Capítulo 3

Me quedé ahí, pegado al cristal de la joyería, viendo cómo se reían.

El mundo a mi alrededor se sentía borroso, como si estuviera bajo el agua.

El ruido del lobby, los botones uniformados, la gente elegante pasando a mi lado, todo se desvaneció.

Solo existía esa escena.

Sofía, la mujer que yo creía que compartía mi lucha, mi pobreza, mi desesperación.

Ella estaba ahí, viviendo una vida que yo no sabía que existía.

La imagen de ella en nuestro departamento se superpuso a la que tenía enfrente.

En casa, Sofía usaba ropa desgastada, se recogía el pelo sin cuidado y comía de pie en la cocina para "ahorrar tiempo" .

Se quejaba de que el jabón para los trastes era muy caro.

Discutía conmigo por gastar diez pesos en un refresco para mí después de un día de doce horas de trabajo.

Aquí, en este universo paralelo de lujo, era otra persona.

Su postura era erguida, su risa era despreocupada, su mano sostenía una copa de champán que un mesero le ofreció.

Me acordé de cómo nos conocimos.

Ambos éramos estudiantes, sin un peso en la bolsa.

Compartíamos una torta en el parque y soñábamos con un futuro mejor.

Yo me enamoré de su fuerza, de su determinación para salir adelante.

Nos prometimos que siempre nos apoyaríamos, que seríamos un equipo contra el mundo.

"Juntos somos más fuertes, Ricardo," me decía.

¿En qué momento se rompió esa promesa?

¿En qué momento nuestro "juntos" se convirtió en su "yo" y mi "tú" ?

Dentro de la tienda, la transacción terminó.

Sofía guardó su tarjeta y le dio una palmada cariñosa en la cabeza a Camila.

Alejandro la abrazó por la cintura.

Se veían como una familia.

Una familia feliz y adinerada.

Y yo, ¿qué era yo?

¿El tonto que pagaba las cuentas del humilde hogar que ella usaba como disfraz?

Una notificación en mi celular me devolvió a la realidad.

"Entrega retrasada. Cliente esperando."

Mi jefe.

Tenía que volver al trabajo, a la moto, al calor, a la miseria.

La miseria que, al parecer, solo era mía.

Mi mano temblaba mientras sacaba el teléfono para llamar al hospital, una costumbre que tenía cada dos horas.

"¿Cómo está María?" pregunté a la enfermera, con la voz rota.

"Estable, señor Vargas," dijo con amabilidad profesional. "Pero sigue débil. La doctora Rojas quiere hablar con usted mañana."

Colgué.

Estable.

Débil.

Necesitaba una cirugía que su madre podría pagar con un abrir y cerrar de ojos, pero prefería gastar el dinero en la hija de otro hombre.

El dolor en mi pecho era físico.

Sentí que me faltaba el aire.

Me di la vuelta y me alejé de esa ventana de lujo, de esa vida falsa.

Cada paso era pesado, como si arrastrara cadenas.

La traición de Sofía no era solo por el dinero.

Era por cada sacrificio que hice creyendo que lo hacía por nosotros.

Por cada noche de insomnio preocupado por las deudas.

Por cada vez que me salté una comida para que ella y María tuvieran suficiente.

Todo había sido un teatro.

Y yo era el único idiota en la audiencia que se lo había creído.

Lee la historia completa ahora
Apoya al autor e inspíralo a crear más historias increíbles en Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Mi Dolor, Su Fortuna

Capítulo 3
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo