Capítulo 2

Al terminar la larga jornada en el Centro de Convenciones lo llevó a un restaurante donde tendría una reunión de negocios, según le oyó mencionar por teléfono cuando confirmó que estaba en camino, lo esperó por tres horas, pero extrañamente apenas había transcurrido media hora cuando llegó un mesero con una bolsa que contenía no sobras sino una comida completa, se la entregó indicando que se la había enviado el señor Durán y volvió a entrar al restaurante, ella quedó impactada, sin embargo, se dispuso a disfrutar de todo lo que contenía la bolsa.

Al entrar al restaurante Javier se reunió con un grupo de empresarios con los que cerraría pronto un lucrativo negocio, pero se sentía desfallecer del hambre, curiosamente pensó que la chofer tampoco habría comido porque estuvo esperándolo todo el día, así que cuando ordenó su comida también solicitó que le llevaran cena a ella; no era su costumbre y no quiso analizar el porqué de su acción así que decidió pasarlo por alto.

Cerca de la medianoche llegaron a la casa y al bajarse del auto Javier Durán le dijo:

–Mañana a la misma hora de hoy.

–Si patrón, digo, sí señor, no, no, es… sí jefe.

Adelaida estacionó y buscó a Catalino para que le indicara dónde iba a dormir ya que el jefe se había despedido hasta el siguiente día, Catalino se alegró mucho y la llevó a una habitación con baño privado que estaba justo sobre el garaje, amplia, sencillamente amoblada, pero muy cómoda, con baño y vestidor incorporado, perfecta para ella, según expresó, él le ofreció pasar a la cocina para que cenara y ella le explicó que ya el jefe le había dado de comer, Catalino rio por lo que consideró una mentira, pero Adelaida le explicó con mucha seriedad que lo había llevado a un restaurante para una reunión y que él había mandado al rato una bolsa que contenía comida para ella, no sobras, una comida completa, Catalino no podía creer lo sucedido, se asombró mucho y le dijo a Adelaida:

–Cualquiera que sea el hechizo que estas usando para quedarte con el puesto continúa, no lo dejes de hacer te lo ruego.

–Lino, no estoy usando nada, solo mi encanto natural –dijo riendo, Adelaida.

Catalino le entregó el uniforme que consistía en un traje de pantalón y chaqueta en color negro, camisa blanca, zapatos, corbata y gorro también en color negro, al mismo tiempo le dijo:

–Talla del uniforme y número de zapatos según indicaste en tu hoja de solicitud, así que espero que te quede todo. Tendrás dos cambios más, pero te los entrego después ya que aún no los tengo.

–Ya me los pruebo y comenzaré a usar coleta porque este gorro no cubrirá mi cabello.

–No hay problema. Que pases buena noche –se despidió Catalino contento.

***

A la mañana siguiente, ella estaba lista al lado del automóvil y cuando Javier llegó le expresó:

–Buenos días jefe, ¿a la oficina?

–Buenos días, sí por favor.

Catalino estaba discretamente cerca pendiente del encuentro entre la chofer y Javier, por lo que casi se desmaya cuando oyó a su jefe responder a los buenos días y además decir por favor.

Ya en el auto Adelaida comenzó a tararear una canción que interrumpió cuando apareció de nuevo la camioneta del día anterior, esta vez le cerró completamente el paso, cuando Javier se percató de lo sucedido ya Adelaida estaba fuera del auto y retaba a la mujer quien salió con una pequeña pistola, Adelaida le dio un puntapié en la mano y la desarmó en segundos, la sometió en el piso y le dijo a Javier que llamara a la policía, este le hizo caso impresionado aún con la actitud de su chofer.

Rápidamente llegó una patrulla, Adelaida asumió toda la responsabilidad de los hechos sin involucrar a su jefe para nada, por lo que el caso quedó como una disputa entre conductores, llevaría a su jefe a la oficina e iría luego a la delegación para formalizar la denuncia, una vez de vuelta en el automóvil, Javier le expresó:

–Realmente no entiendo por qué lo hizo, pero le agradezco enormemente que no mencionara que conozco a la mujer.

–Si lo decía iba a parecer chisme, desde mi punto de vista, ella se me ha atravesado dos veces buscando bronca, así que la cosa es conmigo.

–Sabe mucho de defensa personal, por lo que he observado.

–Sí, mi padre insistió en ello, porque me desenvolvía en un mundo muy masculino, así que tenía que aprender a defenderme de cualquier abusador.

–¿Mundo masculino?

–Sí, carreras de autos y pistas; pilotos, mecánicos, ayudantes, de todo eso.

–¿Cuál es su nombre?

–Adelaida Puentes para servirle jefe, cuando lleguemos lo dejo y voy entonces a la delegación a declarar y al terminar regreso a la oficina.

–De acuerdo, si necesita asistencia o se complican las cosas, no dude en llamarme.

–Aun no tengo sus números.

Javier sacó una tarjeta de presentación, se la entregó y ella le dijo:

–Muchas gracias, espero que no sea necesario llamarlo y que todo sea sencillo.

Javier Duran se bajó del automóvil pensativo, de pronto se sintió interesado en la chica porque le llamó mucho la atención su actitud, era tan diferente a las mujeres con las que trataba a diario que se impresionó y gratamente. Adelaida moría por comentarle a Catalino la actuación de su jefe, estaba cambiando la impresión maligna que tenía de él.

***

Cuando Adelaida llegó a la delegación de policía, se enteró de que la mujer había descrito con lujo de detalles su relación con Javier Durán y que no tenía nada que ver con la chofer sino con el ocupante del automóvil, a quien buscaba para pedirle una explicación por su silencio y distanciamiento. Adelaida manifestó que no tenía idea de esa relación ya que era su primer día de trabajo, pero que en definitiva la mujer la había insultado, se le había ido encima con intenciones de hacerle daño y ella sólo se había defendido, además con el segundo altercado fue peor porque la mujer estaba armada y allí sí de verdad tuvo miedo de que le hiciera daño, por lo tanto, en ambos casos alegó defensa propia y confirmó la acusación de asalto con intención de daño físico, firmó su declaración, formalizó todos los trámites y no tuvo que aclarar nada con respecto a la relación de su jefe y la mujer.

Regresó a la oficina y al verla Javier Durán la hizo pasar a su oficina para saber cómo le había ido, Adelaida entró y recorrió con la vista el impresionante lugar, todo allí era una exhibición de lujo y buen gusto, el mobiliario, las obras de arte, los accesorios del escritorio, era una oficina muy amplia e iluminada por luz natural gracias a los grandes ventanales, pero igual se respiraba elegancia masculina mezclada con su loción cuyo aroma también había dejado impreso en su auto, todo su cuerpo se erizó y finalmente pudo iniciar su narración:

–Cuando llegué ya la mujer esa había dicho hasta de qué color son sus medias jefe, pero yo me centré en que ella me atacó y que yo sólo me defendí porque le vi sus claras intenciones de hacerme daño incluso con un arma de fuego, además como apenas estoy comenzando a trabajar con usted, realmente no tenía idea de que ustedes se hubieran enrollado, los policías se convencieron y aceptaron el cargo de asalto, ya firmé lo que tenía que firmar y listo.

Javier Durán quedó de una pieza, no supo que decir ante las palabras de la chofer: “¿La mujer esa dijo hasta de qué color son mis medias?” “¿ella le dijo a la policía que no sabía que Cinthya y yo estábamos enrollados?”. Solo sabía, en ese momento, que estaba ante la imprudencia hecha persona. Decidió dar por terminada la reunión con ella:

–Está bien, espere afuera, si la necesito le aviso.

–A sus órdenes jefe. –Adelaida se despidió haciendo un remedo de saludo militar y salió de la oficina, bajo la mirada de Javier quién no salía de su asombro.

Adelaida estaba sentada en un cómodo sofá individual en la salita de espera cerca de la oficina de Javier Duran, leyendo una revista, cuando una alta y voluptuosa morena, elegantemente vestida, portando una carpeta de cuero, llegó preguntándole:

–¿Tú eres la chofer?

