Capítulo 2
Un amor sofocante.
- ¡No, por favor! - verbalizo mi súplica, que bien sé que será ignorada. Él hace un no demasiado lento con la cabeza, chasqueando la lengua en un gesto de desaprobación. Logan se sube al colchón y me acaricia el brazo izquierdo, deslizando los dedos por él hasta llegar a la muñeca. La sujeta y la besa con devoción, mirándome directamente a los ojos.
- ¿De verdad creías que no me iba a enterar, cariño? - Se me acelera el corazón. - ¿De verdad creías que no me contradeciría? - Empiezo a jadear sin control. Sí, jadeo demasiado e inevitablemente un sudor frío empieza a burbujearme en la frente.
- Logan... -intento hablar, pero él me lleva el dedo índice a la boca.
- ¡Shiiii! - Me lleva el brazalete de cuero negro a la muñeca y me lo aprieta con fuerza. - Te enseñaré que no te dejas ni una cruz -promete con un falso tono de dulzura y vuelve a besarme la muñeca, llevándola a continuación al respaldo de la cama, y me sujeta allí.
- No lo hagas, Logan, ¡por favor! - vuelvo a suplicar entre jadeos. - Te prometo... ¡Te juro que no lo volveré a hacer!
- Sé que no lo harás, cariño. Después de lo que te haré esta noche, nunca volverás a pensar en dejarme. - Las lágrimas que he contenido hasta ahora brotan y se derraman por mi cara.
- ¡Por favor, Logan! Por favor, no lo hagas. - vuelvo a suplicar. Su mirada se cruza con la mía y en ese instante es demasiado frío, intenso y decidido, y sé que cualquier súplica de clemencia está perdida. Sin responderme, Logan me sujeta firmemente la otra muñeca y en cuestión de segundos estoy completamente atrapada e indefensa. Me sujeta el pelo con firmeza y suelto un gemido de dolor, mirándole fijamente a los ojos furiosos.
- ¡No vuelvas a intentar convencer a mis hombres de que te alejen de mí! - gruñe por lo bajo, pero con rabia-. - ¿Sabes lo que tuve que hacerle, Eva? - Ralla suavemente su boca a un lado de mi cara y cierro los ojos, sintiendo el miedo correr por mis venas como una inmensa piedra de hielo, helándome todo el cuerpo. Mi respiración se agita aún más. - ¡Tuve que matarte y ahora tu ángel de la guarda debe de estar hundiéndose en las profundidades del infierno! - gruñe furioso y entre dientes, muy cerca de mi oreja. Se aparta a continuación, acomodándose entre mis piernas, separándolas sin un ápice de afecto y me tira bruscamente hacia abajo, haciéndome tumbar sobre el colchón, dejando mis brazos estirados lo suficiente como para que no pueda moverme. Luego me sujeta la garganta con firmeza, apretándola hasta hacerme ahogar y finalmente, me penetra brutalmente, aspirando el aire profundamente como quien aspira el fino polvo de una droga adictiva. - ¡Eres mía, Eva! - gruñe furioso, abofeteándome la cara. - Mía, ¿me oyes? - No hay ni una pizca de placer en este acto, ni de amor, ni siquiera de seducción. Sólo grita implacablemente mientras me abofetea y me estrangula, cogiéndome violentamente, lo bastante fuerte como para hacerme daño por dentro y por fuera. Me siento invadida y violada, y le ruego que me mate.
Y sólo cuando suelta un gruñido ahogado siento el alivio del fin de mi tormenta. Logan me suelta el cuello y se deja caer a mi lado en la cama. Todavía jadeante, mira al techo.
- Lo siento, mi amor. - dice por fin y se vuelve hacia mí-. - Te quiero con locura y no puedo... no puedo verme sin ti. Tener que compartirte, aunque sea con tu familia, o con tus amigos. Entiéndelo, Eva, no te dejaré ir. - Sólo lloro porque no hay nada que decir. - ¡Eh, no llores, mi amor! - susurra y me besa suavemente, acariciándome la cara y secándome las lágrimas. Pienso en apartarme de su tierno contacto, pero no quiero disgustarle otra vez. - Necesito un baño y luego podemos dormir. ¿Qué te parece?
