Capítulo 2

ADAM

Siento que mi mente sufre de un colapso con las palabras descabelladas de mi madre, «mis padres quieren que me case» miro con asombro a mi madre después de haber dicho semejante blasfemia, y no muestra signos de que esto posiblemente sea una broma, la mujer con esa mirada azul profunda y la seriedad de su expresión me indica que está hablando muy enserio.

“ósea casarme” esa palabra es demasiado grande para mí, realmente me sobrepasa y en mis planes a mis veintiocho años no estaba atarme a una persona, mucho menos cuando no creo en el amor, ni siquiera se había formado esa idea en mi mente, para que ahora mis padres se lo tomen tan deportivamente.

—Madre estás loca verdad — digo con claro asombro, miro a leo para que me ayude y lo único que consigo de él es una sonrisa burlona 

—No insultes a tu madre Adam— me dice mi padre con enojo por mis palabras.

—No es mi intención madre, pero no pienso hacerlo —le digo esto al mismo tiempo que me levanto del sillón.

—Siéntate— la voz de mi padre es con claro mando, obedezco, es el único hombre que puede controlarme, si fuera otra persona le partiría la cara por hablarme así.

—Mira hijo, no es complicado tienes muchas mujeres que se mueren por ti, solo encuentra una que se quiera casarse contigo, mínimo dos años con separación de bienes y ya está, es como un contrato.

Las palabras de mi madre hacen mucho ruido en mi mente, la idea no es tan descabellada después de todo, arreglaría el problema de mi sexualidad y además disiparía cualquier duda, aunque sería muy sospechoso que después de esta noticia, así no más resulte con una relación y además de eso con claras intención de casamiento.

Lo que me preocupa es a quien puedo escoger para casarme, todas las mujeres que conozco son unas arpías, sedientas por los lujos y el poder, no hay ninguna en mi circulo que no le interese el dinero joyas, carros y cenar en los mejores restaurantes, todas son unas putas con el alma vacía, quisiera tengo a alguna sencilla, tierna y que no se preocupe por esas banalidades y cosas tan ordinarias y superficiales.

El sueño se apodera de mí, después de tomar una larga ducha y meditarlo bien, pues me daré a la tarea de encontrar a mi futura esposa.

Llego a mi empresa temprano, saludo a los presentes que son el portero y la recepcionista, me dirijo a mi ascensor personal con esa idea en mi mente,  las puertas del ascensor se abren ingreso y presiono el último piso. Llego a él y paso por el puesto de mi secretaria que aún no ha llegado, miro el reloj y todavía falta media hora , creo que he llegado temprano.

Ingreso a mi oficina y espanto los pensamientos sobre mi futura esposa, según mi padre me hará llegar al correo el contrato que tendrá que firmar mi esposa, pero se equivoca en eso, yo mismo redactare el contrato, soy yo quien me casare y dependiendo de mi futura esposa de la misma manera será el pacto.

Me concentro en el trabajo del día, he perdido la noción del tiempo y tocan a mi puerta, doy la indicación para que ingresé, se me había hasta olvidado que tengo secretaria.

Y aparece ella Simona 

—Buenos días señor— dice ella cerrando la puerta y con su agenda en mano, para mi retina no pasa desapercibida el cambio físico monumental.

Tiene una falda negra que le llega abajo de sus rodillas ajustada a su silueta, con un corte a la mitad de su pierna y una blusa manga corta blanca en v que hace notar sus senos firmes y grandes.

Además y tal vez el cambio más notorio es su cabello , lo lleva suelto, es negro, muy largo y brilla intensamente, es hermoso, dejó esa coleta ridícula de niña sabelotodo. Pero me detengo en sus senos, como quisiera tenerlos en mis manos.

—No veo que tengas de buenas —solo puedo responderle así, me ha dejado atónito su cambio, y me preguntó porque lo haría.

—Lo siento señor si no es un buen día para usted — dice con un hilo de voz un poco triste y bajando de nuevo su cabeza, pudo cambiar un poco su forma de vestir, pero su personalidad sosa sigue intacta.

—Que hay para hoy? — cuando menciono esto su expresión cambia, al parecer su trabajo le encanta.

Me dice todo lo que tengo que hacer hoy, pero por lo visto al medio día estaré desocupado, sale de mi oficina y me pongo manos a la obra, voy a varias citas con nuevos inversionistas, varios clientes y visita de proveedores y el día se me va volando.

