Capítulo 2
Punto de vista de Serena:
Las palabras de Teodoro me estremecieron como si me cayera un rayo, dejando mi mente en blanco, incapaz de escuchar, de pensar en otra cosa. Resonaban una y otra vez en mis oídos. "La Diosa de la Luna finalmente ha dispuesto que mi hijo Bruno García y Silvia Pérez, ija del Alfa Thomas Pérez, sean una pareja. Pronto celebraremos la Ceremonia de Pareja". Su declaración no se borraba de mi mente.
Eso era imposible. Bruno me había prometido que me elegiría como su compañera. Cuando yo arribara a la mayoría de edad, él podría hacer pública nuestra relación.
Me volví y salí corriendo de la cámara para ir a confrontarlo. Quizás, había sido solo una jugada política, una estrategia para unir a las dos manadas mediante el matrimonio. Quizás, él no estaba de acuerdo con eso y quizá estaba luchando ahora mismo por nuestro amor.
Registré toda la casa y no pude encontrarlo, por eso decidí buscarlo en la azotea. A medida que me acercaba, me parecía escuchar los gruñidos de un hombre y los gemidos de una mujer.
La voz del hombre me resultaba familiar... me recordaba a la voz de Bruno. Deseché de inmediato la idea, pensando que, probablemente, no había escuchado bien. ¿Por qué estaría haciendo esos ruidos en la azotea con otra mujer?
Pronto, me di cuenta de que era su voz la que estaba escuchando.
"Oh, cariño, está tan apretadito".
"¡Sí, eso se siente tan bien! ¡Oh, Bruno! ¡Más rápido! ¡Más duro!".
Abrí un poco la puerta y una escena repugnante llenó mis ojos. Era él, embistiendo a otra loba en una tumbona. Bruno, desnudo, presionaba su cuerpo contra el de la loba a la par que la penetraba con fuerza en su trasero, como un taladro eléctrico. La bestia chillaba de alegría, mientras levantaba sus asentaderas. Toda mi sangre se agolpó instantáneamente en la cabeza, dejando mi cerebro en blanco. El mundo entero giraba ante mí y comencé a sentirme muy mareada.
Hacía apenas dos días, él sostenía mi cintura con fuerza, mientras retozábamos.
Retrospectiva de Serena:
"Cariño, vamos...". La voz profunda y sexy de Bruno me erizó la piel. Estaba muy excitado.
"Lo siento, mi vida. ¿Podrías esperar un poco más, hasta que cumpla los dieciocho?". Le di la espalda, tratando de disimular mi malestar.
Él enterró su rostro en mi cuello y yo esperé ansiosa su respuesta. Después de un rato, me sonrió y me consoló, mientras cambiaba de posición: "Está bien, cariño, lo siento. Te amo tanto que apenas puedo controlarme".
Mis ojos centelleaban cuando lo miré. En ese momento, pensé que, finalmente, había encontrado a mi otra mitad. Como Bruno me amaba, estaba dispuesto a ser paciente, y prefería soportar la tortuosa espera que obligarme a hacer algo para lo que no estaba todavía preparada.
Fin de la retrospectiva.
Ahora, la cruda realidad me hacía sentir avergonzada, me había engañado.
Tenía una aventura. Lo sorprendí copulándose con otra loba, con lo que rompía la promesa que me había hecho. Sabía que esa mujer también sería su futura Luna, así que ni siquiera tenía derecho a cuestionarlo.
¡Incluso, parecía que era yo la intrusa! Ya no podía quedarme ni un minuto más aquí. No tenía sentido permanecer en este lugar.
¡Se oyó un estruendo!
Con el apuro tropecé con el cesto de basura y este cayó al piso.
"¡Oye! ¿Quién está ahí?". Bruno escuchó el ruido e inmediatamente levantó la cabeza. Su voz sonaba disgustada.
"¿Serena…?", exclamó asustado, mientras se ponía de pie. "¿Por qué...? ¿Cómo...?".
Una mezcla de conmoción, culpa e ira se leía en sus ojos. Como un camaleón, el color de su rostro cambió rápidamente, de un rojo intenso a un blanco pálido. Si esto fuera una película, podría haber ganado un Óscar, por todas las emociones que acababa de mostrar en solo un instante.
Noté que su erección se convirtió en un colgajo flácido. Logré calmarme. En ese momento, sentía tanta repugnancia por él como por su alicaído pene.
¡Fui una tonta al pensar que Bruno estaba en contra del compromiso! Pensé que me sería fiel. Aparentemente, todo había sido una ilusión, me había traicionado. Lo había pillado con las manos en la masa.
Punto de vista de Bruno:
Había conocido a Silvia hacía unos meses y ya sabía que sería mi pareja. Inmediatamente, nuestras dos familias dieron su bendición a nuestra relación. Sin embargo, no sabía cómo contárselo a Serena. Y había seguido dándole largas al asunto, hasta hoy.
No esperaba que me sorprendiera así, en esta situación. La pobre se había enterado de la peor manera.
Su rostro palideció y sus labios temblaron. "Bruno... ¿De verdad te vas a quedar con ella?", me preguntó.
Abrí la boca, pero no me vino a la mente ninguna respuesta.
Honestamente, me entristeció confirmarle que Silvia era mi compañera. Serena se había ganado un lugar especial en mi corazón, desde el día en que mi padre la acogió. En ese momento, yo solo tenía 15 años, pero ya sabía que la amaba. Su dureza, su perseverancia y su prudencia, despertaron en mí el deseo de protegerla con mi vida. Y cuando se convirtió en una mujer, su belleza me cautivó aún más. Sin embargo, su humilde origen hizo que nuestra relación se complicara. Aunque la Diosa de la Luna decidiera que era nuestro destino estar juntos, todavía tendríamos muchos obstáculos en nuestro camino. Era casi imposible que fuera aceptada como la Luna de la manada. A veces, pensar en nuestro futuro juntos me resultaba agotador. Por otro lado, Silvia era la hija de un Alfa. La unión que traería nuestro matrimonio sería beneficiosa para ambas manadas. Con su ayuda, asumir el cargo de Alfa no me sería difícil.
Por supuesto, todavía amaba a Serena. Silvia era mi pareja, pero mi corazón no le pertenecía. Por desgracia, el destino acostumbra a jugarles una mala pasada a los amantes. Debido a las crueles circunstancias, no tendríamos más remedio que renunciar a nuestro amor.
"Serena, lo siento mucho... De verdad, lo siento mucho... Yo no...". Atolondrado, traté infructuosamente de disculparme.
La chica estaba taciturna, con los ojos apagados. "Ya veo".
Al quedarse sin palabras, se dio la vuelta y se dispuso a marcharse. De repente, se oyó la voz de Silvia.
"No tan rápido. ¿Quién te dijo que podías irte?".
Ya estaba vestida, se acercó a Serena y la miró fijamente.
"¿Quién eres tú? ¿Cómo te atreves a hacerle esa pregunta a Bruno?".
"Pregúntale a él", respondió señalándome.
¿Qué diablos iba yo a decir? Di un rodeo y carraspeé, devanándome los sesos para encontrar una respuesta que no ofendiera a ninguna de los dos.
"Eh, Silvia, Serena y yo... Bueno... Tuvimos una relación. Aunque, nunca hemos dormido juntos...".
Antes de que pudiera terminar de hablar, Silvia se adelantó y le asestó una bofetada.
"¡Puta! ¡Así que fuiste tú quien sedujo a mi pareja! ¿Quién diablos te crees que eres? ¿Por qué piensas que Bruno necesita tu permiso para elegirme como su pareja? Mírate bien, chica inmunda. No sirves ni para limpiarme los zapatos, ¡tus manos sucias me dan asco! ¡No me llegas a la suela del zapato!".
La joven giró la cara hacia un lado debido al violento golpe. Una marca roja había aparecido en su rostro. Serena no se tragó el insulto. Levantó la mano para abofetear a Silvia pero la agarré por la muñeca, justo a tiempo.
"¡Serena, no!".
Silvia era la hija de un Alfa. Había sido criada consiguiendo todo lo que se le antojara, era arrogante y tenía mal genio. Tenía a toda su manada para servirle. Serena estaba en amplia desventaja. Ella era una simple huérfana. Si la golpeaba, se metería en un gran problema. Ni siquiera yo sería capaz de protegerla.
Silvia aprovechó la oportunidad para abofetearla de nuevo.
"¿Cómo te atreves a defenderte, perra? ¡Dale! ¡Dame una bofetada si te atreves! ¡No creas que no puedo hacer pedazos tu insignificante rostro!".
Ahora, la chica tenía hinchados ambos lados de la cara. Agarré la mano de Silvia para detenerla.
"¡Es suficiente!", la reprendí.
Parecía una tigresa enloquecida. ¿Por qué la Diosa de la Luna nombraría a una loba como esta como mi pareja? Si no fuera porque era la hija de un Alfa, ningún hombre lobo la querría como pareja. En términos de carácter y de belleza, ni siquiera se acercaba a Serena. Lamentablemente, el linaje familiar estaba sobrevalorado en la cultura de los hombres lobo.
Apenas había logrado separarlas cuando Silvia se me vino encima. Estaba furiosa y gritó histéricamente a todo pulmón: "¿En serio la estás protegiendo? Bruno, ¿por qué demonios lo haces? Yo soy tu compañera. ¡Se supone que debes estar de mi lado! ¡No puedes hacerme eso, solo espera y verás!".
Se soltó con violencia de mi agarre y abandonó velozmente la azotea, como una mocosa malcriada.
Serena me miró fijamente, sin decir nada. Tenía los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas, pero no había derramado ninguna.
"Serena, lo siento mucho. No quería que te abofeteara así...". Bajé la cabeza avergonzado, sin valor para mirarla a los ojos. Probablemente, me odiaba.
La chica no pronunció ni una palabra. En cambio, quitó su mano de la mía y se fue sin siquiera mirarme.
Ahora me dolía la cabeza terriblemente. Caminé de un lado a otro, pensando en qué hacer, hasta que decidí que primero debía ocuparme de Silvia. Esa loba era malvada. No quería ni pensar en lo que sería capaz de hacer.
Capítulo 3
Punto de vista de Serena:
Salí rápido de la mansión de los García sin mirar atrás y me dirigí a mi cobertizo.
Dejar la manada de la Luna Negra era mi única opción, puesto que ya no podía quedarme ahí por más tiempo. Era verdad que irme siendo aún menor de edad sería bastante peligroso, pero creí que tenía mayores posibilidades de una vida mejor si me escapaba que si me quedaba. Vivir en la calle sería mucho más seguro para mí que este miserable lugar.
Cuando Alfa Teodoro me acogió, ellos se aseguraron de que yo no viviera a costa de él. Todos estos años trabajé igual o más que muchas sirvientas, lo que debió ser suficiente para compensar la amabilidad que tuvo de darme cobijo.
Suspiré. ¡Qué idiota fui! Yo era demasiado inocente. Durante muchos años, me tragué los insultos y humillaciones por la promesa que Bruno me hizo, pero pensándolo bien, él nunca contribuyó mucho a nuestra relación. Al parecer, me abandonaría en cuanto se le presentara una mejor candidata. Cuando esa perra me golpeó, él simplemente miró y agarró mi mano para evitar que le devolviera una bofetada. Más aún, cuando ella me golpeó por segunda vez, lo pasó por alto.
Debería haberlo visto venir, honestamente. Bruno no era un hombre lobo cualquiera, sino el futuro Alfa. Si en todo este tiempo realmente me hubiera querido proteger, no me habría dejado en un rango tan bajo en la manada de la Luna Negra por tanto tiempo. Cada vez que venía a mí, siempre era en secreto por temor a que lo descubrieran. Cuando algunos hombres lobo me intimidaban, él casi nunca estaba ahí para defenderme y, las pocas veces que estaba, lo único que hacía era decirles que se fueran.
Era ridículo que yo siempre encontraba excusas para defenderlo. Solía decirme a mí misma que, por ser el futuro Alfa, ya tenía suficientes problemas, así que necesitaba cuidar su imagen ante los demás. Me repetía que no podía ser severo con los que abusaban de mí, porque sospecharían de él si defendía a una sirvienta tan humilde.
Bueno, al menos ahora sabía la verdad: Bruno no era más que un maldito cobarde.
Mientras empacaba mis pertenencias en el cobertizo, dos hombres lobo se me acercaron de repente.
"Serena, el Alfa quiere verte ahora mismo", dijo uno de ellos en tono autoritario. Era una orden, no una petición, así que, frunciendo el ceño, los seguí sin decir una palabra.
Me llevaron a un salón más pequeño y tan pronto como entré por la puerta, sentí otra bofetada.
Aún sentía el zumbido en mis oídos al abrir los ojos y darme cuenta de que fue Luna Zoe quien me golpeó. Su cacheta fue mucho más fuerte que la de Silvia, pues me mareó e incluso creí sentir el sabor de la sangre en la boca. Me quedé quieta, incapaz de escuchar durante un rato.
"¡So puta! ¿Cómo te atreves a seducir a Bruno? ¿Qué diablos crees que estás haciendo? Te acogimos, te dimos ropa y comida y… ¿así es como nos pagas? ¡Maldita desgraciada! ¡Perra! ¡Puta!". Zoe pateó en el suelo y maldijo con exasperación.
Teodoro, que también estaba furioso, se sentó al otro lado de la habitación. En todos estos años que vivimos bajo el mismo techo, era probablemente la primera vez que de verdad me miraba. A su lado estaba parada Silvia, con una sonrisa diabólica en el rostro.
Esa puta, probablemente fue ella quien se quejó con Teodoro y con Zoe por lo sucedido.
Bruno también estaba ahí, parado en la esquina del salón. Parecía que el cobarde había aprendido una lección de sus padres. Desde allí bajó la cabeza, sin atreverse a mirarme ni por un segundo. Al verlo, solo tuve que acordarme de su pene flácido para llenarme de odio y disgusto. ¡No podía creer que alguna vez me enamorara de un idiota así! Debí estar loca.
"Serena, parece que tenemos que recordarte quién eres. Una chica como tú nunca será digna de alguien como Bruno. No puedes estar con él, es así de simple. La Diosa de la Luna ya designó a Silvia como compañera de Bruno. Tiene sentido, porque ese matrimonio será beneficioso para nuestras manadas. Te advierto desde ahora que no intentes interponerte en su relación o, de lo contrario, no tendremos más remedio que echarte de nuestra manada", dijo Teodoro amenazándome y no pude menos que dejar escapar una risa de mis labios.
"Si eso es lo que les preocupa, entonces les aseguro que no tendrán que decírmelo dos veces. Después de hoy, puedo prometerles a todos que ya no siento nada por Bruno. Nunca más me acercaré a él ni intentaré destruir su nueva relación con Silvia. Sinceramente, deseo que sean felices, después de todo, creo que se merecen el uno al otro".
Un cobarde y una fastidiosa arpía… tendrían una vida caótica por delante.
Teodoro y Zoe me miraron con recelo, probablemente dudaban de la sinceridad de mis palabras. Quizás pensaron que sería mucho más difícil lograr que una chica como yo se mantuviera alejada de su encantador hijo. Tal vez esperaban la resistencia o las súplicas de una chica desconsolada; sin embargo, aquí estaba yo, tranquila e indiferente hacia su hijo.
No vi la necesidad de explicar nada más, así que como muestra final de desinterés, decidí irme, quizás así Teodoro y Zoe finalmente me creerían.
Vi a Bruno levantar la cabeza al escuchar mi comentario y mirarme sin entender nada. La expresión arrogante de Silvia se le borró del rostro y me fulminó con la mirada, pero los ignoré a todos. Antes de que Teodoro y Zoe pudieran hacerme las cosas más difíciles, di la vuelta y salí del salón.
Punto de vista de Silvia:
La forma más rápida de castigar a Serena era informarles a Alfa y Luna de lo sucedido. Después del regaño de sus padres, Bruno no se atrevió a decir una palabra e incluso se disculpó conmigo sinceramente.
Sin embargo, yo no podía olvidar cómo esa puta de Serena se atrevió a pelear conmigo después de que la golpeara. Fue algo bueno que Bruno la pusiera en su lugar al detenerla.
Aun así, no estaba satisfecha. Como Serena se marchaba pronto, Teodoro y Zoe podrían pensar que el problema estaba resuelto, lo cual no me convenía. Esperaba que Serena luchara por Bruno y, ante esta muestra de irrespeto, a mis suegros no les quedaría más remedio que castigarla severamente. Pero por alguna razón Serena accedió a alejarse de Bruno en cuanto entró al salón. Ya no teníamos motivos para castigarla.
¿Y qué hacía con el agravio que me causó? Aunque nunca durmieron juntos, Serena sedujo a mi Bruno. Había que castigarla, o de lo contrario mi ira no quedaría satisfecha en absoluto.
A juzgar por la forma en que Bruno miró a Serena en ese momento, él aún sentía algo por ella. Esto fue para mí inaceptable e irrespetuoso por completo. El hecho de que Serena se marchara no era seguro. ¿Y si ella aparecía un día frente a Bruno y lo convencía de tener una aventura? No, necesitaba desaparecer del mundo para siempre. Que continuara viva en algún lugar era demasiado peligroso para mí, simplemente no iba a poder dormir tranquila por el resto de la vida.
"Alfa Teodoro y Luna Zoe, si me permiten hacer una sugerencia, no creo que debamos dejar ir a Serena así como así. Aunque dijo que nunca volvería a acercarse a Bruno, ¿quién puede asegurar que mantendrá su palabra? Puede que sea una huérfana a la que sacaron de la nada, pero miren lo que ha hecho, logró seducir al futuro Alfa de la manada. Por lo que sabemos, ella podría ser una loba conspiradora. ¿Y si continúa seduciendo a Bruno en secreto? ¿Qué pasa si ella difunde rumores por ahí y daña nuestra reputación para siempre?".
Teodoro frunció el ceño cuando escuchó mis proposiciones hipotéticas.
"Papá y mamá, conozco a Serena. Ella no es el tipo de chica que...", se oyó decir a Bruno desde la esquina.
"¡Cállate, Bruno! Eres el futuro Alfa, pero tuviste una aventura con una pobre sirvienta. Cometiste un gran error y lastimaste a tu pareja. ¿Cómo te atreves a defender a esa puta intrigante?", le espetó Zoe a su hijo.
"Tienes razón, Silvia. Si la dejamos ir ahora, podría causar posibles problemas en el futuro...", reflexionó Teodoro.
"Tengo un plan para resolver este problema nuestro, Alfa Teodoro". Una brillante idea me vino a la mente.
"¿De verdad? Bueno, dímela".
Le susurré al Alfa algunas palabras al oído y, acto seguido, él se apartó y asintió con la cabeza.
"Vaya, ese es todo un plan, Silvia. Tienes madera para convertirte en nuestra futura Luna. Haremos lo que propones".