Capítulo 2
- ¿Quieres ver de qué manera juego pensando en vos? –
Parecía esos muñecos que todo el tiempo están moviendo la cabeza, pero eso me demostraba que yo era la que tenía el control de la situación.
Me acerqué una silla y la coloqué enfrente de la ventana, tome de mi mesita de noche el juguete con el que muchas noches me he divertido pensando en él y antes de meterlo dentro de mí, lo tomó con fuerza y comienzo a lamerlo y besarlo.
Pude notar como sus labios formaban una “O” y yo me sentía tan excitada que aunque lo quisiera no podría parar.
Mientras chupaba ese pedazo de plástico, él estaba atento a mis movimientos, a como movía mi lengua sobre ese aparato a cómo podía introducirlo completamente dentro de mi cavidad bucal sin hacer una sola arcada
- ¿Te gusta cómo la chupo? – le pregunto mientras mis ojos se clavan en él y mi lengua comienza a jugar con el glande. - ¿Cómo le pasó la lengua? Así, como si se tratase de un helado de crema que se derrite por el sol. – cada apalabra que le decía impactada en su cuerpo de una forma tal que estaba segura que si nos encontramos en una misma habitación, no perdería la oportunidad de hacerme suya.
Comencé a introducir lentamente el miembro artificial dentro de mi, mientras clavaba mi mirada a sus ojos y me mordía el labio inferior. Su rostro era un poema. Era tal la excitación que le recorría el cuerpo, que estoy segura que en ningún momento se había dado cuenta que tenía su miembro en sus propias manos y que dejaba de masajearse un solo momento mientras toda su atención estaba puesta en mi entre pierna.
De momento a otro detengo mis movimientos y me limito a observarlo, con una sonrisa triunfante. Al fin había conseguido lo que tanto quería, que me desee y me lo demuestre.
- ¿Por qué te detienes? – pregunta casi en un suspiro sin dejar de tocarse.
Entonces fui astuta. Comencé a introducir lo lentamente en mi nuevamente y entablar una conversación con él. ¿No dicen que un hombre excitado es capaz de contestarte cualquier cosa que le preguntes? . . . ¿No? Pues lo digo yo. En fin.
- ¿Te gustaría ser tu quien me penetre así? – concluyendo la pregunta con un gemido audible. Agradezco que nuestras ventanas tengan pocos centímetros de distancia, sino esta situación sería . . . un poco extraña.
- Oh, si. Dios, que hermosa y excitante eres. – sonreí. Ya lo sabía, pero nada se compara con que el hombre al que deseas con cada poro de tu cuerpo te lo diga. Lo vuelvo loco.
- ¿Y tocarme así? – llevé mi mano libre hacia uno de mis pechos y lo saqué fuera del sostén, para comenzar apretarlo y jugar con mi pezón que ya lo tenía duró producto del calor que todo mi cuerpo sentía.
- Lo que daría por mordértelos. – ver toda su expresión me hacía desearlo más. Y yo no podía dejar de mirar su gran miembro e imaginármelo entrando y saliendo de mi, una y otra y otra vez. Lo deseaba y lo deseaba ahora.
- Te deseo. – susurré para que en oiga.
- Y yo a ti. – deseaba volverlo loco, deseaba poder despertar en él, el valor de arriesgarlo todo por estar dentro mío. Pero sabía que eso aún era muy pronto. De todos modos, me divertía y engrandecía mi ego escucharlo de sus labios.
- Imagina que tus manos me tocan así, me aprietan así mientras tú duro miembro se abre dentro mío lento y después fuerte ¡Ah! – mientras le relataba la fantasía, no dejaba de reproducir en mi cuerpo lo que le iba diciendo. No quería que lo imaginé, quería que lo viera con sus propios ojos.
- No te detengas por favor. – suplicó y eso dibujó en mi rostro una sonrisa.
Saqué desde dentro mío el aparato y lo deje a un lado, comencé a manosear ambos pechos sin dejar de mostrarle mi centro, húmedo por lo que acababa de hacer conmigo. Podía ver en sus ojos la lujuria, el deseo. Estaba segura que de no ser por los dos metros que nos separaban nuestras ventanas estaría en mi habitación, dándome duro. No había que imaginarlo, sus ojos me lo decían claramente.
