Capítulo 3
Viridiana, conocía el verdadero sentir de Germán, y no le importaba para ella sólo existía una cosa importante en el mundo: ¡Viridiana Montero! Así que llegó hasta el carro donde la esperaba Javier, y se subió en él, con el porte de una reina, con movimientos firmes, suaves y llenos de sensualidad.
Javier, la observó por un momento, no podía negar que era muy hermosa y que tenía una personalidad que cautivaba, además el tener a una hija le había sentado bien, su cuerpo había embarnecido un poco haciéndola más voluptuosa, más cautivante, más sensual, sólo que, en Javier, ya no despertaba esa pasión con la que lo sedujera hacía varios años, mientras estudiaban en la universidad.
Llegaron a la casa en donde se llevaría a cabo la reunión de ex alumnos y de inmediato saludaron a los amigos, la mayoría de los presentes se conocían, habían estudiado en la misma facultad, incluso, muchos en el mismo grupo, y establecieron nexos que todavía los mantenían unidos.
Viridiana, sintió la admiración y la envidia con la que la recibieron algunas de sus amigas, en ninguna de ellas había una verdadera simpatía por verla, no existía una sola de ellas, que la estimara con sinceridad, aunque eso no le importaba, mientras la admiraran, la envidiaran y le temieran todo estaba bien, después de todo ella era la mejor y tenía que demostrarlo a cada momento.
Con la mirada buscó a Estela, sabía que no se perdería esa reunión por nada, y de pronto la vio, sonriendo con mucha alegría, estaba con otras de las compañeras, los ojos de ambas se encontraron y la pelirroja sonrió con burla para luego levantar su copa como si brindara con ella.
Los ojos de Viridiana, se endurecieron de coraje y rabia, hubiera querido caminar hasta ella y ponerla en su lugar, aunque, no deseaba armar ningún escándalo que les arruinara la fiesta a todos.
Siguió saludando y conviviendo con los que le hacían alguna pregunta, con los que elogiaban su ropa o sus joyas, no faltaba la que hablaba de sus elegantes zapatos y cuando le decían que se veía mejor que nunca después de tener a su hija sonreía complaciente halagada en lo más grande de su vanidad.
Las horas transcurrieron entre brindis, platicas y bailes, de pronto ya no vio a Javier, entre los invitados, con la mirada volvió a buscar a Estela, y tampoco la encontró, de manera disimulada comenzó a caminar por la casa tratando de hallarlos, sólo que, no podía localizar a ninguno.
El coraje comenzó a invadirla, sabía que podían estar juntos, aunque no estaba segura, no quería creer que las palabras de Estela, fueran ciertas y que Javier, prefería a la pelirroja que, a ella, eso era algo inconcebible, jamás podría haber un hombre que prefiriera estar con su amiga que con ella.
Viridiana, ya había brindado varias veces con todos y cada uno de los amigos que conocía, ya se sentía muy mareada por el licor, aunque eso no le quitaba el coraje que sentía, el solo pensar que esos dos pudieran estar juntos, era más que suficiente para sacarla de sus casillas.
Caminaba hacia el inicio de las escaleras para subir a las recámaras, era el lugar más idóneo para llevar a cabo su traición, fue entonces cuando recibió el primer mensaje de texto de Estela, en su celular:
—¡Estoy gozando mucho de la verdadera pasión…! Te juro que jamás en tu vida vas a gozar tanto como yo en este momento… eres demasiado arrogante para eso… ¿sabes con quién estoy?
Viridiana hizo un esfuerzo supremo por no correr hacia las escaleras y subir a buscarlos hasta que pudiera dar con ellos en donde quiera que, ellos estuvieran engañándola.
La detuvo el miedo que sintió de hacer el ridículo ante todos, ¿y si no estaban en la casa? ¿y si todo era parte de algún plan de Estela, para hacerla enojar y quedara en ridículo frente a todos?
Se preguntaba tratando de encontrar una respuesta que la satisficiera, aunque por el licor ingerido y el coraje que la invadía, su mente no coordinaba bien, no la dejaba analizar las cosas con frialdad.
No quiso arriesgarse a un ridículo así que no contestó el mensaje, no sabía que decir en ese momento. Se detuvo un momento y respiro profundo, el teléfono vibró y sonó, otro mensaje de texto:
—¿Eres tan imbécil que no adivinas que estoy con Javier? Tú mejor que nadie sabes que es incansable y que además tiene mucho ingenio cuando se trata de hacerla feliz a una… Hmmm… rico…
—¡Siempre has sido una puta…! ¡Maldita…! ¡Te voy a matar y te haré cachitos para luego aventarle tus restos a los perros! A ver si no se vomitan con la clase de porquería que eres —respondió Viridiana, accionando las letras del teléfono lo más rápido que pudo, completamente fuera de sí.
—Me voy a morir, sí, sólo que, de pasión, de placer, de lujuria, Javier, es increíble y le gusta mucho disfrutar conmigo… ¿a qué contigo no es igual? Ya te lo dije, le das asco… por gorda y deforme… —fue el otro mensaje que Estela, le envió, sabiendo que con eso atacaba su gran vanidad.
—¡Puta...! Donde te encuentre te mueres… yo no estoy gorda y mucho menos deforme… soy más mujer que tú en todos los terrenos y cuando quieras te lo demuestro —respondió Viridiana, fuera de sí.
—No tienes que buscar mucho, estoy en la recámara principal con Javier, si quieres ver como goza él sin poner cara de guácala… y sin contener el vómito… ven y compruébalo por ti misma.
—¡Ramera…! ¡Te juro que te vas a arrepentir hasta de haber nacido! Ya no te soporto… quisiera verte muerta y bailar sobre tu cadáver, infeliz… perra… buscona… —respondió Viridiana, ya enloquecida por completo y dispuesta a darle una paliza a aquella que la ofendía de esa manera.
Sin detenerse a pensar en nada más que en sacar su coraje y su frustración, subió las escaleras a toda prisa, tropezando un par de ocasiones por la borrachera que llevaba, caminó a la recámara principal y entró sin llamar a la puerta, ahí estaba la pelirroja, en una coqueta ropa interior de lencería y con los brazos en jarra en una actitud retadora y con una mueca de desprecio.
—No quise dispararle… la verdad es que no era mi intención matarla… tan sólo quería darle una cachetiza para que me pidiera perdón —pensaba Viridiana, recostada en su cama del hospital.
Todo aquello le parecía tan absurdo y tan confuso que no entendía bien como se fueron dando las cosas, cómo fue que llegó al punto de asesinarla a sangre fría, ¿por qué jaló el gatillo del arma?
Horas más tarde, el CEO de la constructora, Ernesto Montero, su padre, consiguió un permiso para poder verla y hablar con ella en el cuarto del hospital, quería saber en qué estado se encontraba su única hija y escuchar en sus palabras lo que había sucedido esa noche.
Viridiana, nunca lo había visto tan preocupado y acongojado, como en ese momento, parecía haber envejecido de golpe, tenía ojeras y bolsas bajo los ojos y aunque no perdía su porte altivo y determinado se veía con toda claridad que la estaba pasando muy mal.
Viridiana, le contó parte de lo sucedido ocultándole lo de su aventura con Javier, y lo que este había hecho en la empresa, le dijo que Estela, la había ofendido y la había agredido con un cuchillo, que temió por su vida y por eso tuvo que dispararle en defensa de su vida.
El empresario la escuchó en silencio hasta que ella terminó de hablar, su mente, analítica y fría para los negocios, le permitía plantearse un amplio panorama sobre lo que estaba escuchando.
—En la recámara no se encontró ningún cuchillo. Los mensajes en tu celular sólo eran de ti hacia ella, en ellos la amenazabas con matarla y hacerla pedacitos… decías que querías verla muerta para bailar sobre su cadáver… ¿hay algo que no me hayas dicho, hija? —preguntó su padre con un gesto de visible preocupación sobre todo al ver que ella había palidecido ante sus palabras.
