Capítulo 2

Luna respiró hondo mientras ajustaba la carpeta con los documentos de la presentación frente a ella. El zumbido del aire acondicionado se mezclaba con los murmullos de los empleados que se movían rápidamente por el pasillo de la sala de juntas. Hoy no era un día cualquiera: tenía que entregar un informe clave ante Ethan Del Valle, el CEO de la empresa. La presión era real y palpable, y aunque Luna estaba acostumbrada a organizar agendas, coordinar reuniones y resolver conflictos de último minuto, pararse frente a él siempre le provocaba un cosquilleo de nervios.

Se acomodó la blusa con cuidado y repasó mentalmente los puntos que debía cubrir: estadísticas de ventas, avances de proyectos y posibles soluciones a problemas que podrían surgir en la reunión. Todo debía ser perfecto. Nadie en la oficina podía permitirse errores hoy, y Luna lo sabía.

La puerta se abrió de golpe y Ethan apareció, con su característico porte seguro y mirada analítica que parecía ver hasta el último detalle de la habitación. Traje impecable, corbata perfectamente alineada y un aura de autoridad que imponía respeto a todos a su alrededor. Luna lo observó un instante antes de que él se sentara al final de la mesa, cruzando los brazos y con esa mirada penetrante que parecía evaluar todo, incluso a ella.

-Buenos días -saludó Ethan con voz firme pero no hostil-. Espero que todos estén listos.

Luna sintió cómo su corazón dio un pequeño salto. No era la primera vez que trabajaba directamente con el CEO, pero cada encuentro tenía el mismo efecto: una mezcla de admiración y tensión. Respiró profundo y se recordó a sí misma que estaba preparada, que conocía el material y que podía manejar la situación.

La reunión comenzó, y Luna tomó la palabra con firmeza, mostrando los gráficos y cifras en la pantalla. Cada diapositiva estaba cuidadosamente preparada, cada comentario medido, cada dato respaldado con números exactos. Mientras hablaba, notó que Ethan la observaba con atención, inclinando ligeramente la cabeza, como si evaluara cada palabra y gesto.

-Muy bien, Luna -dijo finalmente, con una voz que mezclaba aprobación y desafío-. Veo que tienes todo bajo control. Pero quiero que me expliques este punto -señalando una cifra específica-. ¿Cómo planeas abordar la discrepancia en los resultados del trimestre pasado?

Luna tragó saliva y respondió con calma, aunque por dentro sentía el corazón latir con fuerza. Sabía que no podía fallar. Explicó los detalles, mostrando cómo habían identificado los problemas y las medidas correctivas que estaban implementando. Ethan la escuchó sin interrumpir, y por un momento, Luna pensó que estaba pasando la prueba con éxito.

Sin embargo, mientras continuaba la presentación, algo más rondaba su mente: los mensajes de "E" que había recibido la mañana anterior. La curiosidad, mezclada con la emoción, todavía estaba presente, y aunque estaba concentrada en la reunión, no podía evitar imaginar cómo sería esa persona en la vida real. ¿Sería alguien de la empresa? ¿Alguien que ya había conocido sin darse cuenta? La idea la distraía, pero también la hacía sentir viva, un contraste con la tensión de la reunión.

Cuando terminó de exponer, Ethan cruzó los brazos y se quedó en silencio por un instante que pareció eterno. Luego, asintió lentamente.

-Buen trabajo, Luna. Tus cifras son claras, y tu presentación es precisa -dijo-. Sin embargo, quiero que prepares un resumen ejecutivo para los inversores antes de mañana. Debe ser conciso y persuasivo.

-Por supuesto, señor Del Valle -respondió Luna con voz firme, aunque un poco temblorosa por los nervios-. Tendrá el resumen listo antes del mediodía.

Ethan asintió y se levantó, dando por concluida la parte de su intervención en la reunión. Luna soltó un suspiro silencioso, sintiendo que una pequeña victoria se había logrado. Pero la presión no desaparecía; aún quedaban preguntas, comentarios y la inevitable sensación de que cualquier error sería observado.

Cuando la reunión terminó oficialmente, Luna regresó a su escritorio, intentando recuperar la calma. Sus manos temblaban ligeramente mientras abría la laptop para revisar los correos pendientes. Fue entonces cuando un nuevo mensaje apareció en la mensajería interna:

"Felicidades, secretaria estrella. Has sobrevivido al primer encuentro con el lobo. Me pregunto si tu valentía se mantiene intacta después del siguiente round."

Luna no pudo evitar sonreír y, por un momento, olvidó la tensión de la mañana. Sus dedos temblorosos escribieron una respuesta rápida:

"Gracias... aunque no sé si me siento más valiente o simplemente más temeraria. ¿Me estás preparando para algo peor?"

"Solo para algo que vale la pena. Pero tranquila, no hay mordiscos sin aviso."

El juego continuaba, y Luna sentía cómo el misterio y la emoción se mezclaban con la realidad laboral. Mientras respondía, un colega se acercó para discutir un detalle menor de un proyecto, pero ella apenas escuchaba. Su mente estaba dividida entre la presión de la oficina y la curiosidad por "E".

La tarde llegó cargada de llamadas y ajustes de última hora. Luna corría entre reuniones, ajustando agendas y preparando informes adicionales. Cada vez que su teléfono vibraba con un mensaje de "E", un pequeño impulso de adrenalina la recorría. Sus palabras eran un refugio en medio del caos, un lugar donde podía ser ella misma sin las formalidades que la oficina exigía.

Pero la tensión volvió con fuerza cuando Ethan se acercó a su escritorio, inspeccionando documentos y observando con atención los informes que Luna había preparado.

-Luna, necesito que me aclares este punto antes de la reunión con los inversores -dijo con voz firme, señalando un detalle específico en una hoja-. No podemos permitir ambigüedades.

Luna tragó saliva, ajustó los lentes y explicó cada aspecto con claridad. Ethan escuchó sin interrumpir, y por primera vez, Luna notó una ligera sonrisa, apenas perceptible, en sus labios. Era un gesto sutil, pero para ella, significaba que había hecho un buen trabajo.

Cuando Ethan se retiró, Luna soltó un suspiro de alivio y volvió a mirar el mensaje de "E". Su corazón se aceleró al leer:

"Veo que dominas el campo de batalla con destreza. Impones respeto y, al mismo tiempo, mantienes tu esencia. Admirable."

Luna sonrió, sin poder evitar sentir una mezcla de orgullo y curiosidad. La intensidad de la oficina y la presión de su trabajo parecían menos pesadas cuando tenía ese pequeño hilo de misterio y diversión que le daba "E".

La tarde avanzó rápidamente, y Luna terminó de organizar los documentos para la reunión de inversores. Su mente, sin embargo, seguía atrapada en los mensajes y el misterio de "E". Cada frase, cada tono juguetón, le daba un impulso de confianza y un toque de emoción que contrastaba con la rutina rígida de la oficina.

Antes de que terminara la jornada, Luna decidió escribir un último mensaje, uno que equilibrara humor, ingenio y un toque de picardía:

"Si el lobo aparece de nuevo, prometo estar preparada... pero solo si tú también traes café."

La respuesta llegó casi de inmediato:

"Trato hecho. Café, valentía y un poco de misterio. Esa es la combinación perfecta para sobrevivir cualquier batalla."

Luna cerró la laptop, sintiendo un cosquilleo en el pecho. Había sobrevivido a su primer gran desafío con Ethan Del Valle sin que nada saliera mal, y al mismo tiempo, se había sumergido en un juego de palabras y emociones con alguien que parecía conocerla mejor que muchos en la oficina.

Mientras guardaba sus cosas y se preparaba para salir, pensó en lo extraño y emocionante que era sentirse así por alguien que no había visto nunca. La curiosidad y la anticipación se mezclaban con la satisfacción profesional, creando un cóctel de emociones que no esperaba.

Al salir de la oficina, Luna respiró profundo, observando cómo el sol comenzaba a descender en el horizonte. Sabía que mañana traería nuevos desafíos, nuevas reuniones y la constante presión de trabajar bajo la mirada de Ethan Del Valle. Pero también sabía que, en algún lugar detrás de la pantalla, "E" estaría allí, esperando con su ingenio, sus palabras y esa chispa que hacía que cada mensaje se sintiera como un pequeño respiro en medio de la rutina.

Y mientras caminaba hacia el estacionamiento, Luna no pudo evitar preguntarse, con una mezcla de diversión y misterio: ¿Quién eres realmente, "E"? Y sobre todo, ¿cuándo descubriré que, quizás, la persona que admiro en la oficina y la que me hace sonreír detrás de la pantalla podrían ser la misma?

Con esa pregunta flotando en su mente, Luna abrió la puerta del auto, encendió el motor y manejó hacia casa, consciente de que algo había cambiado en su rutina diaria. La emoción, el misterio y la curiosidad se habían instalado en su vida, y aunque todavía no conocía la verdad, estaba dispuesta a descubrirla, paso a paso, mensaje a mensaje.

