Capítulo 2
Rosa.
Quizás me equivoqué, tal vez el hombre de la tribu y el lobo no tenían nada que ver, después de todo… ¿Qué tan probable era que un hombre se pudiera transformar en lobo?, quizás por eso se molestó, lo confundí con un “animal salvaje” aunque para mí eso no era algo malo… pensándolo bien, creo que yo también me ofendería si un extraño llega de la nada y me confunde con una loba. Me quedé dormida pensando eso mientras escuchaba un aullido a lo lejos, pero era distinto al que ya había escuchado antes, esta vez eran varios al unísono y sonaba como una furiosa despedida.
Me levanté con la idea fija de conversar con el hombre misterioso, quería hablar con él para aclarar el mal entendido, sé que me dijo que no me volviera a acercar a la tribu pero ¿Qué podía hacer? No es como si me lo pudiera topar en la micro ¿o si?... Decidida a “hacer las pases” pedalee de vuelta al bosque a pesar de las protestas y prohibiciones de mi madre.
Caminé durante horas entre los árboles, sin embargo no encontré señal alguna de la tribu “hubiera jurado que estaba por aquí” pensaba mientras caminaba en círculos, sin embargo era obvio que en ese terreno nadie jamás había puesto tienda alguna, incluso podría parecer como si yo fuera la primera persona en pisar ese césped en mucho tiempo.
Ya al anochecer, totalmente decepcionada, volví a casa, cuando quise usar el GPS de mi celular para no perderme en la oscuridad de la noche, me di cuenta que mi celular se había descargado “lo único que me faltaba” me lamenté. Al llegar a mi casa procuré no hacer ruido, esperando que mi madre estuviera durmiendo y no haya notado que estuve todo el día fuera.
-¿y se puede saber dónde estabas? – exclamó en cuanto cerré la puerta.
-yo… estaba haciendo un trabajo en casa de carla…
-un trabajo…
-sí…
-¿se fueron para allá después del colegio?
-sí, exactamente
-¿y no podías llamarme para avisar?
-lo siento, pensé que ya te había dicho…
-¡ya basta! El director llamó para preguntar si estabas enferma, ¿por qué faltaste a clases? Además… ¿para que mierda me pides un celular si no vas a contestar?
-Mamá… yo, lo siento…
-nada, con todos esos lobos sueltos, no puedes andar sola por ahí… ¿y si uno te hubiera atacado de nuevo?
-esos lobos son inofensivos – dije sin realmente entender porque los defendía.
-la marca en tu brazo no opina lo mismo.
-pero mamá…
-pero nada, desde mañana te iré a buscar y dejar al colegio y eso será todo, no más salidas, no visitas de amigos ni teléfono hasta fin de mes.
-¡pero eso son casi 3 semanas!
-¿quieres que sean 4?
-no, no, no
-bien, entonces ya dije ya, ahora a la cama.
Sin decir una sola palabra fui a mi habitación, no podía culpar a mi madre por estar molesta, pensé que mi pequeño viaje al bosque me tomaría menos tiempo pero todo se salió de proporciones… simplemente perfecto ¿y ahora qué haría?.
Diego.
Tenía que pensar en algo, si algo sabía de esa pequeña humana es que no se detendría hasta dar con nosotros, lo había visto en su mirada…
Mis sentimientos por ella me habían vuelto un descuidado cachorro, no podía permitirlo. Tenía que hablar con la tribu, teníamos que buscar un nuevo terreno para nuestro campamento y mientras antes lo hiciéramos, mejor… la pregunta era ¿dónde?... Entonces me fije en la colina, estaba solo a unos 500 km, no muy lejos del pueblo como para que se no hiciera difícil llegar, pero tampoco lo suficiente cerca como para que los humanos nos vieran, pronto sería como si nunca hubiéramos estado ahí, aunque como es nuestra misión, seguiríamos cuidándolos a lo lejos.
Por mucho que doliera, no podía acércame a mi protegida de una forma más intima, eso pondría en peligro a toda la tribu y, como su Alfa, no lo podía permitir, un buen líder pone las necesidades de su gente antes de las suyas propias. Ya con las ideas claras fui a hablar con ellos.
