Capítulo 2
No me di cuenta de que me había dormido, pero al despertar, me sobresalté terriblemente. Volver a verme en esa casa extraña y lujosa me hacía creer que era toda una alucinación de parte de mi mente.
—¿No te has vestido todavía, luna? —preguntó la voz de una dama al costado de la cama.
Yo no había notado su presencia hasta que habló. La mujer debía ser la hermana de Mark, porque la recordaba vagamente de la escuela. Era mayor que nosotros, otra cosa que olvidé.
—Tu falta de memoria es preocupante. —observó ella, al tiempo en que extendía su mano para darme las prendas de ropa.
Escogí la falda negra y el suéter grueso de lana violeta, me pareció que abrigarme haría que me sintiese mucho más segura. La casa estaba llena de personas que también me despreciaban.
—Lo siento, buen día. —saludé, con los ánimos puestos en caerle bien. —Esto es una locura para mí.
—Los lobos somos criaturas leales, nadie te lastimará aquí. —La mujer suspiró. —A pesar de lo que has hecho.
Tragué saliva, santo cielo, no podía importarles tanto un simple rechazo de secundaria. Vi que me habían liberado de mis esposas, lo cual significaba que, en parte, ahora volvía a tener una pizca de libertad.
—Es difícil de creer, cuando se está secuestrada. —puse los ojos en blanco, sabía que sería grosero, pero no podía con mi genio.
—Eres una muchacha demasiado ingenua. Si somos peligrosos ¿Por qué nos faltas así el respeto? No tiene mucha lógica. —apretó los labios y entonces, sentí el miedo recorriendo mi espalda.
Ella se transformó en una gigantesca loba, tan grande como Mark, pero de color crema. Era hermosa, no podía negarlo, pero era una bestia implacable. Gruñó ante mí, mostrándome sus afilados dientes. No pudo atacarme por el sonido de la puerta que nos interrumpió. Ahí estaba él, Mark ingresó a la habitación con un traje de color oscuro, tirando a un rojo sangre, elegante y pulcro. Lo hacía ver tan guapo y fuerte que lo miré sin pestañear. Él se dio cuenta de eso, por lo que su desprecio fue todavía más amplio. Apenas me dirigió la palabra, haciéndole una seña a su hermana para que me dejara en paz.
Me tomó del brazo sin amabilidad alguna y me condujo por un amplio corredor, de pisos claros y luminosos. Yo arrastraba los pies de mala gana, quien sabe lo que me esperaba en esta locura. El cambió tanto desde la última vez que lo vi, cuando era un chico ingenuo y dulce. Ahora parecía un demonio, una bestia enjaulada en un hombre demasiado atractivo. Sus ojos negros me intimidaron.
—Muévete, no tengo todo el día. —dijo él, gruñendo, mientras me llevaba.
Aceleré el paso para no hacerlo enfadar. Me llevó a un altillo en lo alto de la casa, la cual parecía enorme y sin fin. En esa habitación, en balcón daba a un enorme jardín. Busqué sentarme en uno de los sofás. En la mesa, había pan tostado y café.
—Me gusta el café con azúcar y con crema. —pedí, porque no había nada que me disgustara más que el café puro.
—No lo tendrás, no eres una invitada de honor. —contestó a secas Mark, tomando de su taza, junto a la mía.
—El pan es de centeno y eso tampoco me gusta, no lo comeré. —crucé mis brazos, desde que era una niña no me agradaba en lo absoluto comer cosas que no fueran de mi agrado.
Siempre había sido quisquillosa, mis padres me consentían mucho.
—Malcriada. —soltó él, al tiempo en que sonreía con cinismo.
El desayunó con tranquilidad, sin importarle nada que mi estomago estuviera rugiendo. Tomé aire para no darle la razón, era imposible que me estuviera pasando esto a mí. No era lógico, este hombre que parecía salido de una película me trataba como si tuviera peste. Me odiaba. Lo veía en sus ojos, no olvidaba nuestro pasado.
—Lo siento. —busqué mirarlo a los ojos, pero solo me ignoró. —Si sirve de algo, era joven y no sabía lo que hacía.
Mi disculpa no era nada sincera, yo no pensaba que le hubiera hecho semejante daño. Porque solo fueron un par de citas que le rechacé y ya, no comprendía porque le parecía tan terrible y traumático. Me enfocó entre sus ojos penetrantes, su rostro tenía una simetría perfecta y misteriosa, me cautivaba, aunque estuviera enfadada.
