Capítulo 2
"Jack, me está dando frío". Con una sonrisa pícara, Rose continuó seduciéndolo, tratando de despertar a la bestia que había dentro de él. Su voz sonó tan tierna y dulce que ningún hombre podría haberse resistido.
Inmediatamente, Jack envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Rose y le dijo: "Bueno, metámonos en el auto para que entres en calor".
Para él, acostarse con una mujer era tan común y mundano como comer.
Sin embargo, Emily era su favorita. Y si bien llevaba mucho tiempo deseando tener sexo con ella, había reprimido sus impulsos carnales para darle su tiempo, pues quería que ella diera el paso antes de atreverse él primero.
...
A pesar de que su relación apenas duró tres años, Emily se había entregado por completo a Jack. A ella le afectó mucho que su novio y su mejor amiga la traicionaran de esa manera tan traumática. Estaba demasiado aturdida y por eso decidió ir a un bar para despejarse.
A eso de las 2 de la madrugada, Emily salió del bar, completamente borracha. Entonces se quitó los tacones y caminó tambaleándose por el medio de la calle.
Entonces, unas luces deslumbrantes llamaron su atención. Confundida y perpleja, Emily se quedó paralizada sin saber qué hacer y solo le quedó mirar al Maybach negro que se dirigiía hacia ella.
"¡Ay!", gritó Emily perdiendo el equilibrio y desplomándose en el suelo al tiempo que el auto frenaba justo frente a ella.
Dentro del vehículo, el impacto del repentino frenazo hizo que la persona que estaba sentada en la parte trasera, quien estaba descansando con los ojos cerrados, saltara de su asiento. Él abrió los ojos y frunció el ceño en señal de disgusto. En seguida le lanzó una mirada inquisitiva a Sam, el conductor, quien también era su asistente.
"¿Qué pasó?".
"Señor Gu", respondió Sam con la frente perlada por el sudor. Entonces continuó: "Alguien apareció de la nada frente al auto, por eso frené tan bruscamente. Estoy seguro de que no atropellé a nadie, seguramente es un estafador que está fingiendo un accidente falso".
"Ve y echa un vistazo".
"Como usted ordene, señor Gu".
Sam salió inmediatamente del auto para ver lo que había sucedido. Lo primero que logró ver bajo la luz de las farolas fue a una hermosa mujer tirada en el suelo, completamente inconsciente. Cuando Sam se acercó, no tardó en percibir el fuerte olor a alcohol que emanaba de ella. Esa chica no parecía ser una estafadora.
"¡Oiga, señorita! ¡Despierte!".
Al acercarse, se quedó conmocionado cuando reconoció quién era.
'¿No es ella Emily, la novia de Jack? ¿Cómo es que terminó aquí y en este estado?', se preguntó Sam para sus adentros.
Afortunadamente, era él quien conducía el automóvil. ¡De haber sido otro, la habrían atropellado!
Sam no se atrevió a tomar una decisión sin la debida autorización, por lo que se apresuró a consultarle a su jefe qué hacer. "Señor Gu, la persona que yace inconsciente frente a nuestro auto es la novia del señor Jack, la señorita Emily. Parece que está borracha...".
Jacob Gu espabiló los ojos de inmediato. Él recordaba a la chica, Jack la había llevado en ocasiones a la casa y la había presentado como su novia. Se trataba de una chica encantadora que tenía una dulce sonrisa. Luego de un momento de duda, finalmente le ordenó a Sam: "Recógela y tráela al auto".
En cuanto recibió la orden, Sam cargó a Emily con cuidado y la metió en el auto.
Ella se sintió incómoda por la forma en la que la habían puesto en el asiento. Entonces murmuró algo ininteligible, abrió los ojos y luego miró inexpresivamente al hombre que estaba sentado a su lado con el ceño fruncido. "¿Quién eres…?", preguntó.
Jacob se volvió hacia ella y la miró, sin decir nada.
Finalmente, Emily abrió por completo los ojos y lo reconoció. "¿Ja... Jacob? ¡Eres... eres tú!", tartamudeó.
Pero Jacob la ignoró y le pidió a Sam que condujera hasta la casa de Jack.
La sola mención de ese nombre hizo que Emily se enfureciera al instante. "No quiero ir a su casa. ¡Él y yo ya no somos nada!".
"¿Terminaste con él?", le preguntó Jacob, sorprendido, pero sin demasiado interés.
"Sí, hemos terminado...", sollozó Emily. Las lágrimas brotaron de sus ojos en cuanto recordó lo que había sucedido ese día. Entonces se derrumbó y continuó: "Jack se acostó con otra mujer...
¡Y estuvo detenido en la comisaría bajo sospecha de incitación a la prostitución!".
Ella describió la situación en un tono serio, sin darse cuenta de que hablaba ingenuamente como una estudiante de primaria quejándose de su maestro.
Al escuchar sus palabras, Jacob entrecerró sus grandes ojos y pensó: '¿Prostitución? Se nota que Jack lleva bastante tiempo sin ser disciplinado'.
De hecho, nunca había sido muy estricto con su sobrino, pues en realidad no compartían la misma sangre. Poco le importaba si le había sido infiel a su novia o que tuviera muchas amantes, pero que manchara el apellido de la familia Gu con una acusación por incitación a la prostitución era demasiado.
'¡Jacob, tienes que darle una buena lección a ese chico!', pensó. Cuando Emily se percató de que seguía ignorándola, con gran enojo hizo hincapié en sus palabras. Ella asumió que él no había escuchado lo que le había dicho, por lo que se acercó a Jacob, aferrándose al cuello de su camisa y le dijo: "¿Escuchaste lo que te acabo de decir?".
Jacob frunció el ceño y se quitó sus manos de encima, haciéndola perder el equilibrio y caer de bruces sobre su regazo, cerca de su parte íntima.
Como era de esperarse, cuando ella abrió la boca para respirar, el olor a alcohol combinado con su cálido aliento se extendió por el regazo de Jacob, que apenas estaba cubierto por dos capas de tela muy fina.
Cuando Jacob sintió el calor en esa zona, se quedó sin poder respirar por un momento.
"¡Deberías darle una lección a tu sobrino!", exclamó Emily con una voz dulce y seductora; gracias a esa voz era que siempre quedaba prendada en los corazones de los hombres.
"Primero debería dártela a ti", dijo Jacob, apartando su cabeza y luego le susurró con voz ronca: "¡Levántate!".
¿Cómo se atrevía a seducirlo en su propio coche? ¿Estaba haciéndolo a propósito?
"¡Jack es un bastardo! ¡Y tú seguramente también lo eres! Todos los hombres de este mundo son unos imbéciles...", expuso Emily, apoyándose contra él en vez de sentarse apropiadamente en su asiento. Actuaba como una niña terca que se había vuelto rebelde.
Bajo otras circunstancias, ella no se habría atrevido a mirar a Jacob porque tenía miedo de su crueldad. Pero ahora, y gracias a la influencia del alcohol, estaba imprudente y decía cualquier tontería que se le ocurría sin considerar las consecuencias.
"El muy descarado me dijo que si quería estar con él tenía que acostumbrarme a sus infidelidades. ¡A la mierda con ese imbécil desvergonzado!", maldijo Emily enojada, quien después canalizó su ira hacia Jacob: "Es muy probable que seas igual que él...
Tú también eres CEO de una gran compañía, así que debes estar rodeado de aduladoras todo el tiempo, tantas como para llenar un estadio de fútbol...".
Jacob comenzaba a perder la paciencia y poco a poco fue apareciendo un destello de ira en sus ojos. En ese instante se dio cuenta de lo difícil que era deshacerse de una mujer borracha. Trataba de alejarla, pero ella seguía cayéndose y aferrándose a él como si fuera un chicle. Emily había perdido el sentido de la vergüenza, pero su imprudencia fue más allá. Entonces, extendió las manos para apoyarlas sobre sus hombros y, con una sonrisa estúpida en su rostro, le dijo: "Jacob, tienes problemas de disfunción eréctil, ¿no es así?".
Esa fue la gota que rebosó el vaso. Ahora ella estaba metiéndose con su orgullo y virilidad y eso hizo que Jacob perdiera la paciencia.
Sin embargo, Emily no mostró ni un ápice de miedo. Más bien le sonrió y lo miró a los ojos, seductoramente. Sus hermosos ojos eran hipnóticos y, a pesar de que ahora sus pupilas estaban dilatadas y apenas se podían apreciar, seguían luciendo demasiado atractivos como para ser reales, brillaban cuales diamantes bajo la luz de la luna. Retazos del reflejo de Jacob bailaban en el iris de sus ojos, como si él fuera lo más preciado en ese mundo para ella.
Cuando sus exuberantes labios rojo cereza se abrían para hablar, parecían estar atrayendo a un hombre para besarlo apasionadamente.
Jacob recordó que esos mismos labios fueron los que exhalaron el olor a alcohol ardiente alrededor de su parte íntima... ¡Esa mujer era un demonio de la lujuria!
"¡Maldita sea, eres una mujer atrevida! Tú fuiste quien me sedujo, así que esto lo provocaste tú misma".
Después de decir eso, Jacob no se pudo controlar y la agarró por la parte posterior de la cabeza para acercarla a él y poder besarla apasionadamente, haciendo que ella se tragara sus palabras.
"Mmm...". El balbuceo provocado por la borrachera fue ahogado e interrumpido por el intenso e insaciable beso de Jacob.
Capítulo 3
Una sensación de deseo insaciable se apoderó de Jacob, pero justo cuando estaba a punto de dar el siguiente paso, la voz de Sam lo interrumpió abruptamente desde el asiento del conductor:
"Señor Gu, hemos llegado a la Mansión Theodore". Esa era la residencia de Jack, donde vivía solo desde que había cumplido su mayoría de edad.
Jacob mordisqueó los labios de Emily y después los apartó con cuidado. "Da la vuelta y regresa a la Mansión Tyrone", le ordenó a su asistente. Su voz daba a entender que estaba disgustado.
"¡Como usted ordene, señor Gu!". Si bien Sam no se atrevió a mirar, era lo suficientemente inteligente como para deducir, por el ruido que escuchaba, lo que estaba sucediendo en la parte posterior del auto.
'Si la señorita Bai es la novia del señor Jack, ¿por qué el señor Jacob está...?', se preguntó Sam, quien seguía oyéndolos besarse en la parte trasera del coche. En ese instante deseó ser sordo para no poder escuchar lo que estaban haciendo.
El auto iba a toda velocidad y no tardaron en llegar a la Mansión Tyrone.
Jacob ayudó a Emily a salir del auto y la llevó adentro. Entonces la cargó cuidadosamente y la ayudó a subir las escaleras para llevarla al dormitorio principal.
Emily estaba tan cansada después de tener un día tan ajetreado que en cuanto vio la cama quiso irse a dormir. Sin embargo, Jacob necesitaba saciar el ardiente deseo que sentía por Emily, quien había logrado despertar su lado lujurioso.
Entonces, como era de esperarse, tuvieron su aventura de una noche...
Al siguiente día por la tarde, Emily se despertó de un largo y profundo sueño. Le dolía todo el cuerpo, como si en la noche anterior un tren la hubiera atropellado.
Entonces miró a su alrededor para ver si había alguien más en la habitación y descubrió que se encontraba sola. Tumbada en la enorme cama, miró inexpresivamente el exquisito diseño de los grabados que estaban en el techo; fue entonces que los fragmentos de las escenas vividas la noche anterior se filtraron lentamente en su mente, uniéndose como piezas de rompecabezas y formando una imagen indescriptible...
¡Pum!
De un momento a otro, su cabeza explotó al recordar todo. '¡Creo que anoche me acosté con un hombre! Y ese hombre es... ¡Es el tío de Jack, Jacob!
¡Dios mío!', pensó ella completamente conmocionada.
Jacob acababa de cumplir 27 años. Aunque Jack y su supuesto tío no compartían la misma sangre, ella siempre lo consideró y respetó como si fuera el verdadero tío de su novio. ¡¿Cómo pudo suceder eso entre ellos?!
Ahora Emily lamentaba con todas sus fuerzas haber ido a aquel bar la noche anterior; si no se hubiera emborrachado nunca se habría encontrado con Jacob en el camino y ellos nunca habrían...
¡Todo esto era su culpa!
De repente escuchó que alguien llamaba a la puerta y casi le da un ataque al corazón.
'¿Qué debo hacer? ¿Cómo voy a hacer para dar la cara ante este hombre ahora?'.
Antes de que consiguiera ordenar sus pensamientos, la voz de una sirvienta irrumpió desde afuera y le preguntó: "Señorita, ¿ya se despertó?".
Escuchar la voz de la sirvienta fue un gran alivio para Emily, ya que al menos no era Jacob. "Sí, entre, por favor".
Cuando se levantó, la sábana que cubría su cuerpo se cayó, dejando al descubierto las marcas que la salvaje aventura de anoche había dejado en su piel nívea.
Por desgracia ya era demasiado tarde para evitar que la sirvienta entrara, así que cuando lo hizo, pudo ver las marcas en todo su cuerpo. Con una expresión confusa, que Emily no fue capaz de entender, la sirvienta dijo: "Señorita, le traje algo de ropa limpia".
Avergonzada, Emily frunció el ceño. Tenía la intención de rechazar el ofrecimiento de la sirvienta, pero al ver el estado en el que estaba su ropa en el suelo, se sonrojó y le respondió en voz baja: "¡Gracias!".
Luego de dudarlo por un momento, finalmente le preguntó: "¿Dónde está el tío...? Perdón, ¿el señor Gu?".
"El señor Gu fue a su compañía". La criada envidiaba a Emily porque era la primera mujer que Jacob llevaba a su casa. Se sentía celosa y por eso no le dio el mensaje que él le había encomendado darle.
Inmediatamente, Emily se dio cuenta de la desagradable actitud de la mujer y dejó de hablar con ella. Una vez que la sirvienta salió de la habitación, se vistió a toda prisa, llamó a un taxi y salió de la Mansión Tyrone antes de que Jacob regresara.
Él llegó justo después de que el taxi partiera y se sintió decepcionado al llegar y encontrar su habitación vacía.
Al cabo de rato, Jacob tiró de la sábana, la cual todavía estaba tibia y olía a Emily; en ella pudo ver unas manchitas de sangre que dejaban en claro que él había sido el primer hombre con quien se había acostado.
En seguida apartó la mirada de la sábana y las imágenes acaecidas de la noche anterior reaparecían en su mente.
Como hombre adulto que era, pudo haberla rechazado, pero en lugar de hacerlo, se dejó llevar por sus instintos.
Tenía que admitir que había sido seducido por Emily. El autocontrol del que se había jactado toda su vida se había desvanecido por culpa de esa mujer, cuya timidez había despertado a la bestia que llevaba mucho tiempo dormida en su interior. Anoche la había hecho suya para perderse en su deseo una y otra vez...
Como ella fue quien despertó a la bestia, ahora no tenía forma de escapar de él.
...
Cuando salió de la Mansión Tyrone, Emily no fue a trabajar sino que llamó a la compañía y pidió permiso para faltar ese día. Entonces regresó a su departamento y durmió hasta la mañana siguiente que tuvo que despertarse para ir al trabajo.
Cuando llegó a la compañía y vio el Aston Martin de Jack estacionado justo en la entrada, auguró que tendría un día largo y difícil.
Rose salió del coche con elegancia, calzando unos fabulosos tacones de aguja y esbozando una dulce sonrisa.
Cuando Jack salió del auto, ignoró intencionalmente a Emily y se acercó a Rose para darle un beso ardiente y apasionado frente a todos. Rose se quedó prácticamente sin aliento, pues no se esperaba que actuara de esa manera.
"Jack, todos nos están mirando. Detente...", dijo ella con picardía mientras acariciaba con sus manos el pecho varonil de Jack.
En seguida, él envolvió su pequeña cintura con sus brazos y le respondió con una sonrisa insinuante: "Eres una mojigata".
Emily miró con desprecio a las personas que los observaban embelasados, y cruzó la puerta de la compañía sin mirar atrás.
Jack había hecho eso a propósito para enviarle un mensaje a Emily, pero para su desgracia, ella no le hizo demasiado caso y se fue caminando despreocupadamente. Su indiferencia lo desanimó aún más e incluso lo puso algo triste.
"Muy bien, ya me voy".
Casi de inmediato, Jack apartó a Rose como si ella no significara nada para él, y se subió a su auto para irse.
Desde aquella noche hasta ahora, no había sentido ni una pizca de remordimiento por lo que había hecho. Teniendo en cuenta su posición social, jugar con mujeres era un asunto trivial para él; además, ¿cuál era el problema?
De todas formas terminaría casándose con Emily y nada lo haría cambiar de parecer. Esa era la mejor versión de sí mismo que tenía para ofrecerle.
Lo que había hecho frente a Emily había sido por su propio bien, pues si no podía tolerar ese tipo de situaciones, ¿cómo podría convertirse en su dedicada y amable esposa?
En la Hogan Company
Emily decidió eliminar el recuerdo de aquella experiencia traumática para enfocarse en su trabajo, pero de una forma u otra siempre había alguien o algo que se lo impedía.
"¡Hola, Rose! ¿El señor Jack terminó con Emily? ¡Mira lo triste que se ve!".
"¡Sí, tú y el señor Jack se ven mejor juntos!".
"¡Lo sabía! No sé cómo el señor Jack pudo soportar a una mujer tan falsa como ella durante tanto tiempo. Rose y Jack hacen mejor pareja...".
Escuchar los halagos y elogios de sus compañeras aumentó el ego de Rose y complacieron su vanidad. Sin embargo, fingió estar disgustada y les pidió a todos: "¡Basta! Emily y yo somos buenas amigas. No quiero que sufra...".
"¿Ya terminaste?", le preguntó Emily mirándola con desprecio. Luego continuó: "Si ya lo hiciste, por favor, deja ser tan repulsiva".
"¿Cómo puedes decirme eso?", le preguntó Rose mordiendo su labio inferior. Ella no estaba dispuesta a permitir que Emily le hablara de esa forma.
Todas las personas que se relacionaban con Rose tenían un carácter voluble y eran maliciosas, por lo que recurrieron a la provocación y dijeron: "¡Dios mío! ¡Miren la actitud de esta mujer! ¡Rose, no tienes que ser tan educada con ella! ¡Ella se merece lo peor!".