-tribu… tengo algo que decirles… no es algo fácil pero es necesario…
-vamos jefe, no nos asustes – dijo Celeste, mi segunda al mando.
-tranquilos, no es tan grave, pero… debemos mudarnos…
-¿qué? ¿Por qué? Acabo de terminar de instalar mi tienda – dijo Raúl, el último en unirse a la manada.
-lo sé Raúl… pero es necesario para mantener nuestro secreto a salvo – contesté.
-espera… dijiste que no era grave y ¿ahora está en riesgo nuestro secreto? – dijo celeste.
-es solo una precaución…
-llevamos más de 100 años en el anonimato, ¿Quién fue el idiota que nos expuso? – dijo Óscar, uno de los ancianos.
-ehh… fui yo, en serio lo lamento, pero tuve que acercarme mucho a mi protegida pues estaba en riesgo vital y bueno… creo que está ligando el lobo que la rescató a mi apariencia humana…
-eso es imposible, ningún humano ha reconocido a un hombre lobo en más de 1000 años – dijo Diana, otra anciana.
-bueno, ella estuvo a punto, obviamente intente distraerla y quitarle la idea de la cabeza y creo que está bien, pero no quiero correr riesgos.
-¿y a dónde iremos? – preguntó Raúl.
-a las colinas, hay un lugar perfecto ahí, tendremos más espacio que aquí y, lo más importante, privacidad.
-bueno, no es tan lejos – comentó celeste mostrando su apoyo.
-bien, entonces manos a la obra, cierren sus tienda y formen un círculo alrededor del campamento.
Todos siguieron mis órdenes al instante, como siempre, cuándo di la señal todos aullamos al mismo tiempo para desintegrar el campamento, sus partículas quedaron en el aire mientras la hierva a nuestros pies volvía a crecer, pronto nuestro antiguo campamento quedó como un bosque virgen de mil años. Con un segundo aullido di la señal para empezar la caravana, corrimos en el aire para no dejar huellas, con las partículas del campamento volando sobre nosotros, en 5 minutos estábamos en un claro de las colinas, con un tercer aullido comunitario materializamos el campamento, pero esta vez era más grande, tanto las tiendas como los espacios comunes eran el doble del tamaño que tenían antes.
-esto luce como un buen cambio para mi – dijo Celeste.
-sí, definitivamente podría acostumbrarme a esto – coincidió Raúl.
-solo ten más cuidado, eres joven y sé lo fuerte que se siente el vínculo entre un lobo y su protegida, pero no te dejes llevar – dijo Óscar.
-tranquilo abuelo, tengo todo bajo control – dije, aunque nunca había sentido tanta incertidumbre antes.
Nuestro pequeño ritual no solo era para cambiar nuestro pequeño hogar de lugar, también lo borraba de la gente del pueblo salvo, claro, que hubiera algo más potente que la magia que los ligara a nosotros, pero claro nadie lo tenía ya que nunca nos relacionábamos con los humanos.
Los días siguientes hice mi trabajo en mi forma humana, pero utilizando mi habilidad de “camuflaje” era una habilidad que solo los lobos de alto nivel teníamos, esta me permitía pasar desapercibido, era similar a la invisibilidad, solo que con esta en vez de desaparecer te mimetizabas con el ambiente, para ponerlo de forma más gráfica, si estoy en un estacionamiento y alguien mira hacia mi, todo lo que ve son autos, si estoy en una multitud no verá diferencia entre mi o cualquier humano, así suma y sigue…
Estuvo bastante tranquila, salvo un par de discusiones en el colegio no pasó nada malo, su madre tenía bastante más vigilada que antes, lo cual disminuía los riesgos a los que se exponía cuando caminaba sola por la calle. Lo cual facilitaba muchísimo mi trabajo de protección. A veces solo me quedaba mirándola, mi excusa era que debía estar atento por si algún imprevisto sucedía, pero en el fondo ni yo mismo me lo creía. Pero gracias a mi habilidad podía acercarme mucho a ella sin que lo notara, entonces sucedió algo que me pilló desprevenido:
-oye Carla, tu vives hace arto tiempo acá ¿verdad? – le preguntó a una chica morena.