—No sirve de nada, tu los has dicho. —carraspeó, aclarando su garganta. —Necesito que te vistas para una ocasión. La ropa está ahí. —señaló una maleta beige, impecable.
—¿Qué dices? No sé quien te crees que eres. —maldije, en voz baja para no provocar demasiado al lobo. —Yo no iré a ninguna parte hasta que me expliques que es lo que sucede aquí. Mark, sabes que esto es una locura. —intenté tomar su mano, pero me apartó con brusquedad, desviando la mirada.
—No mereces información. —respondió. —Obedece o estarás encarcelada. Créeme, no querrás estar ahí.
Me negué a moverme siquiera un centímetro, yo no iría a ninguna parte. Estaba harta de tanto suspenso. Yo debía volver al trabajo, a mi departamento, a mi vida normal donde tenía una rutina que se me hacía muy agradable y cómoda.
—Quiero volver a mi departamento. —dije poniéndome de pie.
Gruñó con una fatal furia, convirtiéndose en lobo y dejando su apariencia humana atrás. Los ojos rojos se posaron en mí y me derribó, rasguñando con sus garras el suelo y parte de mi brazo derecho.
La sangre corrió como un hilo en mi piel y solté un sollozo por el ardor. No era una herida grande, pero la saliva del lobo parecía una especie de veneno. Pensé que me mataría en estos momentos, su rabia era incontenible porque yo lo desafíe. No había tiempo para arrepentimientos de cualquier modo, yo y mi necesidad de rebeldía ante la bestia.
Cerré los ojos, el miedo a la muerte paralizó cada uno de mis huesos. No logré moverme, de igual modo no tenía caso intentar huir de un lobo tan grande y fuerte.
Al contrario de lo que pensé, el lobo retrocedió, con la mirada diferente. Ya no parecía enfurecido, sino que sus ojos reflejaban algo distinto. Su pelaje se suavizó, calmando su enojo, al tiempo en que iba bajando la cabeza. Noté que estaba asustado, le aterraba el hecho de haberme causado ese rasguño.
Pude acercarme a él, lentamente. Tenía la cabeza gacha, arrepentido, su increíble pelaje brillaba ante la luz del sol que entraba por la ventana. Acaricié su lomo despacio, él lo permitió. Desde esa perspectiva, se veía tierno incluso, no aterrador como un demonio. Era agradable sentir su pelaje contra mi piel, me hacía sentir protegida.
Pero ese instante de paz duró tan solo unos pocos segundos, cuando él volvió a su forma humana y me apartó con el mismo desprecio de siempre.
—Ponte lo que hay en la maleta, Sara. Ya me has hecho enfadar. —soltó él, con la voz ronca y gruesa.
Volvió a su indiferencia habitual, sentándose en el sofá con los brazos cruzados y su atractivo rostro enfadado. Me observó mientras me colocaba las prendas, tan elegantes que parecían sacados de una revista de época. Un vestido rosa claro con bordados tan pequeños, invisibles de flores delicadas. Unos zapatos de tacón negros cómodos y una loción que rocié en mi piel. Me pareció que era bastante fuerte para mi gusto, pero no quería volver a generar otro conflicto.
Mark tomó mi mano, causándome un cosquilleo en el estómago de emoción por ese contacto y me indicó que debíamos irnos por fin.
Era tan confuso lo que sentía, el me había herido en su forma de lobo, ese rasguño. Sin embargo, aquello lo hizo sentirse mal y arrepentido. Eso quería decir que, aunque me odiara, sentía algo más por mí.
Mi destino era tan incierto, mi vida normal quedó atrás entre este mundo de bestias y mi pasado, que era lejano y mi falta de memoria lo empeoraba todo. Ahora, solo ansiaba sobrevivir.
Capítulo 3
La sala era inmensa, un edificio nuevo al contrario de lo que yo pensé. Llegamos en una enorme camioneta azul, que condujo Mark, haciendo que me sentara a su lado. No me dirigió la palabra en todo el viaje, como esperé.
Me sentía algo rara con ese atuendo coloquial, debía ser una reunión con personas de alta alcurnia, de lo contrario esta vestimenta quedaría fuera de lugar. El también se veía elegante, su físico era imponente y su rostro, increíblemente hechizante.
No abrió mi puerta, no era cordial ni un caballero conmigo. Ingresamos a esa sala extensa tomados de las manos, a pesar de que el seguía odiándome. Las personas allí nos observaban, murmurando por lo bajo. Todos se hallaban vestidos de manera pulcra y perfecta, con los peinados impecables.