–Sí, yo soy.

–Bueno vamos, necesito hacer varias diligencias en entidades gubernamentales.

–Que le vaya muy bien, yo estoy al servicio exclusivo de Javier Durán.

–¡Qué desubicada!, ¿acaso no sabes quién soy?

–La verdad es que no tengo la menor idea.

–Despídete del trabajo insolente.

Dicho esto se dirigió a la oficina de Durán, seguida por Adelaida, entró sin tocar y seguidamente le dijo a él:

–Acabo de despedir a tu chofer, no quiso llevarme a hacer unas diligencias.

–Ella trabaja solo para mí, no es chofer de la empresa. –De inmediato y dirigiéndose a su chofer, le indicó: señorita Adelaida vuelva a la sala de espera, no está despedida.

Adelaida, se ubicó detrás de la morena y salió mofándose de ella, Javier casi no pudo disimular la risa.

–No puedes desautorizarme ante una empleada.

–No puedes tomar atribuciones que no te corresponden.

–Soy tu pareja.

–No Elena, no eres mi pareja, he sido muy claro desde el principio, no sé por qué entendiste otra cosa.

La mujer salió taconeando con fuerza, sí, se había rendido a los encantos de Javier y pensó que tenían una relación con futuro, ahora él acababa de descolocarla.

Casi al final de la mañana Javier Duran le indicó a Adelaida que debían ir a la casa a preparar equipaje para hacer un viaje de tres días a Miami, en el camino le preguntó a la chica si había viajado en avión y ella respondió entusiasmada que había ido con su padre a Francia, España, Italia y Mónaco para asistirlo en las carreras de autos, él quedó sorprendido con la información, pero no dio ningún indicio.

***

Al llegar a la casa le contó a Catalino lo sucedido con la morena mientras empacaba:

–Imagina que hasta me despidió.

–¿Qué le dijo el jefe?

–Que yo trabajaba exclusivamente para él y me ordenó que volviera a la sala de espera.

–Yo no estoy muy enterado de las andanzas del jefe en la oficina, pero sí sé que varias han estado con él y luego llegan a la oficina crecidas dando órdenes y hasta tratando de reorganizar, ha sido lastimoso porque el jefe es crudo al dar su punto de vista y volverlas a poner en su sitio.

–¿Él nunca ha tenido novia formal?

–No que yo sepa, puro trabajo y trabajo, aunque eso le hace ganar mucho dinero, como ya te habrás dado cuenta.

–Vaya que si lo he notado, desde que me nombraste las marcas de los autos que posee. Bueno, ya estoy lista, nos vemos Lino, pórtate bien.

–Ay niña, ya estoy en la lista de los futuros canonizados.

Adelaida salió riendo a carcajadas por las ocurrencias de Catalino y se encontró con Javier Durán que estaba en el garaje, enseguida se puso seria y procedió a colocar las maletas en el automóvil, tomaron rumbo al aeropuerto, al llegar al hangar privado estaba una despampanante mujer con una larga melena pelirroja y parecía que posaba al pie de la escalerilla del avión, Javier Durán la saludó con entusiasmo:

–¡Jessica, ya estás aquí!

Adelaida dijo entre dientes “¿Jessica Rabbit?”, pero fue oída por Javier quien volteó a verla con reproche levantando una ceja, no obstante contuvo la risa al ver la expresión de sorpresa y susto de la chofer cuando se supo descubierta. Abordaron el avión, Adelaida se sentó retirada de todos, sin embargo quedó a la vista de Javier quien no dejaba de sentirse intrigado con su empleada. La pelirroja interrumpió sus pensamientos al preguntar:

–¿Quién es ella?

–Mi chofer.

–¿Y ahora viajas con el servicio?

–Ella es de mi total confianza, irá conmigo adonde yo quiera.

–No por favor, me parece exagerado, luego se toman confianzas.

–Ella es muy correcta.

Al decir esto, Javier le dirigió una mirada a Adelaida y ella le hizo el gesto de pulgares arriba con ambas manos mientras sonreía y le guiñaba un ojo, él no pudo evitar sonreír también, definitivamente la chica era un caso.

