Capítulo 3

Desperté con el corazón martilleando en mi pecho.

Estaba en mi cama, la luz del sol entraba por la ventana.

Javier salió del baño, secándose el pelo con una toalla.

Me miró y sonrió. Una sonrisa que ahora me parecía una máscara.

"Isabella, cariño, ¿puedes llevar tú a Leo a la escuela infantil? Voy con retraso, tengo que llevar a mamá al fisioterapeuta."

Las mismas palabras.

La misma frase exacta que precedió a la destrucción de mi vida.

Miré el calendario en la mesita de noche.

Era el mismo día.

He vuelto.

He reencarnado.

Las lágrimas brotaron de mis ojos, pero esta vez no eran de dolor, sino de una extraña y terrible esperanza.

Tengo una segunda oportunidad.

Una oportunidad para salvar a mi hijo.

"No."

Mi voz sonó firme, cortante.

Javier se detuvo, sorprendido.

"¿Cómo que no? Siempre lo llevas tú cuando yo no puedo."

Me levanté de la cama, mi mente trabajando a toda velocidad.

"Leo no se encuentra bien. Tiene un poco de fiebre, creo. Se quedará en casa conmigo hoy."

Javier frunció el ceño.

"¿Fiebre? A mí me parece que está perfectamente."

Fui a la habitación de Leo. Mi hijo dormía plácidamente, su pequeño pecho subiendo y bajando.

Lo abracé con todas mis fuerzas, inhalando su olor a niño, a vida.

Él se despertó, somnoliento.

"Mamá..."

"Shhh, mi amor. Hoy te quedas con mamá."

Javier entró en la habitación.

"Isabella, no sé qué te pasa, pero tengo prisa."

"Pues vete. Leo se queda aquí."

Mi tono no admitía discusión.

Javier me miró de forma extraña, una mezcla de irritación y confusión.

"Como quieras. Pero si es un capricho tuyo, hablaremos esta noche."

Se fue, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.

Escuché el coche arrancar y alejarse.

Estábamos a salvo.

Por ahora.

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Mi Hermana, Mi Verdugo

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