No quise soltar más, porque no solo lo torturaba a él, también me torturaba a mí misma. Deseaba alcanzar el climax y por lo que veía el también lo deseaba.
Comencé a deslizar ambas manos por mi vientre y al llegar a mi centro es que le pregunté si deseaba verme terminar. Su respuesta no me sorprendió en lo absoluto.
Introduje los primeros dos dedos y no pude evitar echar todo mi cuerpo hacia atrás, la sensación que nos estábamos regalando era tan exquisita que todo mi cuerpo lo sentía al rojo vivo.
- Más rápido. – dijo con su mirada puesta en mis manos, atentos a mis movimientos dentro de mí.
- Tus deseos son órdenes para mí. – pude notar como está simple frases provocó en él una sensación de superioridad, de dominación. Sus ojos me dejaban saber que era un hombre al que le gustaba tener el control de todo y que lo tratase como un esclavo trata a su amo. Esto era interesante.
Comencé a mover los dedos dentro mío rápidamente y ya podía sentir y escuchar lo mojada que tenía la zona, lo excitado que tenía el cuerpo y las ganas que me invadían por qué me hiciera suya.
Podía sentir como mi cuerpo comenzaba a hervir y como los espasmos me estaba ganando poco a poco.
- Otro dedo. – obedecí.
Era gratificante ver en sus ojos cómo se reflejaban sus intensiones, realmente me deseaba y yo a él.
Cerré mis ojos intentando profundizar aquella sensación de estar generándome placer mientras que imagino que son sus dedos los que me penetran una y otra vez.
Siento la humedad mojarme entera y no me basta con solo introducirme un par de dedos o un pene artificial, lo quiero a él y lo quiero ahora.
De momento a otro me detengo para sentarme en el borde de la cama. Dedique un momento mi atención a aquello que sujetaba con su mano y no dejaba de seguir sus movimientos. Abro mis piernas y mientras contemplo la manera en la que se está masturbando para mí es que deslizo dos dedos hacía abajo haciendo que el suave roce de ellos con mi clítoris sea una maravilla.
- Ahhhh. – no evito gemir y apoya mi mano izquierda sobre el colchón para echar mi cuerpo hacia atrás.
- Dios. – susurra en tanto sonrío.
- Ni Dios te va a salvar de este infierno. -prometo y solo escucharme provoca en mí una fuerte punzada entre medio de mis piernas.
Subí mis piernas a la cama, previamente haciendo mi cola para atrás. Él acercó la silla a la ventana e hizo lo mismo que yo, abrir las piernas para mí.
Fije mi mirada en sus ojos y luego mire sus manos, sonreí y cómo si se tratase de una conexión que solo entre los dos existiera, comenzamos a realizar movimientos sobre nuestros miembros al mismo tiempo. Si yo introducía mis dedos muy adentro de mi vagina, él llevaba su mano, que encerraba el tronco de su polla, hasta abajo. Lo mismo ocurría si sacaba mis dedos desde dentro de mí.
- Se siente tan bien ¿verdad? – asiente sin despegar sus ojos de entre mis piernas, sin perderse cada movimiento de mi mano. – ohhhh . . . – se me escapa un sonoro gemido cuando hago entrar un tercer dedo dentro de mí. – esto es tan . . . – pero no tuve que terminar la frase, porque él mismo lo hizo.}
- Caliente. – dijo y yo lo miré y elevé mis cejas. – eres fuego y estas ardiendo. –
- Por ti. – confieso. – tú haces que me prenda fuego. – y llevo ambas manos a mis pechos para apretarlos con fuerza, pellizcar y estirar mis pezones.
- Uf . . . no hagas eso. – dice casi sin pensar y hace un gesto caliente que provoca espasmos en mi cuerpo. – me tiemblan los labios. – dice con sus ojos cerrados y sonrío.
No le pregunto ni contesto nada, solo vuelvo hacer lo que generó en él aquel gesto y como era de esperarse, sus gemidos fueron esta vez más fuertes aún. Estoy segura que esta noche va hacerme suya.
- ¿quieres lamerme por pechos? – y él asiente en tanto no deja de morder sus labios los cuales, juraría que están rojos y hasta lastimados. - ¿deseas morder mis pezones? – y vuelve asentir.
- Mastúrbate, por favor. – me pide ¿y cómo decirle que no? pero sí él podía pedirme eso yo también podía agregarle un condimento.