Capítulo 3

Luna llegó a su escritorio después del almuerzo, intentando ordenar sus pensamientos. La mañana había sido agotadora: reuniones, llamadas, revisiones de informes y la constante sensación de estar bajo la mirada crítica de Ethan Del Valle. Sin embargo, en su mente, un pequeño hilo de ligereza la acompañaba: los mensajes de "E".

Encendió la laptop y, casi al instante, vio que había un nuevo mensaje:

"Espero que tu almuerzo haya sido tan satisfactorio como prometiste. Solo una pregunta: ¿consideras que las galletas de la máquina de café son un riesgo para la supervivencia mundial o un aliado estratégico?"

Luna se recostó en su silla, riendo suavemente. Ese tono juguetón, esa manera de ver lo cotidiano como algo casi épico, le arrancaba sonrisas que la hacían olvidar la presión laboral. Respondió con rapidez:

"Definitivamente un aliado estratégico, aunque con un sabor cuestionable. Sería un sacrificio necesario para la paz mundial... o para sobrevivir a la siguiente reunión con el CEO."

La respuesta de "E" llegó casi de inmediato:

"Me gusta tu perspectiva: pragmática y valiente, pero con sentido común. Casi puedo imaginarte enfrentando al CEO con una galleta en la mano y la mirada fija en los gráficos de ventas."

Luna sonrió, sintiendo un cosquilleo extraño en el pecho. Por primera vez en mucho tiempo, alguien parecía entender su manera de ver el mundo: sus bromas, sus preocupaciones y su forma de enfrentar la rutina. No era solo un juego de palabras; había algo en la manera en que "E" escribía que la hacía sentirse comprendida y apreciada.

Mientras escribía la respuesta, un correo urgente apareció en la pantalla: un cliente importante necesitaba aclaraciones sobre un proyecto que estaba a punto de presentarse. Luna suspiró, guardó la conversación de "E" por un momento y se concentró en responder. Sus dedos volaban sobre el teclado, redactando correos claros y concisos. Pero la mente no dejaba de volver a los mensajes, a la complicidad que se estaba formando con alguien cuya identidad desconocía.

Cuando terminó de enviar la respuesta, volvió al chat:

"Si alguna vez necesitamos convencer al mundo con nuestras habilidades estratégicas, creo que seríamos un gran equipo. Aunque admito que la logística de las galletas es un misterio para mí."

"Confío en que tu instinto resolverá incluso el misterio más críptico. Además, siempre se puede delegar a alguien menos valiente... o más hambriento."

Luna soltó una carcajada. La manera en que "E" combinaba humor y admiración le resultaba refrescante, diferente a todo lo que había experimentado en la oficina. Mientras respondía, se dio cuenta de que había estado esperando esos mensajes durante toda la mañana, como una pequeña recompensa después de las tensiones laborales.

Decidió arriesgarse un poco más, escribiendo con un tono más personal:

"Confieso que hoy ha sido un día especialmente complicado. Las reuniones con el CEO me dejan exhausta, y a veces siento que cualquier error podría costarme la reputación que tanto me ha costado construir."

La respuesta llegó casi de inmediato, y Luna se sorprendió por la rapidez y la sensibilidad detrás de las palabras:

"Entiendo perfectamente cómo te sientes. A veces, incluso los más valientes necesitan un respiro y alguien que les recuerde que los errores no definen su valor. Si pudiera, te enviaría un ejército de galletas estratégicas y café doble para aliviar la tensión."

Luna sintió un calor en el pecho, una mezcla de sorpresa y gratitud. Nadie en la oficina se había tomado el tiempo de reconocer sus esfuerzos de esa manera, y mucho menos con un toque de humor que aliviara la presión. Por un momento, olvidó el estrés del día y se concentró en la sensación de conexión que estaba surgiendo.

Su teléfono vibró con un nuevo mensaje de "E":

"Si pudiera darte un consejo, sería este: nunca subestimes el poder de una sonrisa en medio de la batalla. Y creo que tú manejas eso muy bien."

Luna no pudo evitar sonreír, y mientras escribía su respuesta, sintió que sus dedos temblaban ligeramente. Por primera vez, alguien estaba logrando que sus emociones se mezclaran con la lógica de su rutina diaria, creando un espacio seguro donde podía ser ella misma, incluso frente a la presión constante del CEO.

