Capítulo 2
Al día siguiente, la empresa Cole, estaba alborotada. La empresa afrontaba graves problemas. La empresa de Liam podría enfrentar problemas debido a deudas acumuladas, como préstamos bancarios, líneas de crédito o bonos emitidos. Si la empresa no puede cumplir con sus pagos o enfrenta altas tasas de interés, esto podría afectar negativamente su flujo de efectivo y su capacidad para invertir en nuevos proyectos o pagar a sus empleados. Además enfrentaba problema de liquidez si no puede convertir sus activos en efectivo rápidamente o si tiene dificultades para obtener financiamiento a corto plazo para cubrir sus gastos operativos. Esto podría resultar en retrasos en el pago de proveedores, dificultades para cumplir con las obligaciones de pago y una mayor presión financiera en general.
Liam, se encontraba entre la espada y la pared. Ya no encontraba ninguna solución, y no; no vendería sus bienes para soluciona una empresa. De todas maneras no le alcanzaba. Se encontraba en un duro aprieto, tenía una reunión con inversionistas. La puerta suena, Liam rodeado de papeles levanta la cabeza.
—¿Sí? –pregunta.
—Hola Liam –murmura Eduardo , sus pasos son firmes. Lleva un traje rayado, color azul y su mirada es desafiante.
Liam rueda los ojos, vuelve a concentrarse en sus papeles.
—Dime que necesitas –espeta, y vuelve a sentarse.
—No deberías tratar a tu mejor inversionisa… de esta manera –proboca a Liam, quien lo ignora.
—Ajá –exclama.
—Quieren… distituirte –menciona. Esas dos palabras, captan la atención de Liam, quien levanta la cabeza confuso.
—Y bueno –comenta, aunque, si le interesa aquello aunque este finjiendo que no.
—Cariño entra –murmura y esucha el sonido de unos tacones. Al levantar la vista sorprendido se encuentra con Elena.
—Hola… —comenta timida, sus mejillas se vuelven rojas; recuerda todo lo que vivieron juntos.
“Que casualidad…”, piensa y se muerde las uñas.
—Elena… —susurra, sus ojos se abren con amplitud al reconocerla —¿Ustedes… ? –pregunta Liam.
—Oh no… es mi papá –comenta con una sonrisa, lo toma del brazo y el ceño siempre fruncido de Eduardo, desaparece. Liam, desde que conoce aquel hombre; hace 20 años jamás lo vió sonreir.
—Mi niña preciosa –comenta Eduardo y Elena sonríe.
—Bueno… ¿necesita algo Eduardo? –pregunta algo incomodo por la presencia de la hermosa mujer, la cual en este instante; jura odiar.
“La detesto, tiene… sangre sucia…”, piensa mirando con rencor a Elena.
—Vamos a hablar un poco –comenta y Elena sigue a su padre, pero él la detiene –cariño busca un café ¿sí?
—Claro papá –comenta con una sonrisa y se aleja.
Las puertas se cierran, Liam contempla con fesconfianza al hombre. Eduardo observa al joven, a quien vió crecer. Su sonrisa es de picardía pura.
—Te tengo un trato, sé que tienes graves problemas en la empresa y…
—No es cierto –interrumpe y Eduardo rodea los ojos.
—Los tienes, ahora… vamos a solucionarnos –espeta y Liam niega, le da un golpe a una mesa cerca.
—¡No necesito tu maldita ayuda! –exclama enojado.
—Claro que la necesitas y… respeta a los mayores –sisea con una sonrisa victoriosa.
—Tú no te mereces respeto y menos después de…
—¿Sigues con lo mismo? –interrumpe a Liam, se cruza de brazos y da un suspiro cansino. Se apoya en la pared, y saca su teléfono para revisar el horario. Eduardo es un hombre muy ocupado. Sin embargo, tiene mucho aprecio por Liam. Algo que el chico jamás sabrá.
—Sí… eres… un rompe hogares –reclama mirándolo con asco, sus ojos envían chispas al hombre ubicado a unos metros de distancia; inmune al odio enviado.
—Cásate con mi hija –dice sin rodeos, Liam lo contempla como si le hubiera salido dos cabezas más.
—Ahora si… enloqueciste –murmura.
—Piénsalo, salvare tu empresa… y el legado de tu padre. El cual, no supiste manejar.
—¡No es de tu incumbencia yo…!
—Te avisé que esos chinos no eran de confianza –regaña a Liam, quien lo observa con enojo.
