Capítulo 2
—Estas atravesando un mal momento hija, puedes venir a vivir conmigo. Siempre he mantenido las puertas de mi casa abiertas para ti. Por favor Dana, ven a casa conmigo.
< ¿Casa? pero si esa no es mi casa>
—La verdad es que no quiero molestar.
—No molestas hija, estoy muy preocupada por ti. Llevo años intranquila por ti, como quisiera que las cosas fueses de otra manera entre nosotras.
La joven oprime los labios ante las palabras de su madre. Sin embargo, necesitaba de su ayuda, ya había llamado a la mitad de sus familiares y ninguno le ofreció ningún tipo de auxilio. La única que le quedaba era su madre.
—No tengo dinero para hacer un viaje tan largo, Atlanta está muy lejos.
—Tu solo envíame la dirección de donde estas, yo comprare tu boleto y enviare dinero para que puedas venir sin problemas.
El dinero no era problema para su madre, ya que su esposo era un empresario muy importante en la industria de la tecnología.
—Solo será momentáneo, hasta que pueda sustentarme por mi misma —su madre guarda silencio.
—Como tú lo prefieras, Dana.
—¿Tienes para apuntar?
Al cabo de varios minutos, Kristine cuelga la llamada pensando en las penurias que su hija ha pasado. La mujer suelta el aliento sintiendo que su corazón estaba muy triste.
—¿Qué es lo que pasa cariño? —su esposo posiciona ambas manos sobre sus hombros.
—Es Dana, está en un mal momento. Su padre murió en un accidente y ahora ella está en la calle.
—¿De verdad? —Oliver frunce el ceño —. ¿Le has ofrecido venir a casa?
—Sí, lo he hecho una vez más…
Su esposo la abraza con dulzura, Oliver era un buen marido, desde que se casaron él la ha apoyado mucho. La amaba y ella a él, entre los dos no existían secretos y la confianza era lo primero entre ambos.
Siempre le decía que invitara a Dana a casa, deseaba que ella estudiara en una buena universidad y se superara, pero su hija nunca acepto nada de ninguno de los dos. Kristine sufría mucho por no poder estar con su hija.
—La extraño tanto, pero siento que solo viene para quedarse muy poco.
—Intentaremos de que sea permanente, le ofreceremos estudiar en una buena universidad, hasta le puedo ofrecer empleo si quiere trabajar. Haremos lo que esté a nuestro alcance para que este cómoda y decida quedarse.
—Dana es tan terca.
—Se parece mucho a ti, de eso no tengo dudas —Kristine sonríe con burla.
—Dana me odia, Oliver. Sé que sigue enojada conmigo.
—Estoy seguro que a medida que vayan conviviendo aquí en casa las cosas van a mejorar, no te preocupes, te ayudare a que la relación entre las dos mejore.
—Muchas gracias, mi amor.
Ambos se abrazan con fuerza, Oliver era su pilar. Siempre la ayuda a no derrumbarse en los peores momentos de su vida.
—Enviaremos dinero a donde sea que este, y compraremos su boleto. Enviare un coche para que la recoja al aeropuerto.
—Gracias cariño.
—Ahora dime, ¿Qué era eso que tenías que decirme?
Kristine recuerda las andanzas de Lukas y se centra de nuevo en ese asunto. La mujer decide contarle todo a su esposo para que estuviera al tanto de la situación con su hijo. Lukas era un buen muchacho, pero muy despreocupado.
Y encima de eso sinvergüenza…
[…]
Esa noche después del trabajo Lukas se encontraba en un bar con sus amigos tomando algunas copas, se divertían y conversaban sin parar.
Mientras se toma un trago, siente que su móvil vibra. Eso lo lleva a fruncir el ceño, al revisar la pantalla percibe que era su padre. Pero guarda el móvil y decide encender un cigarrillo, luego de eso observa a lo lejos a una camarera que llama su atención.
—Esa chica lleva mucho rato observándote Lukas…
—No me había fijado en ella hasta ahora —responde exhalando el humo —. Verdaderamente está muy buena.
—Seguro que quiere follar contigo.
—Es probable —dice inhalando del cigarrillo.
