Capítulo 2

—Tati —gritan a todo pulmón.

Doy media vuelta y ahí está mi amiga, la única que me dice Tati es Fabiana, y eso no es todo porque yo le digo Fabi… ¿Por qué no decir su nombre completo? Esa pregunta es inevitable, ya que todos los que nos conocen nos preguntan una y otra vez, y lo que nosotras le contestamos es que nos da mucha pereza decir el nombre completo, aparte que nos convertiremos en las amigas únicas, las únicas que sellamos nuestros nombres con cuatro letras.

—Fabi —sin pensarlo voy corriendo a sus brazos.

—Llegaste tarde —me reprende—, pero te perdono.

—Gracias, mi bella y dulce Fabi —le doy un fuerte abrazo y un beso en la mejilla—, ¿Y tu hermano? —enfatizo la última pregunta.

—¡Aquí estoy! —exclama detrás de mi oído.

Me quedo paralizada por un momento. Esa voz la conozco, ¡esa voz la reconozco! Giro lentamente mi cabeza, como si estuviera exorcizada.

¡Mierda! Cierro mis ojos con fuerza al ver que el hermano de mi amiga es el estúpido e ingerido que me choco.

Ahora que le voy a decir a mi amiga, «Amiga, tu hermano es un completo imbécil». Obviamente que no puedo decirle eso, porque destruiría su corazón. Me he quedado como una estúpida, no puedo moverme, mis pestañas no parpadean, mis piernas tambalean, mi corazón se acelera, y mi respiración desciende, hasta el nivel de faltarme el aire.

No, por Dios, no me digas que el estúpido es hermano de mi mejor amiga. ¡Santo cielo! Quiero darme un balazo en la cabeza, sí, aquí mismo, esto es únicamente el Karma, ya que he venido siendo una hipócrita, ya que no tengo la mínima intención de hablarle al hermano de Fabiana, no quiero, no quiero, no quiero y no quiero. No quiero simpatizar con él.

Ahora que le diré, oh, espera. «Mira Fabi, tu hermano es un completo imbécil y de a primeras a primera me cae mal, y lo único que deseo es dar la vuelta». ¡No puedo decirle eso! Si le digo eso, sería como un dolor emocional para ella, ya que él es su héroe, y sinceramente no quiero ser yo la que lo baje de ese pedestal en el que el imbécil se encuentra.

—¡Hermano! —chilla llena de emoción.

Fabi me hace a un lado y se va directo a los brazos del hermano. Pongo mis ojos en blanco al notar que el estúpido no deja de mirarme.

¡Ya sé que los ojos son para ver! Pero yo no quiero que me vea… No quiero que me vea porque me hace sentir más estúpida de lo que ya lo estoy. ¿Será que se está burlando de mí? Porque he venido junto con su hermana a darle la gran bienvenida.

—Te he extrañado mi princesa —susurra tras darle un fuerte abrazo.

—Mis papás te están esperando —dice en un hilo de voz.

—No llores, ya estoy aquí —él empieza a llenarla de besos—, ahora no hagamos esperar a nuestros padres.

—Sí —musita—. Ah… Lo siento, te presento a mi amiga Tati—¡trágame tierra!

—Tu amiga —se le dibuja una sonrisa al darse cuenta quien soy y que es él para mi amiga.

—Sí, es la misma que te hablo todos los días.

¡No puede ser! Le ha hablado de mí... ¡Oh, por Dios! Espero que no le haya dicho lo de mi problema, puesto que no quiero ser lástima de nadie, y menos de ese engreído.

—Ya nos conocemos —dije de golpe—, y lo mejor será irnos Fabi.

—¿Cómo? ¿Dónde? —fabi pregunta irónicamente, y si no le contesto estoy segura de que explotara.

—Lo acabo de conocer porque vi que chocó a una chica, y ni se dignó en disculparse —enarqué una ceja tras mandar una directa.

—¡Logan! Hermano te encuentras bien —exclama desesperada, hasta empieza a revisar todo su cuerpo.

—¡Fabi…! —le reprendo—, él tuvo la culpa—me quejo.

—Gracias, hermanita linda, gracias por preocuparte por mí —dice el tarado con un tono gracioso.

Maldito, como deseo quitarte esa maldita sonrisa que tienes.

—Vámonos antes que aparezca la lunática que te choco —¿Qué? Mis ojos salen de órbita.

Mis oídos escucharon lo que mi amiga acaba de decir, ¡Lunática! Yo…

Pero si él tuvo la culpa, yo solo caminaba y el muy perro fue quien se posó en mi camino.

—Con su permiso, que esta lunática va a pasar —vociferó, dejando en claro que yo soy la lunática.

Paso en medio de los dos, acelero mis pasos, ya que no quiero morir de una rabieta, aunque me haga mucho daño. Sinceramente ese imbécil no se merece que ni lo nombre, que no lo piense y menos que lo determine. Necesito salir de aquí, no quiero verlo, aunque es imposible porque es hermano de mi amiga, y para mi mala suerte vive cerca de mi casa.

¿Estoy celosa? Sí… estoy celosa porque él me puede quitar el amor de mi dulce y bella amiga, aaahh... Como deseo gritar y gritar.

