Capítulo 3

A la mañana siguiente, todo es un caos.

Sofía se ha instalado en la habitación más grande, que antes era de invitados, y ya ha redecorado la mitad de la casa con sus cosas de influencer.

La señora Mendoza me llama a su estudio. La encuentro sentada en su escritorio, con una expresión seria.

"Lupe," comienza, sin rodeos, "la llegada de Sofía lo cambia todo. Pero mi plan para ti sigue en pie."

"¿Su plan?" pregunto, aunque ya me lo imagino.

"El compromiso con Alejandro Vargas. Su familia es muy importante. Unirnos a ellos a través de ti asegurará nuestro futuro."

Siento un hueco en el estómago.

¿Compromiso? ¿Con un desconocido? ¿Significa eso que tendré que compartir mi comida? No, gracias. A menos que el tipo venga con un chef personal que cocine tacos 24/7.

Justo en ese momento, Sofía entra al estudio sin tocar.

"Mamá, ¿le estás contando las buenas noticias? Mi prometido, Alejandro, está aquí. Vino a conocernos a todos."

Detrás de ella, entra un hombre alto, con un traje impecable y una mirada fría que parece calcular el valor de todo lo que ve.

Es Alejandro Vargas.

Su mirada se posa en mí, y siento un escalofrío. No es de emoción, es de puro análisis.

"Así que esta es la famosa Guadalupe," dice, su voz tan arrogante como su postura. "Sofía me ha contado todo sobre ti. La pieza de caridad de la familia."

Me quedo callada. La sonrisa de sociedad es mi escudo.

Sofía se acerca a mí, con una cajita en la mano.

"Como ahora somos 'hermanas', quiero darte algo," dice con una dulzura exagerada. "Es un amuleto prehispánico. Dicen que protege de las malas vibras."

Abre la caja y revela un collar de piedra oscura, con grabados extraños.

Me lo pone en el cuello antes de que pueda negarme. La piedra está fría contra mi piel.

De repente, un zumbido llena mi cabeza.

[Nuevo sistema activado: Mente Abierta. Todos tus pensamientos internos ahora son audibles para las personas a tu alrededor.]

¿Qué?

Miro a Sofía. Ella sonríe, una sonrisa de victoria.

Alejandro me mira con superioridad.

"Espero que sepas cuál es tu lugar," dice.

Y mi primer pensamiento con el nuevo sistema activado sale disparado sin filtro.

Este tipo se ve caro. Su traje seguro cuesta más que mi colección de funkos. Pero tiene cara de que no sabe disfrutar un buen pozole.

El silencio en el estudio es absoluto.

Alejandro parpadea. Su cara de arrogancia se transforma en una de total confusión. Mira a Sofía, luego a la señora Mendoza, como buscando de dónde vino esa voz.

"¿Quién dijo eso?" pregunta.

Sofía apenas puede contener su risa. Su plan está funcionando. O eso cree ella.

Yo me quedo helada. Me escucharon. Me escucharon pensar en pozole.

El pánico me invade por un segundo, pero luego una idea brillante cruza mi mente.

Ay, qué sed. Un agua de horchata bien fría ahora mismo sería la gloria. Con mucho hielo y canela.

Afuera del estudio, un mayordomo que pasaba por ahí se detiene en seco. Entra tímidamente.

"Señorita Lupe, ¿deseaba un agua de horchata? En seguida se la traigo."

El mayordomo sale corriendo.

Ahora la confusión en la cara de Alejandro es monumental. Me mira como si yo fuera un truco de magia.

Sofía deja de sonreír. Esto no era parte de su plan.

Yo, por dentro, me siento como una genio.

Esto podría ser muy útil.

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Mi Mente, Su Destino

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