Capítulo 3

Punto de vista de Serena:

Salí rápido de la mansión de los García sin mirar atrás y me dirigí a mi cobertizo.

Dejar la manada de la Luna Negra era mi única opción, puesto que ya no podía quedarme ahí por más tiempo. Era verdad que irme siendo aún menor de edad sería bastante peligroso, pero creí que tenía mayores posibilidades de una vida mejor si me escapaba que si me quedaba. Vivir en la calle sería mucho más seguro para mí que este miserable lugar.

Cuando Alfa Teodoro me acogió, ellos se aseguraron de que yo no viviera a costa de él. Todos estos años trabajé igual o más que muchas sirvientas, lo que debió ser suficiente para compensar la amabilidad que tuvo de darme cobijo.

Suspiré. ¡Qué idiota fui! Yo era demasiado inocente. Durante muchos años, me tragué los insultos y humillaciones por la promesa que Bruno me hizo, pero pensándolo bien, él nunca contribuyó mucho a nuestra relación. Al parecer, me abandonaría en cuanto se le presentara una mejor candidata. Cuando esa perra me golpeó, él simplemente miró y agarró mi mano para evitar que le devolviera una bofetada. Más aún, cuando ella me golpeó por segunda vez, lo pasó por alto.

Debería haberlo visto venir, honestamente. Bruno no era un hombre lobo cualquiera, sino el futuro Alfa. Si en todo este tiempo realmente me hubiera querido proteger, no me habría dejado en un rango tan bajo en la manada de la Luna Negra por tanto tiempo. Cada vez que venía a mí, siempre era en secreto por temor a que lo descubrieran. Cuando algunos hombres lobo me intimidaban, él casi nunca estaba ahí para defenderme y, las pocas veces que estaba, lo único que hacía era decirles que se fueran.

Era ridículo que yo siempre encontraba excusas para defenderlo. Solía decirme a mí misma que, por ser el futuro Alfa, ya tenía suficientes problemas, así que necesitaba cuidar su imagen ante los demás. Me repetía que no podía ser severo con los que abusaban de mí, porque sospecharían de él si defendía a una sirvienta tan humilde.

Bueno, al menos ahora sabía la verdad: Bruno no era más que un maldito cobarde.

Mientras empacaba mis pertenencias en el cobertizo, dos hombres lobo se me acercaron de repente.

"Serena, el Alfa quiere verte ahora mismo", dijo uno de ellos en tono autoritario. Era una orden, no una petición, así que, frunciendo el ceño, los seguí sin decir una palabra.

Me llevaron a un salón más pequeño y tan pronto como entré por la puerta, sentí otra bofetada.

Aún sentía el zumbido en mis oídos al abrir los ojos y darme cuenta de que fue Luna Zoe quien me golpeó. Su cacheta fue mucho más fuerte que la de Silvia, pues me mareó e incluso creí sentir el sabor de la sangre en la boca. Me quedé quieta, incapaz de escuchar durante un rato.

"¡So puta! ¿Cómo te atreves a seducir a Bruno? ¿Qué diablos crees que estás haciendo? Te acogimos, te dimos ropa y comida y… ¿así es como nos pagas? ¡Maldita desgraciada! ¡Perra! ¡Puta!". Zoe pateó en el suelo y maldijo con exasperación.

Teodoro, que también estaba furioso, se sentó al otro lado de la habitación. En todos estos años que vivimos bajo el mismo techo, era probablemente la primera vez que de verdad me miraba. A su lado estaba parada Silvia, con una sonrisa diabólica en el rostro.

Esa puta, probablemente fue ella quien se quejó con Teodoro y con Zoe por lo sucedido.

Bruno también estaba ahí, parado en la esquina del salón. Parecía que el cobarde había aprendido una lección de sus padres. Desde allí bajó la cabeza, sin atreverse a mirarme ni por un segundo. Al verlo, solo tuve que acordarme de su pene flácido para llenarme de odio y disgusto. ¡No podía creer que alguna vez me enamorara de un idiota así! Debí estar loca.

"Serena, parece que tenemos que recordarte quién eres. Una chica como tú nunca será digna de alguien como Bruno. No puedes estar con él, es así de simple. La Diosa de la Luna ya designó a Silvia como compañera de Bruno. Tiene sentido, porque ese matrimonio será beneficioso para nuestras manadas. Te advierto desde ahora que no intentes interponerte en su relación o, de lo contrario, no tendremos más remedio que echarte de nuestra manada", dijo Teodoro amenazándome y no pude menos que dejar escapar una risa de mis labios.

