Capítulo 3
Entre en mi casa dirigiendome hacia mi dormitorio, cuando iba a cerrar la puerta entro mi hermana Carlota sentandonos las dos en mi cama
— ¿Qué te pasa con Giuseppe, Arianna? es guapo, simpático, rico y se le nota que le gustas mucho — me dijo mi hermana
— Se que sera mi esposo aunque no me hace ninguna gracia, pero no quiero que se acerque a mi hasta entonces, además soy aun virgen Carlota y eso me da mas miedo todavia
—- Arianna tienes veintitrés años ¿y sigues siendo virgen?
— Si Carlota, ¿qué tiene de raro? me he dedicado a estudiar solo, no ha lugar con los chico de la universidad, necesitaba regresar a casa cuanto antes y eso es lo que hice, estudiar y sacarme el titulo universitario para regresar pronto — respondí
—- Yo ya no lo soy Arianna, y eso que solo tengo dieciséis años, pero te comprendo hermana, solo te dolera los primeros minutos, pero ay, el placer que luego se siente es innombrable — me dijo Carlota tumbandose en mi cama sonriéndome
Al día siguiente cuando me duche y me vestí, me acerque hasta la cocina para desayunar, viendo a mi nana haciendo esas tortitas que ella sabia que me gustaban tanto
— Buenos días nana, que bien huelen, como sigas haciendo cosas que me gustan voy a engordar — le dije sonriendo
— Estas muy delgada mi niña, siéntate que enseguida te pongo tu café y tus tortitas — e dijo
— Buenos días — nos dijo mi hermana cuando entró en la cocina, sentandose a mi lado
— Buenos días cariño, ¿quieres un café o una taza de chocolate? — pregunto nana
— Ponme una taza de chocolate hoy estoy golosa — contestó
Estábamos en la cocina con nuestra nana mi hermana y yo desayunando cuando escuchamos como se acercaba un coche a nuestra casa, aunque estábamos tranquilas ya que mi padre tenia mas de veinte hombres vigilando la casa las veinticuatro horas, me levanté para acercarme a la entrada, viendo a mi padre con la puerta de la casa abierta
— ¿Quién es papá? — pregunte
— Arianna, vete de aquí ya, esa gente no es bienvenida — me dijo
Me quedé cerca de la entrada de mi casa para ver si podía escuchar algo de lo que decían y ver de quien se trataba, fijándome minutos después que bajaron del vehículo varios hombres, acercándose a donde estaba mi padre, aunque él tenía a sus hombres escoltando.
— ¿Qué queréis? sabéis que no sois bienvenidos a mi casa — escuche decir a mi padre
— El señor Rossi, quiere verte y no quiere un no como respuesta — le dijo uno de los hombres que bajó del vehículo
— Esta bien, decidle que esta tarde nos veremos y ahora salir de mi casa — le dijo mi padre
— ¿Quién era papá? y ¿qué quería ese hombre de ti? — le pregunté
— Nada hija tranquila, solo son negocios no te preocupes y por favor no le digas nada a tu madre — me dijo
— No le diré nada, pero esta tarde te acompañaré yo, no me fio de esos tipos aunque lleves a tus hombres contigo — le dije
— No, tu te quedaras en casa con tu hermana y con tu madre, no quiero que os acerquéis a esa gentuza, ¿entendido Arianna? — me dijo mi padre
Después de la reunión que tuvo mi padre con esa gente, mi boda con Giuseppe se adelantó bastante, aunque no quise preguntar el ¿porqué? acepté porque sabía que nada bueno habia pasado, asi que dos días después, estaba en mi dormitorio vestida con un vestido muy caro de color blanco preparada para casarme con mi peor pesadilla. Minutos después estábamos en el juzgado, mi futuro esposo y yo con nuestros padres como testigos. Cuando el juez nos dio la bendición, mi reciente marido no tuvo ni un poquito de compasión conmigo, rodeo mi cintura con sus brazos, apretando sus labios a los míos, mordiendo mi labio inferior haciéndome sentir mi propia sangre, pero cuando se apartó de mí, quise darle un bofetón, pero me cogió el brazo mirándome con lujuria
— Ya te dije que no te atrevieras más o tendré que castigarte y no es broma querida esposa — me dijo
— Pues que sea la última vez que me haces sangrar te lo advierto — le dije muy enojada
— No te haré sangrar preciosa, te haré tener tantos orgasmos como años has estado en tu universidad — me susurro al oído para que nadie lo pudiera escuchar, haciendo que mojara el tanga que llevaba en esos momentos
Después de casarnos, nos fuimos todos a la casa de mis padres, cuando llegamos y bajamos de los vehículos, nos dirigimos hacia el jardín donde ya había preparado un pequeño banquete para la familia. Estábamos comiendo tranquilamente, cuando uno de los hombres de mi padre se acercó a él diciéndole algo en el oído. Mi padre enseguida se levantó de la silla y entró en la casa, viendo en su cara mucha preocupación. Enseguida me levanté de la silla donde yo estaba y entré también en mi casa acercandome hasta el salón donde estaba mi padre hablando por teléfono.
—- ¿Qué pasa papá? — pregunté, cuando terminó de hablar
— Tranquila hija, ves con tu marido y con la familia, ahora voy yo no te preocupes — me dijo, mientras se sentaba en el sofá con las manos en su cabeza tapando su cara
— No pienso marcharme de aquí hasta que me digas que pasa — le dije sentandome a su lado en el sofa
—- Hija estoy en un apuro muy gordo, los hombres que vinieron a casa son los sicarios de un enemigo mío muy poderoso, la reunión que tuve con ellos fue porque te querían a ti a cambio de lo que les debo, por eso tu boda ha sido en tan poco tiempo, porque me porté como un cerdo contigo cuando hice un pacto con el padre de tu esposo, pero esta gente no se andan con juegos y la verdad que no se que hacer ahora —- me dijo
A la mañana siguiente, me desperté sobresaltada, pensando en que lo que había sucedido el dia anterior sería un mal sueño que tuve, pero al girar mi cuerpo, vi a mi reciente marido mirándome con sus grandes ojos azules y con un brazo apoyado en el almohadón.
— Buenos días querida esposa — me dijo, viendo una sonrisa cargada de lujuria en sus labios
— Buenos días, esposo ¿no me traes el desayuno a la cama, como suelen hacer los recién casados? — pregunte con sarcasmo
— No, hoy me apetece quedarme más tiempo en la cama, haz tu el desayuno para los dos como una buena esposa sumisa — me dijo riendo
Cuando me fui a levantar de la cama enfadada por su contestación, Giuseppe me cogió del brazo volviendo a tumbarme en la cama, cogiendo mi barbilla con sus dedos obligándome a mirarlo
— ¿Te has enfadado con flor de loto? — me pregunto
— No debería segun tu, eres un mafioso y tienes que ser duro con todo el mundo, incluyendome a mi
— Tu lo has dicho, soy un mafioso, ahora bien si quieres que sea duro contigo, te aseguro que por mi no hay problema, te complacere si es eso lo que deseas — me respondió
—- Lo que deseo ahora es un café, necesito despertar de esta pesadilla — le conteste
— Esta bien, a mi me gusta negro y con una cucharada de azucar solo — me dijo
— Levántate de la cama y te lo pones tú o ¿no tienes quien te sirva el desayuno? — le respondí riendo
Giuseppe aparto la sabana que nos cubria, fijandome en que tenia su miembro duro y erecto, acaricio con sus suaves manos desde mi sexo hasta mis pechos, acariciando mis duros pezones, puso su boca en mi cuello, lamiendo y mordiendo mientras iba bajando hasta mis pechos, metiendose primero uno de ellos en la boca, mordiendo mi pezon haciendome gemir, para hacer lo mismo en mi otro pecho, levantando despues su mirada cruzandose con mi mirada
— Estas tetas pronto darán de comer a mi heredero — me dijo
— Creo que es muy pronto para eso — le respondí
—- Yo creo que no, ya que yo no uso proteccion y tu no tomas anticonceptivos, además si he aceptado casarme contigo es por tener un heredero, porque para follar ya tengo a mis amantes y no te necesito a ti, pero casarme con una virgen no me ha disgustado — me dijo
— Eres lo peor que he conocido, apártate ya que necesito tomarme un café, para despertarme de esta pesadilla — le grité, intentando soltarme del agarre de Giuseppe