"Gracias... intentaré recordar eso cuando enfrente la próxima reunión. Aunque no prometo que no morderé al mensajero si no hay café de por medio."

"Trato justo. Considero que el café es un derecho humano básico. Además, me agrada tu sentido del humor incluso bajo presión. Me recuerda que, aunque la batalla sea intensa, hay pequeños momentos que hacen que todo valga la pena."

Luna se recostó en su silla, dejando que esas palabras la llenaran de una sensación cálida. Era extraño cómo alguien que no conocía podía hacerla sentir tan comprendida. Sus pensamientos viajaron brevemente a Ethan, el CEO que la observaba con atención durante cada reunión. La diferencia era abrumadora: Ethan imponía respeto y cierta distancia, mientras que "E" ofrecía cercanía y complicidad, sin siquiera revelar su rostro ni su identidad.

Mientras tanto, los minutos pasaban y Luna debía seguir con su rutina. Tenía que preparar documentos para la siguiente reunión, revisar correos y organizar la agenda de la tarde. Sin embargo, cada vez que su teléfono vibraba con un nuevo mensaje de "E", sentía un impulso de emoción que la hacía sonreír incluso frente a compañeros de trabajo que la miraban con curiosidad.

En un momento, se permitió un breve respiro y escribió:

"A veces me pregunto... ¿quién eres realmente? No tengo ni idea de tu identidad, pero siento que nos entendemos como si nos conociéramos de toda la vida."

Hubo un silencio breve, casi angustiante, antes de que la respuesta llegara:

"Tal vez eso es lo más interesante: que no necesitamos nombres ni rostros para sentir una conexión genuina. A veces, la identidad es secundaria; lo importante es cómo nos entendemos y nos acompañamos en el día a día."

Luna suspiró, impresionada por la madurez y sensibilidad de esas palabras. Por primera vez, sentía que alguien realmente la escuchaba y la comprendía, más allá de los títulos y cargos que ocupaba en la oficina. Esa conexión digital se estaba convirtiendo en algo más que un juego: era un refugio emocional en medio del caos laboral.

La tarde continuó con su ritmo habitual, pero para Luna, todo parecía más ligero. Sus manos trabajaban rápido, ajustando documentos y coordinando detalles, pero su mente volvía constantemente a los mensajes de "E". Cada frase, cada broma, cada gesto de comprensión parecía llenar un vacío que ni siquiera sabía que existía.

Cuando finalmente llegó la hora de cerrar la jornada, Luna se recostó en su silla y miró la pantalla una última vez antes de apagar la laptop. Había recibido un nuevo mensaje:

"Excelente día, secretaria estrella. Has sobrevivido a la rutina, las reuniones y la presión. Ahora, mereces un descanso... aunque mañana habrá nuevas aventuras. Mantén la sonrisa; es tu mejor arma."

Luna sonrió, sintiendo una mezcla de gratitud y emoción. Nunca había imaginado que un intercambio de mensajes pudiera tener un efecto tan profundo en su estado de ánimo. Por un momento, olvidó la tensión de la mañana y la presión del CEO, concentrándose solo en la sensación de ser comprendida y apreciada.

Guardó la laptop, se puso la chaqueta y se dirigió hacia la salida, con una mezcla de cansancio y satisfacción. La conexión con "E" se había profundizado en unas pocas horas, y aunque aún no conocía su identidad, Luna sentía que algo importante estaba comenzando.

Mientras caminaba hacia el estacionamiento, pensó en lo extraño y emocionante que era sentirse así por alguien que no había visto nunca. La curiosidad, la anticipación y la sensación de ser comprendida formaban un cóctel de emociones que no podía ignorar. Sabía que mañana traería nuevas reuniones, más desafíos y la constante presión de trabajar bajo la mirada de Ethan Del Valle. Pero también sabía que, en algún lugar detrás de la pantalla, "E" estaría allí, esperando con palabras ingeniosas, humor y comprensión, listo para acompañarla en cada pequeño triunfo y cada desafío.

Y mientras Luna abría la puerta del auto, no pudo evitar pensar: ¿Quién eres realmente, "E"? ¿Cuándo descubriré que la persona que me entiende y me hace sonreír podría ser alguien mucho más cercano de lo que imagino?

Con esa pregunta flotando en su mente, encendió el motor y condujo hacia casa, consciente de que algo había cambiado en su rutina diaria. La emoción, el misterio y la conexión emocional con "E" se habían instalado en su vida, y Luna sabía que, paso a paso, mensaje a mensaje, estaba a punto de descubrir algo que podría transformar su día a día para siempre.

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