Saludaban solo a Mark, a mi me ignoraban como si no existiera. El me soltó la mano cuando estuvimos ubicados en una mesa. El buffet ofrecía una amplitud de platillos y pude escoger algo de mi agrado. Me serví los bocadillos de carne de res y volví a mi asiento.
—La has traído, eres tan valiente. —dijo una joven, sentándose cerca de Mark.
¿Qué era eso que sentía? ¿Por qué me enfadaba que esa chica estuviera cerca de él? Eran celos, por favor, estaba comportándome de un modo tan inmaduro. La mujer era de cabello liso y claro, con los ojos castaños y grandes. No me agradó su presencia allí, no me saludó ni nada por el estilo. Me enderecé para no mostrarme débil.
—Sí. —respondió Mark. —Su nombre es Sara.
—Todos sabemos su nombre, es la humana que se atrevió a rechazar a un alfa. —arrugó la nariz de un modo despectivo, rebajándome con la mirada.
Su vestido era escotado, pero el no la miraba, era muy respetuoso. Eso era un rasgo que también tenía cuando íbamos juntos a la escuela. Sonreí al ver que no les hacía caso a sus intentos de coqueteo. Noté que los presentes tenían los ojos en mí, portaban mucha hostilidad. Al parecer, todos allí conocían mi historia, incluso más que yo.
Me concentré a medias en la comida, buscando también escuchar su conversación.
—Está aquí, ya tienes mate entonces. —dijo la joven, la cual se llamaba Susan. —Es una real pena, pero no hay que hacer. —puso los ojos en blanco. —No estarán contentos y lo sabes, somos amigos, he venido a advertirte que las cosas se complicarán cuando te cases.
¿Casarse? ¿Con quién? Esperó que se refiera a mí… Oh, estoy pensando en puras tonterías. Hacía unos minutos quería marcharme para siempre de este loco mundo y ahora hasta pensaba en casarme. Estaba delirando, eso era algo evidente. Los celos me estaban haciendo perder la compostura.
—No tuve opción. —dijo Mark, en voz baja, casi en susurros, sirviéndose una copa. —Ella es mi mate, no logré encontrar a nadie más.
—El amor siempre te ha hecho débil. Eso te traerá problemas. Hay por lo menos tres alfas que han olfateado tu debilidad e irán por ti. —Susan negó con la cabeza en señal de preocupación. —No quiero que te lastimen.
—Puedo proteger a mi manada yo solo. —Mark frunció el ceño con severidad, eso lo hizo todavía más atractivo.
—No lo hiciste en el pasado… —empezó a decir ella, pero el bullicio de los demás impidió que siguiera hablando justo cuando estaba por decir algo importante.
Un hombre se puso de pie para hablar y todos lo vitorearon. Parecía ser el más rico de la reunión, porque reconocí una marca de reloj en su muñeca como los que ostentaban las celebridades.
—Hoy tenemos mucho por lo que celebrar. Estamos en paz entre manadas. —sonrió, su cabello canoso se mezclaba con el rubio de las hebras. —Antes, nuestros abuelos nos hubieran dicho que sería imposible convivir con humanos en armonía, y mucho menos no pelear entre nosotros. Los lobos siempre hemos sido territoriales, pero hemos dejado eso de lado para prosperar. Bueno, basta de palabrerías y brindemos, hoy nuestro amigo Mark, el alfa de la zona oeste de Rethan ha anunciado su compromiso con su mate. Pasa al frente, alfa. —dijo al tiempo en que hacia una seña.
Mark se levantó de la silla tendiéndome su mano para que lo acompañara. No tenía más opción que obedecer. Si me ponía a pensar, todos allí eran lobos, el discurso de bienvenida de ese hombre lo había confirmado. Lo cual significaba que mi vida estaba en peligro allí. Pasé al frente junto con él, noté en su mirada que seguía odiando mi compañía y eso me hizo sentir triste.
—Gracias a todos por sus aplausos, mi compromiso es oficial. Voy a casarme mañana por la tarde, están todos invitados. Como marca la tradición, la ceremonia se realizará en la morada del lobo, el lugar donde nuestros antepasados también celebraron sus uniones. —dijo Mark, con seriedad y su voz firme. Era un líder, al parecer, tan diferente a como lo conocí en el pasado.
¿De qué estaba hablando? ¿Íbamos a casarnos mañana? Esto era una completa locura y ya no sabía cómo disimular. Me mordí el labio para no gritar y cuando regresamos a nuestra mesa, no pude evitar intentar salir corriendo de allí.
