Capítulo 2
—¿Te duele la verdad…? Me alegra mucho, y de seguro que Javier, se va a poner feliz al saber que ya estás enterada de todo lo nuestro, que ya no tenemos que ocultarnos más para ser felices —le gritó fuera de sí Estela, mientras con una mano se acariciaba la mejilla.
De pronto, sintió algo húmedo en su mano y vio que tenía sangre en los dedos, era apenas una mancha, aunque eso provocó que Estela, se enfureciera más de lo que ya estaba.
—¡Esto lo vas a pagar muy caro…! ¡Estúpida…! ¡Te lo advierto Viridiana, esto no lo voy a olvidar nunca! Ahora si te pasaste de lista y vas a tener que pagar por ello —los ojos de la pelirroja estaban cargados con un odio mortal que de haber sido pistolas habrían acribillado a la otra.
—Lárgate de aquí o te mato con mis propias manos —respondió fuera de sí Viridiana.
Estela, ya no dijo más, sólo sonrió con cinismo, la barrió, de pies a cabeza, con la mirada, llena burla y luego, se dio la vuelta, irguió la cabeza y con pasos firmes y sensuales se encaminó hacia los elevadores, sintiendo en su espalda, las miradas de odio y rencor que su amiga le echaba.
Al ver que salía del pasillo, Viridiana, se dio cuenta de que empleados y empleadas de la constructora, habían sido mudos testigos de aquel altercado, se sentía humillada y frenética así que ignorando a todos caminó hasta la oficina que Javier Contreras, ocupaba y entró sin llamar a la puerta.
El atractivo y elegante abogado, se encontraba sentado detrás de un fino escritorio, revisando unos contratos, levantó la vista de los papeles que leía y de inmediato se dio cuenta de que la hija de su jefe estaba que reventaba del coraje, no obstante, se mantuvo sereno en su sitio.
—¿Qué demonios te traes tú con esa ofrecida de Estela? Y será mejor que me digas la verdad o no respondo te lo advierto —le dijo ella plantándose frente al escritorio viéndolo con toda la ira que sentía.
—¿Yo con Estela…? Nada, ¿por qué? —respondió Javier, con un tono de voz neutro, al tiempo que se levantaba de su lugar y caminaba hacia la muchacha que lo veía con furia.
—Ya no la soporto, siempre con lo mismo, dice que tú y ella se aman, que los deje en paz para que puedan disfrutar del gran amor que se tienen, que le has dicho que es mejor que yo en la cama y que yo ya te tengo aburrido… —dijo la abogada Montero, viéndolo a los ojos.
—Mi amor, y tú que le haces caso a esa loca que solo trata de causar problemas entre tú y yo —dijo Javier, al tiempo que le acariciaba la mejilla con ternura tratando de calmarla— sabes que siempre te ha envidado y que no soporta que yo nunca me haya fijado en ella por estar contigo.
No le hagas caso, no vale la pena, sabes muy bien lo mucho que te amo, ignora todo lo que te diga y disfruta de los pocos momentos que podemos pasar juntos tú y yo, no tiene caso que te amargues con palabras que carecen de fundamento y que no se sustentan.
» —Para que todo esto se acabe de una buena vez, es preciso que te cases conmigo, que formemos una pareja legal, ya no podemos seguir viéndonos a escondidas como adolescentes.
Habla con mi padre y dile que me amas, yo te respaldaré, me divorcio de Germán, así tú y yo viviremos felices por siempre sin que nada se interponga entre nosotros, como siempre lo hemos planeado.
—Todo eso está muy bien, y te juro que nada me gustaría más, sólo que… ¿y tu hija?
.—También es tu hija, y lo has sabido siempre, aunque, si no la quieres a nuestro lado, que se quede con Germán, ya que tanto la adora y sin que nadie nos lo impida nos iremos de luna de miel seis meses.