- DE ACUERDO. - Es todo lo que digo con una sola voz.
***
Me despierto al día siguiente sintiendo que me duele todo el cuerpo. Fuera, los pájaros cantan excitados en un día soleado y me doy la vuelta con cuidado, encontrando el otro lado de la cama vacío. Me siento con un poco de dificultad en el borde del colchón, sintiéndome como una nulidad y me obligo a ir al baño. No sé exactamente cuándo me ha liberado de las esposas, ni siquiera cuándo ha vuelto de ducharse. Dentro de la amplia y lujosa habitación me quito el camisón de seda y me miro las marcas de anoche frente al espejo. Aprieto los labios para no llorar y deslizo las yemas de los dedos por las marcas de las costillas y los muslos. Molesta, me apoyo en la encimera y pienso que ya no puedo más. Finalmente, levanto la cabeza con una idea absurda, abro la pequeña farmacia y miro los frascos de medicamentos expuestos.
- ¿Señora Cross? - Aprieto la mandíbula cuando oigo la voz de Lia tras la puerta cerrada.
La criada la abre y pasa junto a ella, mirando fijamente las marcas. - ¿Qué coño ha hecho? Dios mío, Eva, ¿cómo estás? - busca saber y me derrumbo en sus brazos. Lia siempre ha sido mi apoyo desde que llegué a esta casa. Ella, al igual que yo, fue testigo de cómo el hombre enamorado se convertía en un monstruo poco a poco, día a día, hasta que desvaneció su lado oscuro de una vez por todas. Sin embargo, no puede hacer mucho por mí, aparte de escuchar mis lamentos y ofrecerme momentos de relax en su cocina.
- Ven, te ayudaré con el baño y después te haré un maquillaje que te alegrará esa cara tan bonita. - Mientras parlotea, creo que no sabe mucho de mis planes. Siempre la mantengo alejada de ellos ya que no quiero hacerle daño como lo que pasó con el guardia de seguridad. Me siento culpable por lo que le pasó. Hace unas semanas lo seduje, atraigo al hombre como una abeja a la miel. Le conté mis deseos y lo induje a que me sacara de ese lugar. Juro que tuve mucho cuidado de que nadie nos viera, ni nos escuchara. Definitivamente, cuando Logan mencionó el hecho me tomó por sorpresa y aún me pregunto cómo...
- ¡Ahora estás perfecta! - dice dulcemente, terminando de maquillarse. Le fuerzo una sonrisa. - ¿Qué quieres hacer ahora?
- ¿Puedo ir a tu cocina? - La chica me dedica una gran sonrisa.
- Claro que puedes. Y hoy he traído una receta especial para que la hagamos juntos.
Muchos hablan de psicólogos, psiquiatras y otras opciones para despejar una mente débil y enferma. Yo definitivamente no tengo ninguno y tampoco tendré esa oportunidad con ningún profesional. Sin embargo, es en la cocina de Lia donde me siento renovada. Cuando era soltera ni siquiera había cogido una cuchara y ahora, prácticamente tengo un libro de recetas escrito por mí. Aquí es donde me olvido de quién soy realmente y sólo me acuerdo cuando llega la noche.
***
NOTAS DEL AUTOR:
¡Hola querida autora! Soy la autora Nalva Martins y me gustaría dejarte aquí una petición muy especial. Cuando lean esta obra, si realmente les gustó, descarguen el libro de la biblioteca, sus comentarios me ayudan mucho a entender lo que realmente piensan de mi obra y para que crezca aquí en la plataforma, no se olviden de calificarla haciendo click en las estrellas. ¡Un beso especial a todos!
Capítulo 3
"Mis esperanzas al alcance de la mano".