—Te he dicho todo lo que pasó, alguien debió haber tomado el cuchillo, no puede ser que no lo encuentren, estoy segura de que lo vi en su mano derecha y se acercaba a mí para hacerme daño, no tengo por qué mentir sobre una cosa como esa… tienes que creerme papá… esa es toda la verdad y no hay otra, en serio… —insistió Viridiana tratando de mantener la compostura.
—No te preocupes… ya veremos lo que hacemos —dijo suspirando con resignación— voy a tratar de conseguirte al mejor abogado que pueda encontrar, para sacarte de este lío en el que te has metido. En unos minutos te van a trasladar a la Agencia del Ministerio Público, no rindas tu declaración hasta que no llegue tu abogado, recuérdalo… no hables con nadie sin asesoría legal.
—¿En quién has pensado… en Víctor García para que lleve mi caso? —preguntó ella con curiosidad.
—Sí, es el mejor penalista que conozco y en el que puedo confiar, sólo que, no está en México y no tienen idea de cuándo va a regresar, yo creo que voy a hablar con Héctor Saldaña, aunque es de los más caros es tan bueno como García, incluso lo ha superado en un par de ocasiones —respondió Ernesto, tratando de mostrarse confiado, no quería que ella lo viera asustado y titubeante.
—La verdad es que, no creo que pueda hacer gran cosa por mí, ni él, ni ningún otro abogado, todo está en mi contra, tienen pruebas, huellas, mi presencia en el lugar de los hechos…
—No te preocupes ni te atormentes pensando en eso, algo encontraremos que pueda servir para tu defensa, ya lo verás… Afuera está Germán, quiere hablar contigo.
—¿Javier, también está afuera? —preguntó interesada con sinceridad.
—No, no he sabido nada de él, traté de localizarlo por teléfono, aunque no me contesta, ojalá y que pronto se ponga en contacto conmigo, lo necesito para que haga algunas gestiones de la oficina, por eso fue que lo he estado llamando… ¿qué le digo a tu esposo?
—Hazlo pasar, por favor, tengo algunas cosas que decirle y… gracias papá, de verdad… gracias…
—¿Por qué, mi amor?
—Por estar aquí conmigo por… —Viridiana ya no pudo hablar, los sollozos ahogaron sus palabras y se abrazó a don Ernesto, con todo el amor que sentía por él— por estar a mi lado y apoyarme en todo este problema en el que me he metido por impulsiva y arrebatada —terminó sollozando.
El empresario le correspondió al abrazo y le dio un beso en la frente, sintiendo que su corazón se partía en pedazos, nunca habría imaginado ver a su única hija en aquella situación tan delicada y sobre todo tan complicada, como ella decía, todo estaba en su contra y si la declaraban culpable, pasaría muchos años en prisión y entonces sí, no podría hacer nada por ayudarla.
La quería más que a su propia vida y aunque sabía que la había educado caprichosa, voluntariosa, arrogante y altanera, siempre procuraba disculpar sus impulsivas actitudes.
Al fin y al cabo, era su única hija, su única compañía, ya que él había enviudado hacía diez años y desde entonces Viridiana, y él se volvieron inseparables, incluso ella estudió leyes para trabajar a su lado, para seguir sus pasos y apoyarlo en todo momento.
—Tengo que ir a ver a unos inversionistas a Japón, tú sabes que es un viaje que ya estaba programado desde hace dos meses por lo que no podemos cancelarlo… lo más seguro es que, estaré fuera unas tres semanas, no quiero que te preocupes por nada, voy a dejar instrucciones precisas y contundentes para que cuentes con todo el apoyo necesario y que no te haga falta nada.
Intentaré regresar lo antes posible y ya no me moveré de tu lado hasta que toda esta pesadilla termine, te lo prometo tú sólo trata de ser fuerte y no te desesperes —le dijo Montero, después de haber estado abrazado a ella por unos minutos y separándose de la persona que más amaba en el mundo.