Ve como la rubia se aproxima a la mesa con algunas cervezas en su charola, empieza a dejar una a una en la mesa mientras que el rubio la mira con morbo… cuando le toco a la joven dejar la bebida de su lado, él sujeto su mano y la miró.
—¿Cómo te llamas?
—Grey…
—Quiero decirte algo importante, Grey… ¿en qué momento te quedas libre?
—En 5 minutos…
—Bien… —el CEO sonríe con malicia.
Pasados esos minutos, Lukas aparece en la parte de atrás del bar divisando a la rubia sentada en una silla mientras revisa su móvil.
—¿Tienes novio, Grey? —le dice caminando hacia ella mientras enciende un cigarrillo.
—No.
—Revisas tu móvil por la madrugada, me hace pensar que si —suelta el humo.
—¿Qué es lo que quiere?
—A ti…
La sinceridad de ese hombre la petrifico.
—Debo regresar en 20 minutos al trabajo —responde con nerviosismo.
—Podemos intentarlo…
Lukas lanza el cigarro para tomarla por la cintura en un solo movimiento, suelta el humo contra la boca de ella y sonríe, el CEO se sienta en aquella silla para luego bajar los pantalones de la rubia rápidamente, termina por sentarla a horcajadas en su regazo al mismo tiempo que aprieta sus nalgas.
—Seamos breves y saltémonos algunos pasos.
La rubia respira con rapidez, sin embargo empieza a soltar el botón de su pantalón y baja la cremallera, saca su polla y antes de que pudiera introducir su pene en su coño Lukas saca un condón de su bolsillo…
La joven se lo coloca muy rápido y ella misma decide deslizar su polla dentro de su coño. Al hacerlo ella jadea y aprieta sus muslos contra los suyos.
—¡Ahhhhh!
Toma la mano de Lukas posicionándola sobre una de sus tetas.
—Aprieta fuerte.
Él obedece sintiendo como las paredes vaginales de esa chica se contraen, al parecer estaba bastante urgida por tener sexo. El rubio la sujeta de las caderas mientras que ella menea ese culo de un lado para otro.
El rubio se mantiene callado mientras que ella folla con él. Observa su rostro y se deleita de ella, luego siente como esa mujer acelera los movimientos lo que le indica que estaba por correrse. Lukas muerde sus labios cuando estaba por eyacular.
Cierra los ojos y se deja llevar por lo que siente, en cuestión de nada explota dentro del condón liberando el estrés acumulado de esa tarde. La rubia seguía meneando las caderas lentamente hasta que la ve respirar agitadamente.
Segundos después empieza a normalizarse y sonreír.
—Eso ha estado bueno —ella le dice totalmente relajada.
—Bastante bueno…—la joven lo mira a los ojos y en ellos ve aquel brillo inusual al que siempre le huía —. Ya debo irme.
—¿Lo volveremos a repetir? —pregunta ceñuda.
—Probablemente…
El CEO se pone en pie y empieza a vestirse.
—No eres de esos que se involucra mucho, ¿verdad?
—Haces preguntas que no tienen respuesta —el rubio la mira de soslayo —. Fue bueno conocerte, nos estamos viendo.
La rubia sonríe y luego niega.
—Cobarde…
[…]
Lukas enciende un cigarrillo entre tanto camina hacia su coche, ya no le apetecía regresar con sus amigos. Al día siguiente tenía una reunión importante y necesitaba estar lucido, al sentarse dentro del coche pone las manos sobre el volante y mira hacia el frente para ver el local.
Estar con esa chica fue bastante bueno, grato, más no entendía porque razón no se sentía satisfecho con el resultado. Y siempre era igual, sea cual sea la mujer con la que se acostara.
Era un gran problema el que tenía entre manos…
—Mierda —pone en marcha el coche y decide abandonar esos pensamientos absurdos.
[…]
Dana y su amiga se despiden en el aeropuerto antes de que la joven abordara el avión.
—¿Crees que estarás bien donde tu mamá?
—No lo sé, pero espero que no tenga que quedarme mucho tiempo con ella y su esposo.
—¿No crees que ella meceré una oportunidad? A fin de cuentas es tu mamá, ¿no?
Dana guarda silencio ante la sugerencia de su amiga, sin embargo ella no pensaba igual.