No tengo problemas mientras realizo mi labor pero me desconcentro en varias ocasiones pensando quien podría ser mi futura esposa, Irina es una loca compulsiva por las compras, Adeline, esa mujer no le da un golpe a la tierra, Carime, mejor dejémosla a un lado, Martha tiene esposo, Laura es adicta a las drogas pero folla de maravilla, si la presento ante mis padres a mi madre de seguro le daría alguna cosa al ver su aspecto.

Apenas me vengo a dar cuenta que estoy rodeado de nadie que valga la pena, Llego de nuevo a la empresa cansado, agotado paso por el escritorio de mi secretaria y no se encuentra, ¿Dónde estará? decido buscarla en la pequeña pieza dispuesta como área de cafetería, dejo mis pertenencias en su escritorio y voy a buscarla a dicho lugar sorprendiéndome con lo que me encuentro.

Mi secretaria se encuentra de rodillas, su trasero apuntado hacia mí y ella buscando no sé qué debajo de la mesa. «Tiene un culito matador»

No soy un hombre que aguante las ganas de hacer las cosas y la mano me pica por impactar sus nalgas, el deseo no lo reprimo y doy un paso hacia ella mientras mantiene la misma posición y suelto el golpe en sus nalgas.

—Maldición hijo de perra—dice ella después de pegarle y saca la cabeza de su escondite.

Sus preciosos ojos parecen que quisieran salirse de orbita, no logro descifrar si es por la nalgada o porque fui yo quien se la propinó, diría que por las dos de igual forma la sorpresa de verme es grande y su rostro palidece. Se levanta rápidamente y acomoda su falda y…

—Que boquita la que tienes — le digo llevándola contra la mesa.

—Perdón señor, no quería decir eso. —dice tímidamente con su mirada al piso

—Eso me ha gustado, me provocas sabes —levanta su mirada al terminar de decir lo último.

—¿Qué es lo que pretende señor? — me pregunta y creo que me ha sorprendido, no es tan boba después de todo.

—Tu que pretendes, cambiando de look y además recibiéndome con tu culo provocándome — tomo su cintura con mis manos, y la aprieto, un leve jadeo sale de su boca, y ahora que los puedo ver entreabiertos el deseo de besarla se hace grande.

—No era mi intención señor, solo que se me ha caído el pendiente y lo estaba buscando —Termina de decir y muerde su labio, diablos que sexy.

—No quiero tus explicaciones— menciono y poso ahora mi mano en su pierna desnuda, la que tiene la abertura de la falda.

—Usted es difícil de complacer y comprender señor. 

—¿Quieres complacerme Simona? —susurro en su oído al tiempo que presiono su pierna provocando que se le escape un jadeo.

—Responde lo que te pregunte Simona— posa sus manos en mis hombros y aprieta el chaleco que llevo puesto.

—No lo sé señor 

—¿Por qué la duda?

—Usted.

—¿Por qué soy el problema? — le pregunto subiendo lentamente mi mano por su pierna mi objetivo, su vagina.

—Por sus estados de ánimo— una sonrisa se escapa de mí, es curioso que lo diga, solo ella logra sacar lo peor de mí.

No me deja avanzar cuando mi mano recorre su cadera, le beso el cuello para que se relaje y vuelve a jadear encendiéndome putamente.

—Señor por favor.

—¿Quieres que me detenga?

—No, — titubea —no lo sé —por sus nervios la Simona es virgen puedo apostar mi empresa.

—¿Quieres complacerme Simona? — Silencio por unos segundos y declara

—Si señor —esas palabras bastaron para que lograra sacar el demonio pasional que hay en mí.

—Quédate quieta — digo cerca de su oído, y ella asiente cerrando sus ojos. Paso mi dedo índice por su tersa piel de su rostro y siento como se estremece por mi toque.

—Mírame Simona —le exijo.

—No soy capaz señor — dice suave, tierno ella es simplemente hermosa.

—Quiero que me mires —hace una fuerza sobrehumana obligándose a mirarme, sus ojos son realmente hermosos ese color miel intenso se clavan en mis ojos azules oscuros.