-sí, de toda la vida – respondió ella con tranquilidad abriendo una gaseosa.
-¿sabes algo de la tribu del bosque? – preguntó ella, tuve que morderme la lengua para no gritar ¿por qué mierda estaba preguntando por nosotros después del ritual de traslado?
-¿de qué tribu estás hablando, rosita?
-ya sabes, la que estaba en algún lugar del bosque.
-nadie en su sano juicio viviría en ese bosque.
-pero si hace unos días estaban ahí – insistió ella, esto ya me estaba preocupando.
-te lo digo amiga, ese bosque es demasiado peligroso, está lleno de lobos y otros animales salvajes. Ningún humano sobreviviría ni una noche ahí… ¿por qué tanto interés?
-nada, pensé que había visto algo, quizás solo fue un animal – se rindió al fin, o al menos eso parecía.
Una vez que estuvo en su casa volví al campamento, me recosté en mi cama mientras la cabeza me daba vueltas “¿por qué ella seguía recordando?... No es como si ella tuviera algún vínculo con migo, mucho menos, con la tribu ¿verdad?... Entonces ¿por qué?... Eso no tenía ningún sentido…
Además, había otro punto importante, ¿por qué tanto interés en nosotros?, ¿sólo quería encontrarme o sabía algo que yo no?
Creo que lo mejor sería vigilarla, muy, muy de cerca hasta averiguar que sabía. Claro que para ella seguiría estando distante, cerca y lejos a la vez.
Rosa.
Los días pasaban muuuy lentos, además, por alguna razón todos olvidaron repentinamente todo sobre la tribu que tantos mitos había generado. Era como si nunca hubieran existido, le pregunté a todos mis conocidos, incluso al profesor de historia quien me aseguró que el pueblo tenía unos cientos de años y jamás había estado cerca de ninguna tribu.
El lado negativo era que mi madre seguía enfadada, incluso más cuando se enteró de que había estado en él bosque.
-¿quieres morir o qué? – me dijo en una de nuestras discusiones.
-ya estás exagerando otra vez – le respondí.
-los animales salvajes no son un juego, rosa, son impredecibles, pueden atacarte así de la nada.
-ya te he dicho mil veces que ningún animal me ha atacado.
-¿y el lobo de la otra vez, qué?
-¡el me estaba protegiendo!
-sí, claro.
-¿sabes qué? Me voy a dormir, no se puede hablar contigo – dije irritada y subí a mi habitación.
Me quedé en la cama mirando el techo, no estaba segura de porqué, pero no podía quitármelos de la cabeza, el lobo que me salvó y el misterioso hombre de cabello café, había algo sobre ellos, mi instinto me decía que ambos estaban ligados de algún modo y mi instinto nunca se equivocaba.
Esa noche también soñé con el lobo, pero esta vez fue algo un poco más angustiante, estaba en el bosque, a su lado, entonces el empezaba a correr, yo lo perseguía pero a medida que avanzaba me iba haciendo más y más pequeña hasta quedar enterrada en la hierva lo cual hacía que perdiera su rastro, intentaba seguirlo pero todo lo que veía era tierra y altas hojas de césped. Desperté con el pecho apretado y una angustia tremenda, no sabía que hacer para aclarar mi mente. Necesitaba verlo, despejar todas esas dudas que me agobiaban, pero sobre todo, verlo aunque sea una sola vez más.