—Yo creo que tú te estas precipitando, hay que pensar bien las cosas y…
—Nada, no digas más, te doy tres días para que hables con mi padre o te juro que la que va a hablar con él soy yo y creo que la siguiente vez que nos veamos será en visita conyugal en el Reclusorio,
Ah, porque te aseguro que ahí es a dónde vas a ir a parar y de mi cuenta corre que así sea, así que tú sabes lo que vas a hacer, nos casamos o te vas a la cárcel ya no hay de otra.
—Viridiana, no seas impulsiva y piensa bien las cosas por una vez en tu vida, yo… yo te amo, aunque, no quiero darle un disgusto a tu padre, él estima mucho a Germán y no me perdonará que yo destruya tu matrimonio… ya no es tan joven y podría enfermarse o morirse si lo hago pasar un coraje.
—En eso hubieras pensado antes de traicionarlo tantas veces… así que ya lo sabes, tres días o habló con él y le cuento todo… te aseguro que no habrá piedra bajo la cual te puedas esconder, o agujero en el cual puedas meterte… a donde mi padre no pueda encontrarte y ya sabes cómo es él cuando le pagan mal… los traicioneros no merecen perdón ni clemencia.
—Está bien, te prometo que en tres días hablaré con él… ya sabes que por tu amor soy capaz de todo, aunque, si se enferma, tú tendrás la culpa —respondió Javier, con un tono amable y conciliador, sabía que ella lo tenía en sus manos y no quería molestarla más— Otra cosa, ¿Vas a ir a la fiesta?
—¡Vamos a ir a la fiesta…! —dijo ella con determinación— ¿Acaso no lo habíamos planeado así desde hace unos días? ¿O es que tienes otros planes como llevar a Estela?
—N-no… no… ¿cómo crees eso? Ya te dije que, entre ella y yo, no hay nada… ni lo habrá jamás, puedes estar segura… es sólo que, me parece una locura muy descarada que vayamos tú y yo juntos.
Tú sabes que todos nos conocen desde hace varios años, como también conocen a Germán, y yo creo que no está bien que les demos más motivos para que comiencen con…
—Por eso mismo, porque todos nos conocen, esperan vernos llegar juntos, pasa por mí a las ocho en punto, sabes que me gusta la puntualidad así que no me hagas esperar.
—“Ya verá esa infeliz de Estela, quién es más mujer de las dos, si esperaba otra cosa en la reunión, se va a quedar con las ganas” —musitó para sí misma, Viridiana, sin ocultar su enfado
—Ahora bésame y vete a tu casa para que te arregles para mí, sabes que me encanta lucirte y que todos vean lo que traigo a mi lado —le dijo ella sonriendo con coquetería
Javier ya no contestó, la tomó entre sus brazos y la besó, fingiendo pasión.
Para Viridiana era un beso lleno de amor, de pasión, de anhelo, para él era un formulismo con el que tenía que cumplir, sabía que ella lo podía hundir y no quería ir a parar a la cárcel.
Sus labios se unieron entre abiertos y sus lenguas se juntaron, ella se estrechó más al cuerpo de él sintiendo la firmeza de sus músculos y notando que la pasión la invadía.
Estaba tan apasionada por Javier, que no se daba cuenta de que para él ya no era lo mismo estar con ella, si en algún momento, el abogado sintió pasión por esa fogosidad que ella manifestaba, por ese cuerpo perfectamente diseñado, ahora era algo que ya no le producía el menor interés.
Viridiana, se separó de él y caminando hacia la puerta del privado le dijo:
—Nos vemos a las ocho en punto, y ya sabes que no te voy a esperar, así que será mejor que pases por mí y que no me salgas con algún pretexto a última hora… ¿de acuerdo, mi amor?
—No te preocupes, Viri, ahí voy a estar puntual, como siempre, sin pretextos.
