Capítulo 2

—¿Recuerdas cuándo nacieron nuestros pequeños?—. Preguntó Alfonso con nostalgia en su voz, con lo que le había dicho el médico, todos sus recuerdos importantes estaban viniendo a su mente.

—¡Ja y como voy a olvidarlo!, ¿o acaso crees que fue fácil haber dado a luz a cuatro bebés?—. Preguntó Marilyn con sarcasmo.

Marilyn había tenido muchos problemas para quedar embarazada, por lo que la pareja decidió pagar una inseminación artificial, los espermas fueron colocados en el óvulo de Marilyn, no obstante; no contaban con que fueran cuatro, los óvulos fecundados con satisfacción, dando paso a un embarazo de cuatro bebés.

El primero en nacer fue Alexis, el segundo Adrián, la tercera Aitana y por último Abraham, todos los niños nacieron fuertes y sanos, a excepción de Adrián que había nacido con falta de peso, por lo que de pequeño fue un niño que se enfermaba con mucha facilidad.

— Lo sé cariño, tú siempre has sido la mejor, todo me lo has multiplicado, mi felicidad, mi dinero y hasta mis hijos ¡Ja, ja, ja!, te pido que cuándo ya no esté en este mundo, puedas seguir siendo feliz—. Musitó Alfonso.

—Cállate, no quiero escuchar tus tonterías, es hora de ir de vuelta a casa—. Ordenó la mujer furiosa por el último comentario de su esposo, tomó su mano y se lo llevó.

Al llegar a la Villa Durán, se escuchaban varios gritos en la habitación de Aitana: — ¿Señorita pero qué hizo?, ¿por qué hizo eso?—. Gritaban las dos chicas de servicio.

Alfonso y Marilyn subieron rápidamente a ver que sucedía y descifrar el porqué de tanto alboroto, al entrar a la habitación quedaron completamente estupefactos, había cabello tirado por todo el piso y su hija que antes llevaba el cabello por las caderas, ahora lo tenía a la altura de los hombros.

—¿Aitana qué pasó?, ¿por qué te cortaste el cabello?—. Preguntó su madre desconcertada, era verdad que su hija para ser mujer era un poco tosca, pero a pesar de eso, cuidaba mucho su cabello.

— Pregúntale a papá—. Dijo Aitana en tono desafiante.

—¿A mí?—. Preguntó su padre señalándose con el dedo con gran confusión.

— Sí a ti, me comprometiste a asistir a una cena con el hijo del juez Sánchez y lo peor de todo es que no puedo negarme porque me mandaste en nombre de la compañía DU, así que me puse a investigar y descubrí que al hombre solo le gustan las chicas con cabello largo, así que cuando me vea esta noche quedará totalmente decepcionado—. Sonrió Aitana con malicia.

— ¿Pero llegaste a ese extremo solo por eso?—. Preguntó Alfonso incrédulo.

—Sí—. Respondió Aitana levantando los hombros.

Todos sabían que de los 4 hermanos, la chica era la más arriesgada y desafiante, siempre ponía a prueba la paciencia de su padre, pero aún así, lo único que recibía como máximo era un regaño.

Esta vez Alfonso no tenía ni ánimos para regañar a su hija, por lo que suspiró y mientras iba camino a su despacho pensaba '¿Dios me estás castigando por lo que dije hace 27 años verdad?'.

Cuando los cuatrillizos nacieron, Aitana era la única niña de los cuatro y siempre resaltaba, así que lo primero que dijo su padre cuando la vio en la cuna fue: —Eres la princesa Durán, papi no va a dejar jamás que ningún chico malo se acerque a ti y ustedes también tienen que cuidarla—. Dijo el padre primerizo señalando a los otro tres hermanos.

Pero ahora, 27 años después, se arrepentía de todo lo que había dicho, ya que su hija se había encargado se correrlos a todos, incluso habían llegado a amenazarlos por daño psicológico ya que su hija había dejado traumatizados a más de uno en las citas.

Era tanto así la fama de Aitana en la alta sociedad, que muchos chicos habían apostado millones de Euros a aquel hombre que ganara su corazón y pudiera domar a la mujer, no obstante; ninguno de ellos había pasado de la primera cita.

Aitana era delgada, con piernas gruesas, de piel clara, cabello negro, cejas gruesas, labios sensuales y ojos café, cualquier hombre que la viera quedaría encantado con su belleza.

Sin embargo; por el hecho de haber crecido con tres hermanos hombres, su comportamiento era algo masculino, era tosca al tratar con las personas, le gustaba vestirse lo más cómoda posible, pantalones, playeras, zapatos de goma, la gran mayoría de sus outfit eran deportivos, muy rara vez usaba falda o vestido.

También le fascinaban los deportes extremos, las artes marciales y todo aquello que conllevara adrenalina, en muchas ocasiones su madre la inscribió en clases de ballet, pintura y hasta de modelaje, pero la niña se escapaba y se iba a parques de diversiones o gimnasios.

Sus hermanos muchas veces bromeaban entre ellos y decían que era un cromosoma confundido, cuerpo de mujer pero Alma de hombre.

Aitana se arregló esa noche para la cena, como iba en nombre de la compañía DU, no le quedó más opción que colocarse un vestido de noche, a pesar de que ahora llevaba el cabello corto, se seguía viendo hermosa.

Lucía un vestido azul rey brillante, con zapatos de tacón alto de color blanco, Aitana odiaba usar tacones, por lo que ya nada más por eso, tenía una cara hosca.

En el momento en que bajó las escaleras, Abraham iba saliendo de la cocina comiéndose un trozo de pan, cuando la vio vestida tan elegantemente preguntó en modo de chiste —¿Y tú quién eres? ¡Ja, ja, ja!—.

Aitana lo miró con su cara de póker, de por sí ya estaba de mal humor, así que las bromas de su hermano solo la molestaban más.

—Cállate, si no quieres que llame ahora a Rosa y Carolina, para decirle que sales con las dos al mismo tiempo—. Amenazó Aitana furiosa.

Cuando Abraham escuchó la amenaza de su hermana se atragantó y dijo entre jadeos —No, hermanita, no tenemos que llegar a tanto, yo mejor me voy, suerte en tu cita—.

Aitana colocó los ojos en blanco y se apresuró para salir de la casa, cuando abrió la puerta se topó con sus dos hermanos Alexis y Adrián, que iban llegando de la compañía.

—¿Y tú quién eres?—. Preguntaron ambos al unísono.

Aitana los miró furiosa —Váyanse todos al demonio—. Gritó mientras caminaba a su auto.

Alexis y Adrián se miraron y rieron a carcajadas, ellos ya estaban al tanto de lo que su hermana había hecho esa tarde, su madre los había llamado y les había comentado lo sucedido con el cabello de la chica y obviamente ellos no iban a perder la oportunidad de molestarla y menos al verla usando ropa que no le gustaba.

Capítulo 3

—Que bueno que ya llegaron, los estábamos esperando para cenar, si hubieran tardado un poco más, Abraham ya se habría comido todos los aperitivos que están en la cocina—. Dijo Marilyn.

—¿Qué yo qué?—. Preguntó Abraham mientras mordía una galleta.

De los cuatro hermanos, Abraham fue el último en nacer, era el más bromista de los cuatro, andaba de buen humor la mayor parte del tiempo y le encantaba comer.

Sus hermanos decían que siempre andaba con hambre, que su estómago en vez de estar formado por intestino, tenía un hoyo negro que succionaba todo lo que comía, ya que por más que comía y comía, siempre se mantenía en forma.

También era el que tenía más mujeres, siempre andaba saliendo con chicas nuevas todo el tiempo, una de las preocupaciones de su padre hacia Abraham, no era el hecho de que no fuera a conocer a una buena mujer, sino el hecho de que si la conocía, lo iba a echar todo a perder.

El hombre manejaba un auto de carrera y se encargaba de las reparaciones de los autos de la compañía DU, sin embargo; a veces estaba tan inmerso en los entrenamientos que no le daba mucho tiempo de ir a la empresa, por lo que su primo, el hijo del hermano de su padre, asistía la mayor demanda del trabajo de reparaciones.

A Abraham siempre le encantaron los autos de carrera y la adrenalina que sentía al momento de manejar uno de ellos, por lo que decidió que se dedicaría a eso, su padre nunca estuvo en desacuerdo con las carreras que escogieran sus hijos, siempre y cuando les gustara y les sirviera para progresar en la vida.

Pero curiosamente y debido al ambiente en el que se criaron, los 4 hermanos estudiaron carreras afines al ámbito automotriz.

Alexis era ingeniero automotriz, Adrián se había graduado de diseñador, Aitana era ingeniera mecánica y Abraham se enfocó en la mecánica automotriz.

