Capítulo 2

Tyler Donovan , era un exitoso empresario, de cabello castaño claro que casi rayaba en dorado, sus ojos ambarinos parecían brillar y encenderse cuando llevaba a cabo una de sus conquistas o, cuándo hacia el amor, pero brillaban con la misma intensidad cuando se paraba frente a su amante de turno y le decía que todo había terminado, no era un hombre de relaciones largas y odiaba que las mujeres se pusieran a llorar, inventaran excusas para retenerlo a su lado, nunca le había mentido a ninguna mujer, desde el inicio dejaba claro cuáles eran las reglas de juego, desde que había experimentado la traición tomó la decisión de que nunca más se entregaría a nadie.

Nunca más una mujer disfrutaría de aquel hombre tan idiotamente enamorado, romántico y estúpido que había sido, lo que jamás podría negarles era el placer que su cuerpo podía otorgarles, así que si placer querían él era precisamente el más indicado para ello, pero si buscaban sentimientos, compromisos, matrimonio, una casa, un marido e hijos pues, les señalaba la puerta y les deseaba buena suerte. Él, Tyler Donovan, no estaba dispuesto a ofrecer nada más allá del placer sexual.

Las estúpidas revistas de corazón, la prensa y el mundo mediático le conocía como " EL SEÑOR FUEGO" no solo por arrasar en los negocio, sacar el mayor provecho e incrementar su fortuna, sino porque solía salir con muchas mujeres diferentes, nunca salía más allá de cuantas semanas con la misma mujer, unos lo admiraban por ser tan sexy y seductor además de por pasearse con las mujeres más hermosas; empresarias, modelos, glamurosas herederas, no tenía gustos definidos; morenas, rubias, pelirrojas, pero así como muchos le admiraban otros le odiaban y le tildaban de "rompecorazones" cuando muchas de aquellas mujeres otorgaban entrevistas a programas o revistas del corazón y terminaban llorando frente a la pantalla, allí le odiaban y lo trataban de despiadado, pero la verdad es que poco le importaba. 

Tyler, se encontraba sentado en su escritorio, pensando en su amante de turno cuando su móvil comenzó a timbrar, sin siquiera prestar atención a la pantalla atendió la llamada.

-Tyler Donovan.

-Hola guapo, he intentado comunicarme contigo- él miró la pantalla y suspiró fastidiado.

-¿Celene?

-La misma, cariño, me preguntaba si estarías disponible ésta noche.

-No, no lo estoy- respondió cortante.

-Vamos guapo, sabes que podemos pasarla muy bien.

-Lo sé, pero esta noche tengo planes.

-¿Con una mujer?- preguntó con tono tenso.

-Con una mujer- confirmó él.

-¡No lo puedo creer Tyler Donovan!

-Celene. . . 

-No entiendo por qué buscas a otras cuando me tienes para ti con exclusividad, no busco a nadie más- casi gimió.

-Nunca te pedi exclusividad, nuestras salidas han acabado.

-¿Salidas?. . . Nunca fuimos unas salidas, al menos no para mí.

-Celene. . . - advirtió por segunda vez.

-Te he dado todo de mi Tyler, ¡todo!. . . no te he negado nada. . . soy tuya.

-No estoy de humor, Celene.

-Pensé que lograría hacerte cambiar de opinión, pensé que podrías. . . ser mío- terminó con voz entrecortada.

-¡Yo no soy de nadie!, ¡no pertenezco a nadie!

-Tyler. . . - gimió ella.

-No estoy de humor he dicho Celene, ya basta, se acabó, entiéndelo.

-No, no puedo entenderlo Tyler, te amo.

-¿Sabes qué Celene?, me aburre ésta platica así que por el bien de todos dejémosla hasta allí, sabes que odio los dramas- y sin más colgó la comunicación. 