Un par de horas más tarde, Viridiana, llegó a su casa y se encontró con Germán, su esposo, que jugaba con su hija en la sala de la casa, la niña se veía feliz y él tierno y amoroso como siempre.
Apenas y les brindó una rápida mirada, sin siquiera “un saludo”, ni “un hola”, ni “un ya llegue”, sólo los vio cómo, si estuvieran observando algo ajeno a ella y luego subió a su recamara para cambiarse las ropas, contaba con el tiempo necesario para arreglarse.
Germán la vio subir y ni siquiera intentó llamarla, de sobra sabía que, para ella, Patricia, su hija, no significaba nada, desde que la niña naciera Viridiana, jamás le había prestado la más mínima atención.
Igual que a él, eran como unos muebles más del decorado de la casa y de su estatus, ignoraba tanto a la niña, que ni siquiera quiso darle pecho cuando la dio a luz, decía que no quería estropear su hermosa figura, Germán, no recordaba un solo momento en el que Viridiana, hubiera cargado a su hija.
Desde el primer día, Patricia, fue alimentada con fórmula y tuvo su recámara aparte para que no molestara a su madre con sus llantos, siempre atendida por una muchacha que se encargaba de cuidarla bien y por él, que trataba de estar con ella el mayor tiempo posible.
Habían pasado cuatro años desde que su hija naciera y durante todo ese tiempo, Viridiana, no se había acercado a la niña para nada, incluso había dado órdenes de que, Patricia, no estuviera cerca de ella.
Casi una hora después de su llegada, Viridiana, regresaba a la sala, hermosa y elegante, arreglada con esmero y delicadeza, y Germán, dejó a la niña unos segundos para encararla:
—¿Así que, siempre sí, te vas a la fiesta? —le dijo en tono neutro.
—Sí, te lo dije con toda claridad hoy por la mañana, el que tú no tengas ganas de ir no tiene por qué afectarme a mí… yo si quiero saludar a los viejos compañeros y saber como les ha ido —dijo ella firme.
—Es que, pensé que, podíamos quedarnos en la casa y ver una película en familia, Paty, necesita pasar tiempo contigo, conocerte bien y saber que tiene a su madre al lado para…
—Esas son cursilerías tontas, la niña va a saber que soy su madre cuando lo tenga que saber y en cuanto a eso de ver una película, juntos te aseguro que no puede haber nada más aburrido en la vida. Prefiero irme a divertir con mis amigos, es en vivo y en directo y sin comerciales —respondió ella con tono burlón
—¿Con tus amigos o con Javier? —preguntó Germán, más con ironía que con celos.
—Javier, se cuenta entre mis amigos y ya no me quites más el tiempo que me están esperando y sabes que no me gusta la impuntualidad… ah, y no me esperes despierto, no sé a que horas voy a llegar.
Germán, ya no dijo nada más, sabía que sería inútil replicarle, al final iba a hacer lo que se le pegara su gana, siempre lo había hecho y no iba a cambiar ahora sólo porque él se lo pidiera.
Volteo a ver a su hija y por un momento, se enterneció, si no fuera por el gran amor que le tenía a la niña, hacía varios años que se hubiera largado de esa casa que no le proporcionaba ni una sola satisfacción, ni en lo profesional, mucho menos en lo personal.
Estaba casado con una hermosa y sensual mujer, llena de personalidad y pasión, aunque, en muy contadas ocasiones podía tenerla, era ella la que decidía cuando quería estar con él, cuando no era así y Germán trataba de acercársele, Viridiana, le decía que no molestara o que se fuera a dormir a otra parte, que no quería ni que la tocara porque no estaba de humor.
Capítulo 3
Viridiana, conocía el verdadero sentir de Germán, y no le importaba para ella sólo existía una cosa importante en el mundo: ¡Viridiana Montero! Así que llegó hasta el carro donde la esperaba Javier, y se subió en él, con el porte de una reina, con movimientos firmes, suaves y llenos de sensualidad.
Javier, la observó por un momento, no podía negar que era muy hermosa y que tenía una personalidad que cautivaba, además el tener a una hija le había sentado bien, su cuerpo había embarnecido un poco haciéndola más voluptuosa, más cautivante, más sensual, sólo que, en Javier, ya no despertaba esa pasión con la que lo sedujera hacía varios años, mientras estudiaban en la universidad.
Llegaron a la casa en donde se llevaría a cabo la reunión de ex alumnos y de inmediato saludaron a los amigos, la mayoría de los presentes se conocían, habían estudiado en la misma facultad, incluso, muchos en el mismo grupo, y establecieron nexos que todavía los mantenían unidos.
Viridiana, sintió la admiración y la envidia con la que la recibieron algunas de sus amigas, en ninguna de ellas había una verdadera simpatía por verla, no existía una sola de ellas, que la estimara con sinceridad, aunque eso no le importaba, mientras la admiraran, la envidiaran y le temieran todo estaba bien, después de todo ella era la mejor y tenía que demostrarlo a cada momento.
Con la mirada buscó a Estela, sabía que no se perdería esa reunión por nada, y de pronto la vio, sonriendo con mucha alegría, estaba con otras de las compañeras, los ojos de ambas se encontraron y la pelirroja sonrió con burla para luego levantar su copa como si brindara con ella.
Los ojos de Viridiana, se endurecieron de coraje y rabia, hubiera querido caminar hasta ella y ponerla en su lugar, aunque, no deseaba armar ningún escándalo que les arruinara la fiesta a todos.
Siguió saludando y conviviendo con los que le hacían alguna pregunta, con los que elogiaban su ropa o sus joyas, no faltaba la que hablaba de sus elegantes zapatos y cuando le decían que se veía mejor que nunca después de tener a su hija sonreía complaciente halagada en lo más grande de su vanidad.
Las horas transcurrieron entre brindis, platicas y bailes, de pronto ya no vio a Javier, entre los invitados, con la mirada volvió a buscar a Estela, y tampoco la encontró, de manera disimulada comenzó a caminar por la casa tratando de hallarlos, sólo que, no podía localizar a ninguno.
El coraje comenzó a invadirla, sabía que podían estar juntos, aunque no estaba segura, no quería creer que las palabras de Estela, fueran ciertas y que Javier, prefería a la pelirroja que, a ella, eso era algo inconcebible, jamás podría haber un hombre que prefiriera estar con su amiga que con ella.
Viridiana, ya había brindado varias veces con todos y cada uno de los amigos que conocía, ya se sentía muy mareada por el licor, aunque eso no le quitaba el coraje que sentía, el solo pensar que esos dos pudieran estar juntos, era más que suficiente para sacarla de sus casillas.
Caminaba hacia el inicio de las escaleras para subir a las recámaras, era el lugar más idóneo para llevar a cabo su traición, fue entonces cuando recibió el primer mensaje de texto de Estela, en su celular:
—¡Estoy gozando mucho de la verdadera pasión…! Te juro que jamás en tu vida vas a gozar tanto como yo en este momento… eres demasiado arrogante para eso… ¿sabes con quién estoy?
Viridiana hizo un esfuerzo supremo por no correr hacia las escaleras y subir a buscarlos hasta que pudiera dar con ellos en donde quiera que, ellos estuvieran engañándola.
La detuvo el miedo que sintió de hacer el ridículo ante todos, ¿y si no estaban en la casa? ¿y si todo era parte de algún plan de Estela, para hacerla enojar y quedara en ridículo frente a todos?
Se preguntaba tratando de encontrar una respuesta que la satisficiera, aunque por el licor ingerido y el coraje que la invadía, su mente no coordinaba bien, no la dejaba analizar las cosas con frialdad.
No quiso arriesgarse a un ridículo así que no contestó el mensaje, no sabía que decir en ese momento. Se detuvo un momento y respiro profundo, el teléfono vibró y sonó, otro mensaje de texto:
—¿Eres tan imbécil que no adivinas que estoy con Javier? Tú mejor que nadie sabes que es incansable y que además tiene mucho ingenio cuando se trata de hacerla feliz a una… Hmmm… rico…
—¡Siempre has sido una puta…! ¡Maldita…! ¡Te voy a matar y te haré cachitos para luego aventarle tus restos a los perros! A ver si no se vomitan con la clase de porquería que eres —respondió Viridiana, accionando las letras del teléfono lo más rápido que pudo, completamente fuera de sí.
—Me voy a morir, sí, sólo que, de pasión, de placer, de lujuria, Javier, es increíble y le gusta mucho disfrutar conmigo… ¿a qué contigo no es igual? Ya te lo dije, le das asco… por gorda y deforme… —fue el otro mensaje que Estela, le envió, sabiendo que con eso atacaba su gran vanidad.
—¡Puta...! Donde te encuentre te mueres… yo no estoy gorda y mucho menos deforme… soy más mujer que tú en todos los terrenos y cuando quieras te lo demuestro —respondió Viridiana, fuera de sí.
—No tienes que buscar mucho, estoy en la recámara principal con Javier, si quieres ver como goza él sin poner cara de guácala… y sin contener el vómito… ven y compruébalo por ti misma.
—¡Ramera…! ¡Te juro que te vas a arrepentir hasta de haber nacido! Ya no te soporto… quisiera verte muerta y bailar sobre tu cadáver, infeliz… perra… buscona… —respondió Viridiana, ya enloquecida por completo y dispuesta a darle una paliza a aquella que la ofendía de esa manera.
Sin detenerse a pensar en nada más que en sacar su coraje y su frustración, subió las escaleras a toda prisa, tropezando un par de ocasiones por la borrachera que llevaba, caminó a la recámara principal y entró sin llamar a la puerta, ahí estaba la pelirroja, en una coqueta ropa interior de lencería y con los brazos en jarra en una actitud retadora y con una mueca de desprecio.
—No quise dispararle… la verdad es que no era mi intención matarla… tan sólo quería darle una cachetiza para que me pidiera perdón —pensaba Viridiana, recostada en su cama del hospital.
Todo aquello le parecía tan absurdo y tan confuso que no entendía bien como se fueron dando las cosas, cómo fue que llegó al punto de asesinarla a sangre fría, ¿por qué jaló el gatillo del arma?
Horas más tarde, el CEO de la constructora, Ernesto Montero, su padre, consiguió un permiso para poder verla y hablar con ella en el cuarto del hospital, quería saber en qué estado se encontraba su única hija y escuchar en sus palabras lo que había sucedido esa noche.
Viridiana, nunca lo había visto tan preocupado y acongojado, como en ese momento, parecía haber envejecido de golpe, tenía ojeras y bolsas bajo los ojos y aunque no perdía su porte altivo y determinado se veía con toda claridad que la estaba pasando muy mal.
Viridiana, le contó parte de lo sucedido ocultándole lo de su aventura con Javier, y lo que este había hecho en la empresa, le dijo que Estela, la había ofendido y la había agredido con un cuchillo, que temió por su vida y por eso tuvo que dispararle en defensa de su vida.
El empresario la escuchó en silencio hasta que ella terminó de hablar, su mente, analítica y fría para los negocios, le permitía plantearse un amplio panorama sobre lo que estaba escuchando.
—En la recámara no se encontró ningún cuchillo. Los mensajes en tu celular sólo eran de ti hacia ella, en ellos la amenazabas con matarla y hacerla pedacitos… decías que querías verla muerta para bailar sobre su cadáver… ¿hay algo que no me hayas dicho, hija? —preguntó su padre con un gesto de visible preocupación sobre todo al ver que ella había palidecido ante sus palabras.
—Te he dicho todo lo que pasó, alguien debió haber tomado el cuchillo, no puede ser que no lo encuentren, estoy segura de que lo vi en su mano derecha y se acercaba a mí para hacerme daño, no tengo por qué mentir sobre una cosa como esa… tienes que creerme papá… esa es toda la verdad y no hay otra, en serio… —insistió Viridiana tratando de mantener la compostura.
—No te preocupes… ya veremos lo que hacemos —dijo suspirando con resignación— voy a tratar de conseguirte al mejor abogado que pueda encontrar, para sacarte de este lío en el que te has metido. En unos minutos te van a trasladar a la Agencia del Ministerio Público, no rindas tu declaración hasta que no llegue tu abogado, recuérdalo… no hables con nadie sin asesoría legal.
—¿En quién has pensado… en Víctor García para que lleve mi caso? —preguntó ella con curiosidad.
—Sí, es el mejor penalista que conozco y en el que puedo confiar, sólo que, no está en México y no tienen idea de cuándo va a regresar, yo creo que voy a hablar con Héctor Saldaña, aunque es de los más caros es tan bueno como García, incluso lo ha superado en un par de ocasiones —respondió Ernesto, tratando de mostrarse confiado, no quería que ella lo viera asustado y titubeante.
—La verdad es que, no creo que pueda hacer gran cosa por mí, ni él, ni ningún otro abogado, todo está en mi contra, tienen pruebas, huellas, mi presencia en el lugar de los hechos…
—No te preocupes ni te atormentes pensando en eso, algo encontraremos que pueda servir para tu defensa, ya lo verás… Afuera está Germán, quiere hablar contigo.
—¿Javier, también está afuera? —preguntó interesada con sinceridad.
—No, no he sabido nada de él, traté de localizarlo por teléfono, aunque no me contesta, ojalá y que pronto se ponga en contacto conmigo, lo necesito para que haga algunas gestiones de la oficina, por eso fue que lo he estado llamando… ¿qué le digo a tu esposo?
—Hazlo pasar, por favor, tengo algunas cosas que decirle y… gracias papá, de verdad… gracias…
—¿Por qué, mi amor?
—Por estar aquí conmigo por… —Viridiana ya no pudo hablar, los sollozos ahogaron sus palabras y se abrazó a don Ernesto, con todo el amor que sentía por él— por estar a mi lado y apoyarme en todo este problema en el que me he metido por impulsiva y arrebatada —terminó sollozando.
El empresario le correspondió al abrazo y le dio un beso en la frente, sintiendo que su corazón se partía en pedazos, nunca habría imaginado ver a su única hija en aquella situación tan delicada y sobre todo tan complicada, como ella decía, todo estaba en su contra y si la declaraban culpable, pasaría muchos años en prisión y entonces sí, no podría hacer nada por ayudarla.
La quería más que a su propia vida y aunque sabía que la había educado caprichosa, voluntariosa, arrogante y altanera, siempre procuraba disculpar sus impulsivas actitudes.
Al fin y al cabo, era su única hija, su única compañía, ya que él había enviudado hacía diez años y desde entonces Viridiana, y él se volvieron inseparables, incluso ella estudió leyes para trabajar a su lado, para seguir sus pasos y apoyarlo en todo momento.
—Tengo que ir a ver a unos inversionistas a Japón, tú sabes que es un viaje que ya estaba programado desde hace dos meses por lo que no podemos cancelarlo… lo más seguro es que, estaré fuera unas tres semanas, no quiero que te preocupes por nada, voy a dejar instrucciones precisas y contundentes para que cuentes con todo el apoyo necesario y que no te haga falta nada.
Intentaré regresar lo antes posible y ya no me moveré de tu lado hasta que toda esta pesadilla termine, te lo prometo tú sólo trata de ser fuerte y no te desesperes —le dijo Montero, después de haber estado abrazado a ella por unos minutos y separándose de la persona que más amaba en el mundo.