Su boca entreabierta me invita a seguir con mis planes y sin más poso mis labios en los de ella que corresponde temblando,  sus labios son suaves, sabe a menta y café, una combinación rica, el beso sube de nivel y ahora ella tiene sus delicadas manos en mi cabello apretándolo y exigiéndome más, esta mujer va a secarme, me deja sin aliento, es muy ardiente

Tengo una de mis manos cerca de su vagina y la otra en su cintura, decido avanzar hasta llegar a mi objetivo, que es su sexo y si ella no me detiene me deleitare.

Tomo uno de sus senos mientras llego a su vagina, ella rompe el beso para jadear cuando toco su clítoris por encima de la ropa de encaje en tanto la escucho jadear y apretar mi ropa.

—Señor por favor— me dice agitada

—Tranquila bebe complacerme — evoco y vuelvo a tomar sus labios.

Trato de correr sus bragas, pero una voz me detiene

—Que interesante — esa voz hace que me detenga y Simona de empuja alejándome de ella, me giro con ganas de romperle la cara a quien se atrevió a interrumpirme.

—¿Leo que haces aquí?— Le grito y el muy descarado se ríe.

—Qué vergüenza — dice Simona cubriendo su rostro, le señalo la salida a leo y alza sus manos en son de paz dejándome solo con Simona.

—Tranquila—  acaricio su espalda.

—Señor por favor déjeme sola.

Y eso hago, voy directo a mi oficina para matar a leo, precisamente en el mejor momento llega a interrumpir.

—Si que eres un imbécil — Le grito y tiro la puerta 

—Perdón hermano, solo que llegué y no vi a ninguno de los dos, así que el único lugar era ese, pero me sorprendió hermano, ¿enserio tu secretaria?

—Pues sí, ella será mi esposa —Le digo sentándome en mi escritorio.

—Buena elección, ella es hermosa y no es superficial como las modelitos con las que estás acostumbrado a follar.

—Así es, ayúdame a redactar el contrato—me siento en mi silla— Antes de que se termine la jornada.

Toda la tarde leo y yo estuvimos redactando el contrato, borrando una cosa, cambiando otra por supuesto, este contrato es para beneficiarme completamente, es muy poco el poder que le doy a mi futura esposa, si esa mujer acepta no sabe lo que le espera. 

—Listo hermano, creo que está muy completo, así que cuando se lo propones, 

—Pues es hora de que te vallas, y hazla pasar.

— Es enserio me utilizas y luego me hechas, sos un completo imbécil — dice en claro tono de burla.

—Si te sientes muy indignado lárgate y no vuelvas.

—Tu tan sutil como siempre — me da una sonrisa y sale, espero unos minutos y aparece en escena Simona, no es novedad que tenga su cabeza agachada.

—Acércate Simona y toma asiento — le digo y además le señalo la silla.

— Señor por favor perdóneme, no me valla a despedir, necesito el trabajo— sus palabras salen como cataratas con su claro nerviosismo.

—Tranquila, no te llamo para eso —le digo calmado, pues me parece tierno su reacción.

—Te llamo para proponerte un negocio —ella abre sus ojos y yo no puedo olvidar nuestro beso.

—¿Negocio? — dice confundida.

La verdad no me gusta darle vueltas a las cosas a si que le suelto la propuesta.

—Quiero que te cases conmigo — ella abre la boca para luego cubrirla con sus manos además de que abre sus ojos y los mueve de un lado a otro.

—¿Porque? — me pregunta y es lo único que puede decir, sé que no se lo esperaba.

—Muy sencillo no te mentiré, debido a la noticia del club gay donde me vieron salir, ¿leíste la nota me imagino?

—Asi es señor.

—Bien, pues debido a eso mis padres me obligan a casarme, todas las mujeres que conozco son unas putas superficiales— no utilizo filtro en mis palabras — y notando la clara atracción sexual entre los dos, quiero que tú lo seas, se mi esposa Simona.

Vuelvo a proponérselo, pero mis palabras no parecen convencerla.

—Que dices — le digo soltando todo el aire de mi sistema y recostando mi espalda al sillón.

—Me toma por sorpresa señor, nunca imagine esto 

—Dime una cosa yo te gusto— le pregunto y rara vez siento miedo de la respuesta. Ella empieza a mover una de sus piernas, el temblor en su cuerpo se hace notar, y por primera vez toma fuerza y me mira intensamente

—Estoy enamorada de usted señor— su confesión me sorprende y me alegra a la vez, pero me mantengo imperturbable, no le demuestro nada, ella al ver mi reacción baja de nuevo la cabeza.

—Eso es bueno, entonces que dices, vuelve a mirarme

—No lo sé señor —y su respuesta me saca de mis casillas, como puede decir que me ama, pero no sabe si se quiere casar, que contradicción son las mujeres

—Bien Simona, las personas que no saben y no tienen claro lo que quieren en la vida no me gustan las aparto, la indecisión me exaspera. 

En su rostro se nota el miedo, tal vez mis palabras son muy duras, pero con personas como Simona que la duda y la vacilación atraviesa su mente a cada instante hay que decirles las cosas duramente, bueno eso creo, igual es mi personalidad ser duro, es sencillo para mi ser un completo idiota

—Es fácil, toma este es el contrato— lo tiro cerca del escritorio, no es la manera ya que la acción hace que ella pegue un saldito en su silla, fui un poco violento, pero enserio me enoja sobremanera 

—Léelo y mañana dame una respuesta, ahora sal por favor.

Ella lo toma y se dirige a la salida 

—Simona—la detengo antes de abrir la puerta.

—Señor — dice ella un poco asustada.

—Si no aceptas, será cualquier otra, no será problema reemplazarte.

Capítulo 3

SIMONA

«Duele» duele enamorarte de un imposible y verlo todos los días y lo peor es que ese amor imposible sea tu jefe, es cliché que la secretaria se enamore de su superior pero es un sentimiento que no pude evitar desde el primer día en que lo vi.

Durante el tiempo que he trabajado para Adam soy una mujer totalmente invisible, no lleno el prospecto o soy el tipo de hembra con las cuales esta acostumbrado a salir, modelos, empresarias, actrices y hasta reporteras son el prototipo de mujeres con las que se relaciona y yo, pues yo, soy su secretaria.

Siento que ese hombre va a matarme, no pude resistirme a sus besos y a sus caricias, había soñado por mucho tiempo una caricia de ese hombre y por fin mi sueño si hizo realidad, es un ogro conmigo, la forma de tratarme no es la mejor pero realmente estoy enamorada de él, no sé cómo paso, pero mi cuerpo alma y mente le pertenecen a Adam.

Ayer después de la pregunta que me hizo si era virgen, llegue llorando a casa, vivo con Romina mi mejor amiga, y me aconsejo que cambiara un poco mi forma de vestir y peinarme ya que según ella me veo como una típica sabelotodo virginal.

Al parecer el cambio le ha gustado al jefe, aunque trató de disimularlo, pude notar su mirada en mí, quiero que esta vez me mire, que me vea solo a mí y mi cambio tiene ese propósito.

Lo que paso hace poco en la zona de descanso fue una locura, por primera vez un hombre llegaba a tocarme en mi parte más íntima y se sintió genial, increíble, no duro mucho, pero creo que mi cuerpo tiene memoria y todavía siento sus dedos en mí.

El señor Leonardo después de salir de la oficina del jefe se acercó a mí, yo no podía ni mirarlo a los ojos la vergüenza era mucha y el parecía notar eso en mí.

—Tranquila Simona, no tienes por qué avergonzarte es normal eso.

—Lo siento señor Leonardo por encontrarme en esa situación, de verdad le pido disculpas.

—Nada de eso mujer, ya te lo dije es normal, además pienso que tú eres la indicada.

 Eso logra sorprenderme y levanto mi mirada, el señor Leonardo es lindo sus ojos azules y su cabellera dorada hacen muy buena combinación.

—¿A qué se refiere señor?

—Ya lo sabrás solo te digo, tú tienes el poder de cambiar a eso energúmeno que tienes por jefe y ve que te necesita, — ahora me queda claro a que se refería, seré capaz de cambiar la actitud de Adam, 

Me encuentro en el paradero de bus con el contrato que mi jefe acaba de darme,  cuando una camioneta negra se estaciona frente a mí, no puedo ver quien es la persona, y mi sorpresa es grande, cuando bajan el espejo, y unos ojos grandes azules oscuros me están escrutando de arriba a abajo, mi cuerpo no responde y solo puedo quedarme ahí , parada sin moverme, inerte.

—Simona sube —me dice mi jefe Adam, va en el puesto del copiloto, y su amigo Leonardo es quien maneja.