Celene, era una hermosa modelo francesa, sus curvas lograban excitarle siempre, y eso se estaba poniendo peligroso, en la cama era una de las mejores que había tenido, como ella misma lo dijo, nunca le había negado nada, su cuerpo se entregaba con auténtica pasión y el disfrutaba el perderse en ella, pero cuando descubrió que la pasión se estaba tildando de sentimientos supo que era hora de cortar los lazos, lo único es que Celene no lo entendía. Como a todas desde un principio dejó establecidas las reglas de aquella relación, era placer lo que buscaban, él había disfrutado a su lado, la había llenado de joyas, de vestidos, de salidas a los lugares más exóticos, de viajes, pero todo eso había culminado cuando ella le confesó que lo amaba, y realmente lamentaba haber tenido que alejarse de ella, porque en cuanto a placer, Celene sabía perfectamente como dejarlo satisfecho. 

Alejó sus pensamientos, y pensó en el festín de aquella noche; Elena Smith, tenerla bajo sus sábanas, ese sí sería un placer increíble, nada más de pensarlo podía sentir como su cuerpo respondía a aquel estímulo. Elena Smith, era una reconocida empresaria, muy dura en los negocios, así como en la cama, desinhibida, ardiente y terriblemente sensual, le encantaban sus grandes ojos oscuros, le encantaban sus gemidos cuando la tomaba, o como alzaba sus caderas hacia él en busca de más, le gustaba la forma en que ella vibraba al poseerla. 

¡Estaba ansioso por aquella noche!

Sentía que Elena despertaba muchas cosas en él y aquello le asustaba, pues no quería ser precisamente él quien rompiera las reglas, es por ello que aquella noche se saciaría de ella y luego se despedirían. No pudo contener las ganas de hablarle, así que tomó su celular y le marcó, luego de tres repiques, ella contestó.

-¿El señor fuego, llamando?

-Para recordarte que nos veremos ésta noche- dijo él después de reír. 

-No lo he olvidado, estoy ansiosa de que le prendas llamas a mis sábanas- le respondió con un tono ronco que solo logró excitarlo más.

-¿No has escuchado aquel dicho popular, de que él que juega con fuego. . . 

-A mí me encantan las quemaduras, Señor Donovan. Espero que esta noche me haga arder- ronroneó.

-Te convertirás en una antorcha.

-Ya ardo de expectación, sin embargo debo dejarte, tengo mucho trabajo.

-De acuerdo. . . a las siete.

-A las siete - respondió ella con una sonrisa antes de cortar la llamada. 

Tyler duró todo el día pensando en Elena, y aquello lo enfurecía, ninguna mujer lograría atraparlo, y menos con sexo, por muy bueno que fuera. Esa era su especialidad y él no se permitiría perder en su propia área. Pasó por ella a las siete como habían quedado, ella lo recibió con un ardiente beso.

-Calmemos los ánimos Elena, se supone que tenemos reservación para cenar- dijo sonriendo- si me sigues besando así. . . 

-Hoy tengo otros apetitos que saciar, Señor Donovan - le besó el cuello y le escuchó gemir.

-Elena. . .

-No. . . quiero saltarme la cena, por favor.

-Pero. . . 

-Me muero de ganas porque me hagas gritar tu nombre, y no creo ser capaz de esperar a la cena- le susurró al oído.

-Al diablo la cena- dijo él entrando al apartamento y cerrando la puerta y tomándola de la cintura y elevándola, gimió al sentir como sus largas piernas se enrollaban en sus caderas- Elena, mujer. . . - caminó hasta la habitación y al entrar la arrojó sobre la cama, ella rió divertida cuando cayó sobre el suave colchón, mientras que con los pies se sacaba los tacones. Tyler comenzó a desnudarse y ella lo contempló excitada, intentando que la ropa no fuese un estorbo se desnudó ella también. Se sintió feliz cuando él se subió a la cama y de un rápido movimiento estuvo sobre ella. Comenzó besando sus labios, y fue en descenso besó su cuello, sus pechos, dedicándoles atenciones a sus ya sensibles pezones, gimió al sentir como uno de ellos era succionado con fuerza, luego sintió que sus labios seguían descendiendo, él se detuvo un momento en su obligo, Elena se estremeció cuando la lengua entró en aquel pequeño orificio y casi de manera inconsciente abrió las piernas para él, Tyler sonrió, la tenía a su merced, y él no desaprovechaba una invitación como aquella. Elena se retorció de placer al sentir el contacto húmedo de aquella lengua con sus partes más íntimas, arqueó su cuerpo buscando más cercanía, él la tomó con fuerza de ambas piernas para que se mantuviese en el mismo sitio. Su lengua la probaba, la saboreaba, la degustaba como si de un helado se tratase y Elena no podía más que gemir, jadear descontroladamente mientras sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas, sintió como el placer absoluto comenzaba a formarse en el centro de su ser, y cuando sintió que explotaría dentro de ella, él sencillamente se detuvo.