Aterrizaron, se dirigieron al hotel y él le dijo a la chofer:

–Venga, usted tiene habitación aquí.

–¿Qué? Me parece demasiado querido –protestó la pelirroja.

–Tranquila, a ti no te cuesta absolutamente nada y ya te dije que ella va conmigo adonde yo quiera.

La pelirroja le lanzó una fría mirada a Adelaida quien la observaba burlona, por la defensa que obtenía de su jefe estaba más que contenta. Se registraron y cuando Javier le dio la llave de su habitación le comentó:

–En dos horas nos vemos aquí, me traerán un auto para su uso y me llevará a un lugar donde tengo una reunión muy importante. Javier giró hacía la pelirroja y le entregó una llave también.

–Creí que estaríamos juntos.

–Tendré varias videollamadas de negocios, te aburrirías cariño.

Capítulo 3

Adelaida llegó a su habitación, se asomó por el balcón y al ver la piscina decidió disfrutarla un rato, se cambió rápidamente y fue hacia la misma. Javier Durán estaba en una tienda cuando la vio pasar, la siguió hasta que ella notó su presencia.

–Hola jefe ¿está siguiéndome?

–Sí, ¿adónde va?

–A la piscina, la vi desde la habitación y me provocó.

–¿Puedo acompañarla? –su intención real era ver que había bajo ese vestido playero.

–Por supuesto, vamos.

Llegaron a una mesa, ordenaron bebidas y de pronto Adelaida se quitó el vestido y quedó en un diminuto traje de baño de dos piezas, color azul rey, que hizo contener el aliento a Javier quien pensó: “Rayos, debí venir sin compañía, esta chica es realmente hermosa”.

–Voy a nadar un rato, hasta luego jefe. –Adelaida se acercó a la piscina bajo la atenta mirada de Javier Durán, que disimulaba muy bien su curiosa observación, bajo los oscuros lentes de sol.

Javier terminó su bebida y se fue directo a la habitación de su acompañante, la pelirroja ya lo esperaba ansiosa, estuvo con ella y disfrutó del placer que le brindó, sin que la imagen de Adelaida abandonara totalmente su mente. Volvió a su habitación a prepararse para la reunión pautada esa tarde, al llegar al lobby ya Adelaida lo esperaba, enfundada en su negro uniforme de chofer que escondía muy bien los encantos que él había descubierto más temprano.

En el automóvil Javier iba revisando documentos que desplegó en todo el asiento trasero, al llegar los recogió rápidamente y no se percató de una hoja que quedó debajo del asiento, Adelaida la encontró casualmente y salió tras Javier para entregársela.

–Jefe, jefe –lo llamó con insistencia.

Ya Javier se encontraba en la entrada del edificio con dos hombres y uno de ellos le avisó sobre la mujer uniformada que lo llamaba.

–Dígame –exclamó Javier extrañado.

–Se le cayó esta hoja debajo del asiento.

–Oh, gracias, no lo había notado.

Uno de los hombres, lo interrogó:

–¿Y esa belleza?

–Es mi chofer.

–¿Chofer? ¿Con todos los servicios incluidos?

–¡Claro que no! –protestó Javier.

–Tiene muy buen trasero, ¿me la prestas? –preguntó el otro hombre.

–Por supuesto que no, ¡estás loco! –respondió riendo Javier, pero a la vez alarmado de la admiración que les despertó la chofer a sus colegas.

Una vez resueltos los asuntos que lo ocupaban, Javier regresó al automóvil, le solicitó a su chofer que lo regresara al hotel y le anunció que tenía el resto del día libre hasta las nueve de la noche cuando necesitaría nuevamente de sus servicios, Adelaida asintió conforme y al llegar al hotel, le confirmó que a las nueve en punto lo esperaría en el lobby.

***

La chofer se enfundó en unos pantalones muy cortos y decidió comer en el restaurante de la piscina para luego salir a caminar por los alrededores del hotel, ya que tenía unos jardines muy lindos y también una tentadora playa. Estaba por retirarse del restaurante cuando llegaron Javier y la pelirroja, el contraste entre la joven y sencilla chofer con una belleza muy natural casi sin maquillaje y su acompañante de turno, quien parecía que iba a una sesión de fotos para un calendario, hizo fruncir el ceño de Javier ya que inevitablemente las comparó.

Javier decidió no prestar mucha atención a su mente, la cual le estaba haciendo una mala jugada al estar más atento de lo debido con respecto a su empleada, se despidió rápidamente y continuó camino de la mano de la pelirroja.

Fue imposible para él no voltear y mirar la alta, esbelta y hermosa figura de la chofer alejándose hacía la playa, iba caminando y llamando la atención de algunos hombres, pero parecía no darse cuenta, se quedó viendo el movimiento de sus caderas hasta que la pelirroja lo interrumpió para preguntarle donde prefería sentarse.

***

Esa noche Javier apareció puntualmente, vestía un smoking blanco que hizo que Adelaida dijera en su mente: “Upa, que muñeco se ve, ay jefecito espero no tener que esperar mucho por ti”. Se extrañó de que su jefe apareciera solo, pero no se atrevió a preguntarle por “la rabbit”, cómo le decía para sus adentros. Le abrió la puerta del auto y mientras él entraba aspiro su perfume muy varonil, diría que delicioso.

–Y… ¿Adónde vamos jefe?

–A este lugar –dijo Javier extendiéndole una tarjeta a su chofer.

–De acuerdo –respondió ella después de leer la dirección.

El sitio era bastante apartado, en la entrada tenía guardias de seguridad y luego al final de un largo camino rodeado de árboles se descubría una gran mansión de varios niveles y muy iluminada, Javier le indicó:

–Me dejas en la entrada y buscas donde estacionar para esperarme, no sé cuánto tarde aquí, pero te llamaré cuando esté por salir.

–Como usted diga jefe.

Cuando Adelaida estacionó, iba a hacer una llamada telefónica, pero de repente recordó una conversación que tuvo con Catalino:

<<–Te digo Adelaida que el jefe es súper desconfiado, vigila a todos.

–¿Cómo así?

–Pues a uno de los choferes lo despidió por “hacer cosas indebidas en el auto” ¿cómo lo supo? Yo digo que tiene cámaras en cada uno de sus autos.

–¿Tú crees?

–Creo no, estoy seguro. >>

Por haberse acordado de eso, decidió bajarse del automóvil, alejarse un poco cómo si estirara las piernas, saludó con un gesto a otros choferes que se encontraban esperando en el área y cuando consideró que estaba a una distancia segura, sacó su teléfono para hacer la llamada:

–Hola amiguita –saludó cuando le respondieron.

–¡Adelaida! Por Dios, me has tenido en ascuas, ¿cómo estás?, ¿cómo te ha ido en ese trabajo?

–Todo ha salido según lo esperado, me llevó a vivir a su casa, prácticamente lo acompaño a todas partes, me hospeda en el mismo hotel que él, ahorita estamos en Miami.

–Ha intentado algo contigo.

–Aún no, pero me vio en bikini y estoy segura de que llamé su atención, solo que disimuló muy bien, además trajo a una de sus mujeres al viaje.

–¿Una de sus mujeres?

–Amiguita, sabes que es una diaria o una por hora, ¿qué se yo?, tú tranquila, lo que importa es que todo va como estaba previsto, me estoy ganando su confianza y curiosidad, después llegará el momento de que pague todo lo que te hizo ese malnacido, que por cierto es más precioso que en las fotos y yo creí que eran filtradas.

–¿Verdad que sí?, es demasiado hermoso.

–Bueno ya, recuerda que es tu venganza, nada de hermoso.

–Tienes razón, destrúyelo, que pague su abandono.

–Si no te llamo no te preocupes. Cuídate mucho Marcela.

–Tú también Adelaida y gracias por todo.

***

Marcela era la asistente ejecutiva de Vinicio Vargas un CEO muy importante, un buen día asistieron ambos a una reunión con Javier Durán, este enseguida se fijó en la asistente de su futuro socio, la reunión transcurrió perfecta y armoniosamente. Al despedirse Javier deslizó en la mano de la asistente una tarjeta indicando la dirección de un restaurante y la hora, ella solo sonrió sin dar muestra de aceptación. No obstante, a la hora señalada entró al restaurante, la condujeron a la mesa de Javier Durán y así comenzó una noche muy placentera para los dos, las reuniones entre los ejecutivos se prolongaron por una semana debido a la gran cantidad de asuntos que tenían entre sí y durante esa semana los encuentros diarios entre Marcela y Javier fueron fogosos, apasionados y salvajes.

Al término de las reuniones y una vez firmados los acuerdos, llegó el momento de la separación, Javier Durán se despidió con mucha cortesía dejando muy en claro que todo había terminado. Marcela no podía creer que un hombre que hacía pocas horas antes la había poseído con gran pasión, ahora pretendía decirle adiós con un breve apretón de manos, sin prometer llamarla siquiera. Sentía que su corazón se rompía en pedazos, le resultaron suficientes esos encuentros para sentirse profundamente enamorada de él, intentó decírselo, pero Javier frío y cruel, le respondió:

–Querida, pasamos unas noches excelentes, realmente las disfruté, pero ya todo terminó, volvemos cada uno a lo suyo.

–Creí que me amabas.

–Yo no me enamoro cariño, lo siento.

Javier se alejó y Marcela se hundió en una profunda depresión que la llevó a renunciar a su trabajo, se encerró en su apartamento e intentó quitarse la vida saltando desde el balcón. Adelaida recibió la llamada de urgencias y llegó al hospital ya que aparecía como su contacto de emergencia, Marcela estaba inconsciente con múltiples fracturas y el terrible diagnóstico de que tal vez no volviera a caminar de nuevo, Adelaida la acompañó todo el tiempo hasta que un día despertó, poco a poco se fue recuperando y pudo contarle a Adelaida todo lo sucedido; cómo había conocido a Javier Durán, cómo se había enamorado perdidamente de él y cómo ante su abandono prefería morir a vivir sin él.

Adelaida la escuchaba en silencio, habían sido compañeras en la secundaria, pero no fueron las mejores amigas, no sabía por qué era su contacto de emergencia, solamente acudió porque era alguien que conocía y estaba en problemas. Por otro lado aparentemente era la única interesada ya que nadie más fue al hospital mientras estuvo allí, sin embargo, su relato la conmovió mucho, no era justo que un hombre amparado en su atractivo físico y en su poder económico tomara y desechara mujeres a su paso por la vida, se propuso averiguar más de él, conocerlo y así darle una lección.

Para cuando le dieron de alta a Marcela, Adelaida conversó con su amiga y esta le dijo que no tenía adonde ir porque había renunciado a su trabajo antes de lanzarse al vacío y ya no podría pagar la renta, no tenía familia a quien acudir y estaba pensando en solicitar espacio en algún refugio de la ciudad, Adelaida se conmovió mucho y le pidió que se fuera a vivir con ella, buscaría sus cosas y las llevaría a su apartamento, tal vez pudiera trabajar en línea o algo así, en fin ya se organizarían, por lo pronto tendría donde quedarse y terminar su recuperación.

***

A los pocos días ya Adelaida había leído todo lo publicado sobre Javier Durán y se había trazado un plan para acercarse a él, iría a sus oficinas a buscar trabajo de asistente, pero quiso el destino que apareciera el aviso solicitando conductor y eso se adaptaba mucho más a sus habilidades, porque lo que si era muy cierto era su experiencia con los autos de carrera como fiel compañera de su padre durante sus años de piloto y mecánico.

Marcela al principio no la apoyó, le decía que caería en sus encantos, que se iba a enamorar apenas lo viera, pero Adelaida la convenció mintiéndole ya que le dijo que no le gustaban los hombres, aunque podía reconocer si alguno era guapo o no. Así comenzó a ejecutar su plan de venganza contra Javier Durán por su amiga Marcela y por ahora se estaba divirtiendo mucho en el proceso.

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La Chofer

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