El haber estudiado eso, le dio a Abraham la facilidad de poder manipular su auto, nadie más aparte de Abraham le podía meter mano a su motor, todos aquellos que lo conocían sabían que él a lo único que celaba como un loco, era a su auto.

Su padre había creado un autódromo especialmente para él y así también podrían usarlo para probar los modelos nuevos de autos de carrera que creaba la compañía.

Abraham no solo estaba feliz porque hacía lo que le gustaba, sino porque le abría las puertas con innumerables mujeres, a lo largo de su vida, había viajado por muchas partes del mundo y había conocido a miles de mujeres, rubias, morenas, trigueñas, pelirroja, altas, bajas y muchas más.

Aparte de que el hecho de tener dinero y ser físicamente atractivo también le era de mucha ayuda, su estatura era de 1.82, cabello negro liso, piel clara, nariz perfiladas y ojos café, lo más atractivo de todo era que al reír, sus mejillas se adornaban de unos hermoso hoyuelos, de los cuatro hermanos, a él era el único que se le hacían dichas marcas al reír.

— Estábamos hablando que si tus hermanos no llegan a tiempo, nos vas a dejar sin cena—. Dijo Marilyn, mientras le sonreía a sus hijos.

Alfonso bajó y vio a su esposa hablando y riendo con sus tres hijos, en el fondo de su corazón quiso parar el tiempo, para poder guardar esa imagen para siempre en su recuerdo.

Al llegar a la sala, Alfonso solo dijo —Cenemos—.

Como una orden, todos se fueron hacía el comedor, para poder disfrutar de una deliciosa cena, esa noche, Alfonso pensaba tantear el terreno para ver como iba la vida amorosa de sus hijos.

—¿Abraham cómo va el trabajo?—. Preguntó Alfonso tranquilamente para poder iniciar una conversación.

—Bien papá, dentro de 6 meses comenzaremos las eliminatorias para ir a la carrera de la fórmula E, hemos ganado varias competiciones así que pronto me verás conduciendo en los mejores autódromos del mundo—. Dijo Abraham emocionado.

— Eso es bueno ¿y llevarás a alguna chica contigo?—. Tanteo Alfonso.

— Bueno esa decisión creo que si va a ser difícil, porque no sabe si llevar a Rosa o a Carolina—. Dijo Alexis con sarcasmo.

— Aunque son amigas ¿no?, supongo que no les será difícil compartir—. Interrumpió Adrián.

— ¿Estás saliendo con dos amigas?—. Preguntó Marilyn incrédula.

— No Mamá ¿como crees?—. Dijo Abraham incómodo, por más mujeriego que fuera, nunca le gustaba hablar de esas cosas con su madre y más sabiendo que su padre se había dedicado toda su vida a su matrimonio, su madre nunca había vivido la decepción de un engaño por parte de su padre.

— Él dice la verdad mamá, no está saliendo con dos amigas, está saliendo con tres, porque donde vas a dejar a Zafiro—. Resonó la voz de una mujer proveniente de la puerta.

—¿Y tú qué haces aquí?, ¿no estabas en una cena en nombre de la compañía con el hijo del juez?—. Preguntó Abraham.

— Sí, yo fui y tuve toda la buena intención de mostrar la mejor versión de mí, pero cuando llegué, no pasaron ni cinco minutos y ya se había desmayado de la borrachera, ¡que horror!, para nada me corté el cabello, si hubiera sabido, no habría sido necesario—. Se quejó la chica.

—¡Ja, Ja, Ja! te lo dije, ahora paguen, paguen—. Gritó Abraham emocionado.

Cuando los tres hermanos se enteraron de que su padre había usado la estrategia de enviar a su hija a nombre de la compañía, para ver si por lo menos así se podría quedar en toda la cena, los hermanos apostaron.

Alexis y Adrián, que trabajaban de lleno en la compañía, dijeron que sí se quedaría, para no hacer quedar mal a la empresa, sin embargo; Abraham apostó que la chica iba a buscar una forma de escapar del compromiso y efectivamente, aún no habían pasado dos horas y ya Aitana estaba de vuelta.

Alexis y Adrián sacaron sus billeteras y le pasaron el dinero a Abraham, cuando Aitana se sentó en la mesa, miró a los dos perdedores y les dijo —Que poca fe me tienen—.

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Hermanos Durán

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