Capítulo 3

Las paredes del calabozo eran frías y olían a desinfectante barato. Era un olor familiar, el prólogo de mi muerte anterior.

La puerta de metal se abrió. Era mi madre, Sofía. Sus ojos estaban rojos e hinchados, su rostro marcado por la incredulidad y el dolor.

"Hijo... ¿qué has hecho? ¿Por qué?"

En mi vida pasada, no tuve la oportunidad de darle una explicación. Esta vez, era lo primero en mi lista.

"Mamá, mírame. ¿Crees que yo haría algo así sin una razón?"

Ella negó con la cabeza, las lágrimas corrían por sus mejillas.

"No... no lo sé. Pero golpear a Isabella... Santiago, eso no está bien".

"Lo sé. Y pagaré por ello. Pero necesito que me prometas algo".

Me incliné hacia los barrotes.

"Cuida de Mateo. No lo dejes solo con Isabella, ni por un segundo. Y por favor, no le digas nada a papá. Su corazón... no lo soportaría".

Ella asintió, confundida pero dispuesta a confiar.

"Lo prometo, hijo. Pero no entiendo nada".

"Pronto lo entenderás todo, mamá. Confía en mí".

Unas horas después, Isabella apareció. Su mejilla tenía un vendaje vistoso, una herida mucho más dramática de lo que yo había provocado. Venía con un abogado.

"Santiago, he venido a sacarte. Sé que estabas estresado. Te perdono. Podemos arreglar esto".

Su plan seguía en marcha. Necesitaba que yo saliera para poder continuar con la siguiente fase: la tragedia de Mateo.

"No", dije con calma. "He cometido un crimen. Debo quedarme aquí".

Su rostro se contrajo en una mueca de frustración, apenas disimulada.

"No seas estúpido. ¡Salgamos de aquí y hablemos!"

"No hay nada de qué hablar. Vete, Isabella".

Se fue furiosa.

Pasaron dos días. Dos días en los que reviví el pánico de mi vida pasada, preguntándome si mi plan funcionaría. Entonces, me permitieron una visita.

Mi madre entró, y de su mano, venía Mateo.

Mi corazón se detuvo. Estaba vivo. Sano y salvo. Corrió hacia mí.

"¡Papá!"

Me agaché y lo abracé a través de los barrotes. Mi cuerpo temblaba de alivio. Mientras lo abrazaba, pasé mis manos discretamente por sus brazos y su espalda, buscando las viejas cicatrices de maltrato que recordaba de la autopsia de mi vida pasada. No había nada. Su piel estaba perfecta.

Una duda helada me recorrió. ¿Y si todo fue un sueño? ¿Una alucinación febril de un hombre moribundo? ¿Y si he atacado a mi esposa y arruinado mi vida por nada?

Isabella me observaba con una sonrisa de suficiencia.

"¿Ves? Todo está bien. Sal de aquí, Santiago. Tu familia te necesita".

Estaba a punto de ceder, de creer que me había vuelto loco. Pero entonces, Mateo me entregó un papel doblado.

"Papá, te hice un dibujo".

Lo abrí. Era un balón de fútbol, como cientos que me había dibujado antes. Pero esta vez, en la parte de atrás, escrito con su letra torpe, había un mensaje: "El hombre malo me dijo que no te lo diera".

Era nuestra clave. Una que inventamos jugando a los espías. Significaba "estoy en peligro, pero no puedo hablar".

Mis ojos se encontraron con los de Isabella. Su sonrisa se desvaneció. Sabía que yo lo sabía.

La amenaza era real. El juego no había terminado. Acababa de empezar.

Lee la historia completa ahora
Apoya al autor e inspíralo a crear más historias increíbles en Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Mi Segunda Oportunidad

Capítulo 3
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo