Capítulo 2

Sara 

Todo indicaba que se avecinaba otro fracaso, tenía días intentando contactar con Alex, pero este no respondía a nada y yo necesitaba saber de una vez por todas por qué su trato para conmigo había cambiado radicalmente. 

Cuando por fin pude verlo, no sé si hubiera sido mejor no hacerlo. 

Alex se desahogó, ante lo que él afirmó era absolutamente mi responsabilidad. 

— No deje de estar pendiente de ti porque dejaste de importarme, el sentimiento se acabó al darme cuenta de que te negaste a mostrar esfuerzo, me dejaste de lado aun cuando sabías que te necesitaba, te quise demasiado, pero yo para ti importaba muy poco. 

Me echó en cara mi falta de interés y disponibilidad para con nuestra relación, al ver que derramaba lágrimas este se molestó y de forma más insultante siguió.  

— Siempre tratando de ser perfecta, eres acartonada, y me aburres horrores en la cama. 

Al pronunciar aquello yo dejé de escuchar lo que continuo, me quede con un monólogo interno preguntándome si era cierto lo que decía. 

Me lo creí, todas sus palabras las di por ciertas, algo estaba haciendo mal, siempre termino siendo botada, una lista de razones que me achacaban me atormento. Decidí mejor consultar con un psicólogo, él cuál después de algunas sesiones me dijo: “solo debes comprometerte con la relación". 

Al parecer mi falta de tiempo es lo que siempre da al traste con mis relaciones, y el hecho de querer cumplir con las expectativas de todo mundo. Al no encontrarme con menos tornillos, su recomendación fue que organizará mis tiempos para darles el peso necesario a todos los ámbitos de mi vida, me ordenó olvidarme del molde de perfección.  

Luego de ello asumí mi responsabilidad en el fallo en mis relaciones que era el 50%, admito que me he dejado llevar por querer superarme en el trabajo, dejando que absorba mi interés y mi tiempo. 

Ya que mi actitud ante la vida debía cambiar, decidí que mi imagen lo hiciera también, clases de yoga para bajar unos rollitos, que para mi talla 32 y 1.68 cm, no se me hacía que estuviera tan jodida, quizá mis rasgos físicos no fueran los de una modelo, pero si me lo proponía y con algo de esmero haría que más de uno volteara a remirar.  

Luego de dos meses de haber tomado una rutina me sentí lo suficientemente lista para volver al ruedo y es que mi “tic-toc” me presiona, Miriam mi mejor amiga se mofó diciendo: "Querida, no sabes que los 30's son los nuevos 20's” en fin que desecho mi preocupación. 

En mi afán de buscar a mí medía naranja, me apunté a nuevas actividades, entre ellas, dibujo, algo para lo que ya tengo facilidad y con ello vino un taller de vitrales. Mencionen alguna actividad, seguramente ya me inscribí, pasear al perro, ¡ja, ja, ja!, yo ni perro tengo.  

Los hombres que he conocido gracias a mi trabajo son un gran. ¡No!, están igual o peor que yo de ocupados y algunos tienen personalidades no compatibles conmigo.  

En el trabajo los jefes se han dado cuenta, ya que su querida hormiguita incansable ha cambiado, según ellos y mis compañeros me cargo una actitud poco profesional, algo que les rebatí, cuando me mandaron a llamar. 

Invite a Karen, la secretaria del director ejecutivo, a comer para averiguar más, me comento que el plan era corregir mi falta de compañerismo, como no quejarse si ya no era su comodín. Para mí ella era una mujer hermosa y muy inteligente que jamás había sucumbido a las garras del guapo jefe, pero siempre tenía galanes por docenas. 

—Oye, ¿de dónde sacas a tanto galán?, siempre me presumes de uno nuevo —le inquirí, era la amiga más coqueta que tenía. 

—Al principio siempre los conocía en todos lados, pero comprendí que debía elegirlos mejor, con la tecnología tengo un catálogo. 

—No inventes ¿catálogo? ¡Ya dime!, necesito conseguir un novio —le hice ojitos tiernos.  

—¡ja, ja, ja! No seas tontita, usa las aplicaciones de citas. 

—¿No es peligroso? —conocer a extraños por medio de eso era algo que no había pensado jamás. 

—Conocer a cualquier persona es peligroso, nunca sabes qué intenciones tienen —eso era cierto, allí están las pobres personas que sufren maltratos a manos de sus seres amados. 

—Pues necesito que me enseñes a utilizarlas, ya he agotado mis esperanzas de conocer alguien de forma tradicional. 

—¡Claro que sí!, luego te mensajeo los links. 

En la comodidad de mi departamento, abrí todos los enlaces que Karen me había enviado, eran varias, las descargue todas, luego me fui al “San Google” y como buena ñoña que soy fui a buscar información de todas y cada una de ellas. 

Al final solo deje tres, cree mi perfil, todas eran similares, te pedían ciertos parámetros para ayudarte a buscar al galán de tus sueños, fotos y breves descripciones que le dieran un rápido vistazo al posible candidato para ver si despertaba su interés. 

Los siguientes días Karen me guío sobre todo lo que tenía que saber sobre el uso de las aplicaciones, porque cuando le mostré mis perfiles dijo que los había hecho muy “sosos”. 

Supongo que uno debe preparar la trampa para atrapar a la presa, o que le podría ofrecer al susodicho, por allí he escuchado que los hombres son muy visuales, por lo que Karen me sugirió tomar nuevas fotos para atraer más abejas al panal.  

Los resultados no se hicieron esperar, pues en cuanto se actualizó mi perfil con las recomendaciones de Karen y la selección de fotos que según ella eran las mejores, comenzaron a verse los interesados. 

En poco tiempo me encontraba navegando y aprendiendo a usar las aplicaciones para conseguirme un galán, en dos de ellas todos eran libres de mandar uno que otro mensaje, luego esto se volvía de paga para poder tener acceso a sus biografías. 

La última es la que se me hacía más prometedora, aquí las mujeres eran las encargadas de iniciar cualquier conversación, siempre y cuando los dos mostraran interés haciendo el famoso match.

Capítulo 3

Sara  

Un montón de hombres se interesaron en mi perfil, esa sensación de aceptación me llevo hasta los cuernos de la luna, ni sabía ¿qué hacer?, en un principio conversé con algunos prospectos y conforme paso tiempo me di cuenta de que no todo era color de rosa. 

Empecé a figurarme que aquí, como en la versión de citas en la forma tradicional, había caballeros, raritos, acosadores, intensos, de todo un poco, yo ingenua, no esperaba esto.  

Aquí tuvo que entrar de nuevo los consejos expertos de Karen, que me ilumino con su conocimiento, volvimos a actualizar mi perfil poniendo filtros más específicos de lo que buscaba, también me dio uno que otro consejo para desenmascarar y revelar sus verdaderas intenciones.  

Terminé optando por una sola aplicación y era en donde las chicas teníamos el privilegio de ser las iniciadoras de un acercamiento o una conversación, tímida no soy, pero tuve que vencer esa idea de que los hombres son los que deben dar los primeros pasos a la hora de buscar una relación o coquetear.  

El lenguaje de las aplicaciones me decía que ya formo parte de los rucos, es más encontré perfiles que decían: “No SD", “No 1NS”, en lenguaje coloquial, es que no buscaban sugar babies y no estaban interesados en algo sexual de una noche, los perfiles eran impresionantes, todo mundo mostrando sus viajes y hablando de sus hobbies o sus carreras.  

Altos, bajitos, blancos, morenos, con estudios, emprendedores, con gusto por los animales, amantes de los viajes, melómanos.

Con la debida precaución e indagando podía uno encontrar bastante gente decente, algunos con complejo de superioridad que me batearon, pero era entretenido. 

Al existir una gran variedad para poder escoger, me puse a pensar detenidamente, ¿cuáles eran las cualidades que yo buscaba? Analicé mis relaciones pasadas y definitivamente descarte muchos prospectos que eran similares a mis ex parejas.

Quería alejarme todo lo posible de aquellos estereotipos, suponiendo que quizá de esa forma, ahora sí, encontraría al amor de mi vida, ese que añoraba, para poder compartir el resto de mis días.

Karen me animo a dar el siguiente paso, que era ir a conocer a uno de los prospectos con los que mensajeaba, nuestro plan era vernos en un lugar público y Karen me acompañaría, hasta me regalo un botón de rastreo que puse en mi ropa, me dijo que era mejor ser precavido ¡ja, ja, ja!, sería mi chaperón de lejitos.  

Así me enfilé a un montón de primeras citas fallidas, todo era lindo en los mensajes, pero las primeras impresiones y la falta de química ya en persona, truncaban el avance, solo unas prosperaron hasta otras citas, en donde comenzaban a salir las red flags o alertas.   

Por lo menos ya tenía algo que contarles a mis nietos, si es que algún día llegaban, una ocasión un tipo muy guapo me cito en una cafetería, se presentó y parecía todo normal hasta que se levantó y me dijo: “lo siento, pensé que eras más bonita, perdona, pero mejor lo olvidamos”, quedé estupefacta.  

No me considero una hermosura, pero que te lo digan, pues obviamente a cualquiera, le haría pasar por lo menos un mal momento, luego de que lo pensé, dejé ir aquel comentario.

Mi chaperón echaba humo, despotrico de él hasta que no le quedo ningún insulto por decir, para entonces yo ya había superado mi primera reacción y la risa se había apoderado de mí. Ese día llamé a Miriam, nos fuimos a cenar y luego a un antro, ellas hicieron click de inmediato, ahora que tenía a dos cómplices, ya estaban planeando como mejorar mi taza de éxito.  

Me faltaba conocer a un joven que decía ser un Asistente Ejecutivo, solo muy noche era cuando intercambiábamos mensajes, su trabajo no le permitía mayor libertad, por eso no lo había considerado, pero era amable y de vez en cuando me hacía reír, su nombre era Daniel, físicamente era alto y bastante promedio, era más del tipo delgado y casi todas sus fotos eran en traje.  

Un día mandando un mensaje a un nuevo match, se lo envié por error a Daniel, lo raro es que me contesto y no paramos de mensajear hasta que lo tuve que cortar para regresar de mi hora de comida. 

Ese fue el inicio, un intercambio constante de mensajes a horas que no cuadraban con lo que él en un principio había dicho, en ocasiones mis mensajes eran leídos hasta el otro día, pero siempre los respondía.  

¿De qué hablábamos?, eso era lo fascinante, cualquier idea era buena para discutirla, no temas tan personales, pero si algunos que ayudaban a develar nuestro carácter y forma de ver el mundo, lo había aprendido de Karen, no era un cuestionario, pero si formas sutiles de descubrir lo que circulaba en la cabeza del tal Daniel, que poco a poco me fue cayendo mejor, en un principio era muy cuadrado, pero este nuevo parlanchín, no.  

Me parecía muy inteligente y elocuente, era cínico, con un humor negro, pero no ofensivo, que me botaba lágrimas de risa, podía preguntarle cualquier tontería y él respondía como si me fuera a dar una lectura del tema más destacado, estaba informado de casi todo, me contaba de lugares que quizá yo nunca visitaría.    

Tan solo mostrarle los mensajes a Miriam y Karen me preguntaron — ¿qué estás esperando para conocerlo? —la verdad nunca habíamos mencionado el conocernos en persona, pero no sonaba descabellado. 

Me ordenaron invitarlo a salir, o eso me pareció a mí, su urgencia era mayor que la mía, yo lo dude, pensé que lo mejor sería empezar por una llamada, así que me arme de valor y le dije que me gustaría escuchar su voz, su reacción fue mandar emojis de caras con la boca abierta, “el de susto”, me dio risa, pero luego no hubo respuesta.  

Más tarde, ese día, un mensaje de Daniel en donde decía que prefería nos viéramos en persona, tenía el nombre del restaurante “IL Becco” a las 7 pm, mañana. En cuanto lo leí, una ansiedad inexplicable se apoderó de mí.

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