"Si eso es lo que les preocupa, entonces les aseguro que no tendrán que decírmelo dos veces. Después de hoy, puedo prometerles a todos que ya no siento nada por Bruno. Nunca más me acercaré a él ni intentaré destruir su nueva relación con Silvia. Sinceramente, deseo que sean felices, después de todo, creo que se merecen el uno al otro".

Un cobarde y una fastidiosa arpía… tendrían una vida caótica por delante.

Teodoro y Zoe me miraron con recelo, probablemente dudaban de la sinceridad de mis palabras. Quizás pensaron que sería mucho más difícil lograr que una chica como yo se mantuviera alejada de su encantador hijo. Tal vez esperaban la resistencia o las súplicas de una chica desconsolada; sin embargo, aquí estaba yo, tranquila e indiferente hacia su hijo.

No vi la necesidad de explicar nada más, así que como muestra final de desinterés, decidí irme, quizás así Teodoro y Zoe finalmente me creerían.

Vi a Bruno levantar la cabeza al escuchar mi comentario y mirarme sin entender nada. La expresión arrogante de Silvia se le borró del rostro y me fulminó con la mirada, pero los ignoré a todos. Antes de que Teodoro y Zoe pudieran hacerme las cosas más difíciles, di la vuelta y salí del salón.

Punto de vista de Silvia:

La forma más rápida de castigar a Serena era informarles a Alfa y Luna de lo sucedido. Después del regaño de sus padres, Bruno no se atrevió a decir una palabra e incluso se disculpó conmigo sinceramente.

Sin embargo, yo no podía olvidar cómo esa puta de Serena se atrevió a pelear conmigo después de que la golpeara. Fue algo bueno que Bruno la pusiera en su lugar al detenerla.

Aun así, no estaba satisfecha. Como Serena se marchaba pronto, Teodoro y Zoe podrían pensar que el problema estaba resuelto, lo cual no me convenía. Esperaba que Serena luchara por Bruno y, ante esta muestra de irrespeto, a mis suegros no les quedaría más remedio que castigarla severamente. Pero por alguna razón Serena accedió a alejarse de Bruno en cuanto entró al salón. Ya no teníamos motivos para castigarla.

¿Y qué hacía con el agravio que me causó? Aunque nunca durmieron juntos, Serena sedujo a mi Bruno. Había que castigarla, o de lo contrario mi ira no quedaría satisfecha en absoluto.

A juzgar por la forma en que Bruno miró a Serena en ese momento, él aún sentía algo por ella. Esto fue para mí inaceptable e irrespetuoso por completo. El hecho de que Serena se marchara no era seguro. ¿Y si ella aparecía un día frente a Bruno y lo convencía de tener una aventura? No, necesitaba desaparecer del mundo para siempre. Que continuara viva en algún lugar era demasiado peligroso para mí, simplemente no iba a poder dormir tranquila por el resto de la vida.

"Alfa Teodoro y Luna Zoe, si me permiten hacer una sugerencia, no creo que debamos dejar ir a Serena así como así. Aunque dijo que nunca volvería a acercarse a Bruno, ¿quién puede asegurar que mantendrá su palabra? Puede que sea una huérfana a la que sacaron de la nada, pero miren lo que ha hecho, logró seducir al futuro Alfa de la manada. Por lo que sabemos, ella podría ser una loba conspiradora. ¿Y si continúa seduciendo a Bruno en secreto? ¿Qué pasa si ella difunde rumores por ahí y daña nuestra reputación para siempre?".

Teodoro frunció el ceño cuando escuchó mis proposiciones hipotéticas.

"Papá y mamá, conozco a Serena. Ella no es el tipo de chica que...", se oyó decir a Bruno desde la esquina.

"¡Cállate, Bruno! Eres el futuro Alfa, pero tuviste una aventura con una pobre sirvienta. Cometiste un gran error y lastimaste a tu pareja. ¿Cómo te atreves a defender a esa puta intrigante?", le espetó Zoe a su hijo.

"Tienes razón, Silvia. Si la dejamos ir ahora, podría causar posibles problemas en el futuro...", reflexionó Teodoro.

"Tengo un plan para resolver este problema nuestro, Alfa Teodoro". Una brillante idea me vino a la mente.

"¿De verdad? Bueno, dímela".

Le susurré al Alfa algunas palabras al oído y, acto seguido, él se apartó y asintió con la cabeza.

"Vaya, ese es todo un plan, Silvia. Tienes madera para convertirte en nuestra futura Luna. Haremos lo que propones".

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La Pareja Misteriosa del Alfa

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