Sus manos empezaron a amasar mis pechos, haciendo caso omiso a lo que le acababa de decir, tapando mi boca con su boca, siendo su lengua como una serpiente en mi cavidad, dejándome casi sin aliento. Giuseppe se puso encima de mí, rozando mi clítoris con su duro miembro,
— No sabes lo que me haces Adrianna, me vuelve loco tu cuerpo — me dijo, volviendo a morder mi duro pezón, pegando después sus labios a los míos, fundiéndose nuestras lenguas con pasión
Puse mis manos en el pecho de mi marido apartandolo, poniendome de rodillas entre sus piernas, mirandonos los dos, viendo en su cara una expresión de sorpresa, de lujuria y deseo, me incline pasando mis labios por sus muslos, mordiendo despacios, cogiendo Giuseppe mi pelo con una mano, Subí con mi boca por sus muslos hasta llegar a aquel miembro duro y erecto
— No tienes porque hacerlo Adrianna — me dijo
— Y no lo haré querido marido, porque lo que quiero es mi café, te espero abajo — le dije levantándome de la cama, poniendome el albornoz y marchandome del dormitorio
Cuando salía del dormitorio, escuche insultos y quejas de mi querido esposo, pero riendome me fui acercando hasta la cocina, viendo a una mujer mayor y de pelo canoso haciendo cafe
— Buenos días — le dije cuando entre en la cocina
— Buenos días señora, ¿le sirvo un buen café? — me pregunto
— Pon dos cafés Renata, por favor –dijo Giuseppe cuando entró en la cocina– Me las vas a pagar cara — me susurro al oído muy enfadado
Después de tomarse el café Giuseppe con unos cuantos bollos recién hechos por Renata, Giuseppe se marchó de la cocina, marchandome yo tambien unos minutos después, cuando pase por delante de la puerta del salón, me quedé quieta ya que mi querido esposo estaba hablando por el teléfono y yo quería saber todo lo que decía.
— Claro que te echo de menos Andrea, pronto nos veremos no te preocupes cielo — escuche a mi esposo decir
Mi sonrisa al escuchar lo que le decía Giuseppe a otra mujer, se me congelo marchandome al dormitorio, cuando entre me sente en la cama pensativa, recordando lo que me dijo de sus amantes, viendo entrar en nuestro dormitorio poco después a Giuseppe acercándose a donde yo estaba sentada
— ¿Qué te pasa? ¿ya no sonríes? — pregunto
— No me pasa nada, déjame en paz — conteste
— Anoche no me decias que te dejará, si no que no paraban de repetirme que querias mas — me dijo
— Anoche no sabia que eras tan cabrón y tan infiel — le respondí, fijandome como Giuseppe arqueaba una ceja mirándome
— Haber Adrianna, o me dices que te pasa a las buenas o te juro que te ató a la cama y te follo hasta que te vea llorar rogando que pare, tu decides
— Me da lo mismo, no quiero hablar mas contigo, eres un perro infiel y quiero el divorcio — le respondí escuchando seguidamente sus carcajadas
— Me gusta más lo segundo que te he dicho, pero te puedo asegurar que estarás durante un mes sin poder andar ¿lo quieres así? — me dijo
— ¿Te vas a ver con tu amante? — pregunte, viendo como mi esposo sacaba de su mesita unas esposas, mirándome con una sonrisa ladina en sus labios
— ¿Estás celosa, querida esposa? — me pregunto, jugando con las esposas en sus manos
— ¿Quién yo? no se que te crees para que esté celosa de ti — respondió, sentandose Giuseppe a mi lado en la cama