Capítulo 3
Rosa
Después de tres semanas mi castigo había terminado y con el mis esperanzas de volver a ver a “mi lobo” como lo había bautizado en secreto. Por alguna razón el bosque era aún más prohibido que antes y cada día, cuando lo veía a lo lejos había algo nuevo en el que lo hacía más denso, no era solo mi idea, en la última semana quise comprobar mi teoría y en cada amanecer le sacaba una foto al bosque, a simple vista no se notaba, pero cuando agrandabas las imágenes y las comparabas lo podías comprobar, el primer día fueron dos arboles, el segundo un gran arbusto, el tercero el césped creció tanto que se mezclaba con los arbustos, el cuarto al menos 10 arboles se llenaron de enredaderas y así suma y sigue…
Todo esto solo alimentaba mi curiosidad, pero veía poco probable que pudiera hacer algo más que sacar fotos, incluso había ido a la biblioteca en busca de algún indicio, una fecha, un nombre, algún acontecimiento inexplicable, pero nada, había una sección en un libro de historia en los que había una sección titulada “pueblos ligados a camino verde” pero al llegar a la página todo el capítulo estaba en blanco. Luego encontré un libro que se llamaba “leyendas locales” pero muchas páginas estaban totalmente en blanco, solo había unos pocos dibujos puestos aleatoriamente entremedio de todas las páginas en blanco, un bosque, una luna llena, un lobo, un hombre de pelo largo, un grupo de lobos, un lobo aullándole a la luna… definitivamente los lobos eran cosa seria en ese lugar, sin embargo nada de eso se aproximaba a nada que, siquiera, pareciera una pista sobre el lobo gigante y el hombre de pelo café.
Ese findesemana mi madre estaba enferma así que fui a hacer las compras por ella, primero pasé a la farmacia y luego fui al supermercado. Entonces, así de la nada, me encontré con él, ya había empezado a pensar que había dejado el pueblo, incluso me cuestioné si quizás solo era un producto de mi imaginación, sin embargo, ahí estaba, con la misma expresión de “pocos amigos” que antes, me congelé en cuanto lo vi, el me miraba de vuelta como si estuviera indeciso entre acercarse o ignorarme por completo. Cuándo recuperé la compostura me acerque a él para sacar un kilo de carne que había en un frigorífico a sus espaldas. Decidí no tomar la iniciativa al hablarle, ya que la última vez no me había ido muy bien.
-mmjj…. ¿Cómo te llamas? – dijo después de aclararse la garganta. Yo lo mire levantando una ceja como diciendo “¿es en serio?“ – este… yo, yo soy Diego.
-Rosa, mucho gusto – dije un tanto incomoda, no sé porque en todas las conversaciones que tuve con el en mi cabeza, nunca hubo una de presentaciones…
-y… - empezó a decir pero al mirarme enmudeció.
-¿qué?
-yo… esto… me preguntaba…
-si es por lo de la otra vez…
-espera… ¿a qué te refieres con la otra vez? ¿Sabes quién soy? – dijo abriendo mucho los ojos, no sé porque parecía tan sorprendido.
-bueno, así como saber, saber, no, pero nos encontramos en el bosque la otra vez ¿o ya se te olvidó? – dije un tacto decepcionada de que me olvidara.
-ven aquí – dijo pescándome del brazo me arrastró fuera del super.
-¡oye! ¡Aún no termino de comprar!
-luego te ayudo con eso, tenemos que hablar “Ro” – dijo el con voz seria, aunque me gustó la forma en que me llamó “Ro”
Diego.
Había cumplido con mi deber, incluso me encargué de lanzar un hechizo de crecimiento rápido al bosque para que así fuera, aún más difícil, llegar a las colinas.
Ella no dejaba de investigar, pero luego de un par de semanas pareció calmarse, sin embargo para mi era cada vez más angustiante no saber ni su nombre. Así que ese día cuando la vi entrar en el supermercado, totalmente sola, crei que era la ocasión perfecta para un “encuentro casual” así por lo menos sabría su nombre. Sabía perfectamente que eso era contra todas las reglas, los lobos nunca deberíamos relacionarnos de forma íntima con los humanos, pero ¿qué diablos?, era el Alfa ¿quién me lo iba a impedir?.
Entonces me acerque a ella paulatinamente, cuando estábamos en el pasillo de carnes frías hicimos contacto visual, solo entonces recordé que había borrado todos los recuerdos del pueblo sobre la tribu, por lo cuál probablemente ella no me recordaría, se congeló un minuto al verme, supuse que estaba nerviosa, suelo tener ese efecto en los humanos… aproveché la oportunidad cuando se acercó a coger algo de carne, me aclaré la garganta y dije:
-¿Co-Cómo te llamas? – Ella me miro levantando una ceja como diciendo “¿es en serio?“ y yo agregue – este… yo, yo soy Diego – Dios, se sentía como un cachorro asustado.
