una sonrisa que antes la derretía.
"Todo, Isa. El mundo. Pero primero, mi homenaje. Será increíble."
Le dio un beso rápido en la frente.
"Voy a entrenar un rato. Nos vemos luego."
Mintió.
Isa lo sabía.
Esa noche, Isa intentó acercarse a él en la cama.
Como había visto a Valeria en las fotos, con esa intimidad descarada.
Ricardo la apartó.
"Estoy cansado, Isa. Mañana tengo un día largo."
Desprecio. Otra vez.
Isa se levantó.
Fue a su estudio.
Abrió la laptop de Ricardo, la que él rara vez usaba, la que ella le había regalado.
Tenía sus contraseñas. Él nunca se preocupó por esas cosas.
Encontró una carpeta oculta.
Videos.
Ricardo y Valeria.
En su cama. En la cama que ella compartía con él.
Risas, gemidos, palabras de amor para Valeria.
Palabras de burla para ella.
"Isa es tan ingenua. Paga todo. Gracias a ella, pronto seré una estrella."
El dolor fue tan intenso que Isa no gritó.
Agarró un pisapapeles de cristal, un regalo de su madre.
Lo apretó con fuerza.
Se rompió en su mano.
Los fragmentos se clavaron en su palma.
Sangre.
Pero Isa no sintió el dolor físico.
Estaba adormecida.
Solo sentía el hielo en su corazón.
Cerró la laptop.
Limpió la sangre del escritorio.
Con una calma que la asustó a ella misma.