- Hagámoslo juntos, grita mi nombre al eyacular y dámela toda para tomar. –
Sus ojos se abrieron como platos y supuse que era por lo último que le dije. Si bien cada uno se encontraba en su casa, lo cierto es que eran pocos centímetros los que nos separaba de ventana a ventana y cómo al terminar el líquido viscoso sale disparado quizás podría llegar hasta donde me encuentro, pero si no ocurre bueno, por lo menos haré que lo haga.
Capítulo 3
- Tú estás loca. – sabía que diría eso.
Me levante de mi cama y me acerque a la ventana para hablarle y no estar a los gritos.
- No seas tonto. – dije en confianza y él dejó de tocarse el miembro para ponerse de pie y . . . ¿regañarme?
- No me faltes el respeto. – me dice y yo no puedo contener la risa.
- ¿respeto? – en momentos como estos certifico que estamos a años luz de los hombres. – mira lo que estamos haciendo y tú hablas de respeto? – Y rompo en carcajadas con lo cual quizás se sintió ofendido porque enseguida se acomodó el pantalón y bajó la cortina, que como adelanté e igual a la mía era casi transparente. - ¡NO ME IMPORTA, SEGUIRÉ CON LO QUE ESTABAMOS HACIENDO! – grité tan fuerte que él corrió violentamente la cortina y me miró con sus ojos, negros pero esta vez de enojo. Bueno, de ambos, enojo y excitación.
- Deja de gritar, los vecinos se van a enterar. – me dice y yo me encojo de hombros. – eres terrible. – y ante ese calificativo le mostré mi dedo índice y comencé a negar utilizándolo.
- ¿terrible? – pregunto y niego. – no, simplemente que estábamos pasándola bien y me saliste con algo que nada que ver. ¿respeto? Ángel, nos deseamos desde hace mucho y luego de lo que está pasando y pasará entre los dos el respeto es lo que menos hay ni habrá entre tú y yo. – no me dice nada porque sabe que tengo razón y suavizo mi trato y tomó mi sillón para acercarlo a la ventana. – si tu quieres quedarte ahí, por mí esta bien. Pero si lo que quieres es venir hasta aquí mucho mejor.
No me hizo caso y bajó la cortina, pero sé perfectamente que cederá a mis caprichos y en poco tiempo lo tendré encima de mi cuerpo penetrándome con muchas ganas.
Me senté sobre el sillón de cuerina color rosa, acomodé mis piernas en los apoya brazos, corrí mi pelvis hacia delante y sin esperar a que salga comencé a jugar con mi cuerpo.
Mis manos me recorren apretando mis carnes, clavándome las uñas en mis pechos, pellizcando con mucha fuerza mis pezones.
- Ahhhh . . . – un gemido se escapa de mi boca que callo mordiéndome el labio.
Continúo recorriéndome completa. Con las palmas de mis manos acaricio mis pies, mis piernas, mis muslos, la cara interna de los mismos. Lo hago una y otra vez sin dejar de mirar hacía la ventana de mi vecino, a sabiendas de que él espía, todo lo que hago, detrás de la fina tela traslucida.
- Ahhh . . . – dejo escapar otro cuando rozo mis partes íntimas con la yema de mis dedos – dios, qué placer. – digo lo suficientemente fuerte como para que pueda escucharme y aunque no levante la cortina, veo perfectamente que se encuentra observándome con su mano, de nuevo, en su polla y yo me pregunto ¿en qué momento la volvió a sacar? Pero no me detengo a pensar mucho en ello ya que me encuentro muy entretenida dándome placer.
Separo los labios de mi vagina para poder jugar con mi clítoris y para que él pudiera ver muy bien lo que se ha estado perdiendo en todo este tiempo y perderá si no se anima a dar el paso. Los separo de modo tal en que el rosa de mi interior quede totalmente al descubierto y enseguida mi dedo índice comienza a hacer pequeños círculos sobre aquel pedacito de carne sensible provocando que mi cuerpo tiemble.
- ¡Ay, dios! – exclamo mientras no dejo de acariciarme y hacerme vibrar. – ohhh siii . . . – digo al introducir un dedo dentro mío. – ahhh . . . ahhh . . . – gimo tan fuerte como mi garganta me permite y en ese momento él abre bruscamente la cortina.
