Capítulo 3
Alexia se quedó atónita al ver el recibo de la solicitud de divorcio entre sus manos.
Llevaban más de diez años de profunda amistad, tiempo en el que ella fue testigo de cuánto amaba Millie a Brandon.
Hubo una época en la que su amiga habría dado su vida por él sin pensarlo dos veces.
Y se habían casado hacía apenas un año. Alexia había sonreído en la boda, aunque percibió algo extraño en esa unión. Aun así, Millie había conseguido lo que tanto anhelaba, y eso era lo único que entonces importaba.
Y ahora, esto…
¿Qué demonios había pasado?
"Ya no lo amo", dijo Millie, como si le leyera el pensamiento.
La miró y le dedicó una sonrisa tan leve como serena.
En esa sonrisa, Alexia reconoció un destello de la antigua Millie; la de antes de que todo se derrumbara, antes de que el dolor surcara su rostro y de que la muerte de su padre y la ruina de la familia Bennett la transformaran.
Ese fugaz reflejo de la mujer que alguna vez fue le trajo una extraña sensación de calma.
"Brandon no sabe que estoy embarazada", continuó Millie con la misma serenidad. "Y no quiero correr ningún riesgo hasta que el divorcio sea definitivo. Es mejor que no se entere".
Si una de las partes cambiaba de opinión antes de que el divorcio fuese definitivo, podía retirar la solicitud y detener el proceso.
Solo entonces comprendió Alexia que Millie hablaba con total seriedad.
Tras asimilarlo, Alexia hizo lo que debía: programó los análisis para Millie y le aconsejó con cautela: "Tienes que esperar unos días antes de hacerte el procedimiento".
Millie frunció el ceño, confundida. "¿Por qué?".
"Conoces tu grupo sanguíneo: Rh negativo. Es poco común", explicó Alexia. "Necesitamos tiempo para preparar sangre, por si acaso. Ya contacté al banco de sangre y me informaron que podría tardar una semana".
Millie guardó silencio. La tristeza en su mirada era inconfundible.
Había heredado ese grupo sanguíneo de su padre y, en ese instante, volvió a echarlo de menos.
Si él todavía estuviera vivo…
"De acuerdo", asintió Millie lentamente. Esbozó una sonrisa débil, pero sus ojos se enrojecieron.
"Además, presentas síntomas de amenaza de aborto espontáneo. Debes tener mucho cuidado estos días", añadió Alexia con voz preocupada.
Eran como hermanas, y conocía cada matiz de su tristeza.
Le tomó la mano. "Espérame. Mi turno está a punto de terminar. Iré a casa contigo".
Millie asintió y salió a esperar al pasillo.
Bajó la mirada hacia su vientre.
¿Amenaza de aborto...?
¿Acaso el bebé sabía lo que ella había decidido y quería marcharse antes?
Apretó los labios hasta formar una fina línea y se dirigió al laboratorio para los análisis.
Su celular vibró con una notificación del banco.
Había abierto una cuenta nueva, una de la que Brandon no tendría conocimiento. Estaba separando su dinero meticulosamente antes de que el divorcio se hiciera efectivo.
Cada céntimo que ganara a partir de entonces iría a esa cuenta.
Un segundo mensaje llegó de inmediato: "Se ha procesado el pago por la composición y la letra. El Departamento de Finanzas realizó la transferencia. Por favor, confirme la recepción".
Antes de casarse con Brandon, Millie trabajaba discretamente como compositora anónima.
La música siempre fue su primer amor. Cuando su padre vivía, la vida era generosa y no le faltaba nada. Como hija única de la familia Bennett, tuvo la libertad y los medios para cultivar su don.
Las vueltas que da la vida le habían enseñado lecciones que no sabía que debía aprender.
Quizás su padre nunca imaginó que el pasatiempo que una vez le inculcó sería, algún día, lo que la mantendría a flote.
Millie hizo una pausa y tecleó su respuesta: "Dinero recibido. Gracias".
La respuesta fue inmediata: "Te lo mereces. Has escrito muchos éxitos a lo largo de los años. ¿Por qué no vuelves? Hay un programa nuevo a punto de empezar y es perfecto para ti. Te envié los detalles a tu correo. Te he guardado un puesto como concursante".
Millie abrió su correo. Un nuevo mensaje encabezaba la lista: una invitación para unirse a un concurso de música. El formato le resultaba familiar, similar a otros que ya había visto, pero este exigía composiciones originales.
Escribió una respuesta rápida: "Lo pensaré".
Luego, dejó el celular a un lado. Un leve cólico le retorció el bajo vientre.
Volvió a pensar en su padre.
Era la segunda vez en el día.
…
Mientras tanto, internet ardía con la noticia.
#VivianSimpsonCáncerDeEstómago
#LaDiseñadoraFloralVivianSimpsonEnCuentaRegresiva
#ÚltimosSeisMeses
El video más viral mostraba a un reportero hablando a cámara: "Fuentes cercanas confirman que la reconocida diseñadora floral, Vivian Simpson, fue diagnosticada con cáncer de estómago. Le han dado seis meses de vida. Pero en lugar de retirarse, ha decidido documentar el tiempo que le queda; quiere compartir con el mundo el ocaso de su vida".
El video pasó a un primer plano de Vivian, quien miró a la cámara con una sonrisa triste.
"Durante estos últimos seis meses, publicaré actualizaciones sobre mi vida. No lo hago para llamar la atención, solo quiero ofrecer algo de consuelo a quienes estén pasando por lo mismo. Ojalá todos se mantengan fuertes", dijo con voz suave.
El reportero volvió a primer plano: "Desde hace tiempo circulan rumores sobre la señorita Simpson y el señor Brandon Watson, director ejecutivo del Watson Group. Pero el señor Watson está casado. Queda por ver si se reunirá con la señorita Simpson durante los que podrían ser sus últimos meses".
Al fondo, Vivian pareció escuchar esa última parte. Se acercó con elegancia, se detuvo junto al reportero y, con una sonrisa, lo interrumpió.
Miró directamente a la cámara al decir: "No me avergüenza decir que me gusta Brandon. Es un hombre increíble. Y estoy segura de que no soy la única que piensa así. Pero quiero dejar algo claro: no voy a romper un matrimonio. No soy esa clase de persona".
Dicho eso, se giró y se alejó sin mirar atrás.
Se abrió paso entre la multitud con una sonrisa y subió a un auto que la esperaba.
La cuidadora extranjera de Flaville le pasó un vaso de agua, con la mano detenida en el aire, indecisa.
"Parece que tienes algo que decir", dijo Vivian con voz gélida. "Habla. El conductor es de confianza".
La cuidadora se inclinó y susurró: "Señorita Simpson, su diagnóstico es… una úlcera estomacal. Que nuestra clínica alterara su historial para que indicara cáncer ya es bastante arriesgado. ¿Y ahora lo publica en redes sociales?".
Vivian soltó una carcajada cargada de sarcasmo que tomó por sorpresa a la cuidadora.
"¿Tu clínica tiene licencia, verdad?", preguntó.
La cuidadora asintió.
"Y gestiona mi historial médico de forma confidencial, ¿cierto?".
La cuidadora volvió a asentir.
"¿Y eso es lo que dice mi historial médico, que me quedan seis meses de vida por un cáncer de estómago terminal?".
La cuidadora vaciló antes de asentir una vez más.
"¡Perfecto!", exclamó Vivian, recostándose con una expresión de triunfo. "Entonces es oficial. Nadie puede cuestionarlo".
"Pero usted en realidad no tiene cáncer de estómago. Más adelante, ¿qué pasará…?".
"Hay dos opciones", la interrumpió Vivian, con la voz más afilada y la mirada más dura. "Una: me recupero milagrosamente durante el tratamiento, ya sea en su clínica o en otro lugar, quizás gracias al amor que he recibido. Dos: se culpa a tu clínica por un error de diagnóstico y meses de tratamiento equivocado".
Giró el rostro por completo hacia la cuidadora, con un aire todavía más intimidante. "¿Cuál de las dos opciones prefieres?".
La cuidadora, aterrada, se forzó a responder: "Lo siento, señorita Simpson. Entiendo. Usted ya lo tiene todo previsto".
Vivian esbozó una sonrisa, tan leve como gélida.
"¿A dónde vamos ahora, señorita Simpson?", preguntó la cuidadora, intentando aligerar el ambiente.
Vivian miró su celular. "Al hospital Crobert".
La cuidadora se tensó. "Pero…".
"Tranquila. Solo voy a que me den un calmante, usando mi historial médico", dijo Vivian. Acto seguido, tomó el celular y le envió un mensaje a Brandon para que se reuniera con ella en el hospital más tarde.
Casi al instante, él respondió: "De acuerdo".
Mientras tanto, Millie estaba en el baño del hospital, con un dolor persistente en el bajo vientre. Sostenía en la mano un pañuelo de papel, donde una mancha de sangre destacaba sobre el blanco inmaculado.
Era un indicio temprano de un aborto espontáneo.