—Es mi jodida vida, no eres mi padrastro –espeta con enojo, y se acerca al hombre dando dos pasos. Eduardo, no se intimida ni un pelo. Sus ojos vagan a las expresiones llenas de ira, por parte de Liam.
—Me preocupo por ti.. –menciona y Liam estalla en una carcajada. Eduardo se marcha, justo cuando ingresa Elena con tres tazas de café.
“Me trajo un café a mí…”, piensa Liam y su enojo desaparece con la presencia de esa mujer.
Pero enseguida recuerda el enojo, y suspira.
—Ten… —comenta con voz suave Elena y sus ojos se encuentran, rosan levemente sus manos. Elena se sonroja, baja la mirada.
“Es… tan guapo”, piensa Elena sonrojada.
“La odio”, piensa Liam.
—¿Ya se van? –pregunta en un tono seco, confundiendo a Elena.
—Vamos hija, es un hombre ocupado –menciona y Elena asiente.
—Adios… —susurra, aún mira por encima de su hombro. Liam, ya no la observa.
Dos semanas pasan, Liam tiene aún más problemas que antes. Ahora se suma el problema de liquidez, y ya no sabe qué hacer. Se toma el cabello, y tiene que asistir a una reunión. Mira de reojo las cartas de documento y hace una mueca. Bebe un trago de licor barato, ya que no tenía más dinero para uno costoso, y se marcha.
Media hora mas tarde, se afloja la corbata. Deja caer su cuerpo musculoso, aunque más delgado por las preocupaciones, al cómodo sofá. Sus ojos se cierran, y con un… enorme pesar: llama a Eduardo.
—Acepto…
Capítulo 3
Liam, se encuentra aliviado. El banco después de dos días, ya no le acosó. Sin embargo Eduardo, no era tonto, sí se negaba o hacía un movimiento en falos; quitaría toda la inversión. Decidió por medio de Eduardo, invitar a la señorita Elena a un paseo.
Una hora mas tarde, escucha un débil golpeteo en la puerta. Elena ingresa, tiene puesto un conjunto elegante, junto a un sombrero a juego. Lleva su cabello rubio en una trenza. Sus manos, están cubiertas por guantes de encaje, y sostiene una pequeña bolsita.
Sus mejillas se vuelven rojas al ver a Liam. Tiene la camisa desprendida, por las preocupaciones y su traje le acentúa sus músculos. Elena se muerde los labios, y liam la observa.
“Esos labios…”, piensa pero mueve la cabeza con disimulo intentando ignorar esos pensamientos.
—Hola Liam… que bueno verte… —murmura Elena, con una sonrisa tímida en el rostro. Se encuentra de pie, en el lumbral de la puerta.
—Pasa –espeta, sin emoción alguna y Elena con una sonrisa ingresa.
—¿Cómo has estado? –interroga nerviosa.
—Bien –comenta en un monosílabo.
—Oh… que bueno –murmura un poco incomoda, su sonrisa se borra. Sus hombros se juntan y sostiene con fuerza la cartera.
—Siéntate, ya termino.
—Bueno… —comenta con voz suave.
Elena aprovecha ese momento, para observar a su crush desde que era niña. Se siente feliz, de estar tan cerca de él. Sus movimientos son elegantes, sus músculos se contraen cada vez que sostiene una hoja entre sus manos y vuelve a la computadora portátil.
“¿Por qué tiene que ser tan guapo?”, se pregunta en silencio.
—Bueno… marchemos –menciona Liam y Elena, se pone de pie. Toma el antebrazo de Liam sin preguntar, LIam la observa con enojo.
“Maldita criatura, es igual a Eduardo. Los mismos ojos grises y apagados; esos labios color chicle; su piel pálida como un vampiro”, piensa enojado.
—¿Pasa algo? –pregunta insegura Elena. Liam suspira frustrado, a pesar de detestar la compañía de su enemiga, finge una sonrisa.
—Nada, digo… estoy bien –miente y ella vuelve a sonreír. Juntos en silencio llegan al estacionamiento. Liam está abriendo el vehículo, al mirar a su costado, no ve a Elena por ningún lado.
—¿Elena? –pregunta al aire, pero nadie le da ninguna respuesta –Mierda, encima tengo que buscar a esta niñita malcriada –espeta a regañadientes.
Pero su enojo se desvanece. A unos metros de distancia, la encuentra. Sostiene entre sus manos, un pequeño perrito. Está lastimado al parecer. Elena no duda un segundo, en quitar su costoso pañuelo y envolverlo en él.
—Lo han atropellado, es… tan pequeño. No debe tener más de dos meses –comenta con dolor, tiene la mirada fija en el cachorro.
—Bueno, vamos, déjalo ahí y… —pero Liam, se queda en silencio. Al ver los ojos llenos de lágrimas de Elena, algo en él, se conmueve.
Y Liam Cole, no era alguien para conmover, él jamás tenía sentimientos. Nunca había amado a nadie en toda su vida, menos a una niña malcriada.
Liam Cole, dio un suspiro mirando al cielo y se hincó de rodillas frente a la chica.
—Vamos a una veterinaria –siseo, algo confuso por la marea de sentimientos que lo invadían.
—Gracias Liam –espeta con agradecimiento, dándole una tierna sonrisa. Entonces LIam, quien cuidaba su deportivo como un tesoro y jamás. Pero jamás en toda su vida, subiría a un animal, lo está haciendo.
Mira de reojo a Elena, quien le habla palabras dulces al animal y suspira, sintiendo un escalofrió en su columna vertebral.
—Tranquilo bebé… —susurra Elena.
Pronto llegan, Liam se queda en el auto y Elena baja enseguida. Maldice, y baja junto a ella. Elena ingresa, y un veterinario se queda quieto al ver lo hermosa de la chica.
“Qué bonita…”, piensa el veterinario. Extiende una sonrisa en todo el rostro, pero se borra al ver el ceño fruncido de Liam. Quien está como una estatua a su lado.
—Hola… —menciona un poco nervioso por la mirada del acompañante.
—¿Puede ayudarme?, lo encontramos hace unos minutos, está herido es muy pequeño –murmura y extiende sus brazos, el veterinario lo sostiene.
—Veré que podemos hacer –murmura y ella sonríe.
—Lo debe curar, es su trabajo –comenta enojado Liam y el veterinario corre.
Elena, se sienta y suspira preocupada por el cachorro. Esconde su rosro, en la palma de su mano. Liam la observa en silencio, quiere ser malo con ella y distante.
—Bueno, es mejor marcharnos, que se encarguen. Pago y nos vamos –menciona y se pone de pie.
—Me quedaré aquí –comenta con decisión la pequeña rubia, de curvas prominente. Sus mejillas están rojas, al igual que su nariz. Liam asiente, se pone de pie y cierra los ojos.
“Mierda…”, maldice en silencio. Gira sobre sus talones y se sienta a su lado.
—Pensé que te irias –comenta Elena confusa, observando a su acompañante.
—Me… quedaré contigo –espeta y ella sonríe.
—Lamento… haber arruinado el paseo –comenta apenada, y pellizca sus dedos por ansiedad.
—No es tan… malo –murmura y traga saliva en seco, por su respuesta “amable”, algo que no quería para nada.
—Gracias… —susurra y sus ojos se achinan de manera graciosa. Sus ojos parecen dos medialunas, y Liam se pierde en esa sonrisa.
—De nada… —comenta y ella lo toma del ante brazo.
Una hora después aparece de nuevo el veterinario. Elena enseguida se pone de pie, se acerca corriendo al mostrador. Sus ojos brillan, Liam se percata de ello.
—Está bien, tenga –comenta el veterinario y ella le agradece.
Media hora más tarde, Elena tiene el semblante triste. Su nariz está roja y comienza a estornudar sin parar.
—¿Estas bien? –pregunta confuso Liam y Elena asiente.
—Soy alérgica, al pelo de los animales, bueno a la mayoría de las… —un estornudo interrumpe sus palabras y hace una mueca –mascotas.
—Bueno, te llevaré a tu casa –comenta Liam pero ella niega.
—No puedo, es decir: Papá no me dejará tener a Perri.
—¿Perri? –pregunta confuso.
—Sí, se llama así.
—Entonces ¿Qué harás? –pregunta dudoso. Elena lo mira con los ojos cristalinos, y Liam niega.
—Claro que no.
Dos horas más tarde, Liam deja la bolsa de medicamentos sobre la mesa. Mira con los brazos cruzados, el cachorro que acaba de orinar en la alfombra.
—Mierda, ¿en qué me metí? Maldito rostro adorable… —espeta enojado, por haber sido tan fácilmente convencido por Elena.
Mañana temprano Elena visitaría a Liam, para ver al perro.
—Vamos perro, te llevaré al jardín interno –comenta pero el perro lo ignora, da un aullido y suspira molesto.
—Vamos “Perri” –comenta haciendo una mueca y el perro le sigue, sin embargo cuando abre la puerta de vidrio suspira.
“Mierda LIam ¿y si le da frio? Está enfermo”, piensa.
—Mierda, ¿qué me pasa?