—No, no creo que sea correcto señor— le digo con temor, porque sé que a este hombre le enerva que lo contradigan.

—Es una orden Simona no volveré a repetir sube — es severo al pronunciar esas palabras da miedo, pero no sé qué es lo que me detiene, porque no obedecerle la necesidad de contradecirlo es más fuerte.

—Lo siento señor, no lo haré — en el fondo la risa de Leonardo no se hace esperar, y el enojo en Adam es evidente.

Lo siguiente es que ese hombre baja del auto, yo retrocedo, pero me toma del brazo fuertemente y me pega a él, se acerca a mi oído para decir.

—Sube maldita sea, no me contradigas— qué más puedo hacer, le obedezco y subo a la parte de atrás del auto y el hace lo mismo, sentándose a mi lado

—Hola Simona —me saluda Leonardo 

—Hola señor Leonardo — le respondo

—Dame tu dirección te llevaremos.

Doy un largo suspiro y miro a mi derecha donde se encuentra mi jefe, no me mira, su mirada está perdida en algún punto en la calle. Me quedo embelesada mirando su perfil, es el tan varonil y sexy y las preguntas surgen dejándome menos que nada ante las mujeres que suele dormir, ¿como un hombre como él se fija en alguien tan común como yo? ¿porque me escogería para ser su esposa?

—Es que no escuchaste lo que dijo leo responde deja de mirarme como boba —Joder este hombre es peor que una mujer en su mes, sus palabras me sacan de mi letargo y me sonrojo, mi rostro se hizo tomate.

—Eh si claro, balbuceó

—Tranquila Simona —me dice leo—no la trates así patán— le dice  a mi jefe.

—Maneja— responde el.

Le indico mi dirección y creo que no conoce esa parte de la ciudad.

—Tendrás que guiarme un poco, no conozco esos lares de acuerdo— me dice Leonardo.

—Está bien, no hay problema.

Todo se hace silencio por unos minutos, hasta que Leo enciende la radio y pone música bajito, miro de nuevo a mi jefe pero nada, sigue ahí imperturbable, frio sin ninguna expresión, decido dejar de mirarlo, total creo que su atención no la tendré nunca como lo deseo y miro por mi ventana, en el transporte público no se puede apreciar las calles, normalmente me toca de pie. 

El auto se detiene en el cambio de semáforo y veo a una pareja de enamorados besándose en plena esquina, la pasión y el amor se le nota a flor de piel y yo aquí desando una caricia de mi jefe.

Los latidos de mi corazón se aceleran cuando la piel de mi pierna descubierta por la abertura de mi falda  esta siento tocada por unas manos suaves y grandes , bajo mi mirada hacia la zona donde estoy sintiendo el toque y no se como ponerme al ver que es la mano de mi jefe.

Quien más podría ser si no Adam, mi futuro y quizás esposo, dejo que me acaricie, su toque se siente bien, su mano calidad me estremece completa y miro a su rostro y sigue con la mirada hacia el vidrio de su ventana.

 Mis instintos se despiertan junto con mi imaginación ya que su mano va más allá y creo saber a dónde quiere llegar, me debato en dejarlo seguir o detenerlo, me da vergüenza con Leonardo, de pronto puede vernos, está a punto de llegar a mi monte de venus y la vergüenza le gana a las ganas.

—No te atrevas a negarme esto, te castigare por lo de hace rato — Miro a Leonardo, pero parece no haber escuchado lo que me dijo mi jefe, está concentrado en manejar y cantar. 

Suelto el agarre que le he impuesto a su mano y lo dejo hacer. No sé porque, pero me domina con tan solo hablarme, ademas de besarme el lóbulo de mi oreja encendiéndome las mejillas.

Tengo que confesar es que no soy así yo tengo carácter, nunca he dejado que los hombres se acerquen tanto a mí pero con Adam es diferente, su sola presencia causa estragos en mi ser.

Su mano empuja mi pierna y me abro dándole mayor acceso a mi vagina, toca por encima de mis bragas de encaje negro y muerdo mis labios conteniendo los jadeos que se atoran en mi garganta con tal de no levantar sospechas en Leornardo.