Comencé a correr en dirección al jardín trasero, aprovechando que los invitados habían comenzado a bailar. Una mano de detuvo, tomándome por el hombro con firmeza. Lo vi cuando giré mi cabeza. Mark se veía furioso por mi intento de huida y me sujetó por la cintura atrayéndome hacia su cuerpo.
—Bailarás conmigo, malcriada. —dijo al tiempo en que me abrazaba.
El buscaba disimular ante los ojos de los presentes, que nos estaban mirando fijamente. Bailamos juntos sin que pudiera liberarme de sus brazos tan fuertes.
—No quiero, tengo que irme, esto no tiene sentido. —susurré, para que solo el me escuchara.
El contacto con su piel era confortable, me sentía a salvo, a pesar de que era un monstruo, un lobo despiadado al igual que toda la gente allí.
—Si lo haces, te matarán antes de que salgas por la puerta. Soy la última esperanza para ti de sobrevivir. —respondió en voz baja, acercándose a mi oreja, hasta que sus labios rozaron mi piel para no levantar más el tono.
Mi corazón comenzó a latir de un modo tan rápido que pensé que me daría un ataque.
—¿Por qué me trajiste aquí entonces? Tú me desprecias, pero quieres casarte conmigo. —una lágrima se me estaba escapando, rodando por mi mejilla.
—No tuve opción, créeme que lo que menos deseo es casarme contigo. Eres la última persona que elegiría, no tienes nada bueno para ofrecerme. —sus ojos me enfocaron, afilados, mostrando su odio por mí.
Apretó levemente mi cadera y bajó con su mano lentamente para guiarme en el baile. Era ágil con sus movimientos y disimulaba a la perfección mis ansias de escaparme de ese salón. Susan nos observaba desde el buffet, noté su mirada de rabia ante mi comportamiento.
Él tomó otra copa en el descanso de la música y no me ofreció una a mí, a diferencia de las otras parejas presentes. Yo me serví el trago por mi cuenta, buscando aclarar mi mente. Una boda, era lo último que me faltaba para volverme loca por completo.
Me aferré a la idea de que huir por la noche, si conseguía hacer que me perdieran de vista por unos segundos. Buscaría disimular para que Mark creyera que aprobaba la idea de casarnos. Aunque claro, eso sería engañarlo nuevamente. El no me quería ni un poco, no entendía porque me mantenía a su lado.
Susan se acercó para platicar con él y ambos me dejaron de lado. Fruncí el ceño al ver que ella ponía su mano sobre su hombro. Incluso mis mejillas se enrojecieron y ella soltó una risa sarcástica al notarlo. Tomé un bocadillo para disimular que no escuchaba la conversación.
—No creas que la amabilidad de los otros alfas es sincera. Ya los conoces. —La voz de Susan era dulce, intentaba siempre mostrarse perfecta.
—Ya lo sé, no soy un tonto. —soltó con fastidio Mark. —No tienes que advertirme cosas obvias, soy un alfa.
—Perdón, tienes razón. —se excusó ella, sonriendo con elegancia y sin dejar de querer tocar su hombro. —Es que te aprecio tanto que no me gustaría verte muerto. Sabes como es este mundo, aquí no hay piedad y tu… Pues has escogido casarte con este ser tan despreciable.
Esto era demasiado para mí, soportar ese insulto de parte de esa muchacha creída era la gota que colmaría mi paciencia. Extendí mi mano para buscar uno de los pasteles de atún e hice como si fuera a comerlo. Fingí tropezarme y dejé caer el pastel sobre el vestido de Susan. El aroma se impregnó en su ropa y su lindo cabello.
Sonreí.
—Oh, he sido una torpe, es que amo estos pasteles. —dije con ironía.
Pensé que Mark se enfurecería peor conmigo al hacerle eso a su amiga. Por el contrario, él incluso soltó una risa disimulada y luego volvió a su seriedad sepulcral. Tomé la mano de Mark y le indiqué que seguiríamos bailando.
Él regresó a mi lado y comenzamos a bailar al igual que la mayoría. Los lobos estaban tranquilos, pero sus miradas me enfocaban con asco, no me querían allí.
No tenía idea de porque me odiaban, quería averiguarlo y nadie me daba información. Mark era una tumba de secretos y no mostraba amabilidad conmigo. La gente comentaba sobre nuestra boda, los obsequios y demás. No lo podía creer todavía, mi idea de escapar estaba en tela de juicio.
Debía tomar una decisión pronto, el peligro rondaba tan cerca de mi y yo estaba indefensa entre las bestias.