-Tyler. . . - gimió con frustración y lo escuchó reír, pronto salió de entre sus piernas y la observó con sus hermosos ojos llameando de deseo. 

-No tenemos prisa, querida.

-Habla por ti, acabas de negarme la satisfacción - volvió a gemir. 

-¿Cómo podríamos remediarlo?

-Ah no Señor fuego, esta vez es mi turno- lo obligó a acostarse y se sentó sobre él, Tyler la miró con una media sonrisa en los labios. Elena descendió y lo besó con pasión, besó su cuello, y al igual que él, ella descendió hasta enredar su lengua en aquellos masculino pezones, los succionó con fuerza y luego lo rozó con los dientes para sentirlo estremecerse, luego se levantó y lo miró a los ojos, se elevó un poco y cuando descendió pudo sentir como él la llenaba por completo, se ajustaba tan perfectamente a ella, dejó caer su cabeza atrás con el abundante cabello rozando la espalda. Tyler, la vio cerrar los ojos por unos instantes y supo que saboreaba del momento de la unión, luego de eso lo miró a los ojos e inició una serie de suaves movimientos, era imposible controlar los gemidos que resbalaban de su boca. Elena se movía tan bien. . . Lo cabalgaba con tanta pasión que pronto lo tuvo al borde del climax, cuando sintió que se derramaría dentro de ella, Elena se detuvo, Tyler abrió los ojos y la miró ceñudo mientras jadeaba.-No eres al único que le gusta jugar.

-Ohhh vamos, Elena- la tomó de las caderas y la instó a moverse, pero ella se negó.

-Me impediste alcanzar la cima, ¿por qué debería dejar que tengas placer?- pero a pesar de sus palabras comenzó a moverse con mucha suavidad, él suspiró y cuando Elena le escuchó, se detuvo nuevamente. 

-¡Maldición Elena!- ella rió feliz de tener el control.

-¿Qué?- ahora sus movimientos se aceleraron, pero un par de minutos después se detuvieron nuevamente. 

-Te lo haré pagar- gruñó él elevándola y saliendo de ella. La recostó sobre la cama y entró en ella de una fuerte embestida, sonrió satisfecho al escucharla gemir con una mezcla de placer y dolor -Eso te enseñará a no jugar conmigo, Elena- sus palabras fueron acompañadas de fuertes embestida que en pocos minutos los dejó jadeando de satisfacción. Tyler descansaba acostado junto a Elena, cuando ella se giró hacia él.

-Hoy estás pensativo. . . ¿te ha adormecido la satisfacción?.

-Estoy lejos de estar satisfecho- la miró sonriendo, y ella correspondió el gesto. 

-Una situación que sin duda debemos solucionar - besó su pecho.

-Elena, estás maravillosamente traviesa.

-Me encanta portarme mal contigo- sonrió.

-Ésta será una larga noche- dijo sonriendo mientras sentía la humedad de aquella hábil lengua. 

A la mañana siguiente se levantó muy temprano, se duchó y se vistió, debía pasar por su casa antes de ir a la oficina, cuando estuvo listo salió del cuarto de baño y la vio desperezarse en la cama.

-¿A dónde vas tan temprano, grandulón?-Debo ir a mi casa y luego a la oficina.

-Pensé que te quedarías un poco más- dijo sonriendo mientras se sentaba en la cama y se cubría los pechos.

-No. hablando de eso Elena- no quería hacerlo, pero era lo que debía- estoy intentando un nuevo negocio en el exterior y pronto me iré de viaje.

-¿Deseas que te acompañe?- preguntó ella sonriendo mientras sus ojos brillaban.

-No. En realidad lo que intento decirte es que no podremos seguir viéndonos- ella lo miró en silencio por unos minutos y luego irguió su cabeza.

-¿Eso quiere decir que ésta ha sido nuestra despedida?

-Me temo que sí.

-Ya me lo esperaba - dijo con voz tensa- me gustaría seguir viéndonos.

-No puede ser Elena, sabes perfectamente que esto no dudaría.

-Pero tenía las esperanzas de que no me tratarás como a una de ellas.

-Elena. . . - la miró frunciendo el ceño.

-Ni te molestes, cariño - dijo saliendo de la cama sin importarle su desnudez- no te rogaré, estás muy equivocado si lo piensas, no soy una de tus conquistas que va por allí arrastrándose para que le des un poco de atención, yo soy más que eso. Te confieso que te extrañaré, eres genial en la cama, pero ya conseguiré remplazo, de eso que no te quede duda- pasó a su lado en dirección al cuarto de baño y aunque aparentaba ser fría supo que le había roto el corazón porque sus ojos brillaban intentando contener la humedad en ellos- que tengas buen día, cariño, cierra la puerta al salir- y entró al cuarto de baño.

¡Diablos!

Elena había sido una de sus mejores amantes.

Llegó a la oficina de muy mal humor, no se sentía nada contento y debería estarlo después de aquella noche.

-Señor- le dijo su secretaria mientras se ruborizaba como colegiala.

-Dígame- casi gruñó.

-Llamaron de TRASNACIONALES WAY, dicen que están interesados en escuchar su propuesta y en reunirse con usted.

-¡Perfecto!

-La dueña dice que. . . 

-¿Dueña?

-Sí señor. . . 

-Pensé que era un hombre- y no lo decía por machismo, solo por sorpresa.

-No, es una mujer, llamada. . . - consultó sus anotaciones- Vivian Way, dice que le espera a usted y a su comité, les dio cita para dentro de tres días.

-Muy bien, devuelva la llamada y confirme nuestra aceptación, convoque una reunión en la sala de junta dentro de media hora.

-Si señor- luego de aquello tomó asiento y suspiro. Una mujer. . . Vivian Way. . .¿Sería hermosa?. . . aquel negocio sería interesante.

Capítulo 3

Andrew, llegó a su casa sintiéndose en extremo agotado del día tan abrumador que tuvo, al día siguiente sería la reunión con aquel empresario tan importante. Según había dicho su secretaria tenía grandes propuestas para TRASNACIONALES WAY, y aunque se alegraba de que Vivian consiguiera nuevos clientes, aquello no hacía más que darle trabajo extra y por si ya fuese poco, tener tantos pendientes solo lograba ponerla de mal humor, y quien pagaba las consecuencias era siempre él.

Hoy se había negado a cualquier tipo de acercamiento, no hubo momentos de pasión, ni siquiera lo había mirado directamente, estaba completamente enfocada en preparar todo para la llegada de aquel nuevo cliente. Vivian. . .su  fría  Vivian. . . Aunque él intentara negarse siempre, que albergaba sentimientos hacia ella, lo cierto es que era imposible no amarla. Pocos entenderían su frialdad, y aunque él no conocía su historia, supo por su amiga Johanna, que había amado profundamente a un hombre, un hombre del cual se había separado, un hombre que había sido su primer y gran amor, pero que por desconocidas razones, habían finalizado separados. Vivian era la mujer más fría que había conocido, su helada mirada dejaba de una pieza a cualquiera, sus dominantes gestos y su indomable carácter te impedían acercarte a ella, a menos que contaras con su consentimiento. Tristemente él se había convertido en un amante del frío, un amante del hielo, pues sentía que no podría vivir sin ella, y aunque tenían poco tiempo durmiendo juntos. . . ¿durmiendo juntos?, pensó con ironía. Ellos no dormían juntos, ni siquiera hacían el amor, pues ella siempre le recalcaba que solo tenían sexo. Un espléndido sexo, vale acotar.

Lo cierto es que ellos nunca dormían junto, después de que Vivian obtenía el placer en sus brazos, sencillamente se marchaba a su casa. Una casa enorme, hermosa, y tan fría como ella. Una casa que solo compartía con las personas del servicio. En ocasiones se preguntaba si ella era realmente feliz con la vida, tan solitaria que llevaba. Ningún hombre tenía acceso a su corazón, y a su cuerpo lo tenía solo quien ella lo decidía.

Era codiciada por muchos, su indiferencia les atraía descontroladamente, pero ella se satisfacía de poder rechazarlos. Era envidiada por muchas mujeres, porque aunque no se le conocía muchos amantes, si debía reconocer que los que había tenido eran los más exitosos y atractivos de su entorno. Lo curioso es que hubiese querido tenerlo precisamente a él en su cama. Un empleado más. Si bien era cierto desde que llegara a trabajar en aquella empresa había fantaseado con ella, con su dura expresión, con sus fríos ojos, no es menos cierto que ella le había mantenido a distancia siempre, no le permitía ningún tipo de cercanía más allá de lo laboral. Todo eso había cambiado hacia unas tres semanas cuando lo había citado en su oficina y sin previo aviso le había besado apasionadamente, él muy gustoso la había estrechado contra su cuerpo y había respondido a su beso. Después de que ella lo culminara se acercó nuevamente a su escritorio y le tendió un papel con la dirección de un reconocido y lujoso hotel.

-Me interesa tu compañía Andrew, sería divertido poder mostrarte todo lo que puedo darte- aquello había sonado a promesa, pero el pronto descubrió que solo le ofrecía placer. . . placer y nada más. Habían quedado en verse en ese hotel y así lo hicieron, Andrew se sintió abrumado con la pasión de ella, pero respondió con la misma intensidad, lo que había traído como consecuencia el mejor encuentro sexual del que hubiese disfrutado en toda su vida. Luego de haber alcanzado el placer máximo, ella se había dirigido a la ducha y después de un baño se vistió.

-Podríamos quedarnos aquí, toda la noche- le había pedido entusiasmado, pero aquellos ojos que habían brillado de placer, volvían a ser fríos.-

Podríamos Andrew, pero no es mi estilo- y fue en ese momento cuando se dedicó a leerle la cartilla, por así decirlo. Le había dicho que había disfrutado mucho del encuentro, pero que si deseaba que siguiese repitiera, debía seguir sus reglas. ¡Esas malditas reglas las llevaba presente en cada instante de su vida desde ese momento!, Y aunque en ocasiones él quisiera saltárselas, ella sencillamente se las recordaba. Unas reglas que a su parecer eran absurdas, pero estaba dispuesto a seguirlas con tal de seguir disfrutando de su compañía.

Ella nunca dormía en una cama que no fuese la suya. . .Ella nunca metía a un hombre en su propia cama. . .Los encuentros serían en un hotel o en la casa de él, si así él lo quería. . .Ningún hombre dormía sobre sus sàbanas. . .Nunca se quedaba a dormir con nadie, ella amaba su soledad. . .En la oficina nada cambiaría, ella era la jefa y debía dirigirse a ella como señorita Way. . .No habrían besos, a menos que ella así lo quisiera. . .¡Era absurdo!,¡Todo era absurdo!, Pero era aceptarlo o alejarse de ella, y la respuesta era obvia. No estaba dispuesto a privarse del placer de su compañía, y conservaba la esperanza de que las cosas mejoraran entre ellos. ¡Tres semanas habían pasado y nada mejoraba!, ¡Comenzaba a sospechar que nunca lo harían!, ¡Ella siempre sería la señorita hielo, como solían llamarle los empleados a sus espaldas!

En ocasiones envidiaba a aquel hombre. . . aquel que había sido su primer amor. Según palabras de Johanna, él había disfrutado de una Vivian cariñosa, dulce, atenta, cargada de sueños y rebosante de risas. . . ¿dónde había quedado esa mujer?, Andrew daría la mitad de su vida por conocerla.

Su Vivian no era cariñosa, siempre era mordaz.

Nunca era dulce, por el contrario siempre era sarcástica.

Jamás era atenta, más bien era mandona y exigente.

No mostraba signos de conservar ningún sueño, ni siquiera estaba seguro de que los tuviera.

Y no era para nada rebosante de una hermosa risa; su risa siempre era burlona, y sus sonrisas eran cínicas e insolentes.

Nunca había conocido a esa dulce jovencita, pero a la que si conocía era a la mujer de hielo en la que se había convertido. Dura, fría, distante, calculadora, nada emocional, directa y práctica. Sin duda aquel hombre había conocido y se había llevado lo mejor de ella.

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Hielo y Fuego en las Venas

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