Capítulo 2
El día había llegado de forma abrupta, como ya era costumbre ahí en Londres (al menos así lo siento yo), su servidor estaba en la cocina preparando algo de desayunar, hot cakes y huevos, era lo poco que no se me quemaba al ponerlo en el sartén, y de las cosas que más disfrutaba cocinar, sobre todo porque yo hacía una "versión americana" del desayuno completo londinense, que no es por presumir, pero a Robert le encantaba.
Tarareaba una canción de Luis Miguel mientras terminaba de cocinar, mi prometido estaba en la habitación terminando de alistarse para ir al trabajo, por lo que yo me apresuré en terminar su desayuno, le serví hot cakes, huevos, tocino, algo de fruta y algunos champiñones también, acompañado de una taza de café, ustedes dirán que era mucha comida, pero el señor Dawson tenía el apetito de una bestia, a veces incluso llegaba a comer más que yo, y aún así, lucía tan esbelto y sexy que me daban ganas de postrarme a sus pies.
Alcé la mirada al oír la puerta de la habitación abrirse, lo pude ver salir de la habitación, con el cabello mojado y ese semblante pensativo que cada día me enamoraba más, terminaba de arreglar su traje mientras caminaba hacía mí, yo lucía andrajoso junto a él, aunque en mi defensa, cualquiera lucía andrajoso junto a Robert.
— Buenos días amor — le saludé cordialmente mientras me acercaba a él para besar sus labios, ya nos habíamos saludado en la mañana, pero igual amaba llenarlo de besos mientras tuviera la oportunidad, tenerlo en casa era toda una bendición para mí — Ya está listo tu desayuno.
— Qué bien — murmuró acariciando mi mejilla y sonriéndome con ternura — Veo que tengo a un lindo chef como mi prometido.
— Solo son hot cakes, tampoco es para tanto — dije con vergüenza mientras caminaba con él a la isla de la cocina, amaba el cómo cada cosa que yo hacía era suficiente para deslumbrar al señor Dawson, era como si quisiera compensar la poca fé que yo tenía en mí mismo.
— ¿Y qué planeas hacer hoy? — preguntó mientras se sentaba y daba un sorbo a su café.
— Creo que limpiaré un poco la casa — me abrumó la mirada burlona e incrédula que me dedicó el señor Dawson en cuanto dije eso — ¡Esta vez sí voy a limpiar!
— Sí ajá, y yo te dejaré pasivearme Ty — dijo cínicamente mientras empezaba a comer, ambos comentarios me hicieron fruncir el ceño de forma considerable — Cariño no hace falta que digas que harás algo solo para complacerme, sé que no vas a limpiar, ya olvídalo ¿sí?
— ¡No puedo darme el lujo de no limpiar hoy! ¡tu familia va a venir! y siempre que vienen Alice examina la casa de arriba a abajo y me juzga por no hacer alguna cosa — Robert rodó sus ojos de forma incrédula al oírme.
— Te he dicho que no hagas caso a lo que te diga Alice, solo trata de incomodarte, no te tomes tan en serio lo que te diga.
— Para ti es fácil decirlo, ¡tú no estás en constante prueba!
— ¿Ah no? ¡trata de negociar con un sujeto en américa, lidiar con tus socios, con tu padre, y también con el socio de tu nuevo negocio, todo al mismo tiempo! y de paso lidiar con los arrebates lujuriosos de tu prometido — dijo mientras me jalaba de las caderas y me hacía sentarme en su regazo, mis mejillas ardieron sutilmente, mientras la frase de "tú ganas" rebotaba por mi mente, pero no quería decirla, darle la razón a Robert era casi tan odioso como tener un erección en público.
— ... Tienes un punto — murmuré de mala gana — Pero igual, quiero ayudarte a limpiar, no es justo que llegues del trabajo a limpiar mis desastres.
— No será necesario — me tomó del cuello para empezar a besarme los hombros — Hoy entrevistaremos a la nueva ama de llaves.
— ¡¿Enserio?! — exclamé algo abrumado — ¡¿Porqué no me dijiste con tiempo?!
— Te lo dije anoche, tontito, después de esa sesión tan cachonda de sexo en mi oficina — murmuró risueño mientras me apretaba las nalgas, le miré con seriedad mientras me cruzaba de brazos.
— ¡Sabes que odio que me digas cosas importantes después del sexo, porque evidentemente estoy más dormido que otra cosa!
— Pues ya lo sabes, así que necesito que estés listo a las 02:00 de la tarde, porque aparté tiempo en el trabajo para que vayamos a las entrevistas.
— ¿Yo iré contigo? — dije con asombro.
— Claro que irás conmigo, tú vives aquí, estás en tu derecho de elegir, además quiero que veas con tus propios ojos a las chicas, ¡porque no quiero que alguna termine siendo excesivamente sexy, y eso haga que el señor "celopatía extrema" empiece a reclamarme por eso! — sonreí de forma incrédula al escuchar las quejas de parte de mi prometido.
— Ja-ja — murmuré tratando de apartarme, pero Robert me apegó más a su cuerpo, acariándome de arriba a abajo — ¿Qué pasa? — susurré con voz suave y sexy, él me sonrió en cuanto dije eso.
— ¿Te he dicho hoy lo mucho que te amo? — preguntó mientras llevaba sus manos bajo mi suéter y empezaba a acariciar mis pezones, sacándome suaves jadeos de placer.
— No, se te ha olvidado por completo — murmuré tomando sus mejillas para besarlo hambrientamente, beso al que mi prometido me correspondió sin dudarlo.
— Te amo, Taylor — susurró entre besos mientras llevaba sus manos a mis glúteos para apretarlos con fuerza.
— Mgh, oye, ten cuidado — dije algo frustrado al apartarme de ese beso, él me sonrió para apretar dulcemente mi mejilla.
— ¿Porqué habría de tenerlo? amas que sea un animal contigo.
— Sí pero... ¡igual ten cuidado! — dije levantándome de sus piernas para caminar al refrigerador, él empezó a reír mientras detallaba cómo yo paseaba semi desnudo por toda la cocina.
— Por cierto, Ty, necesito tu pasaporte y tu identificación — dichas palabras me hicieron alterarme de golpe, voltee rápidamente para ver a Robert con algo de terror.
— ¿D-De qué hablas?
— Ya estoy terminando de organizar tus papeles de residencia, pero necesito tu pasaporte y tu identificación para terminar el proceso — tragué en seco para voltearme y seguir buscando en el refri, sintiendo los pasos lentos de mi pareja acercarse hacía mí — ¿Hay alguna razón por la que no quieras que yo vea tu pasaporte?
— N-Ninguna — mentí, evidentemente había una razón, una muy estúpida en realidad, pero a mí me acomplejaba bastante, sobre todo con lo mal nacido que era mi pareja — E-Es solo que... n-no recuerdo dónde están.
— ¿No recuerdas dónde están tus documentos? — preguntó de forma incrédula, yo le miré sonriente mientras me mordía el labio inferior.
— S-Sí, e-es que soy un desastre ambulante, lo lamento cariño, te prometo buscarlos y tenerlos listos ¿de acuerdo? — Robert me miró algo estresado cuando dije eso.
— Los necesito para el jueves, Taylor.
— ¡Los tendrás para entonces! solo déjame revisar entre mis cosas ¿de acuerdo?
— ¿Entre tus cosas o entre tu nido? — preguntó con seriedad mientras se cruzaba de brazos y me miraba severamente — Tienes un desastre en la habitación, Taylor, y creeme que no quiero reclamarte por ello, pero empieza a ser un problema que pierdas documentos importantes por culpa de tu desorden — agaché con vergüenza la mirada al oírle, él tenía un punto, no podía objetar o hacerme el mártir, porque no lo era, aunque lo del pasaporte era una mentirilla blanca para ocultar mi identificación, no quería que Robert me siguiera viendo como un sucio.
— Tienes razón, cuando terminemos nuestras obligaciones empezaré a limpiar mi desorden — dije sonriendo calmadamente, Robert me tomó de la barbilla para acariciarme con ternura, mi mirada y la suya se detallaron fijamente, sus bellas joyas azules me miraban con ternura, a pesar de regañarme hace unos segundos, ellas me mimaban y me consentían, esas miradas que Robert me dedicaba me hacían sentir en las nubes, me hacía sentir tan amado, que una sonrisa se dibujaba en mi rostro por inercia — Te amo.
— Y yo a ti — dicho esto, me tomó de las mejillas para besarme con ternura, aferrándose a mi cuerpo como si no quisiera dejarme ir.
— Debes irte — susurré con pesar, odiaba cuando se hacía hora de despedirnos.
— Lo sé — murmuró apegándome más a su cuerpo, para cargarme entre sus brazos y seguir besándome de forma hambrienta — Solo cinco minutos.
— Robert — gimotee entre besos mientras mi pareja me guiaba al sofá, para acostarnos en este mismo y empezar a besar y acariciar mi cuerpo de arriba a abajo, y de la nada, empezar a frotar su intimidad contra la mía, sacándome gemidos roncos de desespero.
— Quédate quieto — me dijo al oído mientras seguía sus movimientos lentos, mis ojos se cristalizaron de lo mucho que me estaba desesperando, moría porque Robert me quitara la ropa y me follara ahí mismo, pero repentinamente, él se apartó de mi cuerpo, y me dedicó una maliciosa sonrisa que me hizo gruñir con odio.
— ¿Qué pretendes? — dije entre jadeos, él me tomó de la barbilla para hacerme verlo fijamente a los ojos.
— Me encanta que te calientes tan rápido — susurró acariciando mis labios con su dedo pulgar — Considéralo un regalo, así te podrás entretener tocándote en cuanto me vaya.
— ¡Eres un infeliz! — gruñí de mala gana, Robert me sonrió mientras se agachaba para volver a besarme con deseo.
— Tranquilo gatito, cuando vuelva te compensaré el dejarte así.
— Espero que sea una buena compensación — dije entre gruñidos de molestia, Robert sonrió para apretarme un poco la mejilla.
— Creeme, será una compensación estupenda — dicho esto, miró la hora en su reloj, suspirando con algo de frustración — Debo irme ya, Ty.
— P-Pero casi no comiste — dije levantándome del sofá.
— Empacaré la comida y terminaré de comer en la oficina — suspiré con frustración al oírle — Tranquilo cariño, ¿porqué no te pones unos jeans para acompañarme a la puerta?
— Bien — dije haciendo un puchero para caminar a la habitación que compartía con mi pareja, algo entre mis piernas palpitaba de forma muy incómoda, odiaba cuando Robert jugaba a ser chistoso conmigo y con mi pene, y lo peor del caso era que cuando yo le devolvía el favor, él se desquitaba con creces.
-
Salimos juntos de nuestro hogar, caminaba tomado de la mano con mi prometido, disfrutando la brisa del frío Londres, cuyas calles me seguían causando algo de inquietud luego de ver tanta literatura de misterio y de asesinos en serie, era masoquista leer ese tipo de cosas, pero ¿qué quieren que diga? yo soy el rey del masoquismo.
— Recuerda, vendré a las 02:00 a buscarte para ir juntos al café, por favor arréglate con tiempo Ty ¿de acuerdo? — dijo mirándome atentamente, yo sonreí por inercia al oírle.
— Claro que estaré listo.
— Eso incluye bañarte, cielito — Robert empezó a reír al ver cómo yo me quejaba sutilmente al oír sus palabras.
— Dah, ¿porqué tanta fijación por bañarme? es ilegal bañarse con un clima así.
— También es ilegal oler a mandril, cariño.
— ¡Yo no huelo a mandril! — dije con seriedad, Robert empezó a reír a carcajadas al oírme.
— Mandril o no, te amo — decía mientras me tomaba de la cadera y me besaba con dulzura, correspondí a esos cálidos besos mientras acariciaba su cuello suavemente, ¿he dicho cuánto amo los besos de este hombre?
— Ten un lindo día, mi amor — dije entre besos mientras él me apegaba más a su cuerpo — Cálmate — le pedí entre suaves risas a las que él me correspondió.
— Qué escena tan sexy — habló una voz femenina que ambos conocíamos de sobra, por lo que volteamos la mirada mientras un leve hilo de saliva mantenía unida mi lengua y la de mi prometido, topándonos en seco con un par de ojos verdes que conducían un bello auto de último modelo.
— ¿Ya desde tan temprano estás de metiche, Yel? — dijo Robert de forma algo tosca y estresada, no era primera vez que Yelena nos interrumpía a mitad de una ronda de ardientes besos, yo lo dejaba pasar, pero mi pareja no tanto.
— No es mi culpa que ames las demostraciones de afecto públicas — dijo ella entre risas irónicas, para voltear a verme y saludarme alzando una de sus manos, saludo al que yo le correspondí — Vaya Ty, hoy luces divino.
— ¿Tú crees? — pregunté algo apenado mientras arreglaba mi cabello, no veía lo "divino" por ningún lado, yo solo me sentía gordo, gordo y caliente.
— Sí, si no tienes cuidado alguien te lo va a robar, Boby — dijo Yelena entre sutiles risas, haciendo a Robert reír de forma notoriamente incrédula.
— Jaja, ¿no sabes algún otro chiste de mal gusto?
— No seas grosero — le dije acercándome al auto igual que ellos — Solo es un chiste, cariño, nadie me hará querer dejarte.
— Es por eso que te amo — murmuró volteando para darme un último beso, y acto seguido, subirse al auto de Yelena para ir juntos al trabajo, últimamente se iban juntos, pero Robert mandaba buscar su auto en la tarde para volver a casa, yo veía eso como algo rebuscado, pero si ellos lo hacían, debía ser porque se sentían más cómodos así.
En cuanto ambos se fueron, yo me quedé observando aquella hermosa calle donde vivía, las personas transitaban tranquilamente, el ambiente era tan liviano y hermoso que me daba ganas de pasar la tarde entera sentado en la puerta viendo a la gente pasar, pero tenía cosas que hacer, como todo buen adulto funcional, pero primero, cierto cosquilleo que sentí en mi espalda me hizo recordar algo que mi pareja me dejó pendiente, algo que me hacía castañear los dientes de la rabia y la frustración.
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Creerán que el constante sexo y los ratos a solas con el señor Dawson me quitaron mi "antigua táctica para bajarme el estrés" y en cierta forma sí lo hicieron, pero, ahora que pasaba el día solo, dicho hábito empezaba a volver de a poco, Robert lo sabía, casi siempre me molestaba por eso, y a mí me seguía dando mucha vergüenza, pero ¿qué quieren que les diga? soy hombre, y es difícil ignorar ciertas cosas que te pide tu cuerpo.
Estaba acostado en el sofá de la sala, usando solo el suéter gris de mi prometido (era mi favorito, por eso lo usaba tanto), jadeaba de forma ronca mientras masajeaba mi cuerpo de forma lenta, quería terminar eso rápido, pero al mismo tiempo, quería gozarlo lo más que pudiera, para castigar a Robert en la noche negándole el sexo, era estúpido si quiera creer que lo lograría, pero valía la pena intentarlo.
— Robert — chillé extendiendo las piernas, mi pareja era la principal inspiración de mis ratos a solas (evidentemente), recordar su cuerpo, su mirada cautivadora, su ronca voz que acariciaba mi sentidos cuando me hablaba al oído durante el sexo, me hacían muy difícil la tarea de aguantar más de cinco minutos.
Como todo un pecaminoso de primera, me puse boca abajo para usar mis dedos de forma muy vergonzosa, logrando sacarme jadeos de dolor y algo de placer, no entendía porqué estaba tan necesitado, si tan solo la madrugada anterior me habían hecho el amor de forma muy apasionada, pero aún así, mi cuerpo necesitaba más, más pasión, más del señor Dawson.
Repentinamente escuché el ruido de mi celular de fondo, eso me hizo jadear sutilmente, pero justo cuando iba a levantarme, sin querer mis dedos llegaron más allá de lo planeado, y un fuerte gemido escapó de mis labios, al igual que mi semilla escapaba de mi cuerpo y manchaba el sofá.
— ¡Robert! — susurré mientras me retorcía un poco en el sofá, tratando que dicha sensación se pasara rápido para poder ir por el celular, y cuando esos siete u ocho segundos de gozo abandonaron mi cuerpo, la asquerosa imágen del sofá manchado, hicieron que un jadeo de horror saliera de mis labios mientras yo me levantaba de golpe — ¡No puede ser! — me quejé mirando aquel desastre, hasta que la voz de Luis Miguel me hizo recordar que alguien me hablaba por teléfono.
Corrí para tomar el objeto en cuestión, me aterró ver el identificador de llamada, se trataba de mi suegra, no me aterraba hablar con ella, sino que me aterraba pensar que me llamaba para avisar que ella y sus hijos llegaron antes y estaban abajo tocando la puerta, yo estaba semi desnudo en la sala y acababa de manchar el sofá, ¿realmente creen que quería recibir visitas en ese preciso momento?
— ¿Hola? — hablé tratando de que mi voz sonara normal, aunque seguía un poco agitado por lo que acababa de hacer, lo sé, mi yo del pasado da mucha vergüenza, mi yo del presente es un poco menos "corriente" aunque sigo teniendo mis momentos de vez en cuando.
— ¡Hola Taylor! me alegra mucho oírte, ¿estabas ocupado querido?
— Ehh... ¡n-no, para nada! — dije mientras me acercaba al sofá para ver de nuevo el desastre que hice, yo planeaba cubrir mis partes cuando el "momento llegara" pero evidentemente oír el teléfono me hizo despistarme por completo y manchar todo el sofá, precisamente la noche que no debía mancharlo — ¿Está todo bien, Catherine?
— Sí querido, todo bien, solo llamaba porque Robert no me contesta el celular, y quiero hablarte de algo maravilloso.
— De acuerdo, te escucho — dije algo dudoso mientras me sentaba de vuelta en el sofá y cubría mis partes con un cojín, me incomodaba hablar por teléfono con mi suegra mientras mi hombría estaba expuesta.
— Verás tesoro, mi hijo George planea renovar sus votos matrimoniales próximamente, y desean que la recepción y todo eso se haga en una cabaña nevada a la que vamos de vacaciones en familia casi siempre.
— Oh, entiendo — murmuré mirando de reojo la mancha blanca en el cojín, moría por ir corriendo a limpiarla, el problema era que yo no tenía idea de cómo hacerlo, ¿les dije que yo no soy un limpiador obsesivo a diferencia de mi prometido, verdad?
— La cuestión es, cielo, que quiero que tú y Robert vayan también a ese viaje — mi sangre se heló en cuanto escuché las palabras de mi suegra, un viaje vacacional rodeado de todo el clan Dawson, pensar en ello hacía que mi cuerpo temblara como nunca, principalmente porque ya imaginaba a John y Alice empujándome desde la cima de la montaña para después ir a conseguirle nueva novia a Robert, llámenme paranóico, pero de la familia de mi prometido ya esperaba lo que sea.
— ¿Q-Qué? — titubee colocándome de pie — ¿E-Estás segura Catherine?
— ¿Porqué no habría de estarlo? — habló con aquel tono de voz tan suave y sutil — Quiero que tomemos estos días para unirnos más como familia, y para que tú te integres más a nuestras costumbres familiares, de todos modos, tú también eres parte de la familia, Taylor.
— E-Es en verdad un gesto muy dulce, pero... ¿e-está bien que vayamos? d-digo... Robert tiene mucho trabajo — murmuré tomando el trabajo de mi pareja como excusa, como el perfecto cobarde que siempre he sido, aunque en cierto modo mis palabras no eran erróneas, Dawson y yo nos cohibiamos mucho de salir y hacer demás cosas por culpa de su trabajo, era obvio pensar que si no podía tomarse media tarde para ir al cine, o media hora para tener sexo, desde luego que no iba a poder tomarse un fin de semana, o una semana entera para vacacionar en la nieve, o al menos eso fue lo que yo creí.
— ¡Oh, tonterías! hablaré con él para convencerlo, no es posible que deje pasar una oportunidad así solo por esa odiosa empresa, siempre discuto con él por su obsesión con el trabajo, "¡la vida no está en ese escritorio!" es lo que siempre le digo, ¡y mi hijo sigue obsesionado con su trabajo! idéntico a su padre.
— Solo trata de tener todo bajo control, en verdad lo compadezco, el pobre luce exhausto.
— ¡Con más razón debes convencerlo de ir, Taylor! le vendrá bien descansar, y les vendrá bien a ambos para que pasen más tiempo juntos, porque estoy segura de que su exceso de trabajo ha disminuido también el tiempo que pasa contigo, ¿no es así?
— Emmm... n-no del todo — murmuré dudoso mientras me mordía el labio inferior, no me parecía correcto quejarme sobre mis problemas "maritales" con mi suegra, apenas y lo hablaba de forma abierta con Mónica y Yelena (principalmente porque esta última me forzaba a contarle, y si no lo hacía yo, desde luego iba a sacarle información a mi prometido).
— Cariño, tengo cuarenta años casada con un hombre adicto al trabajo, no hace falta que trates de esconderme lo que pasa — dichas palabras me hicieron suspirar con pesadez, la frase "cuarenta años" rebotaba por mi mente con fuerza, me asombraba de forma bestial, toda una vida, toda clase de vivencias, Robert y yo apenas llevábamos casi dos meses viviendo juntos, y yo ya empezaba a cuestionarme si mi pareja toleraría pasar otros dos meses más a mi lado, y fue ahí donde me pregunté "¿cómo logras llegar a veinte años junto a otra persona?" ¿cuánto de ti mismo debes sacrificar para que la otra parte se sienta bien, o cuánto debe sacrificar la otra parte para que tú te sientas bien? dicho cuestionamiento me mareó bastante, y me hizo gruñir con molestia, ¿porqué siempre debía buscarle las cinco patas al gato cuando de mi vida con Robert se trataba?
— Pues, admito que Robert últimamente llega muy tarde a casa — susurré rascándome la nuca — Y apenas hablamos cuando vuelve, pero... y-yo no me enfoco en eso — mentí, de forma un poco torpe pero logré mentir; realmente trataba de ser fuerte para mi pareja, pero la vida de ensueño que imaginaba con él, pasar día y noche juntos, era una fantasía boba que hacía que mi pecho doliera, y que la frase "afronta la realidad, niño idiota" apareciera en mi mente cada que Robert decía que llegaría tarde, yo estaba consciente desde el princípio de que pasaría mucho tiempo solo en casa, y era frustrante, pero no quería darle más dolores de cabeza a mi pareja.
— Ay cielo — murmuró con ternura, aunque logré notar un ligero tono lastimoso que me causó un escalofrío desagradable — Descuida, me aseguraré de convencer a Robert para que vayan a ese viaje y tengan un tiempo de calidad juntos.
— P-Pero Catherine—
— ¡Uy, lo siento cielo, debo colgar, te veo esta noche! — dicho esto, mi suegra colgó abruptamente el teléfono, dejándonos solos a mí y a mi miedo por saber la reacción de mi prometido, "va a matarme" pensé al imaginar que, al usar mi suegra la artimaña de que él y yo debíamos pasar más "tiempo de calidad juntos" Robert de inmediato creería que yo me estuve quejando de mis largos ratos de soledad, y eso evidentemente haría que Dawson se enojara muchísimo con su servidor, quien no dejaba de temblar mientras miraba a los lados sin saber qué hacer.
— Robert me va a matar — murmuré con frustración mientras me sentaba de vuelta en el sofá, mirando el techo de la sala, techo que yo detallaba cuando mi pareja me follaba en el sofá, pero eso había pasado hace tiempo, ahora solo lo detallaba en busca de alguna solución viable, como si un espacio inmobiliario fuera a resolver mis problemas, el yo del pasado era bastante crédulo, pero creo que ya se dieron cuenta de eso.
Capítulo 3
— Creo que te preocupas de más, Ty — habló la voz de mi conciencia a través de mi celular, celular que estaba sobre la mesa de centro con el altavoz activado, debido a que yo estaba ocupado tallando el sofá con una esponja para quitar las manchas que mi semilla dejó sobre el mueble en cuestión, manchas que no se lograban quitar en absoluto, doy gracias a Dios por no ser heterosexual, de serlo sería ese tipo de hombres que a la primera metida ya embaraza a la mujer, no tengo duda alguna de ello.
— ¡¿Preocuparme de más?! ¡Mónica serán días rodeado de las personas que claramente confesaron odiarme por salir con Robert! ¡¿crees que mis preocupaciones son exageradas?! — reclamé tallando el sofá con algo de fuerza, me preocupaba que la mancha no se lograba quitar del todo, maldigo el sémen y su habilidad de ser muy difícil de quitar, Robert tiene trajes carísimos que tuvo que guardar por mucho tiempo por culpa de manchas de lujuria que no lograron quitarse tan fácilmente.
— Ty, Ty, primero que todo cálmate ¿de acuerdo? — dijo ella mientras yo tomaba aire, aún me cuesta comprender el don innato que ella siempre ha tenido para ayudarme a controlar mis impulsos, claro, existen ocasiones en las que ni siquiera Mónica me logra calmar, pero ya es porque mi nivel de sociopatía es demasiado agudo para ser controlado — La madre de Robert es quien te está invitando, ¡la matriarca Dawson! dudo mucho que ella deje que sus hijos y su esposo te hagan algún desplante; además, tenía entendido que solo Alice y el padre de Robert son los que siguen enemistados contigo.
— Así es, pero ¿quién sabe? Robert dice que George cambia de opinión muy rápido, y sabe que su hermano todavía no se toma enserio eso de que Robert sea bisexual, de hecho, siento que nadie lo toma enserio.
— Su madre lo hace, y eso ya es ventaja para ti.
— ¡Ya lo sé! — clamé algo frustrado — ¡¿Pero y si eso no basta?!
— ¡Taylor tú mismo dijiste que esa mujer controla a esa manada de sujetos pelinegros! ¡¿entonces porqué estás tan angustiado?!
— Es que... s-será primera vez que viajo con ellos, ¡que formaré parte de la familia Dawson de manera oficial! ¿y si no logro actuar acorde a la situación? ¿o-o avergüenzo a Robert frente a su familia?
— Ty, Robert adora cómo eres, ¡adora que seas totalmente opuesto a su familia! ¿qué no deberías estar tranquilo en ese aspecto?
— Esto es diferente, Moni; su hermano renovará sus votos matrimoniales, ¡es un evento muy elegante! ¡yo ni siquiera sé ponerme una maldita corbata! — exclamé tallando con más fuerza el sofá, aunque repentinamente mi sangre se heló al oír cómo alguien subía las escaleras del pasillo, y dado que solo dos personas teníamos llave de esa casa, me fue fácil adivinar quién era.
Brinqué de mi sitio para tomar mi celular y quitar el altavoz.
— Llegó Robert, luego te llamo — dije rápidamente para después colgar el teléfono y dejarlo ahí tirado, me puso muy nervioso darme cuenta de que ya era hora de irme con Robert, y yo ni siquiera me había duchado por andar tratando de limpiar el sofá, mi prometido iba a matarme.
— ¡Amor, ya vine! — exclamó al llegar al salón, me agaché para que no me viera, mi plan era ir hacía la habitación y fingir que estaba saliendo de la ducha, pero obviamente lo que yo traté de hacer fue totalmente en vano, ya que las pisadas de Robert se acercaron al sitio donde yo estaba, y al hacerlo, él se quedó mirándome con expresión confusa, incrédula, y un tanto frustrada.
Alcé la cabeza sonriendo con nerviosismo, no sabía qué decir para justificarme, sobre todo porque mi prometido lucía muy frustrado, y con justa razón, él amaba la puntualidad, y yo era un ser jodidamente impuntual.
— ¿Taylor qué carajo haces ahí tirado en el suelo?
— Emmm — me levanté con cuidado del suelo, pensando qué decir para salvarme del regaño que iban a darme — Pues, verás, es una historia curiosa...
— Espero que sea suficiente para justificar ¡que ya es hora de irnos y ni siquiera te has ido a duchar!
— ¡Por supuesto que lo justifica! — dije riendo de los nervios, suspiré mirando a los lados de la habitación — Tu madre me llamó.
— Jaj, ¿a ti también te llamó? — preguntó entre risas incrédulas, eso me hizo calmarme, ya que asumí que su enojo no se debía totalmente a mi impuntualidad, probablemente sí tenía algo que ver, pero no fue el principal detonante, por suerte para mí — ¡"Vengan a pasar una semana en familia con nosotros, olvidando por completo que queríamos correr a tu prometido y quitarte tu parte de la empresa!".
— Veo que la idea no te agrada.
— Taylor tú sabes bien que sigo enojado por todo lo que pasó, si no fuera por mamá yo apenas y le dirigiría la palabra a George y Alice, ¡y a mi padre ni siquiera lo tomaría en cuenta! pero como siempre, mamá lucha por mantenernos unidos a pesar de todo — murmuró caminando al refrigerador para sacar una pequeña jarra con agua y un vaso de vidrio — Solo pensar lo que podrían hacer mientras estamos allá, creeme, no quiero ni imaginarlo.
— ¿Te preocupa que te digan algo?
— Me preocupa que te digan algo a ti, que eso me haga enojar, y terminemos peleando y por consiguiente, arruinando la segunda boda de George — afirmó con frustración mientras volteaba a verme con atención — Cariño, no es igual una cena juntos cada quince días, a convivir todos en una cabaña en las montañas, son cosas totalmente distintas.
— Eso lo entiendo amor, pero... no lo sé, tu madre sonaba muy entusiasmada con que fuéramos.
— Lo sé, dijo que es mi obligación como pareja ir y pasar más tiempo de calidad contigo — afirmó de forma tosca, haciéndome sentir un horrible escalofrío en mi cuerpo, él dio un sorbo a su vaso de agua para verme con atención y preguntar — ¿Le has dicho algo a mamá sobre nosotros?
— E-Ella me preguntó cómo hemos estado, ¡p-pero yo no me he quejado en absoluto!
— No quiero regañarte, Ty — dijo un poco más calmado mientras dejaba el vaso de lado y se acercaba hacía mí para acariciarme la mejilla suavemente — Pero no me gusta que te guardes lo que sientes, si estás incómodo por algo sabes que puedes decírmelo.
— ¡Y claro que te lo digo! e-es que tu madre asegura que tu exceso de trabajo nos está haciendo daño — titubee mirando a otro lado.
— ¿Y tú piensas eso también? — tal pregunta me hizo quedarme helado, no tenía idea de qué responder, la mirada de mi prometido era dulce, tan gentil como siempre, seguramente le dolía dejarme solo, siendo así ¿cómo podía yo ser tan desalmado y seguir quejándome de mi soledad? se notaba que a él también le estaba doliendo pasar tanto tiempo alejados el uno del otro.
Tomé sus mejillas con cuidado, sonriéndole con ternura y mirando fijamente sus hermosas piedras azules.
— Si te soy honesto, me pone muy nervioso pasar tanto tiempo con tu familia, pero... siento que deberíamos aprovechar esta excusa para que te libres un poco de tanto trabajo, y podamos pasar tiempo de calidad juntos, ¿no crees?
— Lo sé, y creeme que la idea de hacer el amor en una cabaña me fascina — murmuró pegando su frente con la mía — Pero si Alice o papá te dicen algo—
— Tu madre se va a encargar — dije entre sutiles risas — No lo sé, amor, tal vez nos estamos preocupando de más, deberíamos confiar en ella y en su promesa de que todo estará bien, es decir, ella conoce nuestra situación, y si en verdad insiste en que vayamos, debe ser porque va a controlar a tu familia.
— Es un buen punto — murmuró tomándome de los muslos para pegarme a su cuerpo — ¿Quieres ir conmigo de vacaciones, cariño?
— La pregunta ofende — dije entre risas mientras me apegaba más a él para darle un hambriento beso de lengua, beso al que mi prometido correspondió sin dudarlo.
— ¿Ahora me quieres explicar porqué no te has duchado aún, señorito impuntual?
— Te vas a enojar si te lo digo — murmuré mirando a otro lado con vergüenza.
— No me voy a enojar, Taylor, pero ya dímelo — le miré algo dudoso, hasta que repentinamente pensé algo que lograría salvarme de burlas y regaños.
— ¡Claro, es que no puedes enojarte, porque tú fuiste el responsable de lo que pasó! — exclamé señalando a mi prometido con mi dedo índice, logrando que él me mirara con extrañeza y mucha curiosidad.
— ¿Perdona?
— ¡Tú fuiste el que se puso de calenturiento en la mañana y me dejaste con un problemón que tuve que resolver! ¡y por el que sin querer terminé ensuciando el sofá! — pucheree mirando a otro lado con vergüenza, Robert me miró un rato sin saber qué decir, hasta que finalmente dejó escapar una carcajada que me dio ganas de estrangularlo.
— ¿Estás diciendo que pasaste todo este rato, intentando limpiar el sofá?
— ¡Dilo sin sonar como un maldito condescendiente, Dawson! ¡¡todo fue por tu maldita culpa!!
— No, tengo que ver esto, déjame ver — caminó entre risas hacia el sofá, yo caminé tras él con los brazos cruzados y semblante frustrado — Dios santo, vaya que lo manchaste.
— ¡Deja de reírte! — me quejé entre gruñidos de molestia.
— Ensuciaste el sofá, Taylor, yo tendré que limpiar esto, mínimo déjame reírme — mis mejillas enrojecieron totalmente de la vergüenza, oír a Robert reír mientras tomaba el cojín y lo volteaba como si nada, me hacía sentir más sucio que nunca — Dios, ¿de cuántas cosas me perderé al día por estar en la oficina?
— ¡Y-Yo no hago tantos desastres! — me quejé mirando a otro lado, aunque bajé la guardia al sentir cómo se me acercaban para tomarme de las caderas y empezar a besarme el cuello.
— Y pensar que hice que mi chico manchara el sofá, debiste excitarte mucho para lograr eso.
— Robert — gimotee echando la cabeza hacía atrás — N-No empieces por favor.
— ¿No empiezo a qué? ¿a hacerte manchar el sofá?
— Maldito — susurré con frustración, él sonrió para volver a besarme con deseo, jalándome rumbo a la habitación donde dormíamos.
— Creeme que si no tuviéramos un compromiso pendiente, te haría manchar ese sofá por completo.
— ¿Osea que no vamos a coger? — pregunté un tanto decepcionado, mi novio sonrió para guiñarme el ojo, y en cuanto llegamos a la habitación, empezó a quitarme la ropa.
— Me temo que no, mi cielo, bueno, no por ahora — comentó quitándome el suéter y doblándolo con cuidado — Vas a darte una ducha para irnos.
— ¿Y planeas ducharme tú o qué? — pregunté de forma incrédula y risueña, pero ver la sonrisa cínica en la cara del señor Dawson, me hizo quedarme helado de repente.
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— ¡Hey, dejaa! — me quejé al sentir cómo me tallaban el cabello como si de un perro se tratase, escuchando detrás de mí las risas del señor Dawson.
— Típico de un gato que odia ducharse — dijo burlón mientras seguía aplicando shampoo sobre mis rizos.
— Mimimi, "soy perfecto y pulcro porque yo sí me baño" — le remedé de mala gana, quejándome con fuerza al sentir cómo me nalgueaba y se apartaba un poco de mí — ¡¡Aay maldito!!
— Supongo que esta parte sí te va a gustar — dijo juguetonamente mientras se aplicaba jabón en las manos, había recogido las mangas de su camisa y su cabello estaba atado en una coleta de caballo, todo para impedir que yo lo mojara de más, aunque parecía que mojarse no le importaba, porque se metió conmigo a la ducha.
— ¿Sabes que exageras con todo esto? — dije con frustración al ver cómo se acercaba a mi cuerpo con el jabón — ¡No soy un niño ni un perro, puedo bañarme solo!
— Prefiero hacerlo yo, cielito — susurró en mi oído para darme un beso en la mejilla, todo mientras empezaba a acariciar mi cuerpo con sus manos llenas de jabón, sacándome suaves jadeos de incomodidad.
— S-Si querías una excusa para coger, ¡pudiste hacerlo sin untarme de jabón, maldición!
— Shhh — me calló para seguir explorando mi cuerpo de arriba a abajo, la forma en que me tocaba era un poco brusca, pero al mismo tiempo, muy suave y cariñosa — Me gusta esto.
— ¿Burlarte de mí? — dije con frustración.
— No, consentirte — murmuró divertido para volver a besar mi mejilla.
— ¡Bueno ya! — me quejé al sentir cómo sus manos tocaban mis testículos — ¡Yo puedo terminar esa parte!
— ¿Porqué te avergüenza que te toque ahí? he hecho cosas peores con ese par, y lo sabes.
— ¡"Ese par" son muy sensibles para que tú quieras venir a jugar con ellos! — exclamé mirando con molestia a mi prometido, quien rodó sus ojos con diversión.
— Como digas, igual ese par me adoran, sobre todo adoran a mi lengua — sonrió sacándome la lengua, dicho gesto me hizo ruborizar por completo, pero solo me limité a voltear la mirada y disponerme a sacar el jabón de mi cuerpo, sintiendo la pesada mirada del señor Dawson recorriendo mi piel.
— ... ¿Vas a vigilar que me duche bien? — pregunté de mala gana mirándole de reojo.
— ¿Te molesta que mire el cuerpo de mi prometido? — sonreí apenado cuando dijo eso, amaba cuando me decía "mi prometido", me derretía el corazón por completo.
— No, solo me fastidia un poco, digo, podrías estar haciendo otra cosa.
— Cierto, tienes razón — dicho esto, empezó a desabrochar su pantalón, cosa que me hizo abrir los ojos por completo, pero ver cómo él empezaba a reír me hizo observarle con frustración.
— ¿Sabes? a veces eres todo un cretino.
— Lo sé, pero lo más gracioso es que manchaste el sofá pensando en este cretino.
— Deja de creerte la gran cosa solo porque me haces gemir — dije tratando de sonar egocéntrico, pero nuevamente, mis intentos por ser un desgraciado fueron frustrados cuando el verdadero desgraciado de la relación me dio un duro golpe contra mis glúteos — ¡¡¿Podrías golpearle el trasero a otro imbécil que no sea yo?!!
— ¿Osea que puedo tocar el trasero de alguien más?
— ¡¡¡Lo haces y te corto los dedos, Robert Dawson!!!
— Tu lógica me confunde, cariño — tomé la barra de jabón y la arrojé al cuerpo de él, pero Robert logró esquivarla y soltar una fuerte carcajada al oír los gritos e insultos que di contra él después de eso, creerán que fue un momento bobo, pero eran ese tipo de momentos los que tanto hacían memorable nuestra convivencia, por más chocantes que pudieran tornarse de vez en cuando.
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Luego de terminar de bañarme finalmente, me vestí y salí con Robert de casa, sintiendo el hermoso viendo de Londres mover mi cabello recién lavado, amaba las tardes inglesas, los atardeceres no eran tan pintorescos como en casa, pero eso no les quitaba su belleza en absoluto.
— Veinte minutos tarde — dijo Dawson mientras entrábamos al local, yo le miré con frustración en cuanto dijo eso.
— ¡A la próxima no quieras ponerte de juguetón conmigo y con mi pene si vas a trabajar! — dije sonriendo de forma cínica, él soltó una ligera carcajada mientras nos sentábamos en una de las mesas junto a la ventana, alcé mi mano para saludar a Richard y a Page, de vez en cuando me invitaban a salir, yo no aceptaba porque me preocupaba hacer el ridículo con el alcohol, y en cierta forma, me avergonzaba la forma en la que me veían desde que supieron que Robert era mi pareja, sobre todo Page, sentía que me veía como un "mimado" o algo por el estilo.
— Qué raro, aún no llega nadie — dijo Robert mirando la hora en su reloj — ¿Será que llegamos tarde?
— No lo creo — comenté calmadamente, rezando porque llegara alguien pronto, ya que si llegaba a ser cierto que las chicas se fueron de tanto esperarnos, Robert iba a reprochármelo hasta el hartazgo.
— Disculpe — murmuró una chica rubia que se acercaba a nosotros con un currículum entre manos, no me llamó la atención su sonrisa tímida o su semblante tranquilo, fueron ese par de melones que casi salían a saludar los que me hicieron abrir los ojos casi por completo — ¿Ustedes son los que solicitaron una chica de limpieza?
— Los mismos — afirmó mi prometido con esa galantería suya, yo trataba de lucir sereno, pero presentía que mi lado celópata iba a salir a flote pronto.
La chica se sentó frente a nosotros, sonriendo y respondiendo las preguntas que Robert le iba haciendo, lo dejé tomar el liderazgo de dicha entrevista porque evidentemente él conocía los parámetros que debía seguir una empleada, yo solo preguntaría algo como "¿sabes usar la lavadora y el microondas?" y ya con dichas respuestas les daría el empleo sin dudarlo.
— ¿Es tu primera vez trabajando de forma doméstica?
— No, ya vengo recomendada de varias familias con las que trabajé — asintió ella de forma muy entusiasta, casi me logró conmover, pero cada que su cuerpo hacía algún gesto, la silicona en su pecho se movía más que las placas tectónicas en Costa Rica, y no me di cuenta de que estaba viendo demasiado ese par de balones redondos y firmes, de no ser por un ligero golpe en mi pierna que mi pareja me dio por debajo de la mesa, dicho golpe me hizo reaccionar y ver fijamente los ojos de esa chica.
— ¿Vives cerca del centro?
— Vivo un poco alejada, pero mi novia puede ir a recogerme.
— Perfecto — dijo Robert con cordialidad — ¿Trabajas a tiempo completo?
— Emm, no, solo medio día — dijo algo apenada — Es que soy estudiante de medicina y eso me quita mucho tiempo.
— Vaya, ¿estudias medicina? — preguntó Robert mirándome de reojo, era odioso que cada vez que alguien decía "medicina" Robert me miraba con seriedad, porque yo dejé de leer mis libros hace tiempo, y pese a que accedí a regresar a la universidad, le había dado muchas largas a mi reingreso, aunque me ha ayudado que Robert todavía no terminaba lo de mi ciudadanía (obviamente porque yo no le entregaba mi pasaporte, no para retrasar mis estudios, solo quería ocultar cierto dato personal muy vergonzoso).
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— No lavo ropa — afirmó una chica de cabello negro que llegó luego de la rubia, yo la miraba algo divertido, ¿quién en su sano juicio pedía trabajo doméstico, y se hacía la ruda para rechazar labores típicas del trabajo?
— Bien — dijo Robert algo pensativo mientras leía su currículum — ¿Tienes experiencia?
— No, solo quiero algo que me mantenga ocupada y no deba ir a ver a mis padres — dijo rodando sus ojos cínicamente, parpadee un par de veces al oírle, no estaba seguro de si lo que ella decía era un chiste o era en serio.
— ¿Sí sabes que este es un trabajo en serio, verdad? — dijo Robert.
— ¡Ay obvio! pero solo debo estar ahí cuidando la casa mientras ustedes trabajan ¿no? — Robert y yo nos miramos sin saber qué decir, mi respeto por la juventud londinense empezó a decaer desde ese instante.