-Rosa, mucho gusto – dijo sin sonreir
-y… - ¡Dios! ¿Por qué era tan difícil hablar con los humanos?
-¿qué? – me animó a continuar
-yo… esto… me preguntaba… - tartamudee, me sentía estúpido, no podía formular una sola frase coherente, quería invitarla a tomar algo pero ¿sería eso demasiado extraño para ella? En mis estudios del comportamiento humano nunca me fije si las hembras aceptaban salir a tomar algo con machos que no conocían.
-si es por lo de la otra vez… - esa simple frase me hizo reaccionar.
-espera… ¿a qué te refieres con la otra vez? ¿Sabes quién soy? – No tenía sentido, ¿porqué recordaba lo que pasó?
-bueno, así como saber, saber, no, pero nos encontramos en el bosque la otra vez ¿o ya se te olvidó? – Su respuesta puso todos mis sentidos alerta, el cachorro asustado desapareció para dar lugar al Alfa protector y cauteloso.
-ven aquí – dije, la tomé del brazo procurando no enterrarle las garras y la saqué del supermercado.
-¡oye! ¡Aún no termino de comprar! – se quejó cuando dejamos su carro atrás.
-luego te ayudo con eso, tenemos que hablar “Ro” – dije, no sé porque la llamé “Ro” pero sonaba bien, una vez afuera la lleve a un callejón que se formaba entre el supermercado y un edificio de 3 pisos - ¿por qué me recuerdas? – le dije un tanto molesto, no con ella, si no por el hecho que mi hechizo no hubiera funcionado en ella.
-no sé a qué te refieres… no eres el tipo de persona que es fácil de olvidar – dijo ruborizándose, yo también lo hice.
-no me refiero a eso – dije, luego di vuelta un enorme contenedor de basura de una patada, mientras gritaba - ¡mierda!
-mira… yo, yo, lo siento, ¿si?... No sé que hice, pero tranquilo, si quieres que te olvide, eso hare ¿si?, no tienes que ponerte así – dijo asustada, ¡qué estúpido!, ella empezó a retroceder pero yo la retuve de la forma más delicada que pude.
-lo siento, no quise asustarte, por favor, quédate…
-no entiendo, Diego… ¿Qué quieres? – dijo, entonces sin poder resistirlo un segundo más la atraje hacia mi, la abracé con fuerza y dulzura.
-te quiero a ti, pequeña ro – respondí y la besé, para mi sorpresa ella no se resistió, de hecho me respondió con gusto, entonces lo entendí, por increíble que pareciera nuestro breve encuentro fue suficiente para crear un vínculo, por eso me buscaba, por eso quería averiguar sobre la tribu y por eso no me olvidó.
Cuando la solté ella se quedó ahí cómo un conejito con los ojos cerrados mirando hacia arriba.
-¿estás bien, pequeña? – le pregunté, realmente no sabía si todos los humanos reaccionaban así después de un beso – abre los ojos, bonita.
-no, no quiero
-¿por qué no? – pregunté extrañado.
-no quiero que desaparezcas – esa pequeña humana cada vez me sorprendía más con sus respuestas.
-tranquila, no iré a ninguna parte – dije abrazándola, entonces ella abrió los ojos y me sonrió.
Rosa.
Aún no podía creerlo, después de tanto misterio, de todos esos sueños extraños, estaba ahí con él y acababa de besarme… era algo irreal, su rostro aún me recordaba al lobo gigante que había visto pero no me pareció buena idea mencionarlo considerando lo que había pasado la última vez.
-¿quién eres? – le pregunté después de recuperar el aliento.
-ya te lo dije, soy Diego – respondió con simpleza.
-No, ese es sólo tu nombre, no quién eres.
-bueno, nuestras personalidades tendremos que irlas conociendo en el camino…
-bueno, supongo que tienes razón. ¿Y entonces?...
-¿qué te parece si vamos por un… batido de frutas o algo?
-¿un batido de frutas? – repetí divertida, ¿Quién invitaba batidos? – supongo que hay una primera vez para todo.
-¿en serio nunca has tomado uno? – dijo, parecía sorprendido.
