Capítulo 2
Mis ojos examinan cada parte de su rostro en total silencio, sus perfectos ojos, su nariz, sus labios carnosos y la bella ladina sonrisa que se dibuja en su rostro.
—¿Ya terminó de inspeccionarme o aún le falta? —Susurra con cierta arrogancia.
—¿Qué diablos le pasa?— Me separó de él rápidamente —. ¿Acaso no se fija por dónde va?.
Sus ojos me inspeccionan de arriba abajo e introduce sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Señorita, creo que la que no se fija es usted –Da un paso adelante acercándose un poco –. Usted venía distraída y con la vista en el suelo.
—Yo venía saliendo del baño de damas, usted iba entrando —Guardo silencio unos segundos —. Ni siquiera se que iba hacer dentro del baño de niñas, en tal caso usted es el culpable.
—Señorita...
—Hay estás –Es interrumpido por la voz de una mujer.
Observó acercarse a una mujer pelirroja quien trae un traje negro señido a su cuerpo, tacones negro, un labial carmesí y su pelo perfectamente peinado el cual se mueve al son de su taconeo.
—¿Tú quién eres? —Me pregunta mirándome de arriba abajo.
Observo el reloj en el pasillo el cuál ya marca las ocho, sin decir más nada me doy la vuelta y camino rápidamente por el pasillo para llegar al salón de reuniones.
Al llegar, abro la puerta con cuidado y me encuentro una gran mesa cuadrada la ovalada la cuál ya se encuentra ocupada casi a totalidad habiendo solo tres puestos vacíos.
Varias son las miradas que recaen en mi, algunos con curiosidad y otros con sorpresa.
—Buenos días —Digo amablemente recibiendo un buenos días de todos.
Observó a Chad al final de la mesa,me acerco tomando asiento a su lado, frente a mi hay una carpeta al igual que en los lugares de los demás.
Observó que el puesto de alado de Mily sigue vacío y el que le sigue igual, imagino que se trata del puesto de su jefe y la jefa de recursos humanos.
Trató de tomar el bolígrafo sobre mi carpeta, pero este resvala y cae.
Observó la intención de Chad de agacharse y lo detengo.
—No te preocupes, yo me encargo.
Corro la silla hacia atrás cuidadosamente, me inclino tomando el bolígrafo y escucho como la puerta se abre.
—Buenos días, lamentamos la tardanza.
"Esa Voz"
Me levanto volviendo a mi posición y quedó paralizada al ver al hombre de hace un momento parado frente a la mesa junto a la despampanante mujer.
—Señor Cabal, Señorita Monte, bienvenidos –Mily se levanta recibiendolos con una sonrisa.
Ambos toman asiento en sus puestos, agachó la cabeza y niego nerviosa.
—¡Maldición!, hoy me despiden —Mascullo apretando el bolígrafo en mi mano.
—¿Qué dijiste? —Pregunta a mí lado Chad.
—Chad,estoy muerta —Susurro tomando su mano.
Se gira y coloca su mano sobre mí rostro levantandolo notando mi nerviosismo.
—¿Qué sucede? —Me mira preocupado –. ¿Por qué estas así?
—Bien, empezamos —Escucho su voz, levantó la vista y lo encuentro mirándome fijamente —. Quisiera saber todo lo que a sucedido en mi ausencia.
—Señor Cabal, se contrato a un nuevo jefe administrativo en el área de presidencia como pidió —Marta empieza hablar y le pasa un portafolio —. En este caso se trata de una nueva jefa administrativa.
La mirada de todos caen en mi, menos la de la señorita Monte quién se encuentra distraída viendo su teléfono.
—Ella es Catalina Mejía.
Marta señala a mi dirección y es hay, justo hay cuando la mirada de la señorita Monte cae en mi junto a la de todos los demás quienes aplauden.
Ella me mira asombrada, pero su rostro no luce nada contento con la noticia; observo al señor Cabal levantarse de su puesto y acercarse a mi.
Chad suelta mi mano, toma asiento rectamente, se para frente a mi y vuelve a mirarme como si me inspeccionara.
—Señorita Mejía, bienvenida.
Me levanto de mi puesto, le extiendo la mano y me la recibe dejando un beso sobre ella.
Los presentes nos observan asombrados, incluso Fernanda y Milagros lo hacen.
—Es un placer señor Cabal –Retiro mi mano —. Estoy aquí para hacer mi trabajo lo mejor posible.
—Espero que así sea –Giro al escuchar la voz de la señorita Monte –. Aquí no dejamos que cometan errores, porque donde cometas uno, te marchas.
— Señorita Monte, es muy precipitado para hablar de ello –Responde el señor Cabal quien me da una última mirada y vuelve a su puesto —. Mejor sigamos con la junta.
La junta sigue hablando sobre los balances semanales, nuevas técnicas de mercadeo y los eventos que están por venir.
En toda la reunión he sentido las miradas del señor Cabal en mi, al igual que la de la señorita Monte.
La reunión termina y agradezco grandemente, los presentes se empiezan a levantar y a despedir saliendo de la sala de reuniones.
Me levantó, tomó del brazo a Chad y salgo con él de esa misma manera hasta llegar al elevador.
— ¿Estás nerviosa? –Me susurra al llegar al elevador.
Cuando estoy por responder siento la presencia de más personas, al girarme me encuentro a Marta, Fernanda, Milagros , el señor Cabal y la señorita Monte detrás nuestro.
Al abrir las puertas del elevador somos nosotros los primeros en subir quedando detrás, a nuestro lado se hace Fernanda y Mily quedando al frente lo otros tres mencionados ya.
Las puertas se cierran, y elevador empieza a bajar todo en total silencio.
—Catalina ¿Dónde iras almorzar? —Susurra Mily a nuestro lado.
—Aún no lo sé, no he pensado en ello.
— Puedes venir con nosotros – responde Chad —. Siempre lo hacemos en un restaurante que está a dos manzanas de aquí.
—Señorita De Leon, creo que usted sabe que a sus superiores se les trata de usted —Masculla la señorita Monte —. Qué no se vuelva a repetir.
¿Qué?
—Lo lamento señorita Monte, no se volverá a...
—Milagros, no tienes de que disculparte —La interrumpo y los tres frente a mi se giran a verme —. Yo misma le pedí a ella, Fernanda y Chad e incluso a Marta que me tratarán de tú porque detesto que me llamen por mi apellido.
—No es correcto que los empleados se refieran a sus superiores de usted –Ataca ella nuevamente —. Eso la hace perder su autoridad.
La puerta del elevador se abre saliendo todos.
—Señorita Monte –Se detiene girandose a verme —. Disculpe que la contradiga, pero el que los empleados se refieran a sus jefes de usted no acredita que tendrá autoridad sobre ellos, además es muy distinto autoridad y respeto y mientras ellos me tengan respeto no tengo problemas con que me llamen por mi nombre –Todos me miran en silencio —. Con su permiso, que tengan buen día.
Camino a mi oficina con Chad detrás mío, me detengo justo antes de entrar a ella.
—Mily, Fernanda, las veo al mediodía para ir almorzar con ustedes chicas.
Le sonrió y me marcho.
Entró a la oficina y Chad cierra la puerta detrás mío con cuidado.
—Eso que acabas de hacer, fue peligroso —Me siento en mi escritorio —. Acabas de ganarltela de enemiga, te lo aseguro.
—Lo siento Chad,pero odio ese tipo de cosas y no voy a dejar que las chicas o tu me dejen de llamar por mi nombre solo porque a ella y a los demás le gusta que los llamen por si apellido solo por sentirse superiores.
Unos toques en la puerta nos interrupe, Chad camina a la puerta abriéndo y se hace a un lado rápidamente.
—Señor Cabal.
—Chad —Palmea su hombro.
Entra a mi oficina acercándose a mi escritorio, me levanto y lo miro nerviosa.
—Señor Cabal–Me extiende su mano y se la recibo —. ¿En qué le puedo servir?
—Me retiró, con su permiso, estaré afuera por cualquier cosa que me necesiten.
Chad sale de mi oficina dejándonos completamente solos, mis nervios aumentan y no es para menos luego de lo sucedido fuera del baño.
—Señor Cabal yo... –Titubeó nerviosa –. Yo lamento lo sucedido esta mañana, no sabia que usted era él presidente de la corporación.
—No se preocupe señorita Mejía– toma asiento frente a mi –. Ese tema ya está olvidado.
—Entonces ¿A que debo su visita? –Me mira con pequeña sonrisa que rápidamente borra.
—Es la visita que le hago a cada uno de mis nuevos empleados –Se levanta de su silla –. ¿Tiene algún problema con ello?
—En lo absoluto –Me mira fijamente y desvío la mirada –. Es su empresa, pero yo tengo trabajo el cuál debo ponerme al día.
—Yo la ayudaré a ponerse al día, nadie mejor que yo para conocer todo –Se acerca, toma el teléfono de mi lado pulsa un botón y habla –. Chad, que nadie nos interrumpa al menos que sea importante.
Cuelga la llamada, me mira, toma las carpetas de mi escritorio y se sienta frente a mi abriendolas.
—Esto es lo que tiene que saber para poder manejar...
Empieza a mostrarme todo los balances y estrategias que utilizan para los futuros inversionistas. Me muestra cada uno de los patrones que se utilizan y los sistema con el que se maneja la empresa.
Cuando termina observó el reloj y es casi mediodía, hemos pasado prácticamente tres horas aquí sin darnos cuenta de lo rápido que a pasado el tiempo.
Mi teléfono suena y veo que se trata de Mily, había olvidado que le había dado mi numero, se trata de un mensaje preguntándome, si sigue en pie ir a almorzar con ellos.
—¿Sucede algo? –Su voz me saca de mis pensamientos.
—No señor Cabal –Cierra las carpetas y las acomoda en mi escritorio –. Ya es hora del almuerzo, así que iré con las chicas antes de que se nos haga tarde.
—¿Me deja invitarla almorzar como bienvenida? – Su pregunta me deja totalmente asombrada.
Cuando estoy por contestar, unos toques en la puerta llaman nuestra atención.
—Adelante –Mascullo mientras sus ojos no dejan de mirarme.
—Lamento interrumpir... – Chad es interrumpido rápidamente .
—Bastian, llevo buscándote toda la mañana –La señorita Julia entra a mi oficina —. Quedamos en almorzar juntos, ¿se te olvidó?
La observó completamente asombrada , luego observó al señor Cabal quién no pasa por desapercibida mi reacción.
Empieza a golpear mi escritorio con el bolígrafo que sostiene.
—Pedí no ser interrumpido a menos que no fuera importante –Dice enérgico —. Estoy ocupado en estos momentos y no te puedo atender.
—Bastian...
—Julia, ¿No fui lo demasiado claro?
Observó como rueda los ojos,sale de mi oficina ella furia, Chad me mira asombrado y sale de la oficina en total silencio volviendo a cerrar la puerta.
—Señorita Mejía como le dije...
—Señor Cabal, no quiero sonar grosera pero no puedo aceptar su invitación –Tomo mi bolso y me levanto –. Quedé en almorzar con las chicas.
Tomó mi teléfono del escritorio y las llaves de mi camioneta, se levanta y me mira con una sonrisa.
— Además usted ya tiene con quien almorzar, con su permiso.
Salgo de la oficina dejándolo dentro de ella sin siquiera esperar una respuesta. Veo a las chicas subir al elevador con Chad y al verme detienen el elevador logrando subir a el.
—Gracias chicos –Sonrió alivianada –. Pensé que se irían sin mi.
—Nos dimos cuenta que estabas reunida con el señor Cabal cuando pidió que no molestaran –Responde Fernanda —. A la que no le gustó nadita cuando se entero fue a la víbora negra.
—Fernanda, no se vale que llames a tu jefa de esa manera –Se burla Chad.
— ¿Ella es tu jefa? –Preguntó confundida y asiente – . Pensé que tú jefa era Marta.
— En realidad soy secretaria de ambas.
—La víbora llevaba toda la mañana buscando a mi jefe, pero ninguna le quisimos decir que estaba en tu oficina, cuándo se entero debiste de ver su cara —Mily ríe —. Era obvio que no le gustó para nada saber que el señor Bastian estaba a solas contigo, se sintió remplazada.
—Están locas –Niego.
Cuándo el elevador abre sus puertas, salimos a la recepción.
—¿El restaurante está lejos? –Preguntó curiosa.
—Cómo a cinco minutos –Responde Chad.
—Mejor vamos en mi auto, no pienso caminar con estos zapatos.
Tomamos el elevador hacia el sótano, para ir en mi auto al dichoso restaurante...
Capítulo 3
En mi cabeza no dejaba de dar vueltas, lo sucedido esta mañana.
Su mirada me había atrapado por completo, eran tan intensa que no podía dejar de mirarla.
Admito que me hizo enojar un poco el haber chocado con ella, pero cuando la vi sus ojos me dejó paralizado, pero aún más su manera de responderme.
Sonrió negando al acordarme de mirada, la cual me inspeccionaba descaradamente, incluso su mirada de vergüenza al verme en la sala de juntas.
Me levanto de la silla, acomodo mi saco, salgo de su oficina en la cual me dejó solo y rechazándome la invitación a comer.
«Vaya Mujercita» Cuando salgo todo mi buen ánimo se esfuma al ver a Julia parada a un lado del ascensor tecleando en su teléfono.
Sujeto el puente de mi nariz y suspiro con pesadez tratando de comportarme lo más sereno con ella.
Levanta su mirada un momento sé su teléfono, me observa y por cómo lo hace sé que está molesta, pero a estas alturas me importa un carajo.
—Bastian... —Camina hasta quedar frente a mí.
—Julia...— Musito cortante.
—¿Qué fue todo eso allá dentro? —Se cruza de brazos —. Primero la escena está mañana y ahora esto, ¿Acaso te interesa esa tipa?
—Ese no es tu problema Julia, recuerda que solo eres la jefa de recursos humanos, no te tomes atribuciones que no te corresponden.
Camino hacia el elevador, escucho sus tacones resonar en el suelo detrás de mí.
—Te recuerdo que desde hace un año no soy solo la jefa de recursos humanos —Entra al elevador conmigo —. Tenemos una relación, así que si me incumbe Bastian.
—Julia, —Introduzco la mano en mis bolsillos —. Creo haber sido muy claro cuando te dije que esto terminaba, además nunca fue una relación, solo te follaba para calmar mis ganas, no confundas las cosas, así que te pido que mantengas tu lugar y yo el mío.
Cuando el elevador abre sus puertas en recepción, bajo sin esperar respuesta de ella, camino a la salida donde saludo a uno de los seguridad a cargo de la empresa.
Al salir me encuentro a mi chofer, quien me abre la puerta trasera de la camioneta, subo a ella y la rodea subiendo y poniéndola en marcha.
— ¿A dónde vamos jefe?
—Restaurante Rolling, a dos manzanas.
—Enseguida jefe.
Al llegar al restaurante me encuentro con Alfredo en la entrada, al verme me sonríe ampliamente.
—¡Hermano!, hasta que sacas tiempo para tu mejor amigo —Me extiende la mano saludándome y palmea mi hombro —. Tu llamada, me preocupo, ¿Qué sucede?
—Necesito desahogarme con alguien o voy a explotar del coraje.
Caminamos entrando al restaurante, la chica de recepción nos da la bienvenida con una sonrisa y nos lleva a nuestra mesa.
—Por la cara que traes, veo que es grave —Masculla mientras toma asiento frente a mí —. Explícame, ¿Qué sucede?
—Pues, que prácticamente estoy obligado a casarme.
—¿A qué te refieres? —Ríe y al ver que no lo hago su sonrisa se desmorona —. ¿Hablas en serio?
—Muy en serio hermano —Levantó la mano llamando al mesero —. Dos whiskys dobles, por favor.
— Me puedes hacer el favor de explicarme que locura dices —Me mira exasperado —. No estoy entendiendo nada.
—La condición de mi abuelo se agrava, los médicos solo le dan unos meses de vida y la condición de mi abuelo para dejarme heredero de todo es que me case en los próximos meses o dejará todo a organizaciones benéficas que lo necesiten.
—No me jodas Bastian —Masculla asombrado —. Tu abuelo sí que está loco.
— Se trata de muchos millones y empresas, Alfredo, no puedo dejar que mi abuelo se deshaga de ellas así por sí solo por un capricho.
Amo mucho a mi abuelo, pero esto que ha decidido es una completa locura, ni siquiera puedo pensar en casarme con alguien.
«El matrimonio no está en mis planes»
—Bueno hermano, aquí lo importante es de dónde sacarás una prometida — Me mira asombrado.
—Ni me lo digas, no sé en que carajos me metí.
Froto mi rostro con ambas manos en forma de frustración y es que siento que la cabeza me va a estallar de tanto reflexionar.
—Puedes decirle a Julia —Me mira burlón —. Ella más que encantada de ser tu prometida y esposa.
—¿Te has vuelto loco? —Lo miro serio —. A la hora de divorciarme no querrá hacerlo, además ella quiere involucrar sentimientos, por eso preferí dejarlo.
—¿Terminaste con ella?
—No termine con ella porque no éramos nada —Niega —. Simplemente, le di fin a lo ocasional que teníamos.
—¿Entonces que supones hacer hermano? Porque no le veo solución a tu gran problema. —Se echa hacia atrás y se pasa la mano por la cara.
—Yo si —Digo pensativo y me mira confundido —. Pienso conseguir a una mujer que se convierta en mi esposa y acepté un contrato matrimonial por un tiempo premeditado.
—¿Que vas a hacer qué? —Levanta la voz—. ¿Estás loco hermano?, nadie se prestaría a gran locura.
— No estés tan seguro —Me inclino hacia adelante —. Además, ya tengo en mente que hacer.
Observó pensativo todo el lugar hasta que un instante mi mirada se detiene en una de las mesas apartadas, en ella se encuentra la señorita Mejía almorzando entre risas con mi asistente y la de recursos humanos, pero lo que más llama mi atención es el coqueteo de brazos que tiene con su asistente.
Ninguno se ha dado cuenta de mi presencia y agradezco por ello, la observó sonreír por algo que mi asistente dice y sonrió inconscientemente.
Observo cómo él sujeta su mejilla, una sensación de enojo me invade y aprieto mis puños tratando de controlarme ¿Por qué me enoja tanto verla con él?
Esa mujer tiene algo que me hace perder el control cuando la tengo cerca, me hace ser impulsivo y es como si fuera otra persona.
¿Le gustará él? Tendré que averiguarlo yo mismo.
—¡Bastian! ¿Me estás escuchando? – Alfredo agita sus manos frente a mí —. Hermano ¿En qué piensas?
—En nada —Me acomodo en mi asiento y sonrío —. Ya tengo a la persona que me va a ayudar.
Sonrió ladinamente.
—¿Quién amigo? —Me pregunta confundido.
— Ya lo sabrás pronto...
(...)
Mientras almorzamos, Alfredo me cuenta sobre sus negocios, mientras observó hacia la mesa dónde está la señorita Mejía. La veo levantarse con su bolso y caminar hacia el baño.
Antes de pensar razonablemente, mi cuerpo ha tomado ventaja y me levanto de mi puesto.
— ¿Qué haces?, ¿Qué sucede?
—Necesito ir al baño —Me mira extrañado —. No me tardó.
Camino, observó hacia su mesa y me alivio al saber que no se han dado cuenta de mi presencia al pasar casi la frente de ellos.
Me detengo en el pasillo del baño, observó unos segundos la puerta del baño de mujeres.
Sale una señora ya un poco mayor y la detengo.
— Disculpe bella dama —Le sonrió de manera seductora —. Estoy buscando a mi novia, ¿Sabe si hay una castaña allí dentro?
— No he visto ninguna castaña, hay dentro cariño—Me sonríe amablemente—. La única muchacha que he visto es una peli negra.
«Bingo»
—Entonces ya debió salir —Sonrió levemente —. Gracias.
La señora asiente y se retira; sonrió, observó a mi alrededor y al no ver a nadie proceso hacer la mayor locura de mi vida.
Abro la puerta rápidamente entrando y observó como su cuerpo se estremece al entrar tan bruscamente.
—¿Qué diablos? —Me mira asombrada —. Señor Cabal, ¿Qué hace usted aquí?
Su cara derrocha nerviosismo, observó cómo me mira nuevamente y es justo como lo hizo esta mañana.
Como si me devorara con la mirada, introduzco la mano en mis bolsillos y sonrió acercándome.
— Veo que la está pasando muy bien, señorita Mejía —Observó un mechón de su cabello caer frente a su rostro y lo tomó acomodándoselo detrás de la oreja —. ¿Son ideas mías o le gusta su asistente?
Parpadea mirándome completamente perpleja, para luego arrugar las hermosas facciones de su rostro.
—¿A qué viene esa pregunta? —Retrocede —. ¿Está usted vigilándome?
—La estuve viendo mientras almorzaba y no pude evitar darme cuenta de sus toqueteos.
—Señor Cabal, usted se encuentra... —Se calla abruptamente y luego achina sus ojos —. ¿Desde cuándo es eso de su incumbencia?
Se cruza de brazos frente a mí y sonrió al ver la actitud tan retadora que ha tomado.
«Definitivamente, esta mujer me hace sonreír»
—Es una simple curiosidad, señorita Mejía —Me acerco y vuelve a retroceder —. ¿Puede responder mi pregunta?
— ¿Hay alguna regla que prohíba las relaciones entre compañeros en la empresa? —Niego y sonríe —. Entonces no responderé su pregunta, no me lo tome a mal, pero no es de su incumbencia.
Sonrió negando por su actitud tan retadora, es como si me provocará a propósito.
Doy un paso adelante y vuelve a retroceder, camino hasta acorralarla contra la pared fría, observó su respiración agitada y sus ojos asustadizos me observan fijamente.
— Señor Bastian, ¿Qué hace? – dice con dificultad y me gusta como suena mi nombre en su boca —. Alguien puede entrar y verlo aquí.
— No se preocupe, le coloque seguro a la puerta —Acercó mi rostro más a ella y veo su labio temblar —. Dígame ¿Que siente al tenerme tan cerca?
Se queda callada unos segundos, cierra los ojos y muerde la comisura de sus labios al abrir nuevamente los ojos.
—Señor Cabal —Coloca sus manos sobre mis hombros —. ¿Quiere que le diga que siento?
«Oh nena»
—Por favor —Susurro.
— Pues, verá...
—¡Maldición! —Susurro y me inclino al sentir como su pierna golpea mis testículos haciéndome doblarme de dolor.
—Yo no soy una de esas mujeres que caen tan rápidamente en sus encantos —Se aleja de mí —. No se vuelva acercar a mí de esa manera, señor Cabal, no quiero tener problemas con su novia o perder mi trabajo por su culpa.
—¿De qué novia habla?—Musito con dolor sobando el lugar afectado.
— La señorita Monte, habló de la señorita Julia, señor Cabal —Toma su bolso —. No soy tonta, es mucho lo que se habla de usted y ella en la empresa y no quiero problemas, así que por favor no se acerque a mí al menos que sea estrictamente laboral.
Sale del baño rápidamente dejándome aún con mis partes nobles adoloridas, golpeó la pared totalmente frustrado.
Me levanto, salgo del baño rápidamente, observó el pasillo y veo su mesa vacía, al mirar a la salida los veo marcharse y ella mirar hacia atrás hasta encontrarme.
Me sonríe, se despide tirándome un beso y guiñándome un ojo coquetamente.
«¿Qué diablos?»
Niego caminando de regreso a mi mesa, al llegar ya Alfredo ha pagado la cuenta y se encuentra terminando una llamada.
—Te demoraste amigo y me adelanté pidiendo la cuenta —Se levanta de su silla —. Debo regresar a la oficina, me necesitan con urgencia.
—No te preocupes, yo también debo regresar a la oficina—Mascullo entre dientes —. Necesito solucionar un asunto.
—Tenemos que reunirnos una de estas noches a tomarnos unos tragos —Palmea mi hombro —. Necesito que me digas que diablos piensas hacer.
—Luego te llamo amigo.
Sale del restaurante rápidamente, niego, lo sigo hasta la salida. Lo veo subir a su auto y sale en cuestión de segundos.
Frente a mí se estaciona mi chofer, se baja de la camioneta y me abre la puerta ayudándome a subir.
—¿Disfruto su almuerzo señor?
—Más de lo que esperaba Luck —Me mira por el retrovisor y sonrió —. Pero tengo prisa de que lleguemos a la empresa.
(...)
Al salir del elevador observó a mi asistente en su escritorio con papeles en manos y el teléfono pegado a su oreja, Chad, se encuentra en la computadora y la secretaria de recursos humanos está por caminar a la oficina de Julia.
—Fernanda—Mascullo —. Puedes venir un momento.
—Dígame, Señor Cabal — Se para frente a mí —. ¿En qué le puedo servir?
—Dígale a Marta que la necesito en mi oficina dentro de un rato y por favor pídale al abogado principal de la compañía que lo necesito ya en mi oficina.
—Enseguida señor.
—Bien.
Regresa de nuevo a su puesto y toca la puerta de la oficina de Marta. Camino hacia mi oficina, antes de entrar me detengo en la entrada y observó la oficina de Catalina.
Me debato entre ir o no, finalmente me decido hacerlo luego. Necesito descombrarme la que me ha hecho en el baño del restaurante.
— Señor, ¿Necesita algo? – Me pregunta mi asistente extrañada.
—No Mily, no pasa nada.
Entró a mi oficina y sonrió triunfante al pensar en su reacción por lo que pienso hacer...