Capítulo 3

Caín conoce a la joven Liona

Una hermosa joven de tez clara, cabello rubio cenizo se encontraba en postura con la cabeza agachada e inerte.

Tiropin me dijo :

—Jefe, la chica es bella, sobre todo, una jovencita.

—Ese viejo cada vez es mas pervertido, se busca a las jovencitas desde la cuna.

Me dice mi mano derecha Tiropin. —El color de los ojos de esa joven es hermoso —escucho mencionar a mi subordinado.

—Si, vaya suerte para lo que le ha servido ser bella, es la mujer de un asqueroso hombre. —Digo apretando la quijada.

—Es linda, aún así desmayada, ¿no la han maltratado demasiado, verdad? —Cuestiono.

—No tanto —Me responde, Tiropin.

—Se ve demasiado inocente, pura, pero si algo he aprendido en este asunto es que nada es a como parece y que se debía temer a esa clase de personas, esas que parecen no romper un plato. —Digo de manera desdeñosa.

Mi imaginación estaba nublada, mi corazón estaba molesto, era al verla a ella junto a un hombre como Emilio Casillas, ¿qué la motivo acercarse a él?

Sería su mala fama como el tal llamado Bad boy?

Me pareció que era una chica movida por el interés, quizás era pobre y quería sentirse deslumbrada.

Como se equivocaban las jóvenes, buscar una vida fácil, al final pagaban con creces sus decisiones.

La odié por eso, y lo hice sin llegar a fondo de la verdadera razón detrás de su historia.

Quizás ella era de esa clase de personas, que le gustaba lo fácil, me dije a mi mismo, y entre susurros le hablé regañándola.

Ella no me oía, pues seguía desmayada, así que me fuí a la otra sala para seguir con el trabajo que vine a hacer.

Mientras seguimos ordenando y revisando el inventario de distribución y ventas de las anfetaminas, escucho un grito ensordecedor del otro lado. Me asomo y era la Chica de Emilio Casillas, ella al parecer se ha vuelto loca.

Escucho sus palabras, tiene una voz llamativa a mis oídos, pero presto más atención a sus palabras.

—Déjenme ir, ya les he dicho a ustedes, yo no sé nada de ese hombre malvado.

—Apiádense de mi, él me obligó a casarme con él, obligó a mi familia, dijo que los mataría si no me casaba con él.

—Por favoooor.—Dice llorando y maullando como una linda gatita, así me sonó su llanto, la de una gatita tierna.

Mi corazón se estrujo como si alguien la oprimiera con ámbas manos.

Me acerqué y ella volvió para mirarme, fue la mirada mas hermosa que pude haber visto en mi vida, sus ojos color ambarino, lo llamaría tono café claro o miel claro, me impactó.

Es a como dijera, yo acostumbraba tener muchas mujeres, una hoy, otra mañana, no me acordaba ni de sus rostros, pero si algo iba a estar seguro desde hoy, es que yo no olvidaría eso ojos, su mirada.

Se dirigió a mí y me dijo.

—Señor, por favor, señor, ¿usted podría ayudarme?

—Ellos están equivocados conmigo, soy víctima en todo esto, fuí forzada a estar con ese señor, soy estudiante todavía.

Ella me llenó el aura de un miedo, alguien como yo, que arriesgaba casi a diario el pellejo, no tenía miedo a nada, tenía un temple salvaje e indomable, pero ella me estaba haciendo sudar un frío descomunal y desconocido.

—¿Eres su puta barata no? —Resoplé furioso.

—¿Eres de esas chicas que apenas si terminan de desarrollar y ya andan en busca de un hombre? —Ella me miró con ojos incandescentes.

Se veía su molestia por todos lados. Hasta mi pequeño general Tiropin me miró con la quijada resuelta.

Sabía que parecía raro, lo raro a lo que me refiero es que yo parecía estar recriminando de el porqué ella estaba con alguien como mi enemigo, y a tan temprana edad, no parecía que querría sacarle información que necesitaba.

La miré con saña, quería ser duro con ella, zarandearla, a la vez, al verla llorar asi, solo quería dejarla tranquila.

Al final dije.

—La dejo en manos de ustedes, no soportaba verla solo lloriquear, yo era un hombre ocupado, las lágrimas de mujeres débiles me hacían sentir repulsión.

—Sr. ¿usted no tiene hijas? —No le gustará ver que a su hija la traten así —Dijo aquella chica vulgar.

—Wow, entonces me estás confundiendo con un hombre mayor —Dije en un tono molesto.

—No señor, yo solo digo que nada de lo que me acusa es, usted no debe juzgar a la ligera a los demás.

—Tampoco sé nada de lo que me preguntas, por favor ¿podrían dejarme ir?

—Usted es la dama de compañía de ese viejo idiota, asesino, usted pagará por él.

Ella lloró desconsoladamente. Cuando lo hizo me dio dolor en mi pecho, una sensación nunca antes sentida por la situación de alguien. ¿creerle? ¿le estaba creyendo acaso?

Yo era un hombre arbitrario, sobre todo con quien se merecía, ¿Se lo merecía ella?

La verdad es que nada de eso estaba seguro que era así, yo sabía, solo sabía que mi corazón se inquietaba al verla, creí justo ahora que eran por meras consecuencias del odio que traía hacia Emilio Casillas y su banda.

—Sácale la verdad, solo no te propases tanto. —Ordené a Tiropin mi hombre al que encargaba asuntos de esta índole.

—Si señor, enseguida señor —Dijo Tiropin.

Salí de ahí, me sentía en verdad agotado, casi enfermo. ¿acaso me estaba enfermando? No solía enfermarme.

Afuera me esperaba Agustín, mi hermano del alma y corazón. Quizás no llevábamos la misma sangre, pero nos habíamos criado juntos.

Él era el hermano que nunca tuve, y mi confíanza estaba en él, me miró de reojo, yo sentí su mirada y pregunté.

—Y... ¿que pasa? —El sonrió de medio lado y dijo.

—Nada, creo que si no supiera que no tienes apego a ninguna mujer, que tienes a esta joven que te trae arrastrando la cobija. —Dijo entre risas.

—¿Que sabes tu del amor? —Le recriminé, entonces él me respondió.

—Mas que tú. Por ejemplo que yo diría que estás enamorado de alguna mujer que te trae loco.

—Jajaja —Me reí escandalosamente. Luego lo miré con fijeza y dije.

—¿Habla el que se guarda su primera vez para su chica hermosa, la única, el verdadero amor?

—Si, el hecho que no me halla enamorado, no quiere decir que no sepa como es el amor, acaso no crees que no sé cuáles son sus características? me los sé todos. Agustín funfuronea y continúa.

—Tu estás padeciendo ahora mismo—Lo dice riéndose.

—Bien —Dije, mi mente voló y de manera descuadrada volvió a la celda, recordando a esa mujer de un chico malo, que chico digo, de un viejo mal enraizado.

—Agustín, investiga la vida de esa chica.

—¿Que quieres saber? —pregunta sin tanto interés.

—¡Todo!

—¿Todo? ¿No es demasiado?

—Ella miente, y quiero saber por qué. —Le doy como respuesta a mi orden.

Agustín es de origen Brasileño, llegó a casa por que mi padre lo rescató, él llegó junto a su madre y nunca se fue de mi vida, lo considero mi familia.

Crecimos juntos, papá lo había traído con el detalle que creía que traía a un amigo incondicional para mí.

Desde pequeño él fue callado y respetuoso, muy inteligente, mi padre le pagó los estudios en las mejores universidades, no es que no me los diera a mi.

Pero Agustín era como mi ayuda por si yo me metía en algún problema, él estudió derecho y se convirtió en abogado, es quien lleva toda la parte legal y las finanzas de los negocios.

Un hombre de carácter intachable, no es ambicioso, cuida de mi de muchas maneras, también me hace el rol del hermano, el que me presta el hombro, me da consejos, me advierte, me juzga, al único a quien le permito.

...

Dos días después, Tiropin me llamó desde el depósito.

Él me dijo.

—Jefe, te pasaré a Túmbala.

—¿Si? —Dije.

—King, esta jovencita es inocente.

—¿Por qué aseguras eso? —Cuestiono mientras dejo los documentos que reviso. —Ella hace una pausa por lo que le digo en broma.

—¿Acaso le pasaste un detector de mentiras? —A lo que Túmbala al fin me responde.

—Con esa paliza que le acabo de propinar, ella hubiera vomitado hasta lo que hizo el año pasado. —Me responde.

—Bien, Pásala a otra habitación con cama y dele analgésico para el dolor.

—Ya no la golpeen mas. —Ordeno.

Salgo de mi oficina, quedó pensativo, estos últimos días había estado tan ocupado que no me dió tiempo de volver al depósito.

Túmbala me dice.

—Ya que no es de interés, podemos ir a dejarla a alguna parte de la Ciudad —Propone.

—No —Respondo rápidamente y sin pensarlo dos veces.

Después que cuelgo la llamada, quedo pensativo, ¿por qué estoy actuando así?

Estoy tan ocupado con los negocios de los mil vicios que no me permito irme a ver a la jovencita que tengo en una de las celdas de mi propio depósito.

Aún no estoy tan seguro para que quiero tener a esa mujer bajo mis órdenes, está claro que no me dará ninguna información valiosa.

Justo entonces me llama Agustín y me dice :

—Caín, ya la investigué y es justo lo que ella dijo que le hizo ese vejete delincuente. —Aprieto mis dientes.

Solo necesitaba una mínima razón para saber que era una víctima para volcarme a su cuidado.

—Ordena que la pongan en una habitación más decente, que me den de comer bien y que la doctora la revice. —Dije mientras resoplaba de disgusto.

Agustín responde a mi orden que si, pero queda algo silencioso sin decir algo mas.

—Habla —Le ordeno, se que tiene algo que decir.

—Ya no es de nuestro interés, ¿por qué la quieres mantener en cautiverio? —Me pregunta, Agustín es como una especie de conciencia para mí.

Hago silencio. Entonces él me dice.

—Te trae arrastrando la cobija, babeas por ella? Jajaja —Se ríe de mi.

Pronto me doy cuenta que mi ánimo se ha caldeado, no tengo ni la mas mínima intención de continuar, Agustín mi hermano se da cuenta de ello y me dice.

—¿Que pasa Caín? Esa Chica te ha pegado directo al corazón —Arrugo el entrecejo y hago un ruido visceral, mi mirada es inquisidora.

—¿Que pasa Agustín, te has vuelto loco? —Le recrimino.

—No. Quien se está volviendo loco eres tú, solo analízate.

—Agustín, tu me conoces, sabes que ninguna mujer me ha movido el piso a cómo supones. Nadie me roba la tranquilidad —Digo en tono molesto.

—Entonces, demuéstralo —me reta.

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La muñeca del rey mafioso

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