Corre la tela y aprieto mis manos en pujo con el ardor que toma mi clítoris con cada toque sueve de su dedo al presionar tengo mi mirada hacia la calle, no puedo ni mirarlo, solo paso saliva con dificultad mientras que por el rabillo del ojo noto que el mira hacia Leonardo  que está concentrado en manejar, no sé si se hace pero no parece darse cuenta lo que pasa entre Adam y yo en la parte trasera de su auto.

—Que mojada estas Simona.

Dice en mi oído tan bajito y sexy provocando un rio en mi entrepierna, mientras el continua con sus dedos en mi clítoris, dándole masajes en círculos, de arriba abajo, presiona y tantea mi entrada poniéndome nerviosa.

Dios es un experto, esto nunca lo había sentido, siento mi rostro arder, aprieto mi bolso fuertemente porque hay algo que se está formando en mi vientre que nunca había sentido, cierro mis ojos disfrutando de la rica sensación que Adam me está dando con sus dedos, 

—Ahora ayúdame Simona que ruta tomo— las palabras de Leonardo hacen que abra mis ojos abruptamente y sujete el brazo de Adam, el miedo de ser descubiertos me embarga.

—Responde es que no escuchas— dice de nuevo mi jefe, de nuevo con esa voz áspera y creo que este hombre es un maldito, como puede decir eso, tiene su mano en mi vagina, como quiere que emita alguna palabra con él entre mis piernas.

—¿Estas bien Simona?— dice Leonardo mirando por el retrovisor ---estas roja me dice 

—Si, si, estoy bien solo sigue derecho —tomo aire en mis pulmones, Adam ha acelerado los movimientos de sus dedos y no me permite pensar.

—¿Y después?

—S s si , después a la derecha en el semáforo, y sigues derecho dos cuadras luego doblas a la izquierda — por fin logro decir pero con gran esfuerzo, olvidándome del glorioso movimiento de dedos de Adam

—Bien —dice Leonardo y vuelve a concentrarse en la canción. 

Siento que algo grande se acerca, Adam sigue con su mirada perdida, como puede hacerme esto y estar tan fresco, como si no pasara nada, mientras que yo estoy muriendo a fuego lento.

Recuesto la cabeza en el espaldar del sillón cerrando mis ojos y  me dejo llevar, creo que mi orgasmo se aproxima y cuando siento que lo tengo a punto, Adam se detiene.

«Maldición» abro mis ojos y lo miro confundida, ¿porque lo hizo? ¿porque se detuvo no entiendo? en mi mente se forma muchos interrogantes, por fin quita su mirada de la ventana, y me da la atención merecida al sacar su mano de mí intimidad, lleva sus dedos a la boca causando estragos en mi sexo.

Lo miro con alucinación por esa acción, saca sus dedos de su boca y muerde su labio y me guiña el ojos matándome lentamente, ahora sí que estoy jodida.

—Hemos llegado —dice Leonardo.

—¿Vives aquí? — dice Adam con un poco de desagrado es entendible ya que mi barrio es común y es una zona un poco peligrosa y marginada por la sociedad.

—Si, así es — mi voz suena un poco enojada, ya que no me gusto la forma tan despectiva como se refirió a mi casa.

Se baja para permitirme la salida antes de salir le agradezco al señor Leonardo

— Gracias por traerme señor Leonardo— Le digo sinceramente y le dedico una sonrisa.

—De nada cuídate— me responde.

Salgo y mi jefe esta recostado a un lado del auto. Su mirada se posa en mis ojos y eso hace que baje la mirada, es fuerte como me mira no soy capaz de sostenérsela.

—Gracias señor por el aventón— Se acerca a mí me toma de la cintura fuertemente y me pega a él para decirme.

—Que rico sabes Simona, no espero la hora que seas mi esposa para probarte completamente.

Abre la puerta del copiloto y se sube al auto, dejándome así con toda esa maraña en mi cuerpo, es muy malo, por hacerme esto.

—Ve a casa Simona— me dice después de subirse, él tiene un gran problema, quiere que uno haga las cosas exactamente y cuando él las diga.

Con la cara sonrojada doy vuelta y me dirijo a mi casa, me muero por mirar, pero no siento el motor del carro así que creo que ellos están esperando a que ingrese, ingreso la llave y obligo a mi cuerpo a voltear y mirarlo por última vez este día. Pero toda mi alegría se desvanece cuando noto que ni siquiera está mirándome, el enojo llena mi sistema, así que ingreso y cierro la puerta duramente.