Capítulo 3

—¡Tati...! Tatiana, espérame por favor, ¡espérame! —escucho los gritos desesperados de mi amiga detrás de mí.

Ah, espero que no me pida que me disculpe con su hermano del alma o de que me obligue a pedirle disculpa.

—¿Qué? —me detengo.

—Lo siento, no sabía que eras tú —se inclina hacías sus rodillas, recuperando el aliento—, pensé...

—Olvídalo —la interrumpo—, pero no me obligues a determinar a tu hermano.

—No es una mala persona... —suplica.

—Ssshhh... Es tu hermano y solo tu hermano, y tú eres mi amiga, y mi única amiga —aclaro.

—Eso lo sé Tati, pero tú sabes cuánto amo y admiro a mi hermano —hace pucheros y yo pongo mis ojos en blanco.

—Nena, olvídalo y hagamos borrón y cuenta nueva —jadeo.

—Gracias, y olvida lo que dije —dice apenada—, tú no eres ninguna lunática.

—Más te vale —la sentencio.

—Nos vamos —se aparece el innombrable y mi humor se esfuma volviendo la rabia.

—Sí, además mi madre nos está esperando —dije entre dientes.

Me adelanto dejando a mi amiga con su hermano. De reojo veo como Fabiana le ayuda a su hermano con las maletas, no me había percatado que trae más de siete maletas en un carrito. ¿Será que piensa quedarse mucho tiempo?

Mi problema no es con mi amiga Fabiana, puesto que es mi única amiga, pero lamentablemente es hermana de ese engreído. Sinceramente debería ignorar y olvidar de su existencia, ya que no quiero tener días amargos, más de los que tengo día a día. Aunque mi cardiólogo dice que tome todo con calma y que lo único que debería hacer es disfrutar mis días aquí en la tierra, y que no les ponga importancia a cosas insignificantes. Lo que no comprendo es porque me aconseja eso sí no puedo salir a la calle y menos a disfrutar todo lo que deseo tener y recorrer... ¡Ni modo!, así es

la vida.

En pocos minutos logré llegar al auto, donde mi mamá nos esperaba.

Inhalo... Exhalo... Inhalo... Exhalo... Necesito ocultar mi rabieta estúpida, puesto que no quiero que mi madre me llene de sus preguntas y de sus preocupaciones.

—¿Dónde está Fabiana y su hermano? —me adentro en el auto y lo primero que veo es la mirada preocupante de mi madre—, Angélica...—chilla insistiendo.

—Madre, mira por el retrovisor y verás —digo cerrando la puerta tras acomodándome en el asiento a la par del copiloto.

—Hablaremos en la casa —dice con un tono frío.

Mi madre sale del auto para ayudarle al príncipe del cuento, me importa un pepino si esto es una rabieta exagerada o es que simplemente un capricho, pero es que ese estúpido no me agrada y si no me agrada, no tiene por qué agradarme a la fuerza.

De golpe abro mis ojos al sentir una mano que se posa en mi hombro, me relajo al pensar que debe ser Fabi.

—No te desquites con mi hermana, lo que tú y yo sentimos —¡mierda! Mis ojos se van al retrovisor y más ni menos es el hermano de Fabi.

—¿Lo que nosotros sentimos? —dije con nerviosismo.

—¡Sí! El sentimiento que ambos tenemos es odio y desaprobación, pero no veo la lógica que te desquites con mi hermana —vocifera entre dientes—, ¿es tu amiga o no?

—No te creas importante, y no negaré que desde que te vi me caes de la patada —chillo por lo bajo.

—No soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo —declara—, y menos a una mocosa como tú—¿qué es lo que dijo?

—Imbécil...

—Sshhh... —me calla—, aquí no—se aleja sigilosamente antes que mi madre o Fabiana nos mirara.

—¡Listos mis muchachos! Ahora a celebrar el regreso de Logan Alexander Dwan —mi madre exclama con mucha emoción.

—No hay de que Sra. Marcela —susurra amablemente, acompañada con una sonrisa estúpida—, verá que todos la pasaremos bien.

Mi madre pone en marcha el auto, y antes de seguir escuchando la vocecilla del estúpido del hermano de mi amiga, agarro mi iPod, lo enciendo y me coloco los audífonos y la primera música que pasa es I'll never love again de Lady Gaga... ¡Cómo amo esa música! Mi madre la detesta porque le hice prometer que esa sería la música que quiero que me cante, quiero que cada letra plasmada en esa canción sea para recordarme, pero un recuerdo de momentos felices.

Cierro mis ojos y me dejo llevar por la sintonía, permitiendo y deseando que sea ella la que posea mi cuerpo completo, permitiendo ser yo cante esta linda balada, me dirán loca, pero la letra me encanta, me hace sacar el sufrimiento que tengo por dentro, me hace ser vulnerable; me hace sentir libre ante todo este encierro, me hace ser libre como el colibrí, me hace disfrutar lo que hay en mi alrededor.

Lee la historia completa ahora
Apoya al autor e inspíralo a crear más historias increíbles en Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Las páginas de Nuestro Amor

Capítulo 2
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo