Capítulo 3
¡Hola! Mi nombre ya se lo saben y mi edad ya no se puede presumir.
Mi hija es mi vivo retrato, bueno ya no tanto, su cabello lo deja crecer una cuarta arriba de la cadera. Y si hablamos de la piel es del mismo tono que la mía.
Ella odia las escenas cursis y el romanticismo, si la comparo con Ximena, bueno me recuerda demasiado a ella. Últimamente Ayla se parece demasiado en actitud a su tía.
Es un poco caprichosa, de mal carácter y un poco mimada, fue mi error por consentirla demasiado, pero tampoco tan mía Dylan también tuvo un poco de culpa.
—Mi amor, a solo 2 días es el cumple de nuestra princesa, ¿Ya se te ocurrió algo para su regalo?–Me pregunta el muy cínico. Todo me lo deja a mí, disque yo me encargo de los gastos en la casa, porque según él todo está a mi nombre.
—No, no se me ocurre nada todavía, ayúdame–Le digo al mismo tiempo que le ayudo a quitarse la chaqueta del traje.
—No soy bueno escogiendo regalos, aunque pienso que, deberíamos de dejarle lo del regalo a ese muchachito que anda con ella–Dylan hace una mueca y me aprieta la cintura por atrás. Está celoso porque sabe que pronto se llevarán a nuestra pequeña hija y no le gusta.
—Pero, ese regalo es de él, debes de darle uno tú–Enredo mis brazos en su cuello y él asiente.
—Le regalaré un auto y un viaje a dónde quiera ir, pero eso sí su novio está excluido.
—Ja, ja. Mi amor, porque no me dí cuenta que eres muy tóxico.
—Que raro, siempre lo supiste–Dylan acaricia mi mejilla antes de meterme en sus brazos— Me enteré que tu hermana viene el lunes ¿Por qué no la invitas para pasado? Así después de mandar a Ayla de viaje tendremos tiempo para nosotros al fin.
—Porque no tiene tiempo. Y no pasaremos tiempo nosotros dos porque aunque Ayla este de viaje aún tienes que vigilar a Larry.
—Ya está grande, ya se puede cuidar solo.
—Eres su padre, ¿Por qué eres así con él?–Le pregunto molesta, Dylan siempre le dice a Larry bien hecho y luego nada. Cuando Larry era pequeño él lo trataba de maravilla, ahora lo deja más tiempo solo y usa el pretexto de que se puede cuidar solo.
—¿No le ves él parecido que tenemos? Si es mi copia exacta entonces también debe de aprender a madurar para el cargo que tendrá en el futuro.
Además ya necesita espacio, la última vez que fui a verle él muy maleducado me corrió de su cuarto por recibir una llamada.
Y no es porqué no lo quiera o algo así, si no que la persona de la llamada estaba registrada como “Mi novia”. Le dí un par de concejos y después le dí su espacio, no soy un mal padre como crees.
—Perdoname, te regañe demasiado, lo que significa que te tengo que compensar el lunes. Llamaré a Ximena para que venga el domingo y después tener todo el tiempo solos.
—Sí–Me responde y cuando estamos apunto de darnos un beso alguien llama a la puerta.
—Mamá, ¿puedo pasar?–Pregunta Larry y Dylan se separa de mi automáticamente, las pocas veces que hemos podido estar a solas es cuando ellos están en la escuela o cuando nosotros estamos en la empresa.
—Claro que si, hijo– La puerta se abre y Larry entra con una nota.
—Oye má, estoy checando quien va a traer el mejor regalo para mi hermana y me doy cuenta que es la tía Ximena.
—No, de hecho, tu papá será él de mejor regalo, con la compra de un auto y un boleto para ir a dónde quiera con todo pagado.
—Entonces ya ni le regaló nada, ustedes le van a regalar lo mejor– Larry se encoge de hombros y suelto una carcajada. Dylan tiene razón, mi hijo se parece demasiado a él.
Por el rabillo del ojo veo a Dylan y a Larry chocar con sus puños y reírse levemente. Ambos de complexión delgada y con cortes de cabello igual ¿Qué más puedo pedir?
— Bien má, ya me voy, nos vemos–Larry se va y de nuevo Dylan y yo quedamos a solas.
—Amm, Dylan te amo–Le digo y me acerco a él dándole un pequeño beso antes de que alguien más nos interrumpa.
—Yo más–Dylan me abraza y entonces suena su teléfono. Hace una mueca y al ver de quién se trata de separa de mi. No se quién le llama ni porqué tiene esa reacción siempre que le llaman.
Si no fuera porque se que no me es infiel juraría que se trata de una amante.
—Bueno, si mañana hablaremos de eso. A las dos en la empresa, sí, hasta mañana– Cuelga y avienta su teléfono.
—Vamos a cenar–Le guiño un ojo y él se acomoda para bajar.
—Ya que.