- ¡deja de gemir así! – se queja, pero yo estoy tan excitada que no soy capaz de oír lo que me dice. - ¡te estoy hablando, Denisse.! – se queja, pero aún así, no puedo dejar de tocarme.
No voy a mentir al decir que nunca lo he hecho, porque lo cierto es que lo hago a diario par mí misma. Siempre he dicho que no está mal hacerlo, que los que en cierto modo nos cohíbe y nos hace sentir culpa, sucias es el echo de que, para la sociedad, en su mayoría es ser promiscuas, por no decir otra palabra más ofensiva y en verdad no tiene nada de malo tocarnos. Que nuestras manos nos toquen con entusiasmo, que nos robemos gemidos a nosotras mismas, que nos regalemos, un poco de placer. Hacernos el amor a nosotras mismas, dejando a un lado los prejuicios de personas que creen que quererse a uno mismo en la intimidad está mal.
- Ahhh . . . ahhh . . . –
- ¡dios, dejá de hacer eso! – suplicaba.
Mi cabeza erguida, mis pechos desnudos, mis pezones duros haciéndolo desear, muriendo de ganas por pasarme la lengua, morderme y estirarlo. Que grite de placer bajo sus manos, sintiendo su miembro y no importa que lo calle, porque su cuerpo me lo expresa a gritos.
Dos dedos entran y salen de mi cuerpo mientras que la otra mano aprieta el seno izquierdo en tanto uno de mis dedos es delicadamente degustado con mi lengua.
- Ohhh, que rico lo haces. – susurra mientras su boca queda formando una exquisita O.
Me mira. La tela casi transparente a un lado y nuestras miradas devorando al otro.
Sus ojos no dejan de recorrer mí cuerpo desnudo, en tanto los míos no dejan de mirar los suyos.
Llevo ambas manos a mis senos y los aprieto con tanta fuerza que debo emitir un pequeño grito de dolor, él se muerde el labio inferior. Mantengo mis piernas abiertas para queme mire. Me gusta saber que se le hace agua la boca por estar arrodillado ante mí y devorarme completa.
Aprieto, pellizco y estiro mis duros pezones en tanto reclamo mis labios. Me siento guarra y lo disfruto.
Me fascina mostrarme ante él, que me vea abierta, tocarme mientras hace lo mismo. Me fascina saber que soy capaz de volverlo completamente desquiciado por tenerme.
Él no dice nada, simplemente recarga su cuerpo en el marco de la ventana mientras se masturba igual que yo. La oleada de placer, que soy capaz de provocarme a mí misma, m hace perder el control de mis actos, de mis capacidades cerebrales. Me olvido de los vecinos, me olvido que no solo Ángel me está viendo sino que cualquier transeúnte puede hacerlo. Me olvido de los tanques, de los prejuicios, de la vergüenza de hacerme el amor a mí misma, me olvido de todo.
El sonido de mis gemidos y de mis propios fluidos no hacen más que endulzarme los oídos. Me llevo los dedos a la boca para poder saborearme, para degustar mí exquisito sabor ¿Y saben qué? Me encanta.
Aprieto, pellizco y estiro mis duros pezones en tanto reclamo mis labios. Me siento guarra y lo disfruto.
Me fascina mostrarme ante él, que me vea abierta, tocarme mientras hace lo mismo. Me fascina saber que soy capaz de volverlo completamente desquiciado por tenerme.
Él no dice nada, simplemente recarga su cuerpo en el marco de la ventana mientras se masturba igual que yo. La oleada de placer, que soy capaz de provocarme a mí misma, m hace perder el control de mis actos, de mis capacidades cerebrales. Me olvido de los vecinos, me olvido que no solo Ángel me está viendo sino que cualquier transeúnte puede hacerlo. Me olvido de los tanques, de los prejuicios, de la vergüenza de hacerme el amor a mí misma, me olvido de todo.
El sonido de mis gemidos y de mis propios fluidos no hacen más que endulzarme los oídos. Me llevo los dedos a la boca para poder saborearme, para degustar mí exquisito sabor ¿Y saben qué? Me encanta.
Me fascina saber que mí espectador estar tan o más excitado que yo.
- Ahhh . . . Ohh dios, ohh dios. –
Me conozco tan bien que puedo hasta contar los segundos antes de correrme.