Mis días aquí en la mansión son siempre bastante tranquilos cuando él no está. Me encanta ver amanecer y me encanta estar sola en esta espaciosa casa, sin embargo, mis pasos son meticulosamente vigilados durante todo el día ya sea por los sirvientes, o los guardias de seguridad. Las llamadas telefónicas son actos restringidos para mí aquí dentro. El único teléfono que tenemos en esta casa está en el despacho de Logan y ese vive bajo llave. Excepto cuando él está en casa. Pero, la parte que más me gusta de este lugar está en el ala sur, al final del largo pasillo. Hay un gimnasio con todo tipo de máquinas y pesas para hacer ejercicios de lujo, y me paso horas encerrada dentro después de mi paseo por el jardín y unas cuantas horas leyendo en la biblioteca. Jadeante, después de un duro entrenamiento, miro a través de la enorme ventana de cristal transparente y me doy cuenta de que el sol ya está alto fuera. El corazón parece querer salírseme por la boca, de tanto esfuerzo que acabo de hacer y el sudor burbujea en mi frente, corriendo por mi cara. Me bajo de la bicicleta estática, me paso la toalla para secarme el exceso y, aún jadeando un poco, salgo del gimnasio para darme una larga ducha. Después de comer no hay mucho que hacer aquí, así que repito mi toor por la casa. Sí, conozco esta mansión milimétricamente y conozco cada objeto y sus lugares apropiados. Incluso conozco los detalles de las ramas que arañan las ventanas cuando el viento arrecia.
- ¡Cálmate! Te lo he dicho, ¡me voy! - Oigo la voz enfadada de Logan y me detengo bruscamente, escondiéndome tras el muro protector de la escalera. Me pregunto qué hace en casa en un momento así. - ¡Qué cojones! Que se quede ahí, ¡o no hay trato! - refunfuña enfadado. Curiosa, inclino un poco la cabeza para verle. Logan está al teléfono y sostiene un pequeño paquete en una mano. Se vuelve en dirección a la escalera y yo me agacho rápidamente, acurrucándome en mi rincón. - Se me olvidaba, pero ya me dirijo al lugar de encuentro, ¡guárdalo ahí! - me ordena. Le veo guardar el paquete en el bolsillo interior de su traje y caminar apresuradamente hacia la salida de la casa. Respiro hondo e inclino la cabeza, apoyándola en los brazos que tengo sobre las rodillas. Vuelvo a respirar hondo y me aseguro de que se ha ido, y sólo entonces vuelvo a caminar por el pasillo y entro en el dormitorio. Me doy una larga ducha y enseguida me siento más tranquila. Minutos después, voy a buscar a Lia a la cocina. Me ruge el estómago y estoy impaciente por disfrutar de otro plato especular que sólo ella sabe hacer. En medio de la sala noto algo diferente en el pequeño pasillo donde está el despacho de mi marido y decido ir a especular. Para mi sorpresa, la puerta está abierta y jadeo al pensar en seguir con mis pasos. Al escuchar el sonido de mi propia respiración dentro de mis oídos, miro hacia atrás para asegurarme de que efectivamente estoy sola y sí, estoy sola. ¿Pero cómo? Logan nunca olvida esa puerta abierta. Jamás. Siento el corazón como un bombo retumbando sordamente en mis tímpanos. Estoy a centímetros de ponerme en contacto con alguien de mi familia, o con cualquiera que pueda sacarme de este lugar.
Miro hacia atrás una vez más y decido arriesgarme. Doy unos pasos cortos y cuidadosos hacia la habitación y el atisbo de un despacho llena mi visión. Nunca había estado aquí. Me fijo, mirando las preciosas estanterías de madera oscura llenas de libros y más libros, un enorme escritorio igualmente oscuro con algunos papeles encima, un ordenador y el teléfono... ahí está el objeto de mi deseo. Incluso siento que se me seca la garganta de ansiedad y mi cuerpo tiembla de expectación. Esta vez camino deprisa hacia el escritorio y, al acercarme a él, observo que también hay algunos cajones abiertos. Algunos papeles y carpetas se dejan caer en su interior. Por alguna razón me falta aún más el aliento. Tal vez sea mi nerviosismo, o mi miedo queriendo dominarme, porque sé que Logan podría volver en cualquier momento y pillarme in fraganti aquí dentro, y no sé lo que sería capaz de hacerme sólo con poner los pies en este lugar. Entonces, ¿por qué demonios estoy perdiendo mi precioso tiempo revisando estas carpetas y documentos, cuando debería estar llamando a mis padres, o a algún amigo que realmente pueda ayudarme? No lo sé. Lo único que sé es que veo mi nombre en algunos de estos papeles y no tengo ni idea de qué tratan.