Llego y tiro mis pertenencias al mueble más cercano, Romina no ha llegado así que voy a la cocina a preparar algo de comida, tenemos la regla de quien llegue primero hace la cena así que esta vez me tocó a mí. 

Me he dado una ducha, estoy saliendo del baño con mi toalla tapando mi cuerpo cuando aparece romina y se acuesta en mi cama.

—Romi hola .

—¿Que tal tu día, noto el cambio? cuéntamelo todo. —Me ataca romina con preguntas, su curiosidad es grande además de que sabe mis sentimientos hacia mi jefe.

—Cálmate, deja el chisme Romina — Le digo esto haciéndola sufrir.

—Ya no hagas esto ven cuéntame — palmea la cama para que me siente a su lado.

—Pues noto mi cambio, aunque su fría personalidad no le permite mostrar ese tipo de emociones, pero creo que le gusto 

—Y que más solo paso eso.

—Nos besamos.

Cubro mi rostro con ambas manos sonrojada.

—Nooooo te lo creo — dice romina gritando y saltando, se me tira encima y me abraza.

—¿Besa rico? — me pregunta después de alejarse de mí y tomando de nuevo la posición en la cama.

—Como un dios.

—¿Como sabes que así besa un Dios?

—Porque lo bese a el.

Termino de contarle, además de lo que paso en la zona de descanso y lo que paso en el auto, dejando la propuesta para lo ulitmo, la cara de Romina es de asombro con cada palabra de mi parte y se que su amor por mi es grande que se alegra por mis avances después de consolarme varias noches después de llegar destrozada de la oficina.

—Romi, me propuso matrimonio.

Su rostro es un poema que reacciona después de unos segundo donde me abraza y gritamos juntas llenas de emoción.

Leemos detenidamente el contrato encontrándonos con cosas que sencillamente me pone a pensar.

—Bueno en pocas palabras ese hombre se convierte en tu dueño, mejor dicho, tienes que pedirle permiso para respirar.

—Es verdad no poder dar ni siquiera un paso sin que él lo sepa — leer el contrato me ha desanimado un poco.

—¿Aceptaras su propuesta?

—No lo sé romí, me dijo que sería fácil reemplazarme y que si no soy yo sería cualquier otra.

—No puedes permitir eso, es tu oportunidad de estar con el amor de tu vida al menos por dos años.

Reímos por ese comentario, pensándolo bien, será mío y yo de el por ese tiempo.

—Lo bueno es la comisión que tendrías después de la separación. vivirías tranquilamente con todo el dinero que piensa darte.

—El dinero es lo que menos me importa—digo con tristeza— Romí lo quiero a él— Me levanto de la cama con mucha tristeza y una lagrima saliendo de mis ojos.

—Entonces tu única opción es enamorarlo, tienes dos años para conseguir ese objetivo. Le miro y me limpio la lágrima 

—¿Sera que podría enamorarlo? — le pregunto no muy segura.

—Simona ven aquí —me dice y me da un beso en la frente —eres una mujer bellísima, toma mi rostro en sus manos—solo ten más confianza en ti misma y podrás lograr todo lo que quieras, enamora a ese hombre y hazlo tuyo para siempre.

Me inyecta confianza, Romina siempre ha sido muy segura de si misma y con una gran personalidad.

—Si, eso hare, enamorare a Adam.

—Eso esta bien, pero recuerda que siempre ha tenido todo en la mano Simona, no se la pongas tan fácil—aconseja—se que cuando estas enamorado te vuelves muy débil, pero no puedes dejarle todo en bandeja de plata.

—Si es verdad.

—Ahora vamos a celebrar—va a mi armario y no quiero salir—tenemos que distraernos, me regalaron unas boletas vip, así que vamos.

—Estoy cansada.

Me siento en la cama.

—Si yo también—me tira el vestido rojo—por eso tenemos que ir, ademas quien quita que encuentre el amor de mi vida.

—No quiero problemas con…

—No lo digas que aun no le perteneces—se cruza de brazos delante de mi—esa actitud sumisa es la que no debes tener ante el Simona porque te comerá viva.

Tiene razón, ademas necesito despejar mi mente de muchas cosas y el momento que pasamos en el auto, pensar en eso solo ocasiona que me lata el clítoris con fuerza.

—Bien, vámonos entonces.

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