-bueno… es parecido a los jugos ¿no?
-si y no, ven, tienes que verlo por ti misma – dijo y tirándome del brazo empezó a correr hacia algún lugar.
-Diego, me vas a romper el brazo – dije, nunca había visto a nadie correr tan rápido.
-oh, lo siento – dijo, entonces me tomó en brazos y siguió corriendo hasta llegar a una especie de cabaña construida con madera de pino y por dentro parecía una de esas tabernas de las películas de vaqueros.
-¿qué es este lugar? – pregunté.
-un lugar seguro, aquí podremos conversar sin que nadie nos interrumpa y además hacen los mejores batidos de frutas.
-genial – dije y nos sentamos en una mesa que parecía tronco.
La gente ahí era distinta a la del pueblo, había muchas personas de abundante cabellera plateada pero no Lucía como si fuera teñida, algunos de ellos llevaban pequeños chalecos de piel que sólo le cubría el pecho y hombros, otros iban con el torso totalmente descubierto, a pesar de ser invierno, ahora que lo veía bien, Diego sólo llevaba una capa de piel café-anaranjada sobre los hombros pero no llevaba nada debajo de esta.
-Hola jefe, ¿Quién es su amiga? – dijo una chica de pelo negro hasta la cintura y ojos amarillos.
-es mi invitada de honor, ¿Tienes algún batido que pueda impresionarla? – dijo él con una sonrisa cautivadora.
-creo que tengo algo perfecto para la cachorra – dijo la chica con un tono tan simpático que me fue imposible sentirme ofendida por el hecho se que me llamara “cachorra” - ¿y para Ud lo de siempre?
-si, ya sabes como me gusta.
-vuelvo enseguida.
-entonces… ¿por qué te dice jefe? ¿Eres el dueño del lugar o algo?
-jajaja, que chistosa… no, el bar de jugos es de luna, yo… ¿Cómo explicarlo?... Se podría decir que soy una especie de guía espiritual y de, alguna forma, un protector para ellos.
-¿para quienes? – pregunté intrigada.
-para mi gente.
-los de la tribu – concluí.
-sí
-¿y porque se fueron?
-No quiero hablar de eso – dijo seriamente, mejor cuéntame de ti.
-bien, pero solo si luego prometes responder mis preguntas.
-contestaré todo lo que pueda – prometió.
-bien, ¿Qué te digo?... Tengo casi 18, voy en cuarto medio, quiero ser veterinaria porque me encantan los animales – el sonrió con gusto al escuchar eso – vivo sola con mi mamá, mi papá murió cuando tenía 4 así que no recuerdo mucho de él, me gusta leer, no soy demasiado sociable y bueno… eso a grandes rasgos.
-eres una pequeña fascinante – dijo tocando mi nariz con la yema de su dedo índice.
-vamos, no exageres, no es como si fuera la gran cosa – dije empujándolo de un hombro.
-lo digo en serio, al menos para mí, lo eres.
-bueno, ahora es tu turno…
-bueno, yo tengo… 23 años, el trabajo que hago con la tribu es mi único trabajo, mis padres aún viven y convivimos todos en el mismo campamento pero en distintas tiendas y bueno… eso…
-espera, pero si ser el guía de la tribu es tu único trabajo ¿de que vives?
-Nosotros tenemos un estilo de vida algo diferente al que estás acostumbrada, la tribu es una comunidad, algunos cosechan, otros cazan, otros venden algunas artesanías para comprar insumos básicos, como ropa, frazadas, artículos de limpieza, etc, todo es de todos y cada quien tiene lo que necesita, esa es una de mis tareas, velar porque la repartición sea justa.
-vaya… eso suena muy lindo…
Así estuvimos hablando hasta que empezó a oscurecer, no sé que tenía el batido que me hizo luna, pero estaba exquisito. Solo cuando el sol se empezó a poner el sol recordé las compras que había dejado pendiente. Llegamos justo antes de que cerrara el supermercado y Diego me ayudó a llevar todo a mi casa. Cuando llegué mi mamá dormía así que creo que no notó que mi ausencia se había extendido más de lo planeado, lo cuál me alivió bastante.