- ¿Señora Cross? - Oigo la voz de Lia un poco distante. Mierda, ¡debe de estar buscándome para comer! Dejo rápidamente los papeles en la carpeta y luego en el cajón, y cojo el teléfono, escuchando el reconfortante sonido de beautiful. Con el corazón acelerado, el sudor burbujeando de nuevo y temblando, empiezo a marcar el número que conozco desde siempre.
- ¿Diga? - La suave voz de mi madre suena al otro lado de la línea e inmediatamente se me llenan los ojos de lágrimas. - ¿Diga? - insiste. Intento decirle algo, pero las palabras no salen de mi boca y, desesperada, empiezo a llorar.
- ¿Dónde está la señora Cross? - Oigo la voz endurecida de Logan desde el interior del pasillo y, desesperada, vuelvo a colgar el teléfono y busco un lugar donde esconderme.
- ¿Pero qué cojones...? - Me río nerviosa y corro detrás de una de las gruesas cortinas. - Contrólate, Eva, contrólate, por favor. - siseo suavemente, haciendo todo lo posible por controlar mi respiración entrecortada.
- Está en la habitación, señor. - responde Lia. Probablemente te esté acompañando.
- Cierra la puerta, Lia. - ordena en cuanto ella entra en la habitación. Desde donde estoy, la vista es algo borrosa debido a la tela, pero puedo ver a Logan de pie detrás de su escritorio y a Lia frente a él, mirando fijamente a su jefe. - Me he dado cuenta de que mi mujer está muy unida a usted últimamente y que pasa más tiempo en la cocina. - Habla con sequedad.
- Intenta distraerse, señor.
- No te pago para eso, Lia. - La interrumpe brutalmente. - Te pago para estar en la cocina, pilotando esa maldita cocina, para hacer la comida, ¡y ya está! - La chica respira hondo.
- Por supuesto, señor. Le garantizo que no volverá a ocurrir.
- No volverá a ocurrir, porque te despido. - Inmediatamente siento que se me agria la boca. La está alejando de mí. La única persona con la que puedo hablar a gusto. Saber esto me hace entrar en pánico y empiezo a ahogarme en mi propio miedo. Logan se acerca a un inmenso cuadro de la pared, lo saca y se me revela una caja fuerte. Fuerzo un poco la vista y veo cómo teclea una secuencia de números y, por arte de magia, la puerta de la caja fuerte se abre y él saca una suma de dinero, extendiendo un fajo de billetes a la chica que está al lado.
- Esto debería pagar tus años de trabajo en esta casa. - Se me escapa una lágrima y reprimo un sollozo. Logan le señala la salida del despacho y saca la llave del bolsillo. No, pienso desesperada. Inexplicablemente, Lia mira en mi dirección y es como si pudiera verme desde detrás de la gruesa tela.
- Oh, ¡creo que no me encuentro bien! - murmura, llevándose una mano a la frente y retorciéndose un poco.
- ¡Es todo lo que necesito! - refunfuña malhumorado. - Traeré a alguien para que la ayude. - Mi marido se marcha rápidamente y Lia corre hacia mí.
- En nombre de Dios, ¿qué haces aquí?
- YO... YO...
- Tienes que irte antes de que vuelva.
- Te está despidiendo, ¿cómo se supone que voy a sobrevivir a esto?
- Ya pensaremos en algo más tarde, ¡ahora vete de aquí! - Me pregunta sacándome de mi escondite y salgo corriendo del despacho.