—Ya debo irme…
—De acuerdo, llámame si necesitas hablar con alguien.
Las chicas se abrazan a modo de despedida y es cuando Dana emprende el camino hacia su vuelo. No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero más opciones no le quedaban. No le agradaba nada llegar a la casa del marido de su madre.
Por varios años ella le insistió mucho para que se fuera a vivir con ella, pero siempre se negó. Hasta que decidió dejarle de hablar.
Cuando aborda el avión y toma asiento, Dana suelta el aliento abruptamente, mira sus manos juntas y cree que aquello no es una buena idea. Ese remolino que sentía en la boca del estómago no le gustaba para nada.
—Solo será momentáneo, por muy poco tiempo.
[…]
Lukas cierra la puerta de su cuarto y el sonido de la misma revienta su cabeza lo que produce que lo cabree, el rubio camina hasta la cocina a por algo de beber, pero mientras desciende por las escaleras vislumbra a su padre casi saliendo de la casa.
Pensó que se libraría de él, pero el hombre voltea para verlo y a juzgar por su expresión supo que no le diría nada bueno.
—Buenos días, padre.
—Has llegado muy tarde ayer, Lukas.
—Puedo irme a un hotel si te molesta mis horas de llegada—responde al mismo tiempo que baja el último escalón.
—¡No seas insolente!
Lukas se detiene para mirar fijamente a su padre.
—Soy un hombre adulto, padre. Ya tengo 38 años, con una empresa propia y mi casa. No me des sermones de cómo llevar mi vida, o de la hora en la que debo llegar. Si te molesta mis horas de llegaba, me iré ahora mismo.
Oliver sabía que su hijo ya era un hombre, y que controlarlo sería muy estúpido de su parte. Era un hombre exitoso que se ganaba su propio dinero.
—No es por eso que me he detenido a hablar contigo.
—¿Qué es lo que pasa?
—Kristine me ha comentado que mantienes una aventura con una de las sirvientas.
—¿Y que con eso?
—Distraes al personal Lukas, por favor —el CEO pone los ojos en blanco.
—¿Y qué quieres que haga? Te estuvieras evitando todo esto si no me hubieras invitado a quedarme aquí. Conoces muy bien el estilo de vida que llevo, padre.
Oliver frota el ceño, su hijo ya no era un niño. Sin embargo a su esposa le molestaba que follara con las empleadas.
—Sabes que a mí me da igual con quien folles, pero al menos ten un poco más discreción cuando te metas con las empleadas.
—De acuerdo…
—No quiero tener problemas con Kristine, pero tampoco con eso te estoy corriendo de mi casa. Quédate el tiempo que se tome para reparar tu apartamento.
—Bien padre…
—Debo irme, ¿asistirás a la reunión de esta tarde? Podemos fusionar algunas de nuestras ideas para mejorar nuestras empresas.
—Sacare tiempo para ir.
El hombre asiente y luego sale de la casa. Lukas continúa hasta la cocina donde encuentra a una guarnición de chicas cocinando, en cuanto ellas lo miraron a todas se le coloran las mejillas.
—Buenos días, ¿Dónde puedo conseguir una píldora para el dolor de cabeza?
En ese momento Lukas pensó que si Kristine no quería que se follara a sus empleadas, al menos debería de contratar a mujeres viejas. Todas sus empleadas eran muy jóvenes, y bastante atractivas.
[…]
Ajusta su traje mientras se mira en el espejo, mira la hora en su reloj fijándose que se le estaba haciendo tarde. Y el maldito dolor de cabeza aun no lo dejaba en paz, si no fuese por todas esas reuniones que tenía ese día, se hubiese quedado en la jodida cama.
Se encamina hasta la salida justamente encontrándose con Margot, quien al verlo le sonríe con malicia.
—Le traigo una bebida para que se le quiten los males.
—Gracias, pero ahora ya voy de salida. Déjalo para la noche.
El CEO avanza por el corredor dejando a la chica atrás, baja las escaleras a toda prisa cuando Kristine entra por la puerta.
—¡Oh Lukas! No sabía que aun seguías en casa.
—Se me ha hecho tarde, nos vemos por la noche.
—De acuerdo, adiós.
La mujer lo despide desde la puerta, no es que su relación con su hijastro fuese del todo mala, si no que Lukas era un hombre difícil de llevar. Se parecía mucho a su hija Dana, lo que la hace recordar que ella llegaba ese mismo día y la ponía contenta saber que la tendría cerca de nuevo.
Capítulo 3
Dana desciende del avión sintiendo mucho miedo de ver a su madre después de 4 años, sin embargo avanza hacia la salida del aeropuerto ya que Kristine le informo que un chófer la estaría esperando.
Por una parte se sintió aliviada de no tener que verla, pero por otro decepcionada por no haberla ido a buscar. Era su madre, debía de darle otro tipo de recibimientos. La joven niega y sigue avanzando hasta que vio su apellido en un cartel que sostenía un hombre en las manos.
Dana suelta el aliento y se dirige hacia donde estaba él.
Algunos minutos de conducción en silencio, Dana visualiza que el chófer introduce el coche en una enorme e impresionante casa. Ella admira aquel lugar con los ojos bien abiertos, en su estómago existía un nudo espantoso que no lograba controlar.
En lo que el coche se detiene la puerta de la casa se abre y por esta sale Kristine, Dana la observa desde el interior del carro sin creer que esa mujer fuese mu madre. No era posible que ella era su mamá.
El chófer abre la puerta y en lo que ella baja nota como su mamá sonríe abiertamente. Se le notaba feliz, más ella no se sentía igual.
—¡Dana! —ensancha la sonrisa mientras que camina hacia ella con aquella ropa fina—. ¡Oh, hija mía! —Kristine termina por abrazarla lo que la hace sentirse incomoda.
—Hola ma…—dice carente de expresión.
—Estas tan hermosa, mira que grande estas. ¡Ya eres toda una mujer!
La halaga mientras se separa un poco para verla de pies a cabeza. Dana no encontraba palabras para decir en ese momento, la verdad es que no tenía mucho que hablar.
—¿Cómo estuvo tu vuelo? ¿Todo en orden?
Dana mira a su madre a la cara, se le notaba que no había pasado trabajo en mucho tiempo. Su maquillaje era perfecto, y la ropa que llevaba puesta era muy fina y elegante. Distaba mucho con la mujer de hace 5 años atrás.
—Todo estuvo bien…—Kristine opaca un poco la sonrisa, sin embargo miraba a su hija con mucha ternura.
—En ese caso pasemos, te llevaré a la habitación en donde dormirás.
—De acuerdo.
—Quiero que te sientas cómoda en casa, no tendrás problemas aquí. Te lo prometo.
La joven sigue a su madre por unas enormes escaleras, la casa por dentro era impresionante. Demasiado lujosa, nunca creyó que su mamá llegaría tan lejos. Se sentía como un bicho en aquel lugar, es que ni su ropa hacia juego con nada en aquella casa.
Su madre abre una puerta y la hace entrar.
—Esta habitación la mande a preparar para ti, es muy cómoda y fresca. Hasta tienes un balcón—señala el mismo.
—Está muy bonito.
—Me alegra que te guste, tienes un baño propio y aquí hay un cuarto extra para que guardes tu ropa.
La joven mira aquel lugar dándose cuenta de que el closet era del mismo tamaño que su antiguo cuarto.
—No creo que lo utilice mucho.
Kristine observa la pequeña maleta de su hija y cree haber cometido un error, luego vuelve a sonreír sintiendo que el ambiente estaba un poco tenso.
—Puedes tomar una ducha y cambiarte, luego bajas para cenar, ¿te parece? —Dana guarda silencio.
Sin otro remedio asiente no muy convencida.
—Bien, estaré esperándote.
—Gracias.
En lo que se queda sola en la habitación, Dana suelta el aliento contenido. Aquel encuentro fue mucho más incómodo de lo que imagino. Relame sus labios y empieza a merodear aquel cuarto, el baño era enorme y la vista del balcón muy hermosa.
Dana se sienta en la esquina de la cama sintiéndola verdaderamente cómoda, encima de eso era enorme. Mira al frente y piensa que debía buscar un trabajo para mantenerse a sí misma y no depender de su madre.
—Demonios…
[…]
Kristine no dejaba de mirar hacia las escaleras, su hija no bajaba y ya estaba comenzando a impacientarse.
—Kristine, cariño, debes tomar las cosas con calma. Dale tiempo, ella bajara cuando se sienta lista.
—No quiero que se sienta incomoda en la casa —dice con voz preocupada.
—Pronto se adaptara.
En eso escuchan el sonido de una puerta lo que provoca que ellos levanten la mirada, miran hacia las escaleras para verla a ella bajar.
Dana observa a su madre y a su esposo en la mesa y siente un nudo espantoso en el estómago. Muerde la carne interna de su boca, pero continua avanzando hasta la mesa donde su mamá la esperaba con una sonrisa grande.
—¿Te sientes mejor?
—Estoy un poco cansada.
—Bueno, después de cenar puedes irte a la cama—Dana asiente, pero en ese momento observa al esposo de su madre y Kristine se percata de ello —. ¡Oh, hija! —se pone en pie rápidamente para tenderle la mano a la joven—. Él es Oliver Verchot
Dana nunca había conocido al nuevo esposo de su madre, era la primera vez que se veían las caras y la verdad es que le resultaba extraño. Ella mira al hombre quien la miraba de una forma muy paternal y eso la confunde mucho.
Era un hombre mayor, pero bastante conservado. Y su porte era muy elegante aun cuando solo estaban cenando, se notaba el tipo de clase social a la que pertenecía, incluyendo a su madre.
—Hola mucho gusto de conocerte Dana, tu madre siempre me habla de ti.
—Hola —es todo lo que tiene para decir puesto que ese señor nunca le agrado.
—Bueno, ya tendremos mucho tiempo para hablar y conocernos mejor. Ahora siéntate para que comas algo.
Ella asiente notando que ambos estaban siendo muy amables para con ella, sin embargo ella no dejaba de pensar en todo lo que tuvo que pasar durante esos 4 años sin su madre.
Por suerte la cena fue algo callada, de vez en cuando Kristine le preguntaba algo y ella respondía a medias. Casi no levantaba la mirada de su plato, le resultaba incomodo cenar con esas dos personas.
Recuerda a su padre y cree que si estuviera vivo estaría muy enojado con ella.
—¿No les molesta si me retiro ya? —pregunta al fin levantando la mirada.
—Mande a preparar tu postre favorito, ¿no deseas esperarlo? —Dana mira a su madre y siente unas profundas ganas de salir corriendo.
—¿Puedo irme? —insiste.
Oliver observa la expresión de su esposa y luego la de su hijastra, era evidente que Kristine presionaba a su hija y eso no estaba bien.
—No tenemos ningún problema, puedes irte a la cama. Si deseas el postre se te enviara a tu recámara —termina por decir Oliver ganándose una mirada de su esposa.
—Gracias, disculpen…
Dana se pone en pie sintiéndose asombrada por la contesta del esposo de su madre. Pero lo mejor era que volviera a su cuarto.
—Oliver…
—Debes tener paciencia, dale su espacio Kristine. Si la presionas conseguirás que se vaya de casa —ella levanta la mirada para ver a su esposo.
—No sé cómo actuar con mi hija, siento que me odia y no tengo idea de cómo cambiar eso.
—Todo irá mejorando poco a poco, no puedes apresurar las cosas.
Kristine asiente, su esposo tenía razón ella intentaba que las cosas marcharan bien, pero Dana necesitaba tiempo para adaptarse. Mira hacia las escaleras y suspira, al menos la tenía en casa con ella.
[…]
Dana cierra la puerta al igual que los ojos, intentaba comportarse, pero no podía tapar el sol con un dedo. Su estadía en esa casa iba a ser bastante dura.
—Diablos, ¿Cómo es que termine aquí?
Camina hasta la cama para tumbarse en ella y pensar en lo que debiera de hacer para solucionar su problema. No podía quedarse toda la vida en esa casa a costa de su madre y su esposo.
—Necesito un empleo…
[…]
Lukas apaga el coche sintiéndose realmente cansado y frustrado, el rubio baja del auto encaminando sus pasos al interior de la casa. Ya era muy tarde y probablemente todos ya debían de estar dormidos.
Mientras sube las escaleras mueve la cabeza de un lado para el otro, el día había sido muy pesado y esa reunión que tuvo en la empresa de su padre fue una total pérdida de tiempo.
—Mierda, me hace perder el tiempo.
Mira la hora en su reloj mientras camina hasta su cuarto, necesitaba una ducha y dormir profundamente. El CEO toma el pomo de la puerta de su habitación cuando de la nada la puerta del cuarto que estaba frente al suyo es abierta.
Lukas se sorprende puesto que sabe que en ese piso no había nadie más que él y su padre con su esposa, pero la habitación de ellos estaba al fondo bastante retirada de su cuarto. Se queda para esperar a quién demonios salía de ese cuarto cuando de la nada surge una pelirroja de piernas desnudas y pronunciadas caderas.
Ella se queda parada bajo el marco de la puerta mientras que él seguía sosteniendo la manilla como un idiota. Lukas parpadea varias veces al ver aquella pelirroja pecosa de ojos marrones e increíble cuerpo parada delante de él.
La chica lo miraba como si fuese un pervertido lo que lo lleva a pensar en quién demonios era esa chica. Luego detalla bien su vestimenta fijándose que no llevaba sujetador, la punta de sus pezones se le marcaba claramente lo que lo hizo alucinar y hasta sudar.
Esa piel delicada y aquella cara de niña lo estaba perturbando… Lukas da la vuelta completamente para enfrentar a esa mujer que lo estaba descolocando.
—¿Tú quién eres? —se cruza de brazos al hacer la pregunta.
Dana estaba estupefacta al mirar a aquel enorme rubio de ojos azules delante de ella, era tan alto y grande que debía mirar hacia arriba. Ella mira hacia ambos lados notando que el corredor estaba completamente vacío y frío.
Lo que la hizo recordar que no llevaba sujetador puesto provocando que baje la mirada ver sus pezones erguidos. En seguida se cruza de brazos y alza la mirada de nuevo.
—Me parece que ya los he visto, no hace falta que te los cubras —la voz altanera de ese hombre le molesto —. ¿Quién eres? ¿Una sirvienta nueva que contrato Kristine?
—¿Sirvienta? —ella frunce el ceño debido a tanta arrogancia de ese sujeto.
—Sí, debes de serlo. Lo que no entiendo es porque estabas saliendo de ese cuarto. No deberías de estar durmiendo aquí arriba.
Dana traga saliva al percibir que él caminaba hacia ella de manera amenazante.
—Da igual quien seas, ¿Cómo te llamas? —Lukas camina hacia ella fijando sus ojos en ese sensual cuerpo bastante voluptuoso.
La verdad es que esa mujer llamaba mucho su atención, esas pecas, ese cabello, y aquellas curvas eran para morirse. En ese momento se la imagino chupándole la polla con esos carnosos labios y de manera inmediata se excito mucho.
—Creo que está equivocado —Dana retrocede pegando su cuerpo contra la puerta.
—¿Equivocado? No, yo no me equivoco…
El CEO posiciona una mano contra la puerta y con la otra roza un mechón ondulado del cabello de ella.
—¿Qué estás haciendo aquí arriba? —musita bajando los dedos por su cuello lentamente hasta alcanzar llegar a la altura de la tela del camisón.
—¿Qué es lo que estás haciendo? —pregunta toda llena de miedo y pánico, es que ni lograba moverse.
Ella se imaginó que ese hombre tenía que ser algún amigo del esposo de su madre, no existía otra explicación para que no supiera que ella era la hija de Kristine.
—No lo sé… —Lukas roza sus labios con los nudillos al mismo tiempo que no le quita los ojos de encima —. La verdad es que no lo sé…
Lukas se inclina hacia el rostro de niña de esa joven y medio roza los labios de ella con los suyos, tan solo fue una pequeña caricia y sintió que su cuerpo se electrifico. Cuando hace amago de intensificar el beso, la pelirroja ingresa en el cuarto violentamente.
—Pero… ¡que mierda…!
Hace un gesto con las manos de que no entendió como es que ella se le escapo, se queda en el corredor solo y con una jodida erección bajo los malditos pantalones